Revista El Medio http://elmed.io Noticias de Medio Oriente en español Fri, 13 Jul 2018 09:53:49 +0000 es-ES hourly 1 https://wordpress.org/?v=4.2.21 Gaza y el mito de la 'desconexión' entre israelíes y palestinos http://elmed.io/gaza-y-el-mito-de-la-desconexion-entre-israelies-y-palestinos/ http://elmed.io/gaza-y-el-mito-de-la-desconexion-entre-israelies-y-palestinos/#comments Fri, 13 Jul 2018 09:53:49 +0000 http://elmed.io/?p=25596 La idea de la 'separación espacial' se está revelando un funesto error.

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La situación en la Franja de Gaza desde la retirada israelí de 2005 desmiente tres presupuestos fundamentales tenidos por axiomas en el discurso israelí sobre seguridad: 1) la separación total entre israelíes y palestinos reforzará inevitablemente la seguridad y estabilidad [de Israel]; 2) las FDI [Fuerzas de Defensa de Israel] se impondrán sin problemas en cualquier confrontación futura que tenga lugar en los territorios evacuados; 3) las operaciones militares israelíes en los territorios [evacuados] disfrutarán de un apoyo y una legitimación internacional masivos.

Desde la rauda retirada del Líbano, en mayo de 2000, se ha convertido en dogma entre la clase dirigente del país que la separación espacial entre israelíes y palestinos es un interés vital para Israel, aunque no vaya acompañada de un acuerdo de paz. En línea con este presupuesto, a los israelíes se les ha prometido insistentemente que la materialización de dicha separación espacial, que implica la evacuación de judíos y la construcción de una valla de seguridad, reduciría las fricciones diarias y daría paso a una mayor estabilidad y seguridad.

Trece años después de la retirada unilateral de Gaza, hay evidencia empírica para identificar dónde se ha conseguido una mayor seguridad. ¿Ha sido en el territorio donde la completa separación ha tenido lugar o en la Margen Occidental, donde impera la idea de la separación parcial promovida por el primer ministro Isaac Rabín?

Desde la operación Escudo Defensivo (2002), las fuerzas de seguridad israelíes llevan a cabo con regularidad operaciones antiterroristas en la Margen Occidental. Por lo común autorizadas por el Comando Central y el Shin Bet [servicio de inteligencia y seguridad] sin necesidad de aprobación por parte del aparato político, esta actividad rutinaria ha dado a las fuerzas de seguridad libertad de acción y flexibilidad operativa, lo que, junto con otros factores, ha procurado calma y estabilidad en la Margen.

Piensen, por ejemplo, en un lanzamiento de cometas y globos incendiarios desde el suburbio de Tzur Baher hacia los barrios judíos de Jerusalén. Las FDI o la Policía enviarían un par de jeeps al lugar y asunto resuelto. En llamativo contraste, la total separación entre Gaza e Israel vigente desde el verano de 2005 ha negado a las FDI libertad de acción al otro lado de la frontera. Ya no es que las capacidades generales de las FDI se hayan visto reducidas, es que Gaza se ha convertido en un enclave terrorista inerradicable que puede cobrarse un alto número de vidas israelíes en caso de invasión. Hamás ha tenido éxito en el desarrollo de una serie de actividades estratégicas de represalia sin llegar a la confrontación general.

Aun teniendo en cuenta la efectividad del sistema defensivo Cúpula de Hierro, el arsenal cohetero-misilístico de Hamás constriñe la rutina operativa de Israel, pues los mandos de las FDI deben considerar su posible empleo en varios escenarios confrontacionales. No es un secreto que el balance de costes, riesgos y oportunidades que acompaña la decisión de intervenir en Gaza se ha hecho infinitamente más complejo desde la retirada.

Tampoco se debería olvidar que una valla fronteriza también beneficia a Hamás. La valla ayuda a Israel en sus esfuerzos por prevenir infiltraciones hostiles en su territorio; pero también permite a Hamás ganar fuerza y organizarse con seguridad en el suyo. De hecho, por mor de la separación espacial, Hamás ha conseguido erigir una fuerza militar convencional, con batallones y brigadas, dotada de un gran arsenal cohetero-misilístico y con un sistema efectivo de mando y control. Nada de eso hubiera sido posible sin la completa materialización del concepto de la izquierda israelí de “ellos allí y nosotros aquí”. He aquí la razón de la gran diferencia entre la formidable posición militar de Hamás en Gaza y las dificultades de la referida organización en la Margen Occidental.

Estas son algunas consideraciones primordiales que deberían sopesar con toda la gravedad los políticos israelíes antes de comprometerse con separaciones espaciales aún más desastrosas en la Margen Occidental y Jerusalén.

© Versión original (en inglés): BESA Center
© Versión en español: Revista El Medio

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¿Puede un árabe amar a Israel? http://elmed.io/puede-un-arabe-amar-a-israel/ http://elmed.io/puede-un-arabe-amar-a-israel/#comments Fri, 13 Jul 2018 08:45:19 +0000 http://elmed.io/?p=25594 "Si así lo queremos, ese amor puede darse con total naturalidad".

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Por su interés, hemos traducido buena parte del más reciente texto que ha publicado el periodista árabe Fred Marún en el Times of Israel.

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Solemos oír que los árabes no pueden amar a Israel, ni siquiera los que ostentan su ciudadanía. Solemos oír que no se puede esperar que los árabes israelíes canten la Hatikvá. Y que lo más que podemos esperar de los árabes es que no se impliquen en la violencia antiisraelí.

Sin duda, los árabes tienen numerosas razones para no amar a Israel.

Israel nos humilló en varias guerras, pateándonos el trasero cuando teníamos muchos más efectivos y –a veces– mejores armas.

En las noticias vemos prácticamente a diario a Israel humillando, hiriendo o matando a árabes. Al mismo tiempo, vemos que Israel prospera mientras nosotros nos entrematamos, con lo que a menudo reforzamos indirectamente al propio Israel.

Todo esto es cierto, de ahí que la mayoría de nosotros no podamos dejar de odiar a Israel, para qué hablar de amarlo. Pero, aun así, los árabes no sólo podemos amarlo, sino que, si así lo queremos, ese amor puede darse con total naturalidad.

Lo primero que hay que hacer es dejar de lado los sentimientos propios de un orgullo mal concebido. Sí, fuimos y seguimos siendo humillados por Israel, pero por nuestra maldita culpa. En cada una de las ocasiones, Israel se ha defendido contra –¿lo adivinan?–… ¡nosotros!

Si nos tomamos la molestia de estudiar Historia, entenderemos que los judíos tienen derecho a estar en Oriente Medio y, como los demás pueblos, a la autodeterminación. (…)

Si dejamos de atacar a Israel, desde Gaza, el Líbano, Siria o cualquier otro lugar, Israel dejará de defenderse y no seremos humillados, heridos, muertos. Es así de sencillo.

El siguiente paso es comprender cuáles son nuestros verdaderos intereses. Obviamente, lo que nos interesa es cooperar entre nosotros y con Israel. La paz nos interesa, y esta no es lo que se dice una idea radical.

Podemos hacerlo mucho mejor. Pero primero hemos de querer.

Una vez dejemos de odiar a Israel, empezaremos a amarlo con naturalidad. (…)

Israel no es sólo bello, exitoso, liberal, democrático y diverso, un lugar en el que todo el mundo puede prosperar, con independencia de su raza o credo; además es un modelo que deberíamos seguir, y un socio que nos puede ayudar a alcanzar ese objetivo.

Israel es además la fascinante historia de un pueblo que volvió a dar vida a una lengua ancestral y reconstruyó una nación numerosas veces destruida. Podemos cantar la Hatikvá, el himno judío a la esperanza, junto a los judíos porque, una vez dejemos de verlos como enemigos y empecemos a verlos como socios, nuestra esperanza es la suya, y la suya es la nuestra.

Esto son los hechos, nada sofisticados pero profundamente ciertos. Se dice que los árabes somos demasiado estúpidos o rencorosos para admitirlos. Pero yo no lo creo.

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Querido y soñado palestino... http://elmed.io/querido-y-sonado-palestino/ http://elmed.io/querido-y-sonado-palestino/#comments Wed, 11 Jul 2018 11:56:18 +0000 http://elmed.io/?p=25590 El libro de Yosi Klein Halevi debería ser de obligada lectura para no judíos y para judíos por igual.

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El siguiente pasaje aparece al comienzo del nuevo libro de Yosi Klein Halevi:

La llamada a la oración del muecín llenó el edificio. La voz era tan fuerte que parecía venir de las paredes. Noté que algunos judíos se ponían visiblemente nerviosos. Pero un joven tocado con un sombrero negro y con peyes, un visitante de Nueva York, me dijo: “Ya sabes, cuando piensas en lo que dicen, ‘Alahu Akbar’, Dios es grande, está bien, ¿no?”. Sí, obvio, y sin embargo en Hebrón los musulmanes y los judíos jamás presuponen la buena voluntad del otro. Quise abrazarlo.

Me temo que estas palabras me hicieron poner los ojos en blanco, como el título del libro: Letters to My Palestinian Neighbor (“Cartas a mi vecino palestino”). Tras muchos años de frustración judía, de tanto proceso y tan poca paz, ¿qué más hay que decir a los palestinos? ¿Y cuándo dejará Yosi Klein de intentar abrazar a todo el mundo?

Era injusto. Como su poderoso y elocuente libro demuestra, Halevi no se llama a engaño sobre el movimiento nacional palestino. Sabe que los palestinos han rechazado cada oferta de paz y cada plan de partición, negado a los judíos su historia y su condición de pueblo, y, a medida en que se les consiente todo, ven la solución de dos Estados como el preludio de una victoria maximalista: una Palestina desde el río [Jordán] hasta el mar [Mediterráneo]. “Al apoyar el proceso de Oslo”, reflexiona, “vulneré una de las voces perentorias de la historia judía: la advertencia contra la ingenuidad”. Halevi incluye esto y más en las diez cartas que componen el libro.

Precisamente porque ya no tiene más tiempo para líderes como Mahmud Abás, Halevi se dirige a un hipotético vecino palestino. El riesgo, tanto en términos de retórica como de realidad, es que, como se ha rendido ya con los funcionarios palestinos, simplemente esté creando un palestino ficticio con el que pueda negociar desde su estudio de la Colina Francesa de Jerusalén. Pero se propone algo más interesante.

Las cartas, que plasman el viejo amor de los judíos por la Tierra de Israel, así como la magia y los dilemas del sionismo, son muy persuasivas. Nadie más adecuado para contar la historia de Israel y del pueblo judío que Halevi, y no sólo a los palestinos. Letters to My Palestinian Neighbor, una inspiradora lectura del alma israelí, debería recomendarse a no judíos y judíos por igual.

Halevi ofrece un modelo de compromiso productivo, enseña cómo hablar sobre Israel no sólo con sensibilidad, también con honestidad e integridad. Y sin embargo, Halevi sería el primero en admitir que si sólo compraran su libro los judíos, sería un fracaso. Para llegar a los palestinos de a pie, Halevi ha publicado una traducción al árabe que se puede descargar gratuitamente. Pero, por supuesto, no puede obligar a su vecino palestino a leerlo. Es fundamental que los palestinos decidan leer las cartas de Halevi y exponerse a la perspectiva israelí. No está del todo claro por qué Halevi piensa que los palestinos querrán hacerlo ahora, ni por qué escuchar las historias del otro ayudará a dejar atrás el marasmo actual y lograr un verdadero entendimiento. A veces, la mejor razón que puede aportar es “la posibilidad de un milagro, especialmente en esta tierra”, y señala que, “como persona religiosa”, tiene “prohibido hacer las paces con la desesperanza”. En otras partes conjetura que, como Israel ha cambiado tan a menudo desde la década de 1980, “si el pasado puede dar alguna indicación, se aproxima otro cambio radical en la historia israelí”.

Muchos lectores querrán motivos más sólidos que los vientos de la Historia o la posibilidad de los milagros. A ellos, Halevi les dice que la intimidad entre los palestinos y los israelíes podría crear una “base para la flexibilidad política, para la renuncia a las demandas absolutas” y la superación del dolor del trauma. “Sabemos cuáles son nuestros respectivos sueños y miedos”, así que ambas partes pueden trabajar al respecto.

Aquí está el mejor Halevi. Reconoce que hasta que los palestinos no entiendan la vinculación judía con toda la tierra bíblica de Israel, cualquier división seguirá siendo impensable. El intercambio de historias es importante, porque los palestinos deben entender que “la división es un acto de injusticia” no sólo para ellos, también para los israelíes. Después de todo, la moderación política sólo tiene sentido ante demandas de justicia dignas y convincentes.

Contar historias no es la única vía a la intimidad. En un libro anterior, At the Entrance to the Garden of Eden (“A la entrada del Jardín del Edén”), Halevi escribió sobre la fraternidad entre judíos y musulmanes a través de la búsqueda mística de Dios. De hecho, predijo en esas páginas:

El siguiente paso en la evolución del encuentro entre credos pasará del diálogo a una experiencia espiritual compartida. El ecumenismo será una gran aventura espiritual, que dará acceso a los mundos interiores del otro.

Aunque Halevi roza lo sentimental en cuestiones de religión, en lo concerniente a la política espera que una intimidad suficiente convenza a los palestinos de que deben respetar una frontera. “No hay dos pueblos que hayan librado una guerra existencial de cien años que puedan compartir las labores de gobierno”, escribe. Además, reconoce que incluso una paz fría palestina podría depender de un milagro y, para mi alivio, deja claro que no renunciará a su hogar hasta que se produzca.

Si un día un palestino de la talla de Halevi publica Cartas a mi vecino judío, y su libro está imbuido de la misma comprensión, caridad y dignidad, sabremos que ese milagro está en proceso. Los abrazos serán algo superfluo.

Yossi Klein Halevi, Letters to My Palestinian Neighbor, Harper Collins, 2018.

© Versión original (en inglés): Commentary
© Versión en español: Revista El Medio

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Israel pone rumbo a la Luna http://elmed.io/israel-pone-rumbo-a-la-luna/ http://elmed.io/israel-pone-rumbo-a-la-luna/#comments Wed, 11 Jul 2018 11:10:34 +0000 http://elmed.io/?p=25585 "Estamos haciendo historia".

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SpaceIL y la Israel Aerospace Industries (IAI) han anunciado que van a mandar un artefacto a la Luna tan pronto como en el mes de diciembre. La fecha está por determinar, pero el lugar de lanzamiento será el célebre Cabo Cañaveral (EEUU), y se prevé que el aparato alunice el próximo 13 de febrero.

“Pondremos la bandera israelí en la Luna”, ha afirmado Ido Anteby, consejero delegado de SpaceIL. “Estamos haciendo historia”, ha declarado por su parte el presidente de la referida compañía, Morris Kahn, que ha donado 27 millones de dólares a un proyecto cuya financiación costeará el Estado israelí en un 10%.

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Cartas de un israelí desafiantemente optimista a sus vecinos palestinos http://elmed.io/cartas-de-un-israeli-desafiantemente-optimista-a-sus-vecinos-palestinos/ http://elmed.io/cartas-de-un-israeli-desafiantemente-optimista-a-sus-vecinos-palestinos/#comments Tue, 10 Jul 2018 08:37:42 +0000 http://elmed.io/?p=25583 Yosi Klein Halevi sostiene que los israelíes y los palestinos no tienen por qué ser enemigos mortales.

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Durante años, los partidarios del proceso de paz inteligentes y bienintencionados se han esforzado por encontrar una solución al conflicto palestino-israelí. En balde.    

Los comentaristas obsesionados con ser percibidos como ecuánimes culpan a los líderes palestinos y a los israelíes por igual. Pero hay abundantes pruebas de que la mayoría de los israelíes anhelan la paz y rechazarían a cualquier gobernante que se interpusiera en lo que vieran como un acuerdo definitivo. Los palestinos no tienen esa libertad. La última vez que los palestinos votaron a un presidente fue en 2005, y esas elecciones no fueron precisamente libres y limpias.

Yaser Arafat, padre de la nación palestina, se veía a sí mismo como un revolucionario y un conquistador. Nunca consideró en serio poner fin a la guerra contra el Estado judío. Su sucesor, el refinado Mahmud Abás, parecía ser un pacificador; pero, con 82 años ya, ha dejado meridianamente claro que prefiere pasar a la historia como un líder inquebrantable de la “resistencia”.

Y después está Hamás, la organización terrorista que gobierna Gaza. Su compromiso con el exterminio de Israel es innegociable.

A pesar de todo, Yosi Klein Halevi, israelí de origen estadounidense, mantiene un desafiante optimismo. Su nuevo libro, Letters to My Palestinian Neighbor (“Cartas a mi vecino palestino”), no se dirige a la clase dirigente palestina, sino a los que viven “en algún lugar de la colina de al lado, frente a mi porche”.

Su propósito es iniciar una nueva conversación basada en la premisa de que hay verdad en las dos partes, de que los israelíes y los palestinos no tienen por qué ser enemigos mortales; de que pueden encontrar una manera de compartir pacíficamente la minúscula y ancestral tierra empapada en sangre donde hunden sus raíces.

Las diez cartas que conforman este libro (se ha publicado una traducción al árabe que se puede descargar gratuitamente) están parcialmente inspiradas por la experiencia de Halevi como codirector –junto al imán Abdulá Antepli, de la Universidad de Duke– de la Muslim Leadership Initiative, “un programa educativo que imparte conocimientos sobre el judaísmo e Israel a jóvenes líderes musulmanes estadounidenses”, informa el propio Halevi en el texto. “Hasta ahora, la MLI ha llevado a más de cien participantes al campus en Jerusalén del Shalom Hartman Institute”, donde Halevi es profesor.

“Uno de los principales obstáculos para la paz es la incapacidad de escuchar la otra versión de la historia”, concluye Halevi. Esa incapacidad no aflige a Halevi. Para un libro anterior, peregrinó a comunidades palestinas. “Al final de mi viaje de un año, llegué a amar el islam”, escribe. “Apreciaba su coraje, especialmente ante la muerte. Los occidentales suelen intentar eludir el encuentro con la propia mortalidad. No así los musulmanes”.

A los palestinos, sus lectores pretendidos, les dice: “Espero que me escuchéis cuando os digo que no tengo intención de negar vuestras quejas o vuestro dolor”. Está dispuesto, incluso deseoso de ver el conflicto a través de los ojos de los palestinos, de afrontar “las injusticias cometidas por mi bando contra el vuestro”, de reconocer la narrativa palestina de “invasión, ocupación y expulsión”. Lidia con todo eso al tiempo que ve “mi presencia aquí como parte del retorno de un pueblo indígena y desarraigado, y el Estado judío renacido como un acto de justicia histórica, de repatriación”.

Halevi quiere que sus vecinos palestinos sepan que sus aspiraciones a la autodeterminación y a disponer de un Estado propio gozan del apoyo de la mayoría de los israelíes. Pero los israelíes demandan algo a cambio: que los palestinos dejen de librar una “guerra contra la existencia y la legitimidad de Israel”. Y les recuerda que “la peor oleada de terrorismo de nuestra historia se produjo después de que Israel hiciera lo que se consideraba una oferta creíble –dos ofertas, en realidad– de poner fin a la ocupación”.

La oferta hecha en Camp David en julio de 2000 habría conducido a un Estado palestino “en la Margen Occidental y en Gaza, con su capital en los barrios palestinos de Jerusalén Este”. Seis meses después, el presidente Clinton presentó su propio plan de paz, subiendo la oferta del 91% al 95% de la Margen Occidental, con “una carretera que atravesara el territorio israelí y conectara la Margen con Gaza”. Los israelíes dijeron que sí. Los líderes palestinos dijeron que no. “Ese fue un momento devastador para muchos israelíes que creían en la posibilidad de resolver el conflicto”, escribe Halevi.

Las cartas de Halevi interesarán a los palestinos que sueñan con el día en que a sus hijos no se les enseñe a odiar ni se les prepare para convertirse en terroristas suicidas o sahids (mártires). No tengo duda de que hay muchos palestinos así. Pero también hay palestinos para los cuales el problema no es la inexistencia del Estado palestino. Su problema es la existencia del Estado judío. Les parece intolerable que una tierra que fue conquistada por guerreros musulmanes hoy sea gobernada por infieles. Consideran que su deber religioso es combatir y destruir dicha entidad. Si eso les cuesta la vida y la de sus hijos, que así sea. Me temo que esto también es una expresión de “coraje”.

Por supuesto, me estoy refiriendo a Hamás, pero también a Hezbolá, a los gobernantes de Irán y a todos los que llamaremos –como ellos mismos suelen llamarse– yihadistas o islamistas.

En los próximos días, se espera que el equipo de Trump dé a conocer un nuevo plan para resolver el conflicto palestino-israelí. Los líderes palestinos ya han dicho que lo rechazarán.

Tal vez los palestinos menos empoderados, tras leer las cartas de Halevi, se alcen valientemente y digan que es hora de que la paz, y no la victoria, sea el objetivo; que las negociaciones que conducen al acuerdo y la convivencia no son, según su interpretación de las escrituras islámicas, haram (prohibidas).

Creer que eso es lo que va a pasar requiere algo más que esperanza, más incluso que fe. Requiere un optimismo desafiante.

Yossi Klein Halevi, Letters to My Palestinian Neighbor, Harper Collins, 2018.

© Versión original (en inglés): Foundation for Defense of Democracies (FDD)
© Versión en español: Revista El Medio

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ACOM: la lucha contra el BDS en España http://elmed.io/acom-la-lucha-contra-el-bds-en-espana/ http://elmed.io/acom-la-lucha-contra-el-bds-en-espana/#comments Tue, 10 Jul 2018 07:32:52 +0000 http://elmed.io/?p=25580 La extrema izquierda tiene una "obsesión enfermiza" con Israel.

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Ñews 24, el magacín en español de i24, la CNN israelí, ha entrevistado al presidente de Acción y Comunicación (ACOM), Ángel Mas, para dar a conocer al mundo de habla hispana la labor que esta ONG lleva a cabo en España para combatir al movimiento israelófobo BDS, que pretende el aislamiento internacional de Israel por medio de una campaña masiva de boicot, desinversiones y sanciones.

Mas denuncia la “obsesión enfermiza” de la extrema izquierda española, que tiene como máximo referente al partido chavista Podemos, con el Estado judío, y subraya el carácter liberticida tanto de la formación comandada por Pablo Iglesias, que tiene un programa remunerado en la televisión estatal iraní Hispan TV, como del propio movimiento BDS.

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Irán: el crimen de cantar y bailar http://elmed.io/iran-el-crimen-de-cantar-y-bailar/ http://elmed.io/iran-el-crimen-de-cantar-y-bailar/#comments Mon, 09 Jul 2018 09:01:53 +0000 http://elmed.io/?p=25577 "Si eres mujer y vives en Irán y bailas o cantas o muestras tu cabello, eres una criminal".

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La activista iraní Masih Alineyad, promotora de campañas por la liberación de las mujeres iraníes White Wednesdays y My Stealthy Freedom, nos pone esta vez sobre la pista de la joven Maeade Mahi, arrestada por subir a las redes sociales vídeos en los que se la ve bailando.

“Si eres mujer y vives en Irán y bailas o cantas o muestras tu cabello, eres una criminal”, denuncia en este tuit. “Si quieres disfrutar de tu verdadero yo, tienes que violar las leyes a diario”.

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Israel-Francia: maniobras navales conjuntas por primera vez en 55 años http://elmed.io/israel-francia-maniobras-navales-conjuntas-por-primera-vez-en-55-anos/ http://elmed.io/israel-francia-maniobras-navales-conjuntas-por-primera-vez-en-55-anos/#comments Mon, 09 Jul 2018 08:00:35 +0000 http://elmed.io/?p=25574 "Francia ve en Israel a un poderoso socio marítimo".

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Según informó ayer el Jerusalem Post, las maniobras tuvieron lugar a mediados de junio en aguas territoriales francesas, y en ellas participaron una corbeta INS Eilat Saar 5 y el buque lanzamisiles INS Kidón Saar 4.5.

“Francia ve en Israel a un poderoso socio marítimo”, ha declarado Ronen Hajaj, jefe del Departamento de Entrenamiento y Doctrina de la Armada israelí. Igualmente, Hajaj ha informado de que las Armadas francesa e israelí han incrementado su colaboración en los últimos años debido a los intereses compartidos de sus respectivos países en Oriente Medio.

(En la imagen, tres corbetas israelíes de la clase Saar 5).

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La iniciativa 'Victoria de Israel' cobra fuerza http://elmed.io/la-iniciativa-victoria-de-israel-cobra-fuerza/ http://elmed.io/la-iniciativa-victoria-de-israel-cobra-fuerza/#comments Mon, 09 Jul 2018 07:29:22 +0000 http://elmed.io/?p=25572 Ha llegado la hora de dejar definitivamente a un lado el muy fracasado concepto de 'tierras por paz'.

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¿Qué piensan los israelíes de la idea de que Israel gane y los palestinos pierdan?

Es una idea radical, muy distinta de la concepción win-win vigente –cincuenta años y sumando– de tierras por paz, que ha cautivado a Gobiernos y monopolizado su atención. Esa vieja idea sostiene que sentar a palestinos e israelíes en una misma habitación les llevará a arreglar sus diferencias. A punto de cumplirse el 25º aniversario de los Acuerdos de Oslo, sabemos con exactitud cómo ha funcionado eso: los israelíes dieron tierra y los palestinos les recompensaron con falsas promesas de paz.

De hecho, según una encuesta encargada por el Middle East Forum y llevada a cabo por Rafi Smith, de Smith Consulting, sólo el 33% de los israelíes judíos (y la mitad de esa cifra entre quienes votaron al actual Gobierno) sigue creyendo en el canje de tierras por paz, y más o menos la misma pequeña proporción sigue creyendo en Oslo. Así que los viejos métodos no sólo han fallado sino que son sumamente impopulares. ¿Qué ocupa su lugar?

Una alternativa es la iniciativa Victoria de Israel del Middle East Forum, con buen apoyo en las encuestas. A la pregunta “¿Está de acuerdo o en desacuerdo con esta frase: Sólo será posible alcanzar un acuerdo de paz con los palestinos cuando reconozcan que han perdido su guerra con Israel?”, el 58% respondió afirmativamente. Esto tiene las hechuras de una revolución.

Otro 58% estaba de acuerdo en que, “a pesar de las numerosas victorias de Israel sobre los palestinos, la mayoría de éstos sigue pensando que puede eliminar el Estado judío de Israel”. Nada menos que un 65% está de acuerdo en que “ninguno de los conflictos militares con los palestinos ha arrojado una victoria israelí o un resultado decisivo, y por lo tanto el conflicto israelo-palestino persevera”. Una cifra aún mayor, el 70%, sostiene que “es necesario que la Autoridad Palestina reconozca a Israel como Estado judío antes de que Israel acceda a proseguir las negociaciones con ella”.

Y el 77% está dispuesto a “dejar ganen las FDI [Fuerzas de Defensa de Israel]” la próxima vez que Hamás ataque desde Gaza, o Hezbolá desde el Líbano, lo que significa que quieren que las operaciones militares israelíes continúen hasta que el otro bando reconozca que ha perdido. (Esta no es exactamente la actual política de las FDI, que es interrumpir las operaciones militares tan pronto la otra parte acceda a un alto el fuego).

Tras un cuarto de siglo de negociaciones desequilibradas, en las que los israelíes se han desprendido de beneficios tangibles (tierras) a cambio de falsas promesas (paz), estas cifras en las encuestas confirman que en Israel están ávidos de verdad y coraje. Aproximadamente dos tercios de la población ha llegado a la conclusión de que el conflicto sólo puede terminar si se abandonan las negociaciones fallidas y se muestra a los palestinos que la suya es una causa sin esperanza.

Pero los líderes israelíes temen reafirmarse en esta propuesta porque todos los presidentes estadounidenses, desde Carter hasta Obama, les han desanimado a dar pasos audaces, insistiendo en la desacreditada –pero con resonancias agradablemente neutrales– fórmula de tierras por paz. Ahora está Donald Trump. La encuesta del Middle East Forum preguntó por él y el 59% de los israelíes judíos lo describieron como, “ciertamente, el presidente estadounidense más proisraelí que ha habido”.

Como muchos lectores sabrán, tengo mis dudas al respecto, en vista de que a Trump le mueve un proyecto anti Teherán del que Israel no es más que una pequeña parte. Pero Israel Victory ofrece al presidente una oportunidad sin precedentes de demostrar su credibilidad sionista; si deja que Israel logre la victoria que tanto Israel como los palestinos necesitan para avanzar, dejando atrás un conflicto nocivo y tedioso, habremos provocado un inmenso y constructivo cambio que todas las partes acabarán agradeciéndole profusamente.  

© Versión original (en inglés): danielpipes.org
© Versión en español: Revista El Medio

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Klein Halevi: hasta que los palestinos no acepten que estamos aquí para quedarnos, no hay nada que hacer http://elmed.io/klein-halevi-hasta-que-los-palestinos-no-acepten-que-estamos-aqui-para-quedarnos-no-hay-nada-que-hacer/ http://elmed.io/klein-halevi-hasta-que-los-palestinos-no-acepten-que-estamos-aqui-para-quedarnos-no-hay-nada-que-hacer/#comments Fri, 06 Jul 2018 09:02:48 +0000 http://elmed.io/?p=25568 "No habrá posibilidad de reconciliación si el mundo árabe sigue negando y distorsionando la historia judía".

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Yosi Klein Halevi es un periodista israelo-americano, autor de libros notables como Like Dreamers [Como soñadores] y Memoirs of a Jewish Extremist [Memorias de un extremista judío]. Su más reciente título, Letters to my Palestinian Neighbor [Cartas a mi vecino palestino], figura en la lista de los más vendidos del New York Times. Estuvimos conversando sobre su nuevo libro, el conjunto de su obra y las identidades israelí y palestina. Lo que sigue es la transcripción, editada en aras de la claridad y la extensión.

¿Cuáles cree que son los elementos unificadores en su obra? Es de muy amplio espectro, pero parece haber un elemento común: la educación en la moderación.

Sí, pero una forma específica de moderación: una búsqueda de equilibrio entre mantener una profunda conexión con mi historia judía y una peligrosa curiosidad por el otro.

¿Peligrosa?

La curiosidad es peligrosa. Teniendo en cuenta su perspectiva, los fundamentalistas de todas las religiones hacen bien en temerla e intentar suprimirla. La curiosidad es el primer paso hacia la empatía. En cuanto tienes curiosidad por el otro, estás saliendo de tu propio universo autorreferencial. Para mí la pregunta siempre ha sido: ¿cómo seguir la curiosidad y dar el paso hacia la empatía sin perder la esencia de tu propio ser, tus lealtades específicas? Mis libros tratan sobre esta tensión entre ser fiel a ti mismo e intentar entender la verdad de los otros, aunque esas verdades entren en conflicto con la tuya.

Ese es justo el objeto de su libro At the Entrance to the Garden of Eden: A Jew’s Search for Hope with Christians and Muslims in the Holy Land [“En la entrada al Jardín del Edén: un judío en busca de esperanza con los cristianos y los musulmanes de Tierra Santa”].

Garden of Eden es la expresión más clara, para mí, de cómo la curiosidad conduce a la empatía. Like Dreamers es también un intento de entender al otro, pues explora los mundos interiores de dos narrativas opuestas, las de la derecha y la izquierda israelíes.

También describiría el conjunto de mi obra como un esfuerzo por entender la identidad judía después del Holocausto y la creación de Israel; por entender cómo me ha afectado personalmente este momento de la historia judía –como hijo de un superviviente del Holocausto, como judío estadounidense que se fue a vivir a Israel– y cómo nos ha afectado como pueblo. Y una parte crucial de esta nueva realidad judía es nuestra compleja relación con el mundo no judío. En mi primer libro, Memoirs of a Jewish Extremist, contaba que me crié en una comunidad de supervivientes ortodoxos del Holocausto en Brooklyn que no quería sino que el resto del mundo la dejara en paz. Para la comunidad en la que crecí, “el mundo” era un lugar hostil. “El mundo” creó Auschwitz. Así que la respuesta de esos supervivientes ortodoxos fue replegarse sobre sí mismos, casi cavar un foso entre los vecinos y nuestro ser judío. Para mí, era un desarrollo natural pasar de ahí a la derecha judía, y seguir adentrándome cada vez más en la derecha… hasta que ya no había dónde ir. Empecé en Betar, el movimiento juvenil nacionalista de Zeev Jabotinsky y Menájem Beguin, y después me afilié a la Liga de Defensa Judía de Meir Kahane. Cuando era adolescente, buscaba la manera más potente de responder al Holocausto. Es impresionante recordar los 60, cuando alcancé la mayoría de edad, y reparar en que sólo dos generaciones separaban a la mía del Holocausto.

Así que la pregunta más acuciante de mi vida era: ¿cuál puede ser la respuesta más fundamental de la generación inmediatamente posterior a la Shoá y a la creación de Israel? En aquellos años encontré la respuesta en movimientos que básicamente dividían el mundo en nosotros y ellos, los judíos y todos los demás. Memoirs of a Jewish Extremist recorre mi ruptura con esa mentalidad, un proceso que incluyó enamorarme y casarme con uno de ellos. Mi mujer se convirtió al judaísmo y se vino a vivir conmigo a Israel. Para una persona de mis orígenes, salir de esa extrema insularidad y crear una familia ampliada que unía a mi familia ortodoxa con los yanquis de Connecticut de Sarah… eso fue un regalo que me hizo América.

Lo que me obsesiona de mi propia identidad judía, y de los dilemas que afrontan hoy Israel y el pueblo judío, es el papel de la paradoja. La paradoja fundacional de mi vida es que mi padre pertenecía a la generación de judíos más maldita de la Historia, mientras que yo pertenezco a las más bendecida. Vivo en una época en que los judíos han hecho realidad dos de sus más grandes sueños: el primero era recuperar la soberanía nacional, fantasía improbable durante dos mil años; y el segundo era que al fin encontraríamos un verdadero refugio seguro en la diáspora.

Cualquiera de esos dos acontecimientos –la creación de un Estado judío y la emergencia de la diáspora más exitosa de la historia judía– habría sido suficiente para cambiar la vida judía durante generaciones. Pues bien, se lograron casi simultáneamente. Nací con esa doble bendición. Como hijo de un superviviente, no soy hijo de la destrucción sino del renacimiento. Por tanto, mi punto de partida es la extraordinaria capacidad del pueblo judío para pasar del punto más bajo de su historia al que se podría considerar el más exitoso.

Su último libro, Letters to my Palestinian Neighbor, empieza con la geografía. Usted escribe a sus vecinos sentado en su balcón de la Colina Francesa de Jerusalén Oriental, desde el que se ven, al otro lado de la barrera de seguridad, los barrios árabes de la ciudad. Lleva viviendo ahí tres décadas, desde mucho antes de que esa barrera se levantara para poner fin a la segunda intifada. Cuando está sentado en ese balcón, ¿qué piensa? ¿Cuál es su mayor esperanza sobre lo que pueda lograr esta colección de cartas?

Letters es un intento de contar un relato israelí al público más difícil: mis vecinos palestinos. Escribí Letters porque creo que no habrá posibilidad de reconciliación si el mundo árabe sigue negando y distorsionando la historia judía; si el mundo árabe, y la sociedad palestina en particular, sigue socavando nuestra legitimidad, nuestra condición de nativos. En todo Oriente Medio es normal creer que los judíos se inventaron su historia, que Israel no es más que una intrusión colonialista. Tú no haces la paz con el colonialismo, sino que lo destruyes.

El libro se ha traducido al árabe, y esa versión está disponible en internet como descarga gratuita. He empezado a recibir respuestas. Van desde lo predecible –“Os expulsaremos de Palestina, no sois más que unos ladrones, sionazis”– a la curiosidad e incluso la gratitud. Espero encontrar a alguien al otro lado del muro que esté dispuesto a mantener una conversación conmigo, como israelí, distinta del discurso patológico de los últimos 70 años. Espero iniciar una conversación sobre el lugar de Israel en Oriente Medio, sobre nuestro arraigo aquí, sobre nuestro futuro compartido. No me hago grandes ilusiones: sólo soy un escritor, no un político. El trabajo de un escritor es contar una historia. Yo estoy contando una historia a mis vecinos que creo que necesitan escuchar.

Letters es un intento de formular un relato israelí y judío para el siglo XXI. Los judíos están contando una historia de Israel del siglo XX. Esa historia eurocéntrica empieza con los pogromos en Europa, con el gran poema de Bialik, “En la ciudad de la matanza”, y culmina con el Holocausto. Obviamente, esa es una parte importante de la historia israelí. Pero si es la única que contamos, distorsionamos la realidad israelí. Una mayoría de judíos israelíes no es de ascendencia europea, sino que proviene de familias que se fueron de una parte de Oriente Medio y llegaron a otra, que se marcharon o huyeron o fueron expulsados de países donde los judíos habían vivido durante siglos, milenios. Una mayoría de israelíes proviene de familias no tocadas directamente por el Holocausto. Se puede entender por qué los judíos estadounidenses, de los cuales una inmensa mayoría son askenazíes, siguen contando una historia judía europea sobre Israel. Pero ese no es el Israel en el que vivo.

Una narrativa israelí centrada en el Holocausto nos hace vulnerables a las acusaciones de que los palestinos han pagado el precio por lo que Europa hizo a los judíos. Esa versión del conflicto también ignora la centralidad de la Tierra de Israel para el judaísmo y el pueblo judío. No sólo volvimos a casa porque necesitábamos un refugio seguro, volvimos porque es nuestra casa. En el libro defino el sionismo como el punto de unión entre la necesidad y el anhelo. Hemos contado la historia del sionismo de la necesidad, pero no la del sionismo del anhelo. Hemos olvidado cómo contar esa historia, incluso a nosotros mismos; una historia increíble sobre cómo los judíos mantuvieron una especie de condición de nativos de una patria que perdieron pero nunca cedieron. Y esa es la historia que tenemos que empezar a contar otra vez, al mundo árabe y también a nosotros mismos.

En Letters to my Palestinian Neighbor escribe que para usted no hay “Margen Occidental” sino Judea y Samaria. “Los judíos de Judea no son forasteros, pero, como numerosos israelíes, estoy dispuesto a que se divida el territorio si me convenzo de que la contraprestación será la paz, no más terrorismo”. Para muchos israelíes, y desde luego para muchos colonos, esta división sería un fracaso del sionismo.

Como la mayoría de los israelíes, soy una persona profundamente patriótica, que ama el Estado y la Tierra de Israel, toda ella, desde el Jordán hasta el Mediterráneo. Al mismo tiempo, creo que tenemos que buscar alternativas al actual estancamiento con los palestinos, por nuestro bien y por el de ellos.

Los colonos han planteado argumentos muy sólidos, con los que estoy de acuerdo. No somos “ocupantes” en ninguna parte de la Tierra de Israel. Pero sí estamos ocupando a otro pueblo que comparte el territorio con nosotros.

La gran lección que mi padre extrajo del Holocausto es que los judíos tienen que afrontar la realidad sin pensamientos ilusorios. La crítica que hacía mi padre a cómo ocurrió el Holocausto, qué poco preparados estaban los judíos para lo que se les venía encima, era que se engañaron a sí mismos y no pudieron afrontar a dónde conducía el proceso gradual de lo que ahora denominamos Solución Final. La enseñanza para hoy del énfasis de mi padre en esto de afrontar la realidad es que, si se aplica al dilema palestino, tanto la izquierda como la derecha israelíes están suspendiendo el test. Los izquierdistas tienden a minimizar la amenaza a la que se enfrenta Israel, el nivel de hostilidad y negación de nuestro derecho a existir tan extendido en la sociedad palestina y el resto de Oriente Medio. Y los derechistas tienden a negar las consecuencias políticas, demográficas y morales de gobernar permanentemente sobre otro pueblo. Los derechistas suelen decir que no hay tal ocupación porque los palestinos tienen una cierta forma de autogobierno; muchos llegan a decir que los palestinos no son un pueblo en absoluto. Así es como la derecha niega la realidad. Fui soldado en Gaza, sé que la ocupación y la identidad nacional palestina son reales. El dilema de Israel es muy doloroso precisamente porque la izquierda tiene razón sobre los peligros de la ocupación y la derecha sobre los peligros de un proceso de paz ilusorio con un movimiento nacional palestino que niega nuestro derecho a existir. Como muchos israelíes, nos veo como Goliat y David a un tiempo. Somos Goliat para los palestinos, pero David para los mundos árabe y musulmán.

Dicho de otro modo: tengo dos pesadillas a cuenta del Estado palestino. Una es que no haya Estado palestino y el statu quo se mantenga indefinidamente, y la otra es que haya un Estado palestino que caiga en manos de Hamás e Israel no pueda defenderse adecuadamente en un Oriente Medio en desintegración.

No conozco ningún otro país que se enfrente a este tipo de dilema desgarrador. Los ideólogos duros de la derecha y la izquierda trivializan nuestro dilema presentando el argumento del rival como carente de fundamento.

Un argumento importante que defiende en el libro es que Israel hace la paz desde una posición de fuerza. Lo respalda con el ejemplo de Menájem Beguin y Egipto. Lo que falta, obviamente, son los palestinos. El argumento es sensato, parece, en lo que respecta a la paz entre países. Pero respecto a los palestinos… al fin y al cabo Yafo no era parte de la identidad egipcia. Ni siquiera era necesariamente exclusiva de Israel. ¿Cómo podría aplicarse esta defensa de la paz mediante la fuerza a la paz con los palestinos?

Tiene razón: el conflicto afecta a la identidad palestina como no lo hacía con la de nuestros otros vecinos. El movimiento nacional palestino, en todas sus facciones, tiende a ver el acuerdo como una traición a la justicia. Lo que hemos visto en la frontera de Gaza estas últimas semanas es la expresión de los problemas de la identidad nacional palestina. ¿Por qué los palestinos que viven en Palestina exigen el derecho de retorno a un país que ya no es Palestina? ¿El retorno desde dónde a dónde? ¿Dejar Gaza –Palestina– e ir a Israel? Y, más aún, ¿por qué hay campos de refugiados en Gaza, es decir, en Palestina? ¿No están ya en casa? ¿O es que el derecho al retorno sólo se interpreta literalmente como el retorno a los hogares perdidos en la guerra, hace setenta años? Esos hogares nunca los van a recuperar; en la mayoría de los casos ni siquiera existen. Ningún Gobierno israelí accederá al suicidio nacional de permitir que los descendientes de los refugiados se instalen en el Estado judío. La exigencia palestina del derecho al retorno a Israel es una expresión del rechazo del derecho de Israel a existir.

Así que esto también quiere decir que usted no está conforme con o se resigna al statu quo, con unos palestinos que no aceptan su legitimidad.

Creo que ese rechazo es la fuente del conflicto. Si hubiese algún indicio de que siquiera una parte del pueblo palestino está cuestionando públicamente el relato oficial sobre Israel y el pueblo judío de que somos ladrones y colonialistas y mentirosos que nos hemos inventado nuestra propia historia… Si hubiese al menos algún indicio de que eso se está debatiendo en la sociedad palestina, llegaría el momento en que muchos en Israel diríamos: “Vale, quizá sí tengamos un socio”. A falta de cualquier debate en la sociedad palestina sobre la legitimidad de Israel, es difícil discutir el consenso israelí de que no hay un socio para la paz entre los líderes palestinos. No veo al actual Gobierno israelí como socio para una solución de dos Estados, pero hemos tenido Gobiernos que eran socios para un acuerdo que pusiera fin a la ocupación y fueron despreciados por los líderes palestinos.

Mi libro se dirige a ese rechazo del relato judío en el espacio público palestino. No lo he escrito con ninguna gran esperanza de transformar la realidad entre israelíes y palestinos. Pero sí espero dar forma a un tipo distinto de conversación.    

© Versión original (en inglés): The Weekly Standard
© Versión en español: Revista El Medio

La entrada Klein Halevi: hasta que los palestinos no acepten que estamos aquí para quedarnos, no hay nada que hacer aparece primero en Revista El Medio.

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