Revista de Prensa

Hay que acabar con la farsa de la UNRWA

 

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La UNRWA es un organismo internacional objeto de duras críticas por su carácter sectario que, entre otras cosas, sirve para inculcar a los niños palestinos un odio brutal a Israel. Dado que, además, el llamado derecho de retorno es uno de los principales obstáculos para la solución del conflicto palestino-israelí, el analista Sol Stern afirma que ha llegado el momento de desmantelar dicha organización.

Menos del 5 por ciento de los clientes de la UNRWA ha vivido alguna vez en Israel, pero las normas de la agencia establecen que todos los descendientes por línea paterna de los desplazados conservan sus derechos como refugiados a perpetuidad. La UNRWA tampoco parece preocupada por el hecho de que el 40 por ciento de los residentes en sus campos de refugiados sean ciudadanos de Jordania y el Líbano, y ni siquiera deberían ser considerados refugiados bajo las leyes y prácticas internacionalmente aceptadas.

El crecimiento incontrolado de la UNRWA es un caso típico (…) del principio económico [que alude al] “riesgo moral”. Al proporcionar una red de bienestar social, la ONU permite a los líderes palestinos socavar los esfuerzos para resolver las condiciones que crearon el problema de los refugiados. La actitud palestina de rechazar [entablar negociaciones serias con Israel] queda así libre de riesgo. A su vez, la UNRWA fomenta el extremismo palestino, aunque nunca es responsabilizada de ello por los países donantes, incluido EEUU.

(…)

 

Como presidente, Trump puede hacer un gran favor a los palestinos disuadiéndolos de sus fantasías sobre el retorno. Debe comenzar cortando inmediatamente la financiación americana a la UNRWA. (Esto será bastante fácil de hacer, puesto que la UNRWA no se financia con cargo al presupuesto de la ONU, sino a través de contribuciones voluntarias de numerosos países miembros). (…) el presidente puede anunciar que los 400 millones de dólares que habitualmente van a la UNRWA serán depositados en un fondo disponible para el reasentamiento permanente en la Margen Occidental y Gaza de los residentes palestinos en los campos de refugiados. Trump debe también convencer a otros países que financian a la UNRWA (la mayoría, aliados europeos) de que ha llegado el momento de poner fin a la aventura destructiva de 66 años que alimenta el odio y la violencia.

El País del Cedro ha incumplido los mandatos del Consejo de Seguridad relacionados con el desarme de Hezbolá. Al contrario que ocurre con Israelresalta Elliott Abrams, del Council on Foreign Relations, las instituciones internacionales no ponen en marcha ningún boicot o medida de presión.

¿Qué ocurre cuando las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU son ignoradas? Eso depende de si se trata de Israel o de cualquiera de los otros 192 países miembros. (…)

(…) el Líbano está desafiando al Consejo de Seguridad muy clara y deliberadamente, y nadie dice una palabra sobre ello excepto para aplaudir. Nadie está amenazando con un boicot a los productos libaneses (…). Nadie sugiere que los políticos libaneses están violando las leyes internacionales con su complicidad con y (…) su defensa oficial de Hezbolá. En realidad, cierta presión de Occidente sería útil para fortalecer y animar a los políticos libaneses que están tratando de resistir a Hezbolá y arriesgan sus vidas con ello. Pero ese no es el. El asunto es que muchos países desafían a la ONU, pero muy pocos (…) son advertidos y (…) menos (…) aún (…) castigados.

Animado por los enormes réditos que le está proporcionando la guerra de Siria, Putin estaría intentando repetir el modelo de intervención en Libia. Azim Ibrahim, del Center for Global Policy, advierte sobre los riesgos para la estabilidad internacional que tendría una operación de estas características.

Según todos los indicios, parece que [Putin] quiere ahora utilizar el impulso obtenido en Siria para ganar también la guerra en Libia. En muchos sentidos, Libia es un conflicto parecido al de Siria: hay un enfrentamiento entre una facción apoyada débilmente por Occidente, una facción intransigente que puede confiar en el apoyo ruso y el Estado Islámico en medio.

(…) Las únicas posibilidades de que el conflicto libio pueda prolongarse más allá del presente año son que el Pentágono logre arrebatar una cierta independencia operativa al presidente Trump y decida que vale la pena evitar que Rusia reclame el premio de los campos libios de petróleo –un escenario que ya es bastante remoto– o que Putin decida que mantener una situación de inestabilidad en la región es más beneficioso para los intereses rusos que una rápida resolución del conflicto.

Este último escenario es el que hay que vigilar. Putin se ha beneficiado enormemente de la manera en que la ola de refugiados de Siria hacia Europa ha desestabilizado el edificio político de la UE y la política interna de muchos de sus Estados miembros.