Revista de Prensa

Fuera la israelofobia de la Universidad

 

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Ariel Bolstein, fundador de la asociación Faces of Israel, denuncia las actividades antisemitas de la llamada Semana del Apartheid Israelí, una serie de actividades organizadas en los campus británicos para denigrar al Estado judío.

Con el paso de los años, las universidades británicas se han convertido en espacios confortables para esparcir libelos de sangre contra Israel. Este año, además, algunos campus tratarán de ‘sobresalir’ en su odio al Estado judío.

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Israel tiene la obligación de pedir que se acabe con este escándalo, y no debemos limitarlo a Gran Bretaña. Tenemos que exigir a todas las naciones del mundo, y muy especialmente a nuestros socios en la Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto, que adopten la definición actualizada de antisemitismo, que deja claro que el odio a Israel fue y sigue siendo antisemitismo. No podemos aceptar que las libertades de expresión y de cátedra, principios aceptados en toda democracia, se usen para dar cobijo a los antisemitas modernos.

Shlomo Brom y Ofi Winter, del Institute for National Security Studies israelí, exploran en este estudio las implicaciones del nuevo clima de entendimiento entre el grupo terrorista palestino y el Estado egipcio, especialmente en lo que respecta a la seguridad israelí.

El creciente entendimiento entre Egipto y Hamás (…) refleja un pragmatismo político en este momento específico, pero no debe ser interpretado (…) como un cambio profundo de estrategia por ambas partes. La postura suavizada de Egipto hacia Hamás no modera la lucha del régimen contra los Hermanos Musulmanes [su organización matriz]. De manera similar, la disposición de Hamás a aceptar algunas de las exigencias de Egipto en materia de seguridad no constituyen un retroceso en su compromiso (…) de entrar en conflicto con Israel. (…)

Desde la perspectiva israelí, el giro en las relaciones entre Egipto y Hamás constituye un test importante para la floreciente cooperación en seguridad entre Israel y Egipto, que se enfrentan juntos a desafíos terroristas en el Sinaí y la Franja de Gaza. (…)

Al mismo tiempo, si el entendimiento entre Egipto y Hamás se ajusta a las exigencias de seguridad de Israel, es probable que sirva a los intereses israelíes en varios aspectos. Primero, puede aliviar el sufrimiento humano en la Franja de Gaza, que podría acabar afectando a Israel, puesto que su persistencia puede provocar un nuevo choque militar con Hamás. En segundo lugar, puede socavar las relaciones entre Hamás y los grupos salafistas-yihadistas en el Sinaí, que constituyen una posible amenaza para la seguridad de Israel y un obstáculo a los esfuerzos de Egipto por lograr estabilidad interna y mejorar su situación económica. Tercero, el aumento de la dependencia de Egipto por parte de Hamás debilitará la motivación de la organización para iniciar un conflicto militar con Israel y reforzará el estatus de Egipto como un mediador efectivo, capaz de poner fin rápidamente a futuras crisis.

Michael Rubin, del American Enterprise Institute, recuerda que el régimen de los ayatolás no ha aceptado nunca la independencia del pequeño Estado árabe –separado de Irán en los años 70 del siglo pasado–. Según Rubin, Teherán está lanzando amenazas sobre Baréin, cada vez más explícitas, para comprobar la reacción de Trump.

El Gobierno iraní parece ahora determinado a comprobar la firmeza de Trump redoblando la presión sobre Baréin. A comienzos de este mes, Hoita al Islam Mojtaba Zonur, un antiguo consejero del líder supremo, representante de la Guardia Revolucionaria, amenazó explícitamente con arrasar la base estadounidense de Baréin con misiles balísticos iraníes. Ahora, mientras la prensa estadounidense continúa mirándose obsesivamente el ombligo e ignorando ampliamente al resto del mundo, los iraníes están aumentando su retórica.

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Si Trump, el secretario de Defensa Mattis y el secretario de Estado Tillerson quieren mostrar a los aliados que América va a estar de nuevo con ellos, y si Trump se enfrenta en serio al terrorismo y la agresión, ha llegado el momento de apoyar a Baréin con fuerza y abiertamente. En pocas palabras, Teherán interpretará el silencio como debilidad, y la debilidad es una invitación a agresiones mayores.