Contextos

Fuga masiva de prisión de miembros de Al Qaeda

Por Thomas Joscelyn 

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Las evasiones de miembros de Al Qaeda (AQ) han sido algo de lo más frecuente en el mundo posterior al 11-S. Y éstas han reavivado la lucha. Lo más probable es que la fuga masiva que se produjo la semana pasada en Irak cause más adelante problemas significativos para Estados Unidos y sus aliados. La historia nos lo demuestra. Existen numerosos ejemplos de operativos de AQ que, tras estar encarcelados, se volvieron a unir a la red terrorista. Consideremos sólo dos ejemplos.

El actual líder de Al Qaeda en la Península Arábiga (AQPA), Nasir al Wuhayshi, escapó de una cárcel yemení en 2006. Junto a un duro grupo de otros fugados y ex presos de Guantánamo, Wuhayshi reconstruyó la franquicia arábiga de AQ, que había sido diezmada tras años de operaciones antiterroristas.

El grupo de Wuhayshi no tardó mucho en atacar a Estados Unidos. AQPA renació a principios de 2009. El día de Navidad de ese año, un aspirante a terrorista suicida, que había sido reclutado y entrenado por el grupo, casi hizo estallar una ingeniosa bomba camuflada en su ropa interior a bordo de un avión con destino a Detroit. Desde entonces, la franquicia ha intentado atentar en otras ocasiones contra Estados Unidos. También ha reunido un ejército irregular para desafiar al Estado yemení, lo que implica que, en años venideros, habrá que hacer frente a muchos retos en cuestiones de seguridad.

Abu Yahya al Libi, que ascendió en el escalafón de Al Qaeda hasta convertirse en uno de sus más destacados líderes en Pakistán, también huyó de una prisión. En julio de 2005, escapó junto a otros de la base aérea de Bagram. A diferencia de Wuhayshi, que fue ayuda de campo y protegido de Ben Laden en los años 90, Al Libi era, como lo describió el New York Times, «un oscuro predicador radical» cuando escapó de la cárcel. Tres años después, en 2008, la prensa norteamericana comentaba su «meteórico ascenso», al convertirse en una de las figuras más conocidas de AQ. Y, cuatro años más tarde, en junio de 2012, moría en un ataque de drones estadounidenses. La muerte de Al Libi fue mencionada, a su vez, por la Administración Obama como prueba de que también se acercaba la de Al Qaeda.

Pero la fuga de la famosa prisión de Abu Graib a principios de la semana pasada es sólo una de las razones por las que Al Qaeda es más resistente de lo que habían imaginado los miembros de la Administración. La filial de Al Qaeda en Irak, el renombrado Estado Islámico en Irak y el Levante (EIIL), la ha reivindicado. Según el Washington Post,

las autoridades estadounidenses cifran el número de fugados entre 500 y 600, incluido un destacado número de miembros de Al Qaeda.

El tiempo dirá cuántos «destacados» miembros de Al Qaeda están libres de nuevo, pero según informaciones de la prensa iraquí, fueron liberados antiguos líderes provinciales y de distrito de AQ. Es decir, por lo menos algunos de los hombres que contribuyeron a que la organización ganara terreno en Irak,  y que, por consiguiente, hicieron necesario un incremento en las fuerzas norteamericanas, están de nuevo en acción.

Y se han unido a una presencia de Al Qaeda que ha experimentado un destacado resurgimiento desde que se retiraron las fuerzas norteamericanas. Según Associated Press, los datos del Pentágono muestran que Al Qaeda en Irak (AQI, ahora EIIL) aumentó su capacidad operativa de 75 ataques a la semana a comienzos de 2012 a «una media de 140 ataques semanales por todo Irak» a finales de ese mismo año. Las filas de EIIL rebosaban incluso antes de la fuga. Y la filial de Al Qaeda estableció nuevos campamentos de entrenamiento, nuevos refugios y un nuevo brazo en Siria: el Frente Al Nusra. El éxito de este último provocó una lucha entre dos líderes de AQ acerca de quién debía llevarse el mérito por la presencia de la organización en Siria, así como sobre quién merecía dirigirla.

Con todo esto se pretende decir simplemente que una situación muy mala acaba de empeorar. Al Qaeda ha recuperado a algunos de sus miembros más capaces que habían desaparecido del mapa. Eso, seguramente, incluirá a algunos conocidos peces gordos de la organización, así como a otros de los que pocos habrán oído hablar en Occidente, como era el caso de Abu Yahya al Libi.

The Weekly Standard