Revista de Prensa

Hablemos de ocupaciones, Sr. Obama

 

Barack Obama.

El exministro israelí de Defensa Moshé Arens arremete en su página web contra el presidente estadounidense, que en su reciente intervención ante la Asamblea General de la ONU volvió a censurar lo que él considera una ocupación permanente por parte de Israel de territorio palestino. Arens pone a Obama frente a la propia historia de EEUU, repleta de ocupaciones permanentes.

En realidad, esta no es la única zona del mundo cuya propiedad está en disputa. Obama probablemente se horrorizaría si alguien le dijera que “EEUU no puede ocupar permanentemente tierra mexicana”. Sí, gran parte de EEUU –California, Nevada, Utah, Arizona y Texas– es territorio capturado durante la guerra mexicano-americana de 1846-48, una guerra de agresión. Fue una guerra orquestada bajo el principio del Destino Manifiesto –el destino de América de extender sus posesiones hasta el Océano Pacífico–.

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El mismo Obama fue el comandante en jefe de un Ejército de ocupación cuando heredó la ocupación americana de Irak. Él decidió retirarse y asumir las consecuencias. Las víctimas de la salida americana de Irak fueron el pueblo de Irak y el resto de la región, no el pueblo americano.

Alguien podría sugerir a Israel que siga el mismo camino. Abandonar la Margen Occidental, poner fin a la ‘ocupación’ y arrostrar las consecuencias. Pero Israel no puede salir de la región como América; Israel está aquí para quedarse. Y la primera víctima de una retirada israelí de Judea y Samaria sería el pueblo de Israel, que solo podría esperar una lluvia de misiles sobre sus ciudades.

Ephraim Herrera resalta en esta colaboración para Israel Hayom la necesidad de que el Estado judío mantenga la fortaleza y el carácter impenetrable de sus límites fronterizos, única manera de que los conflictos del mundo musulmán no acaben pasándole una factura letal.

Mucho se ha dicho acerca de la política que Israel debería adoptar. De hecho, hay acuerdo en que la preferida es “no hacer nada hasta que nos ataquen directamente”, y esa es la que el Gobierno israelí ha adoptado acertadamente. (…)

(…) Es fácil suponer lo que le ocurriría al Estado de Israel si no fuera tan fuerte: los islamistas, que frecuentemente se refieren a su guerra contra los cruzados y los judíos, cometerían crímenes de guerra parecidos [a los que se cometen en Siria], y podemos asumir que también aquí el mundo se mantendría al margen. Nuestra fortaleza da frutos.

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El uso de armas químicas por parte de los rebeldes y el régimen [de Asad] se han convertido en rutina. Si los musulmanes son capaces de tratarse así entre ellos, es muy fácil suponer qué harían si pudieran dañar a Israel.

El analista saudí Mshari al Zaidi considera que las afirmaciones acerca de las consecuencias del conflicto yemení para los países del Golfo no son exactas y sostiene que se trata de falsedades intencionadas que benefician a Irán, el principal valedor de los rebeldes huzis.

También se ha planteado si esta guerra está afectando a las economías de los países involucrados en ella. ¿Dará lugar a problemas políticos y sociales?

Esas preguntas son legítimas y deben ser planteadas. Sin embargo, algunos las plantean de una manera que beneficia a la maquinaria de propaganda iraní y a la postura de los diarios izquierdistas occidentales, que han lanzado una campaña mediática contra Arabia Saudí y la operación ‘Tormenta Decisiva’. No recurren a eso por cuestiones humanitarias, como afirman, sino con el objetivo de asediar a Arabia Saudí y los países del Golfo.

Están también los que, dentro de Arabia Saudí y el Golfo –aunque sean pocos y distantes entre sí–, repiten falsos rumores. Esa es probablemente la descripción más exacta de lo que están haciendo. Bajo esas circunstancias, es el partido opositor el que se beneficia y ayuda a circular falsos rumores para dividir a la opinión pública.