Revista El Medio http://elmed.io Noticias de Medio Oriente en español Fri, 20 Sep 2019 08:52:19 +0000 es-ES hourly 1 https://wordpress.org/?v=4.2.24 Muere Ben Alí, primera 'víctima' de la Primavera Árabe http://elmed.io/muere-ben-ali-el-dictador-de-tunez/ http://elmed.io/muere-ben-ali-el-dictador-de-tunez/#comments Fri, 20 Sep 2019 08:50:11 +0000 http://elmed.io/?p=26930 El exdictador tunecino ha fallecido en Arabia Saudí a los 83 años.

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Zine el Abidine ben Alí, el que fuera dictador de Túnez, ha fallecido a los 83 años en Yeda, Arabia Saudí, país al que huyó con el arranque de la Revolución de los Jazmines, considerado primer movimiento de la Primavera Árabe.

Ben Alí fue presidente de Túnez durante 23 años, hasta que a comienzos de 2011 colapsó su régimen, que tenía graves problemas de corrupción, como quedó ampliamente demostrado con posterioridad. Ben Alí llegó al poder el 7 de noviembre de 1987, tras deponer al padre de la patria, el primer presidente del país, Habib Burguiba.

Tras el derrocamiento de Ben Alí, Túnez consiguió posicionarse como país parcialmente libre en el Índice de Libertad en el Mundo de Freedom House, convirtiéndose en una excepción dentro del mundo árabe. Actualmente, en dicho ránking figura como país libre.

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¿Podría Gantz hacer que la izquierda volviera a amar a Israel? http://elmed.io/podria-gantz-hacer-que-la-izquierda-volviera-a-amar-a-israel/ http://elmed.io/podria-gantz-hacer-que-la-izquierda-volviera-a-amar-a-israel/#comments Fri, 20 Sep 2019 08:03:25 +0000 http://elmed.io/?p=26928 El exmilitar acabará soliviantando a los odiadores de Netanyahu, no les quepa duda.

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Los resultados del segundo intento de Israel de elegir un Gobierno en lo que va de año son como un puzle cuyas piezas no encajan. No se trata de evitar el hecho de que el primer ministro Netanyahu haya sido el gran perdedor, pero es que lo cierto es que tampoco se puede decir exactamente que haya ganado el líder de Azul y Blanco (Kahol Laván), Benny Gantz. Aunque este último partido sea ahora el más importante y supere en dos escaños al Likud, las formaciones que recomendarán a Gantz como primer ministro no alcanzan la mayoría incluso si se cuenta entre ellas a las árabes.

A fin de dar a Israel un Gobierno de unidad y evitar una tercera elección en un solo año –desastre inconcebible que podría arrojar unos resultados aún peores para Netanyahu si le diera por seguir esa senda–, Kahol Laván va a tener que retractarse de su promesa de no sumarse a una coalición en la que esté presente Netanyahu. Por su parte, los diputados de Likud habrían de abandonar su promesa de no abandonar al primer ministro. Otros escenarios, que contemplan la posibilidad de que los partidos haredíes unan fuerzas con sus enemigos laicos o decidan gobernar con formaciones antisionistas, son bastante improbables.

Pero asumamos por un momento la idea de que, por arte de magia política (o por nuevos errores de Netanyahu –de cálculo o motivados por la soberbia– como los que han sumido en el caos el Estado judío estos últimos meses), Gantz consigue hacerse con los 61 votos que le permitirían gobernar. 

Sin duda, semejante giro en los acontecimientos sería recibido con aleluyas en la prensa internacional y entre los críticos americanos de Israel, tanto judíos como no judíos. Pocas personalidades de la escena global han sido tan demonizadas como Netanyahu. Prácticamente cualquier sucesor será saludado como un avance por todos aquellos que culpan con gran injusticia al aún primer ministro de la ausencia de paz en Oriente Medio, así como del menguante apoyo a Israel entre los demócratas y los judíos norteamericanos jóvenes.

Aun cuando Gantz no fuera finalmente el próximo primer ministro, vale la pena preguntarse si puede hacer mucho por mejorar la imagen de Israel entre quienes piensan que Netanyahu es el problema.

Cualquier sucesor partirá con una gran ventaja. La prensa internacional y los americanos progresistas han puesto tanto empeño en pintar a Netanyahu como un halcón opuesto a la paz que el próximo primer ministro disfrutará de una suerte de luna de miel en el extranjero. Ahora bien, Gantz acabará soliviantando a los odiadores de Bibi, no les quepa la menor duda.

Gantz podrá aparecer como más moderado, pero en las cuestiones que más motivan a los críticos izquierdistas y progresistas de Israel, no es probable que el exgeneral vaya a diferir gran cosa de Netanyahu.

La razón es meridianamente obvia para todo aquel que haya prestado atención a las dos campañas electorales que se han librado este año. En vez de presentarse como una alternativa a las políticas de Netanyahu, Gantz se ha afanado en mostrarse como aún más duro que el propio primer ministro.

En vez de denunciar el anuncio de Netanyahu de que retendría el Valle del Jordán y jamás renunciaría a los asentamientos judíos –anuncio que enfureció a los progresistas americanos y desató la usual jeremiada sobre el fin del proceso de paz–, la reacción de Gantz fue clamar que Likud le estaba copiando las ideas.

Lo mismo cabe decir respecto de una nueva guerra contra Hamás en Gaza. En vez de unirse a quienes han criticado a Netanyahu por ir demasiado lejos, Gantz lanzó amenazas de destrucción contra la organización terrorista y acusó a su rival de mostrarse blando contra el terror.

La amenaza de una guerra puede de hecho ser mayor con Gantz, pues puede que no sea tan cauto en el uso de la fuerza y, como el predecesor de Netanyahu, Ehud Olmert, que cometió el tremendo error de meterse en un oneroso conflicto con Hezbolá, puede que piense que debe demostrar algo a los enemigos de Israel.

¿Por qué el anti-Netanyahu que tantos anhelan dé nueva vida al proceso de paz iba a tomar ese tipo de decisiones?

La respuesta es que Gantz sabe que desafiar a Netanyahu en materias de seguridad con posiciones de izquierda es una receta para el desastre. La única razón de ser de su partido es el derrocamiento de Netanyahu, no hacerse el simpático con los palestinos.

Lo mismo cabe decir de sus relaciones con el presidente Trump. La conflictiva relación de Netanyahu con el presidente Obama y la magnífica relación del likudnik con Trump es algo que afecta sobremanera a los demócratas. Pero lo que cabe esperar es que Gantz se muestre tan agradecido como Netanyahu con Trump, figura inmensamente popular en Israel.

Por otro lado, si Trump resultara derrotado el año que viene, ningún presidente demócrata encontrará a Gantz más predispuesto que Netanyahu a abandonar la Margen Occidental o a dividir Jerusalén. El éxito político del exjefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel se debe a que comparte la idea consensual en su país de que no hay un socio palestino para la paz. Los demócratas habrán de aceptar que tampoco un Israel comandado por Gantz estará dispuesto a intercambiar tierras por paz.

En cuanto a la animadversión de la judería americana por la falta de pluralismo religioso en Israel, habrá que esperar a la composición de la próxima coalición de gobierno. Si los partidos religiosos quedan fuera de la misma, se retomarán los planes para expandir el área de rezo igualitario en el Muro Occidental, con independencia de que el Gobierno esté encabezado por Netanyahu o por Gantz. Pero si no, el plan seguirá en la nevera.

Igualmente importante es el hecho de que Gantz no será más aceptable que Netanyahu para el creciente número de antisionistas en el ala izquierda del Partido Demócrata. Para los seguidores del BDS, Gantz no es más que otro sionista criminal. Si izquierdistas como las representantes Ilhan Omar y Rashida Tlaib son el futuro del partido, da igual quién sea el primer ministro de Israel.

La brecha entre los israelíes y los norteamericanos en estos asuntos ha trascendido siempre a un líder determinado. Puede que los críticos de Israel piensen que Netanyahu es el principal obstáculo para la paz, pero no tardarán nada en lanzar las mismas acusaciones contra Gantz si éste acaba asumiendo el mando.

© Versión original (en inglés): JNS
© Versión en español: Revista El Medio

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El principio del fin de la era Netanyahu http://elmed.io/el-principio-del-fin-de-la-era-netanyahu/ http://elmed.io/el-principio-del-fin-de-la-era-netanyahu/#comments Thu, 19 Sep 2019 07:50:07 +0000 http://elmed.io/?p=26924 En un sentido muy real, 'Bibi' ha sido víctima de su propio éxito.

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Cuando, en la tarde del martes, el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, saludó a sus seguidores en la sede electoral del Likud, tanto su semblante como sus palabras dejaron claro a todo el mundo el resultado de la votación. Aunque no cantó victoria ni se reconoció derrotado, su lenguaje corporal clamaba que sabía que no había vencido. Lo de que trabajaría para la conformación de un Gobierno “sionista”, en vez de por la coalición de derechas que se comprometió a fraguar en abril, cuando pensaba que había triunfado, fue harto significativo, No habrá una coalición comandada por el Likud e integrada por sus aliados naturales de la derecha y por los partidos religiosos. Y eso significa que está a punto de iniciarse el capítulo final de la era Netanyahu.

Ahora bien, pese a la atmósfera festiva en los medios israelíes, copados por sus enemigos, el primer ministro no está acabado. Si consigue mantener unido el partido en torno a sí –tarea no menor, dadas las ambiciones predatorias de quienes pretenden sucederle–, está por verse cuál será el resultado de las negociaciones para la conformación de un nuevo Gobierno; pero la idea de otro Ejecutivo comandado por Netanyahu está lejos de ser el más probable. Si los partidos árabes antisionistas de la Liga Conjunta rompen los moldes de lo usual y recomiendan al presidente Rivlin que dé al líder del partido Azul y Blanco, Benny Gantz, la oportunidad de fraguar una coalición, podría ponerse en marcha una dinámica que llevara a la entronización de un nuevo primer ministro.

Las urnas no han dado una clara victoria a Gantz. El número de escaños cosechados por el partido Azul y Blanco y sus más pequeños socios de la izquierda es de hecho inferior al del bloque derechista-religioso que ha prometido su apoyo a Netanyahu. Y cuando se tiene en cuenta que el partido Israel Beitenu de Avigdor Lieberman es, aunque Netanyahu lo moteje de izquierdista, derechista en asuntos de seguridad y economía, cabe afirmar que la derecha sigue contando con el apoyo de la mayoría de los israelíes.

Asimismo, está claro que a la mayoría de los israelíes no le quita el sueño la era post-Netanyahu. En estas elecciones, las viejas categorías de izquierda y derecha no han determinado el resultado. El consenso en lo relacionado con el conflicto con los palestinos, así como en la manera de afrontar la amenaza de Irán y Hezbolá, consenso fraguado por Netanyahu, es tan fuerte que de hecho socavó las chances del premier de seguir en el cargo. En esta ocasión, los israelíes se centraron más en el conflicto entre los valores laicos y los religiosos, así como en si había llegado la hora de hacer un cambio en la sala de mandos. En un sentido muy real, Netanyahu ha sido víctima de su propio éxito.

Bajo cualquier parámetro objetivo, estos diez últimos años de Netanyahu en el poder han sido un remarcable éxito para Israel.

La pericia de Netanyahu en el área económica ha hecho posible un período de tremendo crecimiento y prosperidad. La primacía militar de Israel en la región está fuera de duda. Igualmente importante, Netanyahu ha roto el aislamiento diplomático de Israel de una forma inconcebible hace sólo una generación. Ha armado una coalición internacional contra Irán en la que figuran como aliados países árabes antaño hostiles a Israel como Arabia Saudí, y hecho grandes avances diplomáticos entre países del Golfo y de África con un historial igualmente hostil. Las relaciones que ha forjado con los presidentes Trump y Putin y con el primer ministro indio, Narendra Modi, han creado un momentum singular y puede asegurarse que en la arena internacional quienes están ahora aislados son los enemigos de Israel, no el Estado judío.

La habilidad de Netanyahu para preservar la seguridad israelí sin enfangarse en guerras de desastrosas consecuencias imprevistas sería impagable para manejar el país en los próximos años, en los que las tensiones con Teherán y Gaza seguirán representando desafíos peligrosos.

Su problema ha sido que no le ha sido posible castigar a su principal oponente pintándolo como una criatura de la izquierda desacreditada por el sangriento fracaso de Oslo. La experiencia militar nunca ha sido una ventaja política decisiva en un país en el que la mayoría de los votantes ha servido en el Ejército. Pero la idea de que todo un plantel de exjefes de Estado Mayor podía ser descalificado como una banda de izquierdistas ilusos no fue una buena estrategia electoral. Sobre todo porque Gantz y su partido Azul y Blanco se pasaron buena parte de estas dos campañas de 2019 tratando de presentarse como aún más duros que Netanyahu en asuntos de seguridad, así como dispuestos a afirmar la soberanía israelí sobre el Valle del Jordán y sobre los bloques de asentamientos de la Margen Occidental. En vez de representar un desafío al consenso sobre el proceso de paz forjado por Netanyahu, el Azul y Blanco es una expresión del mismo.

La negativa de Lieberman a sumarse a un Gobierno en el que estén presentes los partidos ultraortodoxos, así como su demanda de un Gobierno de unidad entre Likud y el partido Azul y Blanco –que le ha llevado a doblar su número de escaños–, demuestra también que algunos electores que se consideran derechistas en materia de seguridad se mostraron más interesados en oponerse a los haredíes y en poner fin al reinado de Netanyahu.

En vista de este revés, y con su comparecencia ante los tribunales por cargos de corrupción prevista para el mes que viene, es probable que a Netanyahu le resulte muy difícil mantener el control sobre el Likud –y para qué hablar sobre el bloque derechista-religioso–. Si Lieberman se mantiene firme en su demanda de unidad, y si Azul y Blanco se sigue negando a unir fuerzas con un Likud liderado por Netanyahu, resulta difícil concebir la supervivencia política del primer ministro.

Aunque sus excepcionales dotes políticas le permitan imponerse a sus potenciales sucesores en el Likud e impedirle a Gantz la formación de una mayoría en la Knéset, la idea de que Netanyahu pueda de alguna forma convertir esta derrota en un triunfo y permanecer en el cargo parece más una especulación ilusoria que un escenario realista.

En definitiva: el momentum Netanyahu aún no ha concluido, pero lo más seguro es que su último capítulo ya haya empezado.

© Versión original (en inglés): JNS
© Versión en español: Revista El Medio

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Elecciones en Israel: todo sigue igual http://elmed.io/elecciones-en-israel-todo-sigue-igual/ http://elmed.io/elecciones-en-israel-todo-sigue-igual/#comments Wed, 18 Sep 2019 07:59:12 +0000 http://elmed.io/?p=26921 Ningún partido o bloque consigue la mayoría para gobernar.

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Israel celebró ayer elecciones legislativas y, tal como se preveía, apenas ha cambiado el panorama político, pues ningún partido o bloque ha conseguido una mayoría suficiente para gobernar.

Con el 92% del voto escrutado, el partido del primer ministro Netanyahu, Likud, figura en primer lugar, con sólo unos miles de votos más que el Partido Azul y Blanco de Benny Gantz pero los mismos escaños (32). El bloque de derechas tendría 56 bancas, una más que el de izquierdas (en el que los medios incluyen a la antisionista Lista Árabe, que ha conseguido 12), lo que deja a ambos muy lejos de las 61 que dan la mayoría absoluta en la Knéset.

Salvo que Gantz y Netanyahu decidan conformar un Gobierno de unidad nacional, todo queda en manos del dinamitero de la anterior legislatura, el exaliado de Likud Avigdor Lieberman (en la imagen), que ha obtenido 9 escaños con su partido laico Israel Beitenu, bestia negra de las formaciones religiosas que respaldan al actual premier.

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Los israelíes vuelven a votar… ¿lo mismo? http://elmed.io/los-israelies-vuelven-a-votar-lo-mismo/ http://elmed.io/los-israelies-vuelven-a-votar-lo-mismo/#comments Tue, 17 Sep 2019 08:52:53 +0000 http://elmed.io/?p=26918 Netanyahu no lograría los escaños suficientes para tener mayoría absoluta en la Knéset.

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Israel celebra este martes sus segundas elecciones legislativas en lo que va de año; elecciones que han provocado hondo malestar en la ciudadanía y que, según vaticinan las encuestas, van a dejar las cosas prácticamente igual.

Así, el agregado compuesto por Bicom arroja una victoria por la mínima del bloque pro Netanyahu; victoria tan escasa que de hecho no le permitirá conformar un Gobierno, ya que quedaría 5 escaños por debajo de la mayoría absoluta.

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Israel y la maldición del electoralismo interminable http://elmed.io/israel-y-la-maldicion-del-electoralismo-interminable/ http://elmed.io/israel-y-la-maldicion-del-electoralismo-interminable/#comments Tue, 17 Sep 2019 08:37:28 +0000 http://elmed.io/?p=26916 Desde el pasado diciembre, el país está siendo cebado con una dieta basada en todo lo corrosivo y negativo.

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Por su interés, traducimos buena parte del texto que, bajo el título de “After the elections: a time of healing, or a time of hearings?” [Tras las elecciones, ¿tiempo de curas o de comparecencias?], ha publicado el analista israelí Herb Keinon en el Jerusalem Post.

***

Israel da lo mejor de sí cuando despliega su solidaridad. Lamentablemente, por lo general lo hace sólo cuando está sometido a ataque desde Gaza, el Líbano o cuando se produce un atentado. Y muestra lo peor de sí cuando [sus] divisiones se destacan y magnifican.

Eso es lo que hacen las campañas electorales: magnificar [las] divisiones. Y esta campaña lo ha hecho sobremanera. Las democracias robustas lidian con ellas cada dos, tres o cuatro años. Pero celebrar dos en diez meses […] es insano para la psique común. Desde el pasado diciembre, en que se disolvió la Knéset y se convocó a nuevas elecciones en abril, el país está siendo cebado con una dieta basada en todo lo corrosivo y negativo.

(…)

Israel florece cuando sus partes diversas trabajan juntas. Las IDF son un ejemplo de ello. El Ejército funciona bien con gente de todas las procedencias porque no pone el énfasis en las diferencias sino en los objetivos comunes. (…)

Israel es un Estado compuesto por diferentes tribus: la laica, la árabe, la jaredí, la colona, la rusófona; y lo malo es que las elecciones resaltan eso y lanzan a una tribu contra las demás. Lo bueno es que la campaña no refleja necesariamente la realidad, de hecho en la calle hay más armonía. Mucha más. (…) No, no vivimos en Disneylandia, pero tampoco en un país al borde de la guerra civil.

(…)

Hay asuntos importantes que resolver. Asuntos de vida o muerte. El mundo no va a aguardar pacientemente en nuestras fronteras mientras nosotros nos enredamos con nuestras batallitas. El país necesita líderes que puedan tomar decisiones sin tener siempre en mente unas elecciones. El país necesita poner las divisiones internas en el ático, no en medio del salón, y afrontar los graves desafíos que amenazan el hogar. 

Ojalá que, una vez las elecciones hayan concluido, toda la hostilidad y el divisionismo queden atrás y el país empiece a restañarse las heridas. Pero no cuenten con ello. Porque el 2 de octubre, sólo dos semanas después de los comicios, está prevista la comparecencia de Benjamín Netanyahu ante el fiscal general, Avijai Mandelbilt. Con independencia de lo que decida éste –a favor o en contra de Netanyahu–, las divisiones y rencores que hemos experimentado en las últimas semanas volverán a hacer eclosión.

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Las elecciones que sentenciaron el proceso de paz http://elmed.io/las-elecciones-que-sentenciaron-el-proceso-de-paz/ http://elmed.io/las-elecciones-que-sentenciaron-el-proceso-de-paz/#comments Tue, 17 Sep 2019 07:37:28 +0000 http://elmed.io/?p=26914 Da igual lo que digan o hagan Netanyahu o Gantz: son los palestinos los que no quieren la paz.

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Israel celebra hoy sus segundas elecciones legislativas en lo que va de año, y ciertamente no ha escaseado la retórica apocalíptica sobre las potenciales consecuencias de una reelección del primer ministro Netanyahu. Ya sea en las páginas editoriales del New York Times o en los artículos de opinión del Forward, hemos vuelto a leer que un nuevo Gobierno comandado por el Likud representaría la decadencia y caída de la democracia israelí, el fin de la relación Israel-Diáspora, un torpedo al apoyo norteamericano al Estado judío y la causa del colapso definitivo de cualquier esperanza para la paz con los palestinos. Quien mejor ha articulado este último punto ha sido el jefe de Opinión del Washington Post, Jackson Diehl, quien, como tantos otros gurús liberales, cree que la promesa de Netanyahu de aplicar la ley israelí sobre los asentamientos israelíes de la Margen Occidental y retener definitivamente el Valle del Jordán garantiza que la paz con los palestinos jamás será posible.

Dejemos de lado la posibilidad de que las declaraciones de Netanyahu sean mera retórica electoralista que no se materializará. La ley israelí ya rige en los asentamientos, y la anexión aun del territorio del Área C donde se asientan las comunidades judías es aún improbable. En cuanto al Valle del Jordán, el principal rival de Netanyahu, Benny Gantz, del Partido Azul y Blanco, ha dicho que su posición no difiere de la del primer ministro. Lo que la mayoría de los norteamericanos –judíos o no– siguen sin entender es que hay un amplio consenso en Israel en lo relacionado con el proceso de paz y la seguridad. Y ese consenso dice que los palestinos no tienen un auténtico interés en la paz y que, en ausencia de un socio para la paz, la clase de concesiones territoriales que los amigos progresistas de Israel exigen incluso más demenciales que imprudentes.

De ahí que todo lo que se dice de que estas elecciones decidirán el futuro del proceso de paz no es sólo incorrecto, sino que ignora que la cuestión ya se sustanció en unos comicios celebrados hace 14 años y en otros que no se celebraron cuatro años más tarde.

Me refiero a las elecciones que tuvieron lugar el 9 de enero de 2005, en las que Mahmud Abás fue elegido presidente de la Autoridad Palestina, en sucesión del difunto Yaser Arafat. Abás, líder del partido Fatah de Arafat y presidente de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), ganó con el 62% de los votos, cifra no demasiado impresionante si se tiene en cuenta que sus rivales de Hamás renunciaron a presentarse –al entender, no sin razones, que estaban amañadas– y que, según investigadores palestinos independientes, el 94% de la cobertura electoral en los medios palestinos se dedicó a ensalzar a Abás.

Esas elecciones fueron en gran medida fruto de la presión americana tanto a los palestinos como al Gobierno israelí, encabezado entonces por Ariel Sharón. George W. Bush y su equipo de política exterior llegaron a la convicción de que el establecimiento de una democracia palestina era una condición necesaria para la paz. Como el igualmente desacertado intento de la Administración Bush de convertir el Irak liberado de la férula de Sadam Husein en una democracia, la idea de que la cultura política palestina era capaz de generar y preservar libertad política –para qué hablar de la paz– se reveló una fantasía.

Acertadamente, Bush rechazó a Arafat –insensatamente abrazado como un pacificador por parte del presidente Clinton y los Gobiernos laboristas israelíes– como un terrorista recalcitrante. Pero aunque, a diferencia de Arafat, que siempre iba vestido de guerrillero, vistiera trajes, Abás no estaba más interesado o capacitado que su predecesor para poner fin al conflicto con israel.

Aunque su acceso a la presidencia de la AP fue saludado como un paso hacia la paz, Abás no hizo más que reforzar el corrupto régimen de Fatah. Si bien Hamás lo ha tachado de debilucho, Abás no tiene la menor intención de firmar la paz. El referido grupo terrorista islamista, por cierto, ganó las legislativas palestinas de 2006 y organizó un sangriento golpe en 2007 que le permitió hacerse con el control de Gaza.

Así las cosas, a nadie sorprendió que, cuando llegó el momento de unas nuevas elecciones palestinas, Abás decidiera simplemente permanecer en el cargo y no convocarlas. Como ha sucedido tantas veces en el Tercer Mundo poscolonial, en Palestina la democracia ha sido cosa de un hombre, un voto, una sola vez. No ha vuelto a haber una elección presidencial ni en la Margen Occidental ni en la Gaza controlada por Hamás. Abás se encuentra en su decimoquinto año de su mandato de sólo cuatro.

Si los palestinos hubieran elegido a alguien capaz de hacer la paz, podrían haberse aferrado a la oferta de Ehud Olmert (2008) de un Estado palestino independiente en Gaza y casi toda la Margen Occidental, así como en una Jerusalén compartida. Pero Abás dijo no, como hizo Arafat en 2000 y 2001. Siguió diciendo “no” cuando la Administración Obama resucitó las negociaciones y Netanyahu expresó su voluntad de hablar sobre el futuro de la MArgen. Y sigue diciendo “no” hasta el día de hoy, al negarse a reconocer la legitimidad de un Estado judío con independencia de dónde se tracen sus fronteras. Lo cual quiere decir que no quiere asumir que la centenaria guerra palestina contra el sionismo ha fracasado y darla por terminada.

Fueron las elecciones palestinas de 2005 y 2006, así como las que no tuvieron lugar en 2009, las que dejaron claro que la paz con Israel es imposible hasta que un cambio radical en la cultura política palestina segregue un liderazgo que se tome en serio la paz. Cuando ese liderazgo emerja, sin duda encontrará socios en Israel.

Pero es un mero deseo para el futuro. Ahora, los israelíes entienden que los palestinos se han manifestado en contra de la paz, con independencia de lo que Netanyahu, Gantz o cualquier otro potencial primer ministro hagan o dejen de hacer. Ha llegado la hora de que por fin los norteamericanos que se las dan de expertos en Oriente Medio se reconcilien con esta realidad, en vez de seguir aventando fantasías sobre la paz que los palestinos de hecho han rechazado.

© Versión original (en inglés): JNS
© Versión en español: Revista El Medio

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Mohamed Dahlán y el Acuerdo del Siglo http://elmed.io/mohamed-dahlan-y-el-acuerdo-del-siglo/ http://elmed.io/mohamed-dahlan-y-el-acuerdo-del-siglo/#comments Mon, 16 Sep 2019 08:32:38 +0000 http://elmed.io/?p=26909 ¿Volverá a la primera línea de la política palestina la bestia negra de Mahmud Abás?

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El presidente de la Autoridad Palestina (AP), Mahmud Abás, y Hamás, la organización islamista que controla la Franja de Gaza, han condenado el aún no revelado Acuerdo del Siglo del presidente Donald Trump. Al punto de que boicotearon una conferencia en Bahréin, celebrada en junio y organizada por Jared Kushner, el negociador y yerno de Trump, dedicada a los aspectos económicos del mismo.

Previamente, Abás ya había rechazado a EEUU como mediador en el conflicto israelo-palestino, después de que la Administración Trump reconociera a Jerusalén como capital de Israel, recortara la financiación a los palestinos y cerrado la oficina de la AP en Washington. Mientras, Trump reconoció los ocupados Altos del Golán sirios como parte de Israel.

En la conferencia de Bahréin, a la que asistieron funcionarios y empresarios del Golfo, EEUU, Europa y Asia, Kushner presentó un plan de inversión de 50.000 millones de dólares, de los cuales 28.000 se destinarían a la creación de empleo y la reducción de la pobreza entre los palestinos.

La Administración Trump comunicó que no revelaría los detalles políticos de su propuesta hasta después de las elecciones israelíes del próximo día 17, para no influir en lo que se prevé una ajustada pugna entre el derechista partido Likud del primer ministro Netanyahu y el Partido Azul y Blanco del exjefe militar Benny Gantz.

Los príncipes herederos de Arabia Saudí y Emiratos, Mohamed ben Salman y Mohamed ben Zayed, han buscado discretamente apoyos para el plan de paz norteamericano, que, según palabras de Kushner, diferirá del árabe de 2002 en que no va a plantear la solución de dos Estados para la resolución del conflicto israelo-palestino.

Dahlán, considerado un hombre cercano al príncipe Zayed y también al exministro de Defensa israelí Avigdor Lieberman, ha desempeñado un importante papel, sobre todo en los esfuerzos de Emiratos por cortar las alas a Hamás.

Dahlán se exilió a Emiratos en 2007, después de que Hamás desbaratara su apuesta –respaldada por EEUU– por acabar con el control de la organización islamista sobre Gaza. En aquel entonces el presidente estadounidense, George W. Bush, se refirió a Dahlán como “nuestro chico”.

Posteriormente, Dahlán fue acusado de corrupción por la AP de Abás.

Se ha informado de que el último movimiento de Dahlán consiste en fundar un partido político, maniobra que contaría con el apoyo de Emiratos y de Egipto pero que dividiría a sus seguidores en Gaza.

Algunos de los partidarios de Dahlán en la Corriente de Reforma Democrática, que sigue formando parte del movimiento Fatah de Abás, han sostenido en otras ocasiones que la creación de un partido fragmentaría aún más el panorama político palestino.

Que vuelva a hablarse de un partido parece tener que ver con que Israel haya contribuido con cientos de millones de dólares estadounidenses a la ayuda catarí a la reconstrucción y provisión de servicios médicos y educativos en Gaza.

Qatar, que mantiene estrechos lazos con organizaciones islamistas, apoya desde hace mucho tiempo a Hamás, mientras que la oposición radical del príncipe Zayed a cualquier manifestación de islam político ha enfrentado a Emiratos con el movimiento palestino.

Las visiones diametralmente opuestas sobre este punto (el islam político) están en el cogollo del conflicto del Golfo, donde Emiratos y Arabia Saudí lideran un boicot diplomático y económico contra Qatar que dura ya más de dos años.

Se vuelve a hablar de todo esto después de que en 2017 fracasara una negociación para el retorno de Dahlán a Gaza en la que intervinieron Hamás y los servicios de inteligencia egipcios.

El acuerdo habría obligado a Hamás a compartir el poder con Dahlán a cambio de que Israel y Egipto relajaran el control sobre la empobrecida Franja, en un momento en que Abás se negaba a pagar los salarios de los funcionarios gazatíes e Israel reducía el suministro eléctrico a Gaza a fin de doblar la mano a Hamás.

Los rumores sobre las maniobras políticas de Dahlán se producen en el contexto de los esfuerzos generales de Emiratos y Arabia Saudí en pro del plan para la paz de EEUU, pese a la insistencia oficial de ambos países en que Jerusalén Este sea la capital de un Estado palestino independiente y de las maniobras a la contra de Qatar y su aliada Turquía.

Arabia Saudí y Emiratos se afanaron en socavar el intento turco de aprovecharse de la oposición al reconocimiento de Jerusalén por parte de Trump para afirmar su liderazgo sobre el mundo musulmán, así como en debilitar el papel de Jordania como custodio de la Explanada de las Mezquitas (Haram al Sharif), que alberga la mezquita de Al Aqsa, el tercer lugar más sagrado del islam.

Hace unos meses, en declaraciones a un medio considerado cercano a Qatar, Kamal Jatib, líder islamista israelo-palestino, afirmó que Dahlán, en cooperación con empresarios locales, había tratado infructuosamente de adquirir propiedades inmobiliarias adyacentes al lugar sagrado, al que los judíos denominan Monte del Templo. 

Jordania, donde aproximadamente la mitad de la población es de origen palestino, camina sobre la cuerda floja entre su rechazo al plan de la Administración Trump y sus complejos lazos con Emiratos y Arabia Saudí.

A diferencia de Jordania, Emiratos y Arabia Saudí no están maniatados por la demografía palestina. Sin embargo, deben avanzar con cuidado en su respaldo a una iniciativa ampliamente considerada como un intento de privar a los palestinos de un Estado independiente. La opinión pública puede mostrarse volátil y el plan, volvérseles en contra y acabar reforzando a Hamás.

Un reingreso formal de Dahlán en la política palestina podría ayudar a resolver el dilema de Emiratos y Arabia Saudí, acentuado por la preocupación de que un exceso de presión sobre Abás para que se desdiga de su rechazo a la mediación estadounidense dé alas a Hamás, fuertemente vinculada a los Hermanos Musulmanes.

“Estamos intentando componer un delicado equilibrio”, ha dicho un funcionario del Golfo. “La clave es fortalecer a los moderados, no a los extremistas”, esto es, a Hamás y demás islamistas.

© Versión original (en inglés): BESA Center
© Versión en español: Revista El Medio

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Lo que 'Our Boys' no quiere que sepamos http://elmed.io/lo-que-our-boys-no-quiere-que-sepamos/ http://elmed.io/lo-que-our-boys-no-quiere-que-sepamos/#comments Fri, 13 Sep 2019 09:11:39 +0000 http://elmed.io/?p=26906 No se puede justificar la agenda manipuladora a la que sirve.

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El brutal asesinato de Mohamed Abu Jdeir a manos de tres extremistas judíos es una historia que merece ser contada. Lo mismo se puede decir del relato sobre la rapidez y la eficacia con que los servicios de seguridad israelíes rastrearon a los asesinos, a los que la Justicia israelí impuso duras condenas.

La serie Our Boys, de HBO, producida por Keshet Media Group, que dirige el Canal 12 de Israel, se centra exclusivamente en el salvaje crimen: el joven árabe palestino de 16 años, residente en el barrio jerosolimitano de Shuafat, fue secuestrado, apalizado y quemado vivo en junio de 2014. 

Comprensiblemente, la serie ha levantado ampollas entre los israelíes. Sin embargo, el problema de Our Boys no es que airee algunos trapos sucios de Israel. Si esa fuese la única crítica sustancial que se le pudiese hacer, el furor que ha desatado –el primer ministro Netanyahu la ha calificado de “antisemita”– no estaría justificado. 

Documentar las transgresiones de unos pocos judíos, así como los diligentes esfuerzos de sus compatriotas para atraparlos y castigarlos, no es ninguna afrenta al pueblo judío. Si se la considerara una mera incursión en el género true crime, se podría juzgar de forma positiva como un documento sobre el referido incidente meticulosamente producido, con un buen trabajo de interpretación por parte de los actores, aunque su ritmo glacial sea problemático. De hecho, esa es la referencia donde se enmarca la mayoría de las objeciones de los críticos estadounidenses.

Otros la considerarán un aporte más de la próspera industria televisiva de Israel, que ha producido éxitos de Netflix como Fauda y Shtisel e inspirado series como Homeland. Pero muchos de los que suelen enorgullecerse de que las series israelíes tengan tanta repercusión no están aplaudiendo Our Boys

La indignación que ha generado no se debe a que muestre a unos asesinos judíos y a una víctima árabe palestina. Es el contexto del que se extrae este deplorable incidente aislado, y las motivaciones políticas, penosamente obvias, de sus productores y guionistas lo que se está cuestionando. En este sentido, el mérito artístico de Our Boys –y su objetivo declarado de rastrear el origen de los crímenes de odio– no puede justificar la agenda manipuladora a la que sirve.

El verano de 2014 fue un momento traumático para los israelíes. En el mes de junio, una célula terrorista de Hamás que operaba en la Margen Occidental secuestró a tres adolescentes israelíes y los asesinó a sangre fría. La búsqueda de 18 días hizo que el Estado judío se uniera para rezar por que volvieran sanos y salvos con sus desconsolados padres. Fue un momento de unidad nacional. El descubrimiento de sus cuerpos fue un impactante recordatorio de la brutalidad de los enemigos de Israel.

En la hora de la venganza, tres judíos violaron no sólo las leyes de Israel, también las de su fe. Decidieron responder a la crueldad con crueldad, secuestraron a un muchacho árabe al azar y lo mataron de un modo que provocó indignación y vergüenza. El servicio de seguridad israelí, el Shin Bet, que no atrapó a los asesinos de los tres israelíes hasta septiembre, los rastreó e hizo todo lo que pudo por eliminar la red terrorista de Hamás que operaba en la Margen Occidental.

Aparentemente segura en su fortaleza de Gaza, y con un arma en su arsenal (los túneles terroristas excavados bajo la frontera) que la mayoría de los israelíes desconocían, Hamás intensificó el conflicto con grandes bombardeos de cohetería contra pueblos y ciudades de Israel. Aunque Netanyahu era reacio a ordenar al Ejército que entrara en Gaza para neutralizar los depósitos de misiles, Hamás –cuyo verdadero objetivo era debilitar el régimen corrupto del líder de la Autoridad Palestina, Mahmud Abás, en la Margen Occidental– le forzó a ello con sus continuas violaciones del alto el fuego e intentando utilizar los túneles para mandar a escuadrones terroristas a Israel para que secuestraran y asesinaran a más israelíes.

El resultado fueron 50 días de guerra que obligaron a buena parte de la población de Israel a pasarse los días entrando y saliendo a toda prisa de los refugios antiaéreos, mientras los bombardeos amenazaban gran parte del país, incluidas Tel Aviv y Jerusalén. No fue hasta después de una desesperada lucha contra sus terroristas –que utilizaron desvergonzadamente a civiles como escudos humanos–, y de que la Administración Obama presionara a Israel para que se contuviera, que Hamás –que gobierna Gaza como un Estado palestino en todo excepto el nombre– mandó parar.

Así que se puede perdonar a los israelíes si les parece mal que el foco de la única serie de la televisión internacional que intenta representar estos acontecimientos se ponga exclusivamente sobre el asesinato de Mohamed Abu Jdeir.

El sufrimiento de los tres muchachos israelíes que fueron asesinados no interesa a Our Boys, salvo para procurar la incitación al odio hacia los árabes. Hamás también está ausente en el relato. Los palestinos son sólo víctimas oprimidas e impotentes objeto del odio irracional de judíos religiosos mizrajíes como los asesinos del joven Mohamed.

El objetivo de cada episodio es retratar como moralmente equivalentes a las dos partes del conflicto, donde una sociedad no es menos propensa a la violencia colectiva y la intolerancia que la otra.

Eso es cierto en la medida en que todos somos seres humanos merecedores de respeto y capaces de odiar. Pero la serie presenta a la sociedad israelí como si fuese mucho más responsable del manido ciclo de violencia que los mucho menos poderosos palestinos. Our Boys es, como señaló un eufórico escritor en el periódico israelí Haaretz, “una serie descaradamente izquierdista que podría haber sido sacada de las páginas de Haaretz”, es decir, que adopta el tono de hostilidad hacia el Estado judío habitual en la inmensa mayoría de los artículos publicados ahí (Haaretz a veces también publica columnas de opinión de mi autoría). Representa la visión de las élites askenazis de la izquierda israelí y considera que el único tema apto para el debate son los supuestos pecados de Israel.

Aunque los defectos de Israel no se deberían excluir del debate, la izquierda israelí parece pensar que no se debe aludir al odio y la violencia de la cultura política palestina. Así las cosas, mientras Our Boys pinta a los tres asesinos judíos como una especie de producto natural de la sociedad israelí, no dice que fueron vilipendiados por casi todos los israelíes y encerrados en la cárcel (a dos se les condenó a cadena perpetua, y al otro, que tenía la misma edad que su víctima, le cayeron 20 años), los palestinos tratan como héroes a los asesinos de judíos. Incluso les pagan por ello.

De los tres miembros de Hamás que asesinaron a los tres muchachos israelíes, dos murieron cuando se resistieron a ser capturados. El tercero está cumpliendo tres cadenas perpetuas en Israel. Pero las familias de todos ellos están recibiendo generosas pensiones de la supuestamente moderada Autoridad Palestina como recompensa por su vileza.

¿Debería importarnos saber que el asesinato de niños a sangre fría es una aberración para los israelíes y una loable obligación para los palestinos? Si queremos que haya paz alguna vez, debe importarnos. Pero para quienes sólo pretenden arremeter contra Israel y quitar importancia a la violencia palestina contra los judíos, se trata de una información que se debe dejar de lado.

Un retrato de Israel con todos sus defectos e imperfecciones no es intrínsecamente antisemita. Los países libres son capaces de introspección y de debatir abiertamente sobre sus defectos, así como de analizar las motivaciones de quienes perpetran crímenes terribles. Sólo una insignificante porción de la sociedad israelí cree que se puede defender el asesinato de ese muchacho palestino. Que la mayoría de los palestinos y sus regímenes no se limitan a justificar el asesinato de niños israelíes, sino que consideran esos crímenes como actos de heroísmo, es algo que no se puede ignorar. Pero eso es precisamente lo que hace Our Boys, y es esto, no su relato dramatizado de un crimen cometido por israelíes, lo verdaderamente indignante.

Los amigos de Israel no hacen mal en sentir animadversión hacia la serie. Pese a los méritos artísticos que pueda tener, se recordará sobre todo como una contribución más de la comunidad artística israelí a la doble vara de medir y los prejuicios con que tratan a su país sus verdaderos enemigos.

© Versión original (en inglés): JNS
© Versión en español: Revista El Medio

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Netflixionismo http://elmed.io/netflixionismo/ http://elmed.io/netflixionismo/#comments Fri, 13 Sep 2019 07:52:15 +0000 http://elmed.io/?p=26903 La célebre plataforma ha hecho más por Israel que toda la llamada 'hasbará'.

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En círculos propalestinos tachan a Netflix de sionista. También en círculos neonazis. Y puede que tengan algo de razón. 

Durante los últimos cinco años, Netflix ha producido o adquirido series y películas signadas por el concepto Israel. Es decir, no son series o películas israelíes que tratan de, por ejemplo, un asesinato, ni desarrollan una trama de ciencia ficción, sino que abordan los aspectos más polémicos y definitorios del Estado judío. A este respecto, estos productos audiovisuales ofrecen una imagen de Israel alejada de la que se suele transmitir, tan distorsionada, y abarcan todo un abanico de temáticas, que van desde el conflicto con los palestinos hasta el Holocausto, pasando por el racismo o la mera historia. Así, hemos podido ver (y disfrutar de) Fauda (terrorismo/conflicto), Shtisel (jaredíes), Operation Finale (Holocausto/persecución de los nazis escondidos), Falafel Atómico (conflicto con Irán en clave de humor), Hostages (sociedad israelí, delincuencia e intrigas políticas), The Angel (acuerdo de paz con Egipto), The Mossad (historia de la agencia de inteligencia más famosa), The Spy (historia del espía Eli Cohen), Forever Pure (racismo en la sociedad israelí), East/West (conflicto)…

Y este verano una de las grandes producciones de Netflix ha sido Rescate en el Mar Rojo, película que cuenta un episodio de la fascinante historia del rescate de los judíos etíopes por parte del Estado de Israel en los años 80 (del que ya escribí en otra ocasión). 

Sin duda, las operaciones Moisés y Salomón están entre las gestas más extraordinarias de la corta existencia del Israel moderno. Lamentablemente, pocas personas saben que, durante trece siglos, en Etiopía existió un reino judío independiente, el Reino de Simen, desde el siglo cuarto hasta su expiración, en 1627. Los Beta Israel, los judíos etíopes rescatados por Israel, eran descendientes de dicho reino, estaban en serias dificultades y anhelaban una vida nueva en la Tierra de la que les hablaron sus padres y sus abuelos y sus rabinos en sus sinagogas. El relato de la película, por tanto, es amable para con Israel. ¿Qué objeciones pueden suscitarse cuando un Estado recién nacido, acosado por guerras con sus vecinos, no escatima en esfuerzos personales y económicos para rescatar a miles de los que considera sus semejantes en situación de peligro? ¿Qué planas vamos a enmendar cuando, además, el protagonista del relato está interpretado por el Capitán América? 

Los problemas que enfrentaron los Beta Israel al llegar a su ansiada Tierra Prometida no fueron pocos, y siguen, aún, dando coletazos (también dimos cuenta de ello). No aparecen en la película. ¿Y? En esta era de la inmediatez, de los ofendiditos, de la lucha de narrativas, de las construcciones de relatos interesados, de los laboratorios de comunicación, hay que pasar una due dilligence para contar una historia y justificar cada milímetro de la misma. Afortunadamente, el filme no pierde el tiempo en ello. 

Rescate en el Mar Rojo es, pues, una película, amén de entretenida y muy bien producida, que ofrece la mejor cara de un país que nunca ha gozado de buena prensa. Pero otras obras que mencionábamos antes, como Fauda o Forever Pure, no ocultan o dulcifican nada, sino que muestran la realidad tal y como es, sin aspavientos y sin matices. Muchos amigos y simpatizantes de Israel se quejan de ello, encorsetados en esa actitud propagandística del que se cree asediado en todo momento y lugar. Pero se equivocan, y flaco favor hacen a sus simpatías. 

Y es que precisamente ahí reside el sionismo de Netflix. Más allá de las quejas de cada uno (Our Boys, emitida por HBO, que comentaremos próximamente, ha sido vetada en público, y calificada de antipatriota, por el primer ministro Benjamín Netanyahu, a lo que ha seguido una turba global que carga contra la serie con similares argumentos), todas estas series y películas muestran el que es, si acaso, el verdadero escalón moral de Israel sobre sus vecinos: los israelíes son capaces de purgar en público su historia, sus errores, sus crímenes, sus miserias, amparados por la libertad de expresión, la actitud crítica y el ansia por la constante mejora, mientras que en los territorios palestinos o en los países enemigos la ciudadanía –los súbditos, mejor dicho– no puede, por muchas razones, experimentar el mismo proceso. 

Emitiendo todas estas series y películas, Netflix ha hecho –no sabemos si con intención o no–muchísimo más que toda la llamada hasbará y que los sucesivos ministerios de Diplomacia Pública por ofrecer una imagen de Israel distinta a la que estamos acostumbrados. Quizás no la imagen angelizada y caramelizada –y, por tanto, también distorsionada y falsa– que ansían algunos, sino la de un Israel desconocido que, como todo país, tiene sus problemas, sus desafíos, sus inquietudes, sus errores y, por supuesto, sus gestas y sus grandes logros. 

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