Contextos

Hamás dice no a la paz, no sólo al alto el fuego

Por Jonathan S. Tobin 

Terroristas de Hamás.
"Los dirigentes y combatientes de Hamás y su arsenal están a salvo en el laberinto de bunkers y túneles bajo la Franja. Allí, los refugios antibomba son para las bombas, no para los civiles""Los objetivos del grupo islamista son la destrucción de Israel y el exilio forzoso (o la masacre) de su pueblo. Para alcanzar ese fin, no hay límite a las privaciones y los sufrimientos a los que están dispuestos a someter a sus propios compatriotas"

Durante la última semana los partidarios de los palestinos han estado clamando contra Israel por su respuesta a los lanzamientos de cohetes desde Gaza. El sufrimiento de los palestinos corrientes en este último enfrentamiento ha suscitado las simpatías mundiales. Pero cuando se le ha presentado una oportunidad para acabar con los ataques, Hamás no ha querido tener nada que ver con un alto el fuego.

La aceptación israelí de la propuesta egipcia de alto el fuego fue controvertida. Muchos israelíes, y algunos miembros del Gabinete del primer ministro Netanyahu, creyeron que era una insensatez detener los contraataques sobre Gaza mientras Hamás seguía en posesión de un arsenal de, se cree, varios miles de misiles. Pero, esperando acabar con este enfrentamiento y evitar que se perdieran más vidas, los israelíes accedieron a dejar de atacar posiciones y armamento de Hamás.

Peo Hamás no quería un alto el fuego que le habría dejado con muchos cohetes que disparar contra Israel y que habría acabado con el padecimiento soportado por los palestinos de Gaza mientras el grupo islamista se sirve de la población del enclave como escudos humanos. Además, un alto el fuego en estos momentos habría eliminado cualquier posibilidad de que Israel invadiera la Franja para hacer lo que muchos en Israel consideran que es la obligación de su Gobierno: acabar con Hamás de una vez por todas y eliminar la posibilidad de que esta trágica situación se repita dentro de un par de años.

¿Por qué ha dicho que no?

Lo primero que hay que admitir es que salvar las vidas de los gazatíes es lo último que se les pasa por la cabeza a los dirigentes de Hamás.

Como escribí el pasado fin de semana, muchos observadores se quejan de que los israelíes tienen refugios antibomba (además del sistema de defensa antimisiles Cúpula de Hierro) a los que pueden correr cuando son atacados, pero los palestinos no tienen a dónde ir. Pero, de hecho, los dirigentes y combatientes de Hamás y su arsenal están a salvo en el laberinto de bunkers y túneles bajo la Franja. Allí, los refugios antibomba son para las bombas, no para los civiles. Así que mientras muchos palestinos esperaban una tregua, Hamás ha creído que puede aguantar indefinidamente, disparando contra Israel. De hecho, ayer logró su primer éxito en combate al matar a un israelí con un proyectil de mortero cerca del paso de Erez.

Igual de importante es el hecho de que el objetivo de Hamás en el combate no es, como afirma falsamente, defender a los palestinos o limitarse a responder a la “agresión” israelí contra el enclave del que se retiraron en 2005. Más bien es obligar a que Israel y Egipto hagan concesiones que refuercen su control del poder en Gaza, además de darle ventaja frente a sus rivales-socios de Fatah en la Autoridad Palestina.

Hamás quiere que Israel libere a terroristas que fueron apresados en la Margen Oriental en el transcurso de los intentos de hallar a los tres adolescentes secuestrados que, finalmente, fueron encontrados muertos, asesinados por alguno de los efectivos del grupo. Obligar a Israel a que permita que esa gente quede libre (algunos de ellos fueron liberados de prisión como parte del rescate a cambio de la liberación del soldado secuestrado Guilad Shalit, a pesar de que habían cometido asesinatos) sería un gran golpe propagandístico para el movimiento terrorista.

Los islamistas también quieren valerse de las simpatías hacia el sufrimiento de los palestinos para influir sobre el Gobierno egipcio y forzarlo a abrir los túneles de contrabando, así como para darles un mayor margen para operar en la zona fronteriza. Eso reforzaría su maltrecha economía y supondría para Hamás una masiva inyección de capital. También abriría las líneas de suministro con Irán, cerradas por los militares egipcios tras el golpe que derrocó el verano pasado a los Hermanos Musulmanes, aliados de Hamás, y facilitaría las cosas para que Teherán reabasteciera los arsenales del grupo islamista con cohetes y otro armamento

Los observadores internacionales que consideran esta lucha parte de un “ciclo de violencia”, o que creen la versión de que es una lucha encarnizada en la que ambas partes son culpables, olvidan que un cese de las hostilidades no encaja en la visión estratégica de Hamás. Debe hacerse hincapié, una vez más, en que los objetivos del grupo islamista son la destrucción de Israel y el exilio forzoso (o la masacre) de su pueblo. Para alcanzar ese fin, no hay límite a las privaciones y los sufrimientos a los que están dispuestos a someter a sus propios compatriotas.

Todo ello supone que, para buscar una solución al problema inmediato en Gaza, lo último que debe de hacer ahora Estados Unidos es tratar de recompensar a Hamás por su cínica decisión de aprovechar las recientes tensiones e iniciar otra ronda de lanzamiento de cohetes contra Israel. En el peor de los casos, Hamás no se apaciguará con nada más que un alto el fuego que lo deje donde está pero sin fácil acceso a más cohetes que lanzar contra Israel. Pero si el secretario de Estado John Kerry quiere hacer realmente algo que haga avanzar la causa de la paz en Oriente Medio que tanto le importa, debería exigir el desarme de Hamás. Nada que se quede por debajo de una desmilitarización de Gaza asegurará la seguridad de su pueblo ni dará una oportunidad a unas nuevas negociaciones de paz. Si Estados Unidos apoya cualquier concesión a Hamás, arrastrará parte de la culpa por la próxima ronda de violencia encarnizada que, inevitablemente, seguirá a un nuevo alto el fuego.

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