Revista de Prensa

Ganó Netanyahu (otra vez): ¿y ahora qué?

 

Bandera de Israel.

El recuento final ha deshecho el virtual empate entre el Likud y el Partido Azul y Blanco en beneficio del primero. La composición de la Asamblea Legislativa israelí (Knéset) queda como sigue:

Likud (liberal-conservador), 36 escaños (26,4% de los votos).
– Azul y Blanco (centro liberal), 35 (26,1%).
Shas (ultraortodoxo sefardí), 8 (5,9%).
Judaísmo Unido de la Torá (ultraortodoxo asquenazí), 7 (5,7%).
– Hadash-Taal (nacionalista árabe, antisionista), 6 (4,49%).
– Partido Laborista (socialdemócrata), 6 (4,44%).
Israel Beiteinu (liberal-conservador), 5 (4%).
Derecha Unida (derecha), 5 (3,7%).
– Meretz (izquierda), 4 (3,6%).
Kulanu (liberal), 4 (3,5%).
– Raam-Balad (nacionalista árabe, islamista, antisionista), 4 (3,3%).

(En negrita, los partidos que previsiblemente darán apoyo al quinto Gobierno comandado por Benjamín Netanyahu).

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En Tablet, el analista Liel Leibovitz escribe una pieza, “Qué necesitan comprender los norteamericanos de los resultados de las elecciones israelíes”, que sin lugar a dudas ofrece información interesante también para todos los demás habitantes del planeta.

Verdaderamente, las encuestas no funcionan. (…) La razón puede ser tecnológica y política: al contactar a la mayoría de los encuestados online o por vía telefónica, los encuestadores tienden indefectiblemente a sobrerrepresentar a la clase de gente a la que le gusta responder encuestas online o hablar de política con extraños [y a infrarrepresentar, por ejemplo, a quienes votan a los partidos ultraortodoxos]. (…) Esto es difícil que vaya a cambiar, y las encuestas, durante mucho tiempo un componente básico del juego político, se tornarán una herramienta cada vez más cuestionable en una sociedad donde muchos rechazan el contacto tecnológico invasivo.

Verdaderamente, Tel Aviv es una burbuja. En Ramat Aviv, el glamuroso barrio norte de la ciudad donde se encuentra la universidad y reside buena parte de la clase mediática que edita periódicos, presenta informativos y publica libros, el bloque de centro-izquierda [en el que Leibovitz incluye al liberal Azul y Blanco] (…) consigue un extraordinario 80% del voto. Seis coma nueve kilómetros al sureste, en la barriada de Shjunat Hatikvah, Likud y el Shas consiguen el 64% del voto, lo que refleja mucho mejor el ‘Zeitgeist’ nacional.

Verdaderamente, el viejo laborismo ha muerto. En 1992, un año antes de la firma de los Acuerdos de Oslo, anunciados con gran fanfarria, el Partido Laborista y Meretz, los dos pilares gemelos de la izquierda sionista, consiguieron unos asombrosos 66 escaños en la Knéset, lo que les dio un poderoso mandato para que se volcaran en sus planes de paz. Esta semana, el Partido Laborista y Meretz apenas consiguieron 10 escaños entre los dos, muchos menos que los partidos haredíes [ultraortodoxos], que ganaron 16 [15, en el recuento final], y exactamente los mismos que los dos partidos árabes (…)

(…)

Verdaderamente, Bibi es un genio político. (…) Netanyahu ha conseguido mantener su partido como una fuerza política coherente y cohesiva [durante muchos años y mientras los demás actores políticos experimentaban todo tipo de transformaciones y turbulencias] (…) [Con sus solas fuerzas] Netanyahu ha sido un gran custodio de la seguridad nacional y de la economía, así como de la estabilidad de su partido; mientras otros candidatos confiaban en atraer votantes presentándose como la nueva y excitante sensación de la temporada, Netanyahu les ofrecía algo mucho más valioso: una relación a largo plazo.

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El Jerusalem Post, diario israelí en lengua inglesa con gran impacto en círculos influyentes norteamericanos, pide a Netanyahu que sea audaz y no conforme la coalición que todo el mundo espera sino que tienda la mano a su principal rival, Benny Gantz.

Con independencia de lo que se piense de él, habría que felicitar al primer ministro por los resultados [que ha obtenido] y la prácticamente segura eventualidad de que sea primer ministro por una inaudita quinta vez. En julio superará a David ben Gurión como el líder israelí con más años de gobierno.

Netanyahu ha vuelto a demostrar que es un consumado maestro de la estrategia política. Más de un millón de electores pusieron su fe en él, pese a todos los embrollos legales y los potenciales encausamientos que pesan sobre cualquier Gobierno que conforme.

Ahora, Netanyahu puede tomar el camino fácil. Puede aferrarse a su electorado y conformar [una coalición con las fuerzas de derecha y las ultraortodoxas] (…) como muchos de sus integrantes tienen [sólo] cuatro o cinco escaños, esa coalición estará signada por las negociaciones a cara de perro y las demandas de satisfacción de distintos intereses sectoriales, así como por las amenazas y las presiones constantes al partido Likud [del primer ministro Netanyahu].

Ahora bien, Netanyahu puede elegir una ruta diferente, una que tenga en cuenta no sólo sus intereses (…) sino los del país. Puede dejar a un lado a sus aliados naturales de la derecha y hacer una oferta a Gantz y a su [partido] Azul y Blanco para que sean sus socios preferentes, en una genuina muestra de unidad nacional.

No es momento de sectarismos, ni de satisfacer intereses estrechos. Israel afronta una miríada de desafíos, tanto domésticos como en el ámbito de la seguridad.

La situación tanto en la frontera sur, con Hamás, como en la septentrional, con Irán y Hezbolá, exige un gran consenso. Y no olvidemos que también el Partido Azul y Blanco consiguió más de un millón de votos. Con tres exgenerales [al frente], sus políticas de seguridad no son tan distintas de las del Likud, y la conformación de un frente unido mandaría un potente mensaje a los enemigos de Israel.

(…) Por el bien del país, es hora de que Netanyahu y Gantz se dejen de politiquerías y formen un Gobierno de unidad nacional.

Es el camino de la responsabilidad; uno que permita al Gobierno de Israel representar a la gran mayoría de sus ciudadanos, no sólo a una pequeña coalición de intereses. Nos lo merecemos… y lo necesitamos.