Contextos

Hezbolá, en la cuerda floja

Por Lee Smith 

Hasán Nasrala, líder de Hezbolá.
"Dos milicias entrenadas y armadas por Irán –una suní y otra chií– podrían estar ahora disparándose mutuamente, y la facción en la que la República Islámica ha invertido más estaría perdiendo.""Hezbolá ha sido objeto de duras críticas en Oriente Medio, especialmente en el Líbano, incluso entre su propia comunidad chií, por combatir en Siria y demostrar así que la bandera de la resistencia contra Israel no era más que una artimaña""Puede que Teherán tenga que reconsiderar toda su estrategia regional. ¿Hasta qué punto Hezbolá supone un activo a la hora de proteger el programa atómico iraní?"

Durante más de una semana, la localidad de Qusayr, en la provincia de Homs, ha sido testigo de algunos de los combates más violentos de un conflicto que ya dura dos años. El asediado presidente Bashar al Asadafirma que la lucha por Qusayr es “la batalla principal”. Situada junto a una autopista que une Homs (al norte) con Damasco (al sur), Qusayr se encuentra a pocos kilómetros de la frontera libanesa y es, por tanto, un nudo estratégico vital tanto para el régimen como para los rebeldes.

Para estos últimos forma parte de una ruta de suministro occidental unida a Trípoli, en el norte del Líbano, donde los rebeldes han contado con apoyo desde el comienzo del levantamiento, en marzo de 2011. Para el régimen, Qusayr une bastiones de Hezbolá en el Líbano con el territorio alauita en la costa del Mediterráneo, donde Asad y sus partidarios probablemente buscarán refugio si llegan a perder Damasco. Para recuperar la ciudad, en manos de los rebeldes desde hace casi un año, el régimen ha ordenado realizar ataques aéreos y pedido refuerzos de Hezbolá y de la Guardia Revolucionaria iraní.

Informes anteriores sugerían que Asad y sus aliados habían expulsado a los rebeldes, pero activistas de la oposición aseguran que se trata de mera propaganda. “No es cierto lo que afirma el régimen”, declaró un activista de Qusayr. “Lo dicen para subir la moral de sus combatientes, porque los rebeldes les están dando una paliza”. De hecho, Hezbolá parece estar sufriendo muchas bajas: se habla de 46 muertos durante la pasada semana. Otras fuentes afirman que, teniendo en cuenta el número de funerales celebrados en los últimos días en el sur del Líbano y en otras regiones controladas por Hezbolá, puede que la cifra de caídos esté más próxima a los cien.

Como Tony Badran, de la Fundación para la Defensa de las Democracias, escribe en Now Lebanon: “Si la cifra de víctimas sigue así de alta durante otra semana más, podría ser devastador”. Badran explica que muchos de los muertos durante el primer día de lucha fueron emboscados durante el asalto inicial y “abatidos por minas terrestres y explosivos improvisados elaborados por los rebeldes”, que “recibieron ayuda de ciertas facciones palestinas para planear la defensa de la ciudad”. Informes no confirmados sugieren que esas facciones podrían incluir a Hamás. En otras palabras, dos milicias entrenadas y armadas por Irán –una suní y otra chií– podrían estar ahora disparándose mutuamente, y la facción en la que la República Islámica ha invertido más estaría perdiendo.

Llegados a este punto, quizá sería más exacto describir la guerra no en términos de “la oposición de la mayoría suní contra Asad”, sino como el enfrentamiento de unos rebeldes contra una gran fuerza entrenada y pertrechada por Irán que comprende al ejército de Asad, las bandas paramilitares de éste, Hezbolá, unidades de la Guardia Revolucionaria iraní, milicias populares, así como organizaciones iraquíes respaldadas por Teherán, como Asaib ahl al Haq y Kitaeb Hezbolá. Como escribe Elliot Abrams en The Weekly Standard, el Líder Supremo “quiere ganar y entiende que el hecho de que gane o pierda es enormemente importante”. De hecho, dada la cantidad de recursos que Teherán ha invertido para ganar en Siria, ya no es el régimen de Asad, sino el de Irán. Si el presidente sirio fue antaño el socio minoritario de Irán, ahora es simplemente un protegido, y no necesariamente el más importante de los que luchan en Siria. Seguramente éste es Hezbolá, y por eso Qusayr es un campo de batalla fundamental. Incluso si el presidente baazista no sobrevive, elementos clave del régimen sí lo harán, y, por tanto, controlar ese corredor entre la región de la costa alauita y las zonas dominadas por Hezbolá en el Líbano es un interés vital para los iraníes. Lo que les importa no es Asad, sino el territorio.

Como explica Badran, fueron el Líder Supremo iraní, Alí Jamenei, y el comandante de la Fuerza Quds, Qasem Soleimani, quienes ordenaron al secretario general de Hezbolá, Hasán Nasrala, que enviara combatientes para defender los intereses vitales de Irán en Siria. Sin embargo, la actuación de Hezbolá hasta la fecha sugiere que los iraníes podrían estar jugando una mano mucho más débil de lo que pensaban. Si el Partido de Dios es aplastado por los rebeldes sirios, ¿qué dirá eso de su capacidad para hacer la guerra contra Israel?

Hezbolá no está acostumbrada a esta clase de combate. Generalmente, sus miembros libran una guerra de guerrillas en su propio terreno, que conocen perfectamente y donde pueden mezclarse con la población civil, con cuyo apoyo pueden contar. En Qusayr se encuentran en una zona con la que no están familiarizados y tienen problemas para organizar una ofensiva, como muestra esta grabación de audio, en lo que parece ser una desbandada de sus hombres.

Hezbolá ha sido objeto de duras críticas en Oriente Medio, especialmente en el Líbano, incluso entre su propia comunidad chií, por combatir en Siria y demostrar así que la bandera de la resistencia contra Israel no era más que una artimaña. En Qusayr ha abandonado toda pretensión de resistencia y se ha convertido en una fuerza ocupante; y en objeto de las mismas tácticas, emboscadas incluidas, que normalmente emplea contra Israel. Su fracaso como fuerza expedicionaria supone un problema importante, como explica Badran, pues la organización ha hecho saber que en el próximo asalto contra el Tsahal tomarán la ofensiva y se infiltrarán en el norte de Israel. Qusayr puede muy bien hacer que Irán se replantee llevar la lucha hasta su enemigo.

De hecho, puede que Teherán tenga que reconsiderar toda su estrategia regional. ¿Hasta qué punto Hezbolá supone un activo a la hora de proteger el programa atómico iraní? Si Estados Unidos o Israel atacaran ahora sus instalaciones nucleares, resulta dudoso que Hezbolá fuera capaz de combatir a la vez en dos frentes. La otra cuestión es la calidad y número de los combatientes de la organización. La guerra de julio de 2006 contra Israel le costó entre 500 y 600 muertos, escribe Badran, lo que le dejó con escasez de luchadores experimentados. Las fotografías de los miembros de Hezbolá muertos en Qusayr muestran que la mayoría de ellos son demasiado jóvenes como para haber combatido en 2006. Más bien son reclutas; “élite”, según los parámetros del grupo, pero en realidad carne de cañón. Las fuentes explican que las familias de los difuntos están comenzando a protestar, preguntándose por qué sus hijos han sido enviados a morir en Siria. Al fin y al cabo, si el propósito de Hezbolá es defender al Líbano de Israel, ¿enviar combatientes a Siria no haría más vulnerable el frente doméstico a los ataques de los sionistas? Puede que por eso la organización se muestre remisa a enviar combatientes más experimentados a Siria –pese a que algunos miembros de más edad, tal vez comandantes, ya han resultado muertos–, pues eso supondría arriesgarse a perder unidades con experiencia de combate para el próximo enfrentamiento contra Israel.

Hezbolá no tiene ninguna buena opción ahora mismo, a menos que sea capaz de darle la vuelta a la situación en el campo de batalla. Si no lo hace, Irán se encuentra en un aprieto. El tiempo y el dinero que Teherán ha invertido en exportar la revolución de Jomeini puede que al final no sirvan para nada. Después de todo, el objeto de la resistencia islámica era superar la división entre chiíes y suníes, así como la existente entre árabes y persas. Mientras Irán pudiera agrupar al Oriente Medio musulmán en un gran rebaño de resistencia contra Israel y Occidente, podría soñar con dar un vuelco a un milenio de historia del Próximo Oriente dominado por los suníes. Algo que cada vez más parece una fantasía milenarista.

The Weekly Standard