Revista de Prensa

¿Héroe o traidor?

 

Bowe Bergdahl.

El intercambio de cinco líderes talibanes presos en Guantánamo por el sargento Bergdahl, capturado en Afganistán, sigue levantando un considerable revuelo en la sociedad norteamericana. A las protestas de los republicanos en el Congreso por la falta de la preceptiva comunicación previa por parte de Obama se unen las sospechas de que el militar norteamericano es un desertor que, por tanto, debería ser juzgado por un consejo de guerra.

Más de 11.000 personas han firmado ya una petición a la Casa Blanca para que se castigue por «desertor» al sargento Bowe Bergdahl. La petición indica que Bergdahl «no se ganó su rango de sargento» –porque fue ascendido en ausencia– y le acusa de desertar del Ejército estadounidense en junio de 2009 violando varios artículos del Código Militar, por lo que «necesita ser castigado, no premiado», dice.

Los signatarios acusan al sargento de «abandonar su puesto» con intención de no apoyar la guerra contra el terrorismo y le achacan «ser directamente responsable» de la muerte de varios militares que fallecieron en las operaciones de búsqueda.

La iniciativa se presentó a través de We The People (Nosotros, el pueblo), una página de la Casa Blanca en internet que funciona desde 2011 y centraliza inquietudes, peticiones y preguntas ciudadanas a la Administración.

El nuevo Gobierno de unidad aprobado por Hamás y Al Fatah no es el fin del camino para la reconciliación palestina y para dar una nueva oportunidad a la paz en la zona. En esta pieza del diario israelí The Jerusalem Post se desgranan los principales problemas que implica este acuerdo de unidad.

La cuestión más importante es cómo hará el Gobierno [palestino] para preparar y llevar a cabo las elecciones presidenciales y legislativas, vista la decisión de Israel de impedir que la gente de Hamás vote en la Margen Occidental. Un alto funcionario aseguró que la Autoridad Palestina haría un llamamiento a la comunidad internacional para ejercer presión sobre Israel de manera que permita que las elecciones tengan lugar a finales de este año.

Además del asunto de las elecciones, no está claro que Hamás vaya a renunciar a mantener el control de la Franja de Gaza a raíz de la toma de posesión del Gobierno de unidad. Los funcionarios palestinos de Ramala dicen que no tienen respuesta a lo que vaya a suceder con el brazo armado y las fuerzas policiales de Hamás.

Por otro lado, los que piensen que Hamás va a permitir a las fuerzas de seguridad controladas por Al Fatah volver a la Franja de Gaza (…) están viviendo en una ilusión. De momento, Hamás y Al Fatah previeren evitar responder a las preguntas que estropearían el clima de euforia por la “histórica” decisión de poner fin a sus diferencias.

El acuerdo de unidad entre Hamás y Fatah no tiene consecuencias sólo en la política palestina. Con la creación del Gobierno de unidad se han puesto de manifiesto nuevamente las importantes diferencias entre Israel y EEUU.

El enfrentamiento entre Israel y EEUU refleja por enésima vez el profundo abismo entre Netanyahu y  Obama. Cuando se retiren, sabremos lo que realmente piensa uno del otro. Un breve avance: animadversión mutua.

«La inocencia de esta Administración [la de Obama] supera récords inimaginables. Es inaceptable dialogar con un Gobierno basado en un grupo sanguinario que está considerado terrorista también por EEUU y la UE», lamenta el ministro de Comunicación [israelí], Gilad Erdan.

El acuerdo de unidad se debe básicamente a la grave crisis política y económica de Hamas en la Franja de Gaza, que controla con mano de hierro desde el 2007. Más allá del papel de Israel y la naturaleza del régimen islamista, la clave del último año se encuentra en El Cairo. Si el presidente de Egipto fuera aún el islamista Mohamed Mursi, Hamas se sentiría fuerte y no hubiera aceptado las condiciones de reconciliación. «Es una rendición ante Al Fatah. Hay muchas discrepancias internas sobre este acuerdo», reconoce una fuente de Hamas al diario ‘Al Quds Al Arabi’.

El Gobierno iraní ha celebrado por todo lo alto la organización de los comicios presidenciales en Siria, más allá del resultado, que, por otra parte, estaba más que garantizado a favor del dictador Bashar al Asad. Así lo refiere el diario estadounidense The Washington Post, para el que la celebración de estas elecciones reflejan lo infructuoso de el tímido respaldo de Occidente a la oposición moderada a Asad, mientras que los lazos del tirano con Rusia e Irán están más fuertes que nunca.

Mientras los sirios acudían a las urnas este pasado martes, el principal aliado de Bashar al Asad, Irán, celebraba ya su reelección anticipada como una derrota para los Estados Unidos. Altos funcionarios iraníes han lanzado en los últimos días las campanas al vuelo con celebraciones de júbilo no sólo por la reafirmación de Asad en el poder, sino por lo que su reelección significa para el papel de irán como su principal apoyo.

“Los poderes extranjeros deberían abandonar sus ilusiones acerca del cumplimiento de sus deseos personales y estrategias a través de métodos militares en Siria”, dijo el ministro de Exteriores Javad Zarif en una la Conferencia de Amigos de Siria celebrada en Teherán el pasado fin de semana. La elección del nombre parece un golpe deliberado al grupo de similar denominación apoyado por EEUU y creado para apoyar a la oposición.