Revista de Prensa

Hay que (por fin) bombardear a Asad

 

Bashar al Asad y Vladímir Putin, en Moscú (octubre de 2015).

El exconsejero de Obama para Oriente Medio Dennis B. Ross y su colega en el Washington Institute for Near East Policy Andrew W. Tabler publican en el New York Times esta poderosa pieza, en la que abogan por que EEUU lance ataques aéreos contra las fuerzas y posiciones del dictador sirio.

Los señores Obama y Kerry llevan mucho tiempo diciendo que no hay solución militar al conflicto sirio. Por desgracia, Rusia e Irán parecen pensar lo opuesto, o cuando menos que no hay acuerdo político aceptable sin capitidisminuir a los rebeldes y reforzar al Gobierno sirio. Ha llegado la hora de que EEUU hable el idioma que los señores Asad y Putin entienden.

El profesor Fabrice Balanche reflexiona sobre la posición del dictador sirio luego de que en los últimos tiempos haya reforzado su dominio sobre la capital del país.

Aunque aún no controla la mayoría del país y su Ejército apenas puede preservar las recientes ganancias territoriales que le ha facilitado la intervención de la fuerza aérea rusa, Asad se siente menos amenazado porque controla Damasco. Y porque ya no necesita a Putin para defender el espacio aéreo de Damasco, es menos probable que se someta a la presiones rusas, por no hablar de a otras presiones foráneas, para que ceda el poder. Lo que aún necesita Asad en Damasco es el continuo y poderoso apoyo militar defensivo de Irán, su satélite Hezbolá y las milicias chiíes iraquíes. Así las cosas, si no se cierne una auténtica amenaza militar sobre Damasco, ni Asad ni Irán aceptarán una transición política en Siria, aunque sí lo hiciera Rusia.

En Tablet, Liel Leibovitz arremete sarcásticamente contra la escritora israelí afincada en Nueva York Ruth Margalit, a cuenta de una estupefaciente nota que publicó en el New York Times a cuenta de los supuestos ataques a la libertad de prensa que estaría llevando a cabo en Israel el primer ministro Netanyahu.

Difícilmente pueda creer [el lector] las depravaciones de que es capaz el déspota demoníaco de Jerusalén para consolidar su poder. Bibi, nos informa solemnemente Margalit, coloca a gente de su misma cuerda política en posiciones clave de gobierno. ¿Aún no está lo suficientemente conmocionado? Pues aquí va esto: también tiene en su oficina a gente que llama a los periódicos y webs para tratar que den las noticias de modo que le favorezcan.

(…) si usted no siente aún la gélida sombra del fascismo, Margalit tiene una última prueba irrefutable para usted. Contenga el aliento: para destrozar la bella flor de libertad que es la prensa israelí, Bibi, ese monstruo, está abriendo el mercado mediático a una mayor competencia.