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Fue Erdogan: la conspiración

 

En Commentary, el analista Michael Rubin da cuenta de los argumentos que aducen los que consideran que lo sucedido en Turquía en la noche del viernes no fue un golpe de Estado contra Erdogan, sino un autogolpe del islamista que le sirva de excusa para perpetrar una gran purga que le permita convertirse en una suerte de neosultán o en una versión turca del autócrata ruso Vladímir Putin. Entre ellos cita estos dos:

– Si hubiera sido un golpe auténtico, los militares habrían cerrado inmediatamente el espacio aéreo, las fronteras, internet y los medios de comunicación.

– Lo primero que hubieran hecho [los golpistas] habría sido ir a por los líderes [del país], no bloquear los puentes de Estambul, cuando se sabía que el presidente estaba en Marmaris [uno de los principales centros turísticos de Turquía, en el Mar Egeo].

El propio Rubin no sabe a qué atenerse. Ahora bien, añade, “si hay algo de verdad en la [teoría de la] conspiración, entonces ya no es que Erdogan haya enloquecido, es que la inteligencia norteamericana y los diplomáticos radicados en Turquía están fuera de juego”.

El presidente de Tuquía Erdogan

Recep Tayyip Erdogan.

Por último, el analista norteamericano reproduce las impresiones de dos de sus contactos turcos; uno de ellos afirma que los sucesos del viernes han dado a Erdogan luz verde para “suprimir a toda la oposición, incluidos líderes cívicos, periodistas, profesores (…) y empleados públicos” e imponer el “terror” en las calles; el otro abunda en la misma idea y da detalles perturbadores:

Son las 3 de la mañana y ya está toda su gente [la de Erdogan] en la calle intimidando al resto del país. Esta gente son todo hombres, con barba y peinados extraños, parecen muy poco turcos. Llevan cuchillos en las manos con propósitos intimidatorios. (Ayer, esta gente le cortó la cabeza a un soldado en el Puente del Bósforo, en Estambul). El objetivo es claro: están tomando el país, con todas sus instituciones.