La Librería

Generación Libertad, ¿Generación Perdida?

Por Mario Noya 

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"¿Serán los cambios que está viviendo el Gran Oriente Medio lo suficientemente potentes para salvar a una generación, la Generación Libertad, de la impotencia, el tedio, el resentimiento? Feiler apostaba por ello"

Este libro apareció en abril de 2011, es decir, en la mera primavera de la Primavera Egipcia, sólo unos meses después de la caída de Hosni Mubarak, el Faraón, que mordió el polvo tras tres semanas de sacudones contestatarios con epicentro en la formidable Plaza de la Liberación.

Su autor, Bruce Feiler, estaba sin lugar a dudas entusiasmado. Lo escribió con prosa pletórica de optimismo, como homenaje a la «Generación Libertad» que, tirando de móvil, Facebook y Twitter, había conseguido echar abajo «uno de los más sofisticados y sólidos Estados policiales del mundo». La Primavera Árabe había arrasado con el apocalíptico choque de civilizaciones predicho por Huntington, sentenciaba Feiler, y se presentaba como un antídoto poderosísimo contra el veneno islamista en un momento inmejorable, el de la ejecución de Osama ben Laden y la decadencia de su red terrorista, Al Qaeda.

¿Serán los cambios que está viviendo el Gran Oriente Medio lo suficientemente potentes para salvar a una generación, la Generación Libertad, de la impotencia, el tedio, el resentimiento? Feiler apostaba por ello. Y por la convivencia de los hijos de Abraham (musulmanes, cristianos, judíos –deben de quedar unos cien, cuando en los años 50 eran 100.000–) en la tierra que vio nacer la Libertad, el Egipto de Moisés, «el primer héroe revolucionario».

Nos hablaba aquí Feiler de Nur Aymán Nur, de Ahmed Maher, de Wael Ghonim, jóvenes audaces, sobradamente preparados, prometía, para llevar a su país hacia la modernidad civilizada. De sus colegas de protestas y acampadas en Tahrir, que habían conseguido sacar del sopor a sus conciudadanos del Sofá Party y reñían a los aún pachorros o desavisados que persistían en el incivismo de ese presente que querían oliera a rancio enseguida: «¿Egipto está cambiando y tú sigues aparcando en doble fila?». Incluso de Mohamed Biltagy, la cara de los Hermanos Musulmanes –y sí: no la dieron mucho– durante las protestas; una cara amable, conciliadora, que hablaba de la libertad como uno de los pilares del islam y que aseguraba que el motto hermanista «El islam es la respuesta» no estaba sobre la mesa porque de lo que se trataba era de alcanzar los objetivos de la revolución, «que son la democracia, la libertad y la justicia social». Por supuesto, también hablaba del copto Hany Hana Haziz Hana, que quería ver «un nuevo Egipto»: un Egipto que desplegara sus «auténticos valores», ocupara su «verdadero lugar» en el mundo y fuera «un ejemplo para otros países donde musulmanes y cristianos viven juntos».

Han pasado estos dos años largos, tremendos, en los que Egipto se ha propinado golpes durísimos, como del odio de Dios, los hunos y los hotros lo han convertido en el reino del espanto. No lo sé por Feiler, estará muy ocupado promocionando su más reciente obra, Los secretos de las familias felices, febrero de 2013, el caso es que de «los levantamientos en Oriente Medio y la recomposición del mundo moderno» –subtítulo de este Generation Freedom– parece que ya no escribe; no lo sé por el ¿exentusiasta?, pero a Mohamed Biltagy le han matado (¿ejecutado?) una hermana en la represión de las manifestaciones y acampadas pro Morsi y el doctor Hany Hana anda difundiendo un vídeo contra los Hermanos Musulmanes titulado «Egipto salva al mundo del terrorismo». En cuanto a la Generación Libertad, ya no copa las portadas de los periódicos ni está en el foco de los telediarios, y cuando habla (Wael Ghonim lleva sin actualizar sus páginas de Twitter y Facebook desde el día del derrocamiento de Morsi; entonces puso «Fuera» y «Dios salve a Egipto y a su gente») suele hacerlo desde la desolación y el desencanto. Nur Aymán Nur: «Tenemos una terrorífica habilidad para repetir la historia, y eso verdaderamente me estremece (…) Las palabras han muerto (…) Los egipcios hemos llegado a un punto en el que no nos escuchamos, y donde las voces más potentes son las más desagradables». Ahmed Maher: «Nuestro problema es que hay una oleada de locura. La gente [tanto los partidarios de Sisi como los de Morsi] te dice: ‘Vamos a eliminarlos’ (…) Esperábamos dificultades, pero nadie pensaba que esto sería tan complicado».

«Abajo esa moral, y no perdamos la desesperanza», podría decirles un agorero que haya leído con atención el memorable Sin destino de Imre Kertész. Ojalá que no. Ojalá que, mejor, Maher:

Debería estar deprimido, y de hecho estoy deprimido, pero aún tengo esperanza, incluso con estas complicaciones, la violencia, los miedos. Aún tengo confianza en que un día veamos un nuevo Egipto. Puede que mi generación no vea esos cambios. Pero quizá estemos pavimentando el camino para que una nueva generación lo haga.

Bruce Feiler: Generation Freedom. The Middle East Uprisings ante the Remaking of the Modern World. Harper (Nueva York), 2011, 176 páginas.