Revista de Prensa

Hay que parar el genocidio yazidí

 

Exterminio yazidíes

En su nota editorial, The Jerusalem Post llama la atención sobre la catástrofe que se está cerniendo sobre esta minoría en los dominios del Estado Islámico, que la maltrata con especial saña.

Dos años después [de que el Estado Islámico empezara a capturar territorios], los yazidíes, que son unos 400.000 en el norte de Irak y Siria, siguen en riesgo de asesinato sistemático a manos de los yihadistas del Estado Islámico.

La calificación de genocidio es excepcional bajo la legislación internacional. En el caso de los yazidíes, se trata del primer genocidio reconocido perpetrado por actores no estatales –el Estado Islámico–, no por un Estado o por milicias que actúen de parte de un Estado.

(…)

En Oriente Medio se dan todas las condiciones para el genocidio. Occidente tiene la obligación moral de aprender genocidios previos y hacer todo lo posible para detener el que está en curso, antes de que sea demasiado tarde.

Oren Kessler, de la Foundation for Defense of Democracies, escribe en The Hill sobre las relaciones egipcio-israelíes, que están en uno de sus mejores momentos.

(…) tanto El Cairo como Jerusalén temen que Washington se esté desenganchando de Oriente Medio militar y económicamente. Ante las amenazas que representan una República Islámica reforzada, un resolutivo Estado Islámico y Hamás, las viejas enemistades parecen adoptar un lugar secundario.

El fortalecimiento de los lazos entre Egipto e Israel son un ejemplo crecientemente excepcional de aliados mesorientales de América que cooperan en pro de un beneficio mutuo. Con la región agitada por las guerras civiles de Siria e Irak y la purga posterior al [intento de] golpe de Estado en Turquía, la sociedad El Cairo-Jerusalén es una rara muestra de buenas noticias.

Es lo que denuncia en Al Arabiya Azim Ibrahim, de la Universidad de Oxford, que pide al mundo que no se desentienda de lo que sucede en la asediada ciudad siria.

(…) la brutal alianza entre Asas y Rusia no quiere o no puede matar a todos y cada uno de los ‘rebeldes’. [Pero además] no lo necesitan (…) Simplemente precisan asegurarse de que los elementos que puedan y estén más inclinados a oponer resistencia sean expulsados del país, mientras que el resto puede ser instados a la sumisión.

(…)

El éxodo de Alepo aún no ha empezado. Puede que no lo haga [en el corto plazo]. Pero hay probabilidades de que, tarde o temprano, suceda. Y para entonces Occidente debe estar preparado.