Contextos

Hanín Zoabi amenaza la herencia cristiana de Nazaret

Por Seth Mandel 

Hanín Zoabi.
"Zubi dedica buena parte de su tiempo y de su energía a tratar de destruir la imagen pública de Israel, y pretendería convencernos de que Israel no es una democracia en absoluto, sino un Estado fascista y segregacionista""Como acaba de poner de manifiesto el último y brutal ataque contra los coptos egipcios, la Primavera Árabe no evoca imágenes de libertad para los cristianos del mundo árabe. En cambio, ha abierto la veda sobre esta perseguida minoría""Zubi defiende esta fusión entre identidad palestina e identidad árabe-israelí, que, en muchos casos, simplemente sustituye la identidad árabe por la ideología de la candidata: resistencia armada contra el Estado a cuyo Parlamento ella pertenece. Dicha fusión borra, por ejemplo, la identidad de los árabes cristianos israelíes que no se identifican con la causa palestina"

A primera vista, Hanín Zoabi puede parecer una candidata extraña para la tentativa israelí de mejorar su reputación democrática en el extranjero. Zoabi dedica buena parte de su tiempo y de su energía a tratar de destruir la imagen pública de Israel, y pretendería convencernos de que Israel no es una democracia en absoluto, sino un Estado fascista y segregacionista. Pero, para muchos, su misma conducta basta para refutar sus tesis.

Ello se debe a que las defiende desde el estatus que le otorga ser un miembro arabomusulmán de la Knéset israelí. Mantiene su pedestal en el Parlamento al mismo tiempo que hace bastante más que incitar contra el sionismo: sus actos dicen más que sus palabras, aunque van en la misma línea. En 2010 Zoabi y otro parlamentario se embarcaron en el tristemente célebre Mavi Marmara, el barco turco de activistas armados que trataba de romper el bloqueo militar israelí sobre Gaza, y que pretendía ayudar al Gobierno de Hamás en la Franja.

Ahora, Zoabi trata de realizar una maniobra relacionada con ello, aunque ésta tendría que ver con la minoría cristiana de Israel, más que con su mayoría judía. El New York Times señala que la participación de Zoabi en las elecciones municipales de Nazaret amenaza con desbancar a su alcalde desde hace más de 20 años y con provocar tensiones locales:

Hay mucho que decir sobre la tradición y la continuidad en una ciudad venerada por los cristianos como el hogar donde Jesús pasó su infancia. Pese a que la población local, de 80.000 habitantes, es ahora musulmana aproximadamente en un 70%, gran parte de la economía de Nazaret, considerada la capital de la minoría árabe de Israel, depende del turismo generado por su pasado cristiano.

“Es una de las ciudades más conocidas del mundo, el lugar donde comenzó el cristianismo”, afirma el Sr. Jaraisi, cristiano, cuyos cabellos y bigote han encanecido durante su mandato.

Pero hay otros en Nazaret que sostienen que ya es hora de un cambio. Jaraisi ya ha sido elegido alcalde en cuatro ocasiones, con los votos tanto de cristianos como de musulmanes, como indica rápidamente. Ahora afronta un duro reto en las elecciones municipales, programadas para el martes por las autoridades locales israelíes.

Se podría esperar que, incluso si la ciudad no fuera de mayoría islámica, no hubiera nada inquietante per se en el hecho de que un candidato musulmán derrotara a uno cristiano en la lucha por la alcaldía. Nazaret es un símbolo de la minoría cristiana israelí; que sean una minoría en la ciudad no resulta precisamente sorprendente.

Pero el Times refleja el ambiente de nerviosimo existente en la ciudad respecto a la posible derrota de Jaraisi ante Zoabi, lo que tiene mucho que ver con la forma en que la candidata representa dos corrientes del mundo árabe que no han resultado demasiado positivas para los cristianos. A la primera y más evidente de ellas se refiere directamente el artículo del Times:

Uno de los retos que afronta el Sr. Jaraisi es lo que Wadi Abu Nasar, analista político árabe-israelí, denomina “el argumento de la primavera árabe: que es hora de cambiar”. Otro de ellos es una acusación de mala administración, según afirma Abu Nasar.

Como acaba de poner de manifiesto el último y brutal ataque contra los coptos egipcios, la Primavera Árabe no evoca imágenes de libertad para los cristianos del mundo árabe. En cambio, ha abierto la veda sobre esta perseguida minoría; cualquier indicio de que la marea de la primavera fuera a llegar a Nazaret supondría una perspectiva aterradora, como poco.

Y Zoabi lleva mucho tiempo al frente de la otra corriente, pese a que el modo sutil con que la presenta el Times muestra su atractivo para las masas:

Como dijo la Sra. Zoabi, Nazaret debería ser un centro cultural para los 1,6 millones de ciudadanos palestinos de Israel. “Nazaret no es sólo una ciudad; es un símbolo de la patria que perdimos”, declaró.

Nótese que la primera parte no es una cita. La reportera Isabel Kershner escribe, sin más, que los árabes de Israel son todos palestinos. La identificación de árabes israelíes con palestinos no es algo que sea automático ni universal. Los árabes de Israel que se consideran a sí mismos palestinos suelen reivindicar sus raíces en el Mandato de Palestina, antes de 1948, o afirmar que Israel es un territorio ocupado y un Estado ilegítimo (o ambas cosas).

Zoabi defiende esta fusión entre identidad palestina e identidad árabe-israelí, que, en muchos casos, simplemente sustituye la identidad árabe por la ideología de la candidata: resistencia armada contra el Estado a cuyo Parlamento ella pertenece. Dicha fusión borra, por ejemplo, la identidad de los árabes cristianos israelíes que no se identifican con la causa palestina.

El pasado julio, un grupo de cristianos greco-ortodoxos de Israel formó un partido político para defender la participación de los árabes en las Fuerzas de Defensa de Israel. El grupo estaba encabezado por un cristiano árabe de Nazaret, y contaba con el apoyo del padre Gabriel Nadaf, un sacerdote ortodoxo contra el que, al parecer, Zoabi dirigió una feroz campaña, y a quien, por sus muestras de patriotismo y lealtad a Israel, se prohibió entrar en la famosa iglesia de la Anunciación de Nazaret.

Estos árabes cristianos de Nazaret (y de otros lugares) se honran de considerarse israelíes. Zoabi y el New York Times simplemente los ignoran y los etiquetan como palestinos. De hecho, considerar palestinos (usando el término en un sentido amplio) a todos los árabes de Israel sólo tiene sentido si se cree que todo el territorio es, legal y legítimamente, Palestina. La forma en la que Zoabi lo cree no augura nada bueno para los cristianos de Nazaret. Y que el Times le siga la corriente indica que los medios van a seguir manteniendo la misma actitud, que a menudo linda con la indiferencia, respecto al drama de los cristianos bajo la Primavera Árabe.

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