Revista de Prensa

Hamás ha cometido un tremendo error de cálculo… por no pensar en Hezbolá – Por el bien de la paz, Israel debe infligir a Hamás una derrota humillante

 

Ismaíl Haniyeh, primer ministro de Hamás en Gaza.
"En la batalla de Gaza, las Fuerzas de Defensa de Israel no sólo enviaron un mensaje a Hamás al atacar las viviendas de sus líderes, sino que se aseguraron de que todo el mundo viera que lo habían hecho, para que ciertas audiencias de fuera de Gaza se dieran por enteradas""Si quieres que exista y prospere un Estado palestino, has de desear que Hamás sea derrotada y humillada. El único objetivo de Hamás desde hace más de 30 años ha sido convertir un conflicto difícil pero potencialmente negociable en una guerra santa innegociable en la que uno pierde y el otro gana. Hay que hacer que esta estrategia sea una apuesta fracasada antes de que la política palestina siga mejores derroteros"

El pasado viernes, Haviv Rettig Gur publicó una pieza harto interesante en el Times of Israel, en la que advertía de que, en la actual guerra de Gaza, lo que sucede en Gaza es sólo la mitad de la historia, y que la otra mitad tiene por (potencial) escenario el Líbano.

A juicio de este analista israelí, Jerusalén está actuando en su enfrentamiento con Hamás teniendo en mente a un actor mucho más poderoso que la organización terrorista islamista que detenta el poder en Gaza: la organización terrorista islamista Hezbolá, peón libanés de Irán que de hecho controla no un pequeño enclave costero sino nada menos que el País del Cedro, de gran importancia geoestratégica.

Van ya siete días de guerra cohetera, y en buena medida Hamás se ha pasado seis de ellos rogando callada y evasivamente por un alto el fuego.

No porque esté acobardada. Todo lo contrario. Es que ya ha conseguido su objetivo primordial: relegar a Fatah y ser la potencia hegemónica en el movimiento nacional palestino.

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(…) El martes, el jefe político de la organización, Ismaíl Haniyeh, (…) proclamó: “Hemos conseguido la victoria en la batalla de Jerusalén, por la defensa de Jerusalén”.

Para aquellos que no estén familiarizados con las sutilezas retóricas de organizaciones como Hamás: cantar victoria cuando sólo han pasado uno o dos días de lo que obviamente va a ser una confrontación más larga y penosa equivale a una petición explícita de finalización de las hostilidades.

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Al parecer, Hamás creía que Israel buscaría una rápida desescalada. Se equivocó. Los líderes políticos y militares israelíes no podían permitirse conceder a Hamás la calma por la que había apostado.

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Hamás calculó mal la respuesta israelí (…) en parte porque no comprendió que fue concebida para garantizar que Hezbolá no cometía el mismo error de cálculo.

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En la batalla de Gaza, las Fuerzas de Defensa de Israel no sólo enviaron un mensaje a Hamás al atacar las viviendas de sus líderes, sino que se aseguraron de que todo el mundo viera que lo habían hecho, para que ciertas audiencias de fuera de Gaza se dieran por enteradas. No sólo han demolido edificios en los que vivían algunos de los hombres más ricos y poderosos de Gaza (que, asegura el Ejército, albergaban instalaciones de Hamás), sino que hicieron multitud de advertencias antes de cada ataque, asegurándose el desalojo de los civiles… y que los gazatíes los grabaran, para beneficio de las élites de otro lugar.

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(…) incluso la escalada lenta e implacable de los ataques israelíes (…) representa un mensaje, que puede exponerse así: “Podemos hacer esto durante mucho tiempo. Podéis elegir cuándo empieza la guerra, pero no cuándo acabará. Y, por ese factor desconocido, vais a pagar un precio más elevado del que imaginabais”.

Puede que Hamás haya ganado el control ‘de facto’ del movimiento nacional palestino (…) Ha demostrado que puede provocar disturbios en la Margen Occidental y en la propia sociedad israelí. Pero lo ha hecho al precio de convertir la atribulada Gaza en un campo de pruebas para la próxima guerra entre Israel y Hezbolá.

En línea con lo sostenido por el analista israelí Dorón Matzá en este artículo, el periodista norteamericano Bret Stephens aboga por que Jerusalén inflija una derrota decisiva a Hamás, para que la organización terrorista islamista deje de ser el poder hegemónico en Gaza y para que haya alguna posibilidad real para la paz entre palestinos e israelíes.

Las tácticas de Hamás consisten en situar sus arenales en escuelas y mezquitas, y sus centros de mando en sótanos de hospitales, así como en disparar sus misiles desde lugares próximos a edificios de viviendas densamente habitados y hoteles que albergan a periodistas extranjeros.

La idea es impedir que Israel contraataque o, si lo hace, cosechar los beneficios propagandísticos aparejados a unas imágenes televisadas o tuiteadas de edificios destrozados (…) y a la ‘desproporcionada’ cantidad de muertes [en uno y otro bando], que arrojen tierra sobre el hecho de que unos hacen lo que pueden para proteger a los civiles y los otros, para dañarlos.

El cinismo es sobrecogedor. Debería ser ampliamente condenado como una forma de terrorismo contra los palestinos, cuyo sufrimiento visible es tan importante para los objetivos globales de Hamás como lo es el sufrimiento de los civiles israelíes para sus objetivos domésticos.

(…) [La desescalada y el alto el fuego] serían una victoria política para Hamás, conseguida a expensas de un elevado número de palestinos que perderán la vida y de los palestinos moderados, que lucirán como debiluchos o como estúpidos por oponerse a la estrategia de la “resistencia” violenta. (…)

(…) si quieres que exista y prospere un Estado palestino, has de desear que Hamás sea derrotada y humillada. El único objetivo de Hamás desde hace más de 30 años ha sido convertir un conflicto difícil pero potencialmente negociable en una guerra santa innegociable en la que uno pierde y el otro gana. Hay que hacer que esta estrategia sea una apuesta fracasada antes de que la política palestina siga mejores derroteros.

Por la misma razón, si quieres que Israel cuente con líderes más moderados, lo último que habrías de desear es que Hamás salga fortalecido y esencialmente inerme de esta ronda de enfrentamientos. Ningún Gobierno israelí de ninguna tendencia ideológica va a conceder territorio para un Estado palestino que vaya a parecer una versión aumentada de lo que es Gaza hoy en día; es decir, para un Estado palestino que aterrorice a sus vecinos y tiranice a su pueblo.

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Por lo que hace a Gaza, el objetivo de EEUU es apoyar los esfuerzos de Israel por descolmillar, desmoralizar y desempoderar a Hamás, no sólo por el bien de los israelíes que viven bajo su amenaza sino por el de los atemorizados palestinos. Los moderados sólo prosperan cuando se desdibuja el espectro del terror.