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Hamás y Hezbolá y la 'guerra de las estaciones' en el mundo árabe

Por Mario Noya 

Terroristas de Hamás.
"¿Qué tienen en común Hamás y Hezbolá? Para empezar, el odio a Israel. Es lo que les mueve y lo que les hizo nacer. También comparten el islamismo, el populismo, el antiamericanismo/antioccidentalismo y la sintonía con Irán""Irán, por cierto, es lo que explica que Hezbolá sea mucho más fuerte y poderosa que Hamás en todos los ámbitos, especialmente en el económico y en el militar. Y es que, si bien Hamás simpatiza con Irán, Hezbolá 'es' Irán, su extensión en el Líbano"

Qué necesarios son estudios como éste, sobre organizaciones tremendamente influyentes pero muy poco conocidas, lo cual no deja de resultar asombroso en la era de la información ubicua. Por desgracia, El conocimiento inútil sigue siendo imprescindible, después de tantos años.

Joshua L. Gleis y Benedetta Berti firman este trabajo extraordinario que ojalá alguien se tome la molestia de traducir al español, para que en la hispanoesfera se hable con mucho más conocimiento de causa sobre dos de las organizaciones terroristas más poderosas del mundo, el Movimiento de Resistencia Islámico palestino, más conocido por su acrónimo (Hamás), y el libanés Partido de Dios, vulgo Hezbolá. No sólo sobre ellas: también sobre el eje del Eje de la Resistencia, la República Islámica de Irán.

Hamás y Hezbolá han fungido de parteaguas en las sociedades que los generaron. Así, en Palestina el Movimiento de Resistencia Islámico ha venido representando una formidable alternativa a la antaño todopoderosa OLP, durante tanto tiempo paradigma del anticolonialismo laico y de izquierdas para buena parte del mundo occidental. La fuerza con que irrumpió Hamás en el panorama palestino fue tal, que hoy en día Al Fatah alberga en su seno un grupo terrorista con el muy poco laico nombre de Brigadas de los Mártires de Al Aqsa. Es sólo un ejemplo. Otro: en las únicas elecciones en las que ha participado, las de 2006, la formación islamista obtuvo un resultado espectacular: fue la candidatura más votada en 12 de los 16 distritos palestinos y conquistó más de la mitad de los escaños en liza (pero su porcentaje de voto fue inferior al 50%: el 44,45%, concretamente). Uno más, aún más decisivo: en 2007 libró con éxito una guerra en Gaza contra Al Fatah y la propia Autoridad Nacional Palestina, y desde entonces detenta el poder en la Franja, donde ha erigido un Gobierno que no rinde cuentas ante el de Ramala. En cuanto a Hezbolá, baste decir que es dueño y señor de vastas zonas del Líbano (incluida parte de la capital), donde ha creado un auténtico para-Estado, y que, pese a su filiación chií, es un referente para innumerables musulmanes por sus enfrentamientos a cara de perro con Estados Unidos e Israel. (¿Es o era? La guerra de Siria, en la que se ha implicado de hoz y coz en defensa del régimen de Bashar al Asad, está hundiendo su prestigio entre los suníes, abrumadoramente mayoritarios en el mundo islámico –en torno al 80% del total–).

¿Qué tienen en común Hamás y Hezbolá? Para empezar, el odio a Israel. Es lo que les mueve y lo que les hizo nacer, durante la primera Intifada y la guerra del Líbano, respectivamente. Ambas organizaciones se han juramentado para destruir el Estado judío, al que por supuesto no reconocen sino que menosprecian con epítetos pretendidamente denigratorios como el de “entidad sionista”. Por eso se oponen radicalmente al denominado proceso de paz. También comparten el islamismo, el populismo, el antiamericanismo/antioccidentalismo y la sintonía con Irán. Y, por supuesto, el culto a la violencia terrorista, pese a los estragos que causa entre sus militantes y partidarios. O precisamente por ello (de nuevo el odio como clave explicativa).

Pero también difieren en aspectos sustanciales. Por lo pronto, una (Hamás) es suní y la otra chií, división sectaria que ha marcado a sangre y fuego la historia del islam y que ha vuelto a cobrar especial virulencia desde el advenimiento del jomeinismo (1979) y de la Primavera Árabe (2011-…). Por otro lado está el hecho paradójico de que algunas de sus diferencias más significativas anidan en sus puntos en común, fundamentales. Así, el islamismo de Hamás es muy distinto del de Hezbolá, por la crucial razón sectaria que acabamos de mencionar. En cuanto a Israel, la lógica de los hechos ha forzado a Hamás a adoptar posiciones menos intransigentes que las que mantiene Hezbolá, al fin y al cabo un actor ajeno al conflicto que no tiene que pelearle los adeptos a una entidad de la entidad de la OLP ni gobernar sobre media Palestina (Gaza) con la espalda descubierta: en la retaguardia de la Franja está Egipto –además, ahora con un Ejército abiertamente antiislamista y hostil a Hamás–, no Siria e Irán. Irán, por cierto, es lo que explica que Hezbolá sea mucho más fuerte y poderosa que Hamás en todos los ámbitos, especialmente en el económico y en el militar. Y es que, si bien Hamás simpatiza con Irán, Hezbolá es Irán, su extensión en el Líbano, con todo lo que eso implica. Para empezar, una estructura mucho más jerarquizada, cohesionada y compleja, lo que hace que el Partido de Dios sea un para-Estado más sólido que el Movimiento de Resistencia Islámico, más horizontal, más inestable, menos previsible, por todo eso más débil… y posibilista.

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El futuro ya está aquí, también o sobre todo en la región más volátil del planeta. ¿Qué les deparará, al Partido de Dios y al Movimiento de Resistencia Islámico que tanto debieran preocuparnos? Habrá que estar muy pendientes de las condiciones atmosféricas, si la guerra de las estaciones en el mundo árabe (¡y en Persia!) la gana la primavera o el invierno: la primera, con su floración contestataria, les da alergia; la segunda, implacable y cruda, les revitaliza.

Joshua L. Gleis y Benedetta Berti, Hezbollah and Hamas. A Comparative Study, The Johns Hopkins University Press, Baltimore (EEUU), 2012.