Revista El Medio http://elmed.io Noticias de Medio Oriente en español Tue, 25 Jan 2022 10:00:14 +0000 es-ES hourly 1 https://wordpress.org/?v=4.2.31 A vueltas con el sionismo http://elmed.io/a-vueltas-con-el-sionismo/ http://elmed.io/a-vueltas-con-el-sionismo/#comments Tue, 25 Jan 2022 10:00:14 +0000 http://elmed.io/?p=28493 "¿Está surgiendo un sionismo árabe?" – "Israel necesita 'olim'" – "Para proteger a Israel, una mayoría judía no es suficiente".

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En JNS, la periodista británica Melanie Phillips saluda la emergencia de un “sionismo árabe” que ha aprovechado el muy favorable viento de cola que le han procurado los Acuerdos de Abraham para “proclamar públicamente ciertas verdades y realidades en vez de las mentiras que sus sociedades se han contado a sí mismas durante tanto tiempo”, empezando por la que demoniza a Israel y lo culpa de todos los males de la región.

“Varios influencers árabes, con cientos de miles de seguidores en las redes sociales, han [empezado] a respaldar a Israel y defender a los judíos”, escribe Phillips, que cita por ejemplo el caso de un sirio que llamó a Israel a “ocupar” su país para salvarlo de desastre (“Los Altos del Golán [anexionados por Israel en 1981] son la única zona de Siria que no ha quedado destruida y no ha visto morir a su gente”, razonaba el bloguero) o el del emiratí Loay al Sharif, que considera que los judíos tienen “todo el derecho a tener su propio hogar ancestral en la tierra de Israel”.

Phillips lamenta que Occidente no esté siguiendo la estela del mundo árabe y en cambio insista en una israelofobia que no hace sino dar alas al islamismo y al irredentismo palestino.

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Por su parte, lo que lamenta el exembajador de Israel en EEUU Michael Oren es que su país de adopción (Oren nació y se crió en EEUU, precisamente) no esté cumpliendo como es debido con uno de los grandes deberes del sionismo: asistir a los judíos de la Diáspora que quieran instalarse en su Estado nacional. 

En un artículo que seguramente le habrá desagradado escribir y titulado “Israel necesita olim, el historiador y expolítico israelí denuncia que, en abierta contradicción con los principios sionistas, buena parte de la clase política y, peor, de la sociedad israelíes se muestra reluctante a acoger cantidades sustanciales de correligionarios de la Diáspora, y se han aprovechado de la excepcionalidad covid para salirse con la suya, lo que se ha traducido, por ejemplo, en una brusca disminución de la llegada de judíos franceses, que están optando por otros destinos (EEUU, Canadá, Reino Unido) en vista de las trabas que encuentran en su pretendido país de acogida.

La advertencia que lanza Oren es contundente:

(…) más allá de los beneficios que procuran los ‘olim’ en términos profesionales, educativos y militares, la aliá era y sigue siendo un aspecto central en el sionismo. Sin ella, corremos el peligro de convertirnos en, simplemente, otro país desarrollado más, únicamente preocupado por sellar sus fronteras ante la inmigración. Precisamente en un momento de antisemitismo rampante, Israel fracasará en su misión histórica fundamental de procurar refugio a los judíos oprimidos del mundo.

Así pues, resulta imperativo que renovemos nuestro compromiso con la aliá. Es crucial que adoptemos las medidas necesarias para alentar y acelerar la aliá pese a la pandemia. (…) La aliá no atañe sólo a la inmigración, sino que es parte de la base moral –la razón de ser– de nuestro Estado.

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Caroline Glick, uno de los analistas más influyentes de la derecha israelí, incide también en la importancia de no desfallecer en el empeño sionista. Para ella, de hecho, Israel tiene ante sí el formidable reto de corregir el rumbo post-sionista que, a su juicio, ha adoptado buena parte de sus élites, empezando por el Gobierno, paradójicamente presidido por Naftalí Bennett, conspicuo miembro de la derecha nacionalista religiosa.

“Tener una mayoría judía no garantiza que Israel siga siendo un Estado judío”, advierte en Israel Hayom Glick, que significativamente no anda preocupada por la cuestión demográfica y de hecho aboga –ha escrito incluso un libro al respecto– por la anexión total de Judea y Samaria/Cisjordania y ofrecer la nacionalidad israelí a sus habitantes palestinos, algo que rechaza de plano y contempla con aprensión una parte sustancial de la clase política israelí –empezando por la izquierda–, temerosa de que semejante decisión convirtiera Israel en un Estado con una mayoría judía exigua o en el que directamente los judíos fueran minoría. “Debemos reinstaurar el consenso judío en torno al sionismo en las escuelas, los medios y la política”, afirma, para concluir combativa –con dardo incluido a Bennett, en las listas de cuyo partido concurrió Glick a las elecciones de abril de 2019–:

Los políticos post-sionistas deben ser señalados. Y los oportunistas que priorizan sus ambiciones por sobre el aseguramiento del Estado judío deben ser desalojados y reemplazados por hombres y mujeres comprometidos con la ancestral concepción sionista del pueblo judío.

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Judíos a Palestina/Judíos fuera de Palestina http://elmed.io/judios-a-palestinajudios-fuera-de-palestina/ http://elmed.io/judios-a-palestinajudios-fuera-de-palestina/#comments Fri, 21 Jan 2022 09:29:03 +0000 http://elmed.io/?p=28487 La existencia de Israel es "la primera batalla del mundo libre"

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Ha muerto a los 94 años Liviu Beris, uno de los últimos supervivientes rumanos del Holocausto. Nacido en 1928 en la localidad de Hertsa, en la actual Ucrania, Beris fue deportado en 1941 junto con su familia a la región de Transnistria, un territorio ocupado por la Rumanía aliada de los nazis en la antigua República Soviética de Ucrania. Se calcula que régimen del mariscal Antonescu mató allí a tiros o dejó morir de hambre y frío a unos 300.000 judíos soviéticos y rumanos. Beris sobrevivió al infierno y dedicó parte de su vida a mantener viva la memoria de lo ocurrido.

Debido al trauma sufrido, que le acompañó en forma de pesadillas para el resto de sus días, Beris perdió la memoria en Transnistria. Al volver a Rumanía tuvo que empezar la escuela de cero. Beris fue a la universidad y se especializó en estudios genéticos, gracias a lo cual llegó a crear una nueva raza porcina, la línea paterna Peris 345.

Más allá de sus estudios genéticos, Beris visitó a lo largo de su vida numerosas escuelas e institutos para hablar a los más jóvenes del horror nazi. En una entrevista de televisión, Beris tuvo el pundonor de quedarse en el estudio y refutar las mentiras del patriarca del antisemitismo rumano, Ion Coja. Este pretendido historiador ha traducido Los protocolos de los sabios del Sión al rumano y ha seguido insultando y llamando mentiroso a Beris hasta el momento mismo de su muerte, pero esta semblanza de la luminosa vida de Liviu Beris no merece terminar con una referencia a un personaje tan siniestro.

Beris demostró como pocos que el amor puede imponerse a los impulsos más execrables del ser humano. Vivió con entusiasmo y un compromiso emocionante y a veces doloroso con la verdad que ha de servirnos de inspiración a los que de momento nos quedamos. La crónica que sigue la escribí en 2010 después de un acto en el que tomó la palabra Beris.


Este miércoles, al mismo tiempo que cientos de judíos de otras muchas ciudades europeas, la comunidad israelita de Bucarest pidió en la Gran Sinagoga la libertad del joven soldado Guilad Shalit. Guilad fue secuestrado en 2006 por los terroristas de Hamás, en una emboscada en territorio israelí. Desde entonces vive encerrado como un perro en algún lugar de la franja de Gaza, y sólo se sabe que no le han matado por los vídeos periódicos que envían sus carceleros a la familia y la opinión pública israelí.

En los bancos casi llenos de la Gran Sinagoga coincidieron el miércoles jóvenes de aspecto sano y feliz con dignos supervivientes de un mundo destruido que sólo queda en los libros y en sus memorias. Antes de comenzar, un hombrecillo viejo y encorvado vestido de traje oscuro y sombrero escribía sin parar en hebreo, de derecha a izquierda, en una libreta ajada. Quizá se llamara Arnold Marcovici, como se leía frente a él en una placa incrustada en la madera del banco. A su lado, viejos compañeros se saludaban afectuosamente en rumano tocados por las cómicas kipás de colores, con la alegría natural de los reencuentros esperados. Por edad, algunos podrían haber vivido el Holocausto. Como el genetista Liviu Beris, presidente de la Asociación de Judíos Rumanos Víctimas del Holocausto, que más tarde encendería al público con un discurso muy sentido lleno de nervio.

Dirigido con brío por el joven presidente de la comunidad de Bucarest, el cineasta y economista Erwin Simsensohn, el acto fue vivo y entretenido, emotivo y elegante al mismo tiempo. Leyeron discursos el embajador de Israel y el presidente de la Federación de Comunidades Judías de Rumanía, el doctor Aurel Vainer. Se cantó Hatikvá, el himno de Israel, y la canción Shir Lashalom, según explicó Simsensohn un símbolo de los esfuerzos de paz en Israel cuya letra encontraron en el bolsillo de Isaac Rabin después de ser abatido por un ultranacionalista israelí. El rabino rezó con todos los presentes la oración por los soldados, y se proyectó un vídeo de Guilad capturado pidiendo la liberación de su familia antes de que tomara la palabra Liviu Beris.

Menudo y achacoso pero aún enérgico, con gesto airado y decidido, Beris tomó el micrófono para recordar los años 30 de su niñez, cuando en los mítines de la extrema derecha rumana se gritaba “¡Judíos, idos a Palestina!”. Ahora basta recorrer Europa, la Europa que forzó al sionismo a millones de judíos indiferentes, para ver escrito lo contrario en miles de paredes de todas las capitales, dijo levantando un dedo acusador. “¡Judíos fuera de Palestina!”, qué macabra ironía histórica. Los aplausos más cálidos de la tarde interrumpieron la traducción al inglés que Simsensohn hacía para los no rumanos. Beris dijo que, como quienes fueron asesinados en el Holocausto, Guilad está secuestrado por ser judío, y levantó la voz para pedir a Europa y América, “a los países democráticos”, que rompan cualquier contacto con los terroristas. Lo contrario, clamó con emoción, es comportarse como Chamberlain lo hizo con Hitler –y pronunció el nombre del führer con perfecto acento alemán–. Fuertes aplausos interrumpieron de nuevo a Simsensohn.

Beris volvió a acercarse al micrófono para recordar que la de la existencia de Israel es “la primera batalla del mundo libre”, que si pierde Israel pierde Occidente y ganan sus enemigos. Esperó la traducción y bajó finalmente el tono. Se excusó por la dureza de sus palabras y la violencia de sus verdades y pidió que le comprendieran: hace mucho, siendo adolescente, Liviu Beris había pasado por la muerte.

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El 'Estado judío' y el racismo árabe http://elmed.io/el-estado-judio-y-el-racismo-arabe/ http://elmed.io/el-estado-judio-y-el-racismo-arabe/#comments Tue, 18 Jan 2022 08:49:08 +0000 http://elmed.io/?p=28484 Quienes se niegan a reconocer a Israel como Estado judío están de hecho admitiendo que no creen en su derecho a existir.

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Los palestinos y otros árabes andan furiosos porque Mansur Abás –miembro del Parlamento israelí, la Knéset, y líder de la Lista Unida– anunció que reconocía a Israel como Estado judío.

Abás ha sido denunciado como “traidor” y “sionista” por árabes que definen sus países y sistemas políticos como “árabes” o “islámicos”. Aducen que la idea de un Estado judío es “racista”, pero no parecen sentir lo mismo ante Estados abiertamente islámicos: la República Islámica de Irán, la República Islámica de Afganistán, la República Islámica de Pakistán, la República Islámica de Mauritania. 

Si los palestinos, así como los países árabes e islámicos, están tachando a Israel de racista porque quiere definirse como Estado judío, entonces también ellos son racista, pues insisten en definirse como “árabes” y “musulmanes”.

Mansur Abás debería recibir elogios por su reconocimiento público de Israel como Estado judío; pero no, lo que está recibiendo son amenazas. Procedentes de árabes y palestinos que jamás aceptarán la existencia de Israel o su consideración como Estado judío.

Israel nació como un Estado judío, esa fue la decisión del pueblo, y seguirá siendo un Estado judío”, dijo Abás.

Los palestinos alegan que una de las razones por las que se oponen a la idea de que Israel sea un Estado judío es que con ello se privaría a millones de refugiados palestinos de lograr el “derecho de retorno”. Dicho derecho consiste en inundar Israel con millones de palestinos y convertirlo en un Estado palestino, en el que los judíos vivirían como minoría bajo un régimen “árabe” e “islámico”.

Lo cual a su vez significaría que los palestinos acabarían teniendo dos Estados: uno en la Margen Occidental, la Franja de Gaza y el este de Jerusalén y otro que reemplazaría a Israel. Ahora bien, los palestinos ya cuentan con dos mini Estados: uno en la Margen, controlado por la Autoridad Palestina (AP), y otro en la Gaza gobernada por Hamás.

La AP fue de los primeros en manifestarse contra la idea de reconocer a Israel como Estado judío. Notablemente, es la misma AP cuyos líderes firmaron los Acuerdos de Oslo con Israel en 1993 y siguen diciendo que ya han reconocido el derecho de Israel a existir. Son también los mismos líderes que siguen hablando de su deseo de establecer un Estado palestino junto a Israel.

«La Presidencia palestina expresó su más firme rechazo e indignación ante las declaraciones del líder de la Lista Unida, Mansur Abás, en las que llamó al pueblo palestino a reconocer el Estado judío”, dijo la AP en un comunicado.

Esas declaraciones irresponsables están en consonancia con los llamamientos de los extremistas israelíes a desplazar a los palestinos y atentar contra el estatus de la bendita mezquita de Al Aqsa y la historia del pueblo palestino. Con esas palabras, Mansur Abás sólo se representa a sí mismo, no al pueblo palestino. Esas palabras entran en contradicción con la religión, la historia y el legado palestinos.

El comunicado de la cúpula palestina es engañoso y contiene una serie de inexactitudes y falsedades.

En primer lugar, Mansur Abás no “llamó” al pueblo palestino a reconocer a Israel. Simplemente destacó el hecho de que Israel “nació como un Estado judío” y que “seguirá siendo un Estado judío”.

Segundo: no hay conexión entre aceptar la identidad judía de Israel y [el estatus de] los santos lugares islámicos, incluida la mezquita de Al Aqsa, radicada en Jerusalén. Es más, desde 1967 Israel ha permitido a las autoridades religiosas islámicas tener control exclusivo sobre la mezquita y otros santos lugares islámicos de la ciudad.

Llamativamente, desde la reunificación, en el mismo 1967, Jerusalén se ha convertido en un refugio para la coexistencia y la revitalización de las manifestaciones religiosas y culturales de todos los credos. La libertad de culto en todos los santos lugares está garantizada para los fieles de las tres religiones monoteístas.

Según los propios palestinos, el pasado 31 de diciembre 50.000 musulmanes acudieron a la oración del viernes en Al Aqsa. ¿Cómo encaja eso con la denuncia de que la aceptación de Israel como Estado judío “atentaría contra el estatus de la bendita mezquita”? Nadie en Israel ha dicho jamás que quiera que los árabes y los musulmanes reconozcan a Israel como Estado judío para así poder negarles el acceso a la mezquita.

Curiosamente, la falsa acusación palestina de que Israel pretende “dañar” la mezquita de Al Aqsa se produce al tiempo que los palestinos han intentado en dos ocasiones meter fuego a la Tumba de José en Naplusa (Nablus), sólo porque la frecuentan feligreses judíos. Los ataques fueron abortados en el último momento por las fuerzas de seguridad palestinas, según se ha informado en la propia prensa palestina.

No sería la primera vez que los palestinos atacaran y vandalizaran el lugar. En varias ocasiones han atacado además a los fieles judíos y a los soldados que los escoltan.

En tercer lugar, la afirmación del liderazgo palestino de que el reconocimiento de Israel como Estado judío “entra en contradicción con la religión y la historia” debería ser analizado en el contexto de la negación palestina de cualquier presencia judía en Jerusalén. Hace bien poco volvió a incidir en ello el primer ministro de la AP, Mohamed Shtayeh:

Estamos en las afueras de la capital eterna, la joya de la corona, el punto donde se encuentran el cielo y la tierra. Jerusalén tiene antigüedades cananeas, romanas, islámicas y cristianas y es sólo de ellos, nadie más dejó rastro alguno en ella.

Interesantemente, mientras la AP dice que se opone con contundencia a la idea de que Israel sea un Estado judío, no tiene el menor problema en identificarse como “árabe” e “Islámica”.

Artículo 1 de la Ley Básica (constitución) Palestina: «Palestina forma parte del mundo árabe, y el pueblo palestino forma parte de la nación árabe”.

Artículo 4: «El islam es la religión oficial de Palestina. Los principios de la sharia islámica serán una fuente legislativa fundamental”.

En resumidas cuentas: los palestinos están diciendo que Israel no tiene derecho a considerarse un Estado judío, pero que ellos tienen todo el derecho del mundo a etiquetar a la AP como “árabe” e “islámica”.

Hamás, el movimiento islamista palestino que no reconoce el derecho de Israel a existir, también ha denunciado a Mansur Abás por reconocer a Israel como Estado judío:

Las declaraciones del miembro de la Knéset israelí [Mansur Abás], en las que expresó su reconocimiento del sedicente Estado judío, no es sino una clamorosa decantación por la narrativa sionista, una clara violación del consenso nacional palestino, que lo rechaza y denuncia.

Es la misma Hamás cuya carta fundacional está trufada de antisemitismo desembozado y de compromiso con la destrucción de Israel por medio de la yihad (guerra santa). Como la AP, Hamás quiere establecer un Estado palestino en el que la sharia sea fuente de legislación.

El artículo 11 de su carta fundacional dice:

El Movimiento de Resistencia Islámico cree que la tierra de Palestina es un ‘waqf’ islámico consagrado a las generaciones futuras hasta el Día del Juicio. No habría de ser desperdiciado en todo o en parte. No habría de ser entregado en todo o en parte (…) es la ley que rige en la tierra de Palestina en [línea con la] sharia islámica y lo mismo vale para todo territorio conquistado por los musulmanes mediante la fuerza, pues en tiempos de las conquistas [islámicas] los musulmanes consagraron esas tierras a las generaciones musulmanas hasta el Día del Juicio.

Y el 36, esto otro:

El Movimiento de Resistencia Islámico adopta el islam como forma de vida. El islam es su credo y religión. De quien tome el islam como forma de vida, sea una organización, una agrupación, un país o cualquier otro organismo, el Movimiento de Resistencia Islámico se considerará su soldado y nada más.

No son sólo los palestinos los que consideran el islam su “forma de vida”. Hay 56 países en los que el islam desempeña un papel relevante. Muchos de ellos lo tienen como religión de Estado. Las Constituciones de países como Egipto, Kuwait, Arabia Saudí, Siria, Túnez, Argelia, Omán y el Yemen los definen como Estados árabes en los que el islam es la religión oficial. Pero eso no impide a los 22 miembros de la Liga Árabe respaldar a los palestinos en su rechazo a la consideración de Israel como Estado judío.

Merece la pena tomar en consideración esta extrema hipocresía: los árabes (y los palestinos) siguen con su consolidada política de definir sus países como “árabes” e “islámicos”, pero niegan a Israel el derecho a referirse a sí mismo como lo que siempre ha sido: el Estado judío.

Esto no le viene bien a ningún proceso de paz entre los palestinos e Israel que la Administración Biden vaya a querer revivir.

Quienes se niegan a reconocer a Israel como Estado judío están de hecho admitiendo que no creen en su derecho a existir.

© Versión original (en inglés): Gatestone Institute
© Versión en español: Revista El Medio

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Desmontando la patraña del apartheid israelí http://elmed.io/desmontando-la-patrana-del-apartheid-israeli/ http://elmed.io/desmontando-la-patrana-del-apartheid-israeli/#comments Sat, 15 Jan 2022 06:28:57 +0000 http://elmed.io/?p=28481 La patraña del "apartheid israelí" fue pergeñada en Moscú durante la Guerra Fría y aventada incesantemente por una campaña soviética de propaganda.

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El mes pasado la Asamblea General de la ONU reafirmó su hostilidad implacable hacia uno de sus Estados miembros votando abrumadoramente –125 a 8, con 34 abstenciones– a favor de la financiación de una comisión de investigación (CI) inaudita del Consejo de Derechos Humanos (CDH) sobre los supuestos crímenes de guerra y abusos contra los derechos humanos que comete Israel. El contribuyente pagará unos alucinantes 5,5 millones de dólares para el presupuesto de sólo el primer año, más del doble del que dispone la comisión del CDH que investiga la guerra civil siria 

Desde su creación (2006), el CDH ha llevado a cabo 32 CI, un tercio de las cuales –concretamente, nueve– se han dedicado completamente a Israel. Pero esta que estamos comentando es la primera de alcance irrestricto y sin límite de tiempo. EEUU votó en contra aduciendo que “perpetúa una práctica en la ONU de singularizar injustamente a Israel”. Entre quienes se abstuvieron se contó Australia, cuyo representante dijo, con acostumbrada parquedad: “Nos oponemos al sesgo antiisraelí”.

Como temen EEUU y Australia, entre otros, es inevitable que Israel sea falsariamente condenado por “discriminar y reprimir sistemáticamente en base a la identidad nacional, étnica, racial o religiosa”, que es lo que dice la CI que demostrará.

Barrunto que la CI planea calificar explícitamente a Israel de “Estado [que practica el] apartheid”. La mentira recorrerá el mundo y alimentará por doquier el odio antisemita. Contribuirá a lo que el ministro de Exteriores israelí, Yair Lapid, describió recientemente como una discusión inminente, “inaudita en su ponzoña y radiactividad, en torno a la frase ‘Israel es un Estado apartheid’”.

La patraña del «apartheid israelí» fue pergeñada en Moscú durante la Guerra Fría y aventada incesantemente por una campaña soviética de propaganda hasta que arraigó en la ONU, Oriente Medio y Occidente, y comprendía la repetida comparación de Israel con Sudáfrica en los medios soviéticos y en textos como Sionismo y apartheid, publicación oficial de la Ucrania soviética.

Los estudiantes, ingenuos o perversos, que volverán a celebrar este año la venenosa Semana del Apartheid Israelí en universidades de todo el mundo cacarearán la misma propaganda soviética que evacuaron sus predecesores durante decenios. Como tantos otros israelófobos, recurrirán al mantra del apartheid pese a que Israel no puede ser considerado un Estado apartheid bajo ningún criterio racional. Y lo harán porque es un mensaje fácil de entender, perturba a la gente y la gana para la causa antiisraelí. Para eso lo idearon en Moscú.

La infamia del apartheid se enmarca en la mayor campaña de difamación de la historia, orquestada contra Israel desde el Kremlin durante muchísimos años, capitaneada por el KGB y dotada de los formidables recursos de los servicios de inteligencia soviéticos. Puede que sea la más exitosa campaña de desinformación de las muchas que perpetró la URSS. Y ahí sigue, cobrando fuerza cuando ya han pasado más de treinta años del colapso del Imperio comunista y cincuenta desde su concepción.

Merece la pena comprender cómo se originó y evolucionó ese plan perverso, no solo para contribuir a la defensa de Israel y los judíos en la guerra política que se libra contra ellos sino como caso de estudio a la luz de las campañas de desinformación que libran en estos momentos contra Occidente Estados autoritarios como el ruso, el chino y el iraní. Pero para hacerse incluso una somera idea hemos de hacer un poco de historia.

Cuando Israel fue restablecido, en 1948, tras la Resolución 181 de la Asamblea General de la ONU, en un primer momento quiso seguir una política de no alineamiento. Rodeado de enemigos, necesitaba apoyo económico y armamentístico tanto de EEUU y de la URSS como de sus respectivos aliados. Dado el influjo político del socialismo en aquel Israel, la cúpula soviética confiaba en que el nuevo país se inclinara hacia el comunismo y se alineara con la URSS, con lo que esta se vería reforzada en Oriente Medio y en su pugna general con Occidente. Una de las principales razones de Stalin para el rápido reconocimiento de Israel fue su intención de utilizarlo para socavar la hegemonía británica en la región mesoriental.

Pese a los notables esfuerzos soviéticos (abiertos y encubiertos) por atraerse a Israel, puede que fuera un empeño vano desde el principio. En cualquier caso, las presiones de la Guerra Fría en los años 50, así como consideraciones de política doméstica y su preocupación por el antisemitismo existente en la Unión Soviética, llevaron al primer ministro israelí David ben Gurión a alinear su país con Occidente, lo que quedó inicialmente de manifiesto en su apoyo a la intervención de la ONU en Corea comandada por EEUU,  contra los deseos de Moscú.

La participación israelí en la campaña de Suez de 1956 de la mano del Reino Unido y Francia no hizo sino agrandar la brecha, al punto de que el Gobierno soviético envió una carta a Jerusalén (así como a París y a Londres) en la que amenazaba con ataques coheteros y prometía apoyo militar directo al Ejército egipcio. 

La quiebra de las relaciones soviético-israelíes se agravó con las victorias defensivas de Israel contra los árabes en 1967 [Guerra de los Seis Días] y 1973 [Guerra del Yom Kipur]. Para aquel entonces, toda esperanza de que Israel se convirtiera en un cliente soviético se había evaporado. Los Ejércitos árabes patrocinados, adiestrados y equipados por la URSS habían sido humillados, al igual que la propia Moscú. Así las cosas, los soviéticos fueron desarrollando una política de socavamiento de Israel cuyo principal objetivo era utilizar al Estado judío como arma en su lucha –la Guerra Fría– contra EEUU y Occidente.

El Kremlin comprendió que los ataques convencionales contra Israel no darían fruto, así que se centró en utilizar a los árabes como peones terroristas: dirigió, entrenó, financió y armó a organizaciones como el Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP), el FPLP-Comando General (FPLP-CG), el Frente Democrático para la Liberación de Palestina (FDLP) y Fatah para perpetrar ataques contra Israel y contra objetivos judíos, que incluyeron sucesivas oleadas de secuestros de aviones.

Los soviéticos recurrieron a las mismas tácticas terroristas en todo el mundo, también en Europa, donde se valieron de peones como la Facción del Ejército Rojo (Banda Baader Meinhof). El detalle de las operaciones terroristas patrocinadas por Moscú, en Oriente Medio y otros lugares, se encuentra en 25.000 páginas de documentos del KGB copiados y sacados clandestinamente de Rusia a principios de los años 90 por el antiguo archivero de la propia KGB Vasili Mitrojin y ahora custodiados en el Churchill College de Cambridge.

El general Ion Pacepa, jefe de la inteligencia rumana, desempeñó un papel significativo en las operaciones del bloque soviético contra Israel y EEUU. En 1978 se convirtió en el oficial de inteligencia de más alto rango en desertar de la esfera soviética. Entre otras muchas revelaciones, Pacepa dio cuenta de las operaciones del KGB contra Israel. Así, declaró que el director de la inteligencia soviética Yuri Andropov (posteriormente sucesor de Breznev como secretario general del PCUS) le dijo:

Necesitamos instilar odio a los judíos en plan nazi por todo el mundo islámico, y convertir esa bomba de emociones en un baño de sangre terrorista contra Israel y su principal apoyo, los Estados Unidos.

La guerra de propaganda era un elemento importante en la campaña soviética contra Israel y EEUU en Oriente Medio. Andropov le dijo a Pacepa:

El Islam está obsesionado con impedir que los infieles ocupen su territorio, y sería altamente receptivo a nuestra caracterización del Congreso norteamericano como un rapaz organismo sionista que pretende convertir el mundo en un feudo judío.

En otras palabras: sabía que los árabes serían presas fáciles de su guerra de propaganda contra Israel y que estarían dispuestos a poner de su parte. Su labor sólo debería enfocarse, intensificarse y financiarse.

Para alcanzar esos objetivos, el Kremlin pergeñó la Operación SIG, una campaña de desinformación para “volver a todo el mundo islámico contra Israel y EEUU”. Pacepa informó de que para 1978, en el marco de la SIG, el KGB había enviado unos 4.000 “agentes de influencia” a los países islámicos. Asimismo, imprimieron y pusieron en circulación ingentes cantidades de propaganda antiisraelí y antijudía traducida al árabe. Empezando por los Protocolos de los Sabios de Sión, libelo antisemita que supuestamente revelaba los planes secretos de los judíos para dominar el mundo mediante la manipulación de la economía, el conrtrol de los medios y el avivamiento de los conflictos religiosos. Fue escrito por agentes de la policía secreta zarista y posteriormente utilizado por los nazis en su propaganda antisemita.

Además de movilizar a los árabes para la causa soviética, Andropov y sus colegas del KGB necesitaban apelar al mundo democrático. A tal fin, el Kremlin decidió convertir un conflicto que buscaba la mera destrucción de Israel en una causa por los derechos humanos y la liberación nacional frente a un ilegítimo ocupante imperialista apoyado por EEUU. Se pusieron a sustituir una narrativa de yihad religiosa –la doctrina islámica insta a que cualquier territorio que haya estado bajo control musulmán sea recuperado para el Islam– en una de nacionalismo laico y autodeterminación política, mucho más digerible para las democracias occidentales. Les procuraría cobertura para una perversa guerra terrorista, e incluso amplio respaldo.

Para ello, los soviéticos hubieron de crear una identidad nacional palestina hasta entonces inexistente y un discurso que negara a los judíos el derecho a la tierra y los pintara como agresores. Según Pacepa, el KGB creó la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) a mediados de los años 60, así como sedicentes ejércitos de liberación nacional en otras partes del mundo. Pacepa afirmó que la Carta Nacional Palestina, documento fundamental en la invención y establecimiento de una nacionalidad palestina artificial, se redactó en Moscú en 1964.

El texto inicial no reclamaba la Margen Occidental ni la Franja de Gaza para “Palestina”. En realidad, repudiaba explícitamente cualquier derecho sobre ellos reconociendo falsamente que eran territorios soberanos de Jordania y Egipto, respectivamente. En su lugar, lo que la OLP reclamaba era el resto de Israel. La corrección se produjo tras la guerra de 1967, cuando Israel expulsó a los ocupantes ilegales jordanos y egipcios; fue entonces que la Margen y la Franja fueron etiquetados por primera vez como territorios palestinos.

La primera mención a un “pueblo palestino” que remite a los árabes de Palestina aparece en la carta de 1964. Previamente, y sobre todo durante el Mandato de la Liga de las Naciones para Palestina (1919-1948), palestinos era un término comúnmente utilizado para aludir a los judíos residentes en en el territorio.

En 1977, Zuheir Mohsen, alto cargo de la OLP, admitió:

El pueblo palestino no existe. La creación de un Estado palestino es sólo un medio para proseguir nuestra lucha contra el Estado de Israel y en pro de nuestra unidad árabe (…) Sólo por razones políticas y tácticas hablamos hoy en día de la existencia de un pueblo palestino, dado que los intereses nacionales árabes exigen que planteemos la existencia de un ‘pueblo palestino’ diferenciado que se oponga al sionismo. Sí, la existencia de una identidad palestina separada existe sólo por razones tácticas.

Esta realidad ha sido públicamente respaldada, a veces de forma inadvertida, por otros dirigentes palestinos. En el libro de 1984 Arafat: A Political Biography, de Alan Hart, el propio Arafat declara:

El pueblo palestino no tiene identidad nacional. Yo, Yaser Arafat, hombre del destino, le dará esa identidad por medio del conflicto con Israel.

Moscú llevó por primera vez a la ONU su campaña para señalar a los judíos israelíes como opresores de su inventado “pueblo palestino” en 1965. Sus intentos de calificar al sionismo como racismo fracasaron entonces, pero tuvieron éxito casi una década después, en la infame Resolución 3379 de la Asamblea General. La afirmación de que “el sionismo es una forma de racismo y discriminación racial” fue revocada por presiones norteamericanas en 1991, pero desde entonces ha cobrado gran tracción y es citada con frecuencia por los agitadores antiisraelíes de hoy en día.

Los documentos de Mitrojin muestran que tanto Yaser Arafat como su sucesor al frente de la OLP y de la Autoridad Palestina, Mahmud Abás, fueron agentes del KGB. Ambos fueron instrumentales en las operaciones de desinformación y en las campañas terroristas de la inteligencia soviética.

Egipto mediante, la URSS instaló a Arafat como líder de la OLP en 1969, y le siguió respaldando en la querella interna que se produjo en la OLP luego de su expulsión de Jordania, en 1970. Según Pacepa,

en 1969 el KGB pidió a Arafat que declarara la guerra al ‘imperialismo sionista’ americano (…) A Arafat le fascinó tanto, que posteriormente dijo haber inventado el grito de batalla imperial-sionista. Pero lo cierto es que ‘imperial-sionismo’ fue una invención moscovita, una adaptación moderna de los ‘Protocolos de los Sabios de Sión’ y una herramienta predilecta de la inteligencia rusa para fomentar la discordia étnica. El KGB siempre vio el antisemitismo y el antiimperialismo como una rica mina de antiamericanismo.

Moscú había asignado a Rumanía la misión de apoyar a la OLP, y Pacepa fue el responsable de Arafat durante su carrera en el KGB. En los años 70 le dio 200.000 dólares al mes en dinero blanqueado. Asimismo, le facilitó la relación con el presidente rumano Nicolae Ceaucescu, un genio de la propaganda que se impuso la labor de enseñarle a embaucar a Occidente. Por sus tratos con Washington, Ceaucescu le dijo a Arafat en 1978: “Lo único que tienes que hacer es fingir, una y otra vez, que vas a romper con el terrorismo y reconocer a Israel”.

El consejo de Ceaucescu se vio reforzado por el que le dio el general comunista norvietnamita Vo Nguyen Giap, con quien Arafat se reunió en varias ocasiones: “Deja de hablar de aniquilar a Israel y en su lugar convierte tu guerra terrorista en una lucha por los derechos humanos. Entonces, los americanos comerán de tu mano” (v. David Meir-Levi, History Upside Down: The Roots of Palestinian Fascism and the Myth of Israeli Aggression).

En un documento de los Archivos Mitrojin se lee: «Krotov [el alias de Mahmud Abás] es un agente del KGB». El servicio soviético de inteligencia definía agente como alguien que “lleva a cabo encargos de inteligencia de manera consistente y sistemática manteniendo contacto secreto con un oficial de la agencia”.

Abás fue utilizado por el KGB para, por ejemplo, diseminar propaganda en la que se acusaba al “imperialismo occidental” y al “sionismo” de cooperar con los nazis. Abás estudió en una universidad moscovita controlada por el KGB a principios de los 80. Allí, bajo supervisión de un profesor que posteriormente se convirtió en un importante política comunista, Abás escribió una disertación doctoral en la que negaba el Holocausto y acusaba a los sionistas de ayudar a Hitler.

Abás está ahora entrando en el 18º año de su mandato como presidente de la Autoridad Palestina, para el que fue elegido por sólo cuatro. Como su predecesor, Arafat, su rechazo permanente a toda oferta de paz con Israel, al tiempo que habla de paz y promueve el terrorismo, da cuenta de la influencia de sus maestros soviéticos.

La campaña de desinformación del KGB alteró la imagen de Israel, que pasó de actor regional indefenso rodeado de poderosos enemigos a odiado opresor colonialista del zaherido pueblo palestino, relato que sigue teniendo la misma fuerza.

Mientras, el movimiento palestino creado por Moscú es, en palabras del historiador americano David Meir-Levi, «el único movimiento nacional de autodeterminación política del mundo y de la historia que tiene como única razón de ser la destrucción de un Estado soberano y el genocidio de un pueblo”. Sigue siendo explícito en la carta de Hamás, pero está más oculto en las manifestaciones de la Autoridad Palestina de Mahmud Abás, con su influjo soviético, especialmente en las dirigidas a Occidente.

La campaña de Moscú se vio notablemente socavada en 2020 por el acercamiento entre Israel y varios Estados árabes. La lección aquí remite a la importancia de la disposición política americana a hacer frente a la propaganda autoritaria, que llevó a los determinantes Acuerdos de Abraham, que han cambiado las tornas. Si ese proyecto hubiera sido vigorosamente perseguido tras su éxito inicial, quizá habría conducido al colapso del proyecto palestino ideado por la URSS y a una forma de paz entre Israel y los árabes palestinos. Algo que quizá se podría conseguir si EEUU volviera a mostrar determinación.

Entre tanto, la votación de diciembre en la Asamblea General de Naciones Unidas y la determinación del Consejo de Derechos Humanos a etiquetar a Israel como Estado racista practicante del apartheid muestran que la narrativa soviética de la Guerra Fría sigue viva y coleando. La mayoría de las naciones occidentales siguen servilmente siguiendo el libreto soviético.

Así, Gran Bretaña, ya aliada con los Estados árabes contra Israel por el petróleo y por el antisemitismo de influyentes políticos y funcionarios, estuvo más que dispuesta desde el principio a tragarse de cabo a rabo la invención soviética de una lucha entre el nacionalismo palestino y el opresor judío. Hoy no escucharás ninguna declaración sobre Israel en boca de ningún funcionario o ministro que no se haga eco de la posición soviética.

La creciente erosión popular del apoyo a Israel en los EEUU, alentada por los medios, y las supurantes divisiones que causa son evidencia del éxito de la fantasmagoría soviética frente a su gran objetivo: América.

Las principales víctimas, con todo, vienen siendo los árabes palestinos, cuyas vidas han empeorado; y los judíos de la diáspora, que sufren un antisemitismo inconmensurable basado en la propaganda puesta en circulación por la URSS. Lo primero puede que no fuera buscado pero no le ha preocupado a Moscú; lo segundo, por supuesto que era parte del plan.

Sin duda, Israel ha pagado un alto precio por el terrorismo y la propaganda inspirados por el KGB, pero ha sobrevivido y florecido aun bajo esa enorme presión. El general norvietnamita Giap, que como hemos visto aconsejó una vez a Arafat, tiene una explicación al respecto, como recuerda el doctor Eran Lerman, ex viceconsejero de seguridad nacional de Israel. Decía Giap:

Los palestinos siempre vienen aquí y me dicen: “Vosotros expulsasteis a los franceses y a los americanos. ¿Cómo hacemos para expulsar a los judíos?”. Yo les digo que los franceses se volvieron a Francia y los americanos a América. Pero los judíos no tienen a dónde ir. Así que no vais a expulsarlos.

© Versión original (en inglés): Gatestone Institute
© Versión en español: Revista El Medio

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EEUU: los Acuerdos de Abraham ya tienen caucus en el Congreso http://elmed.io/eeuu-los-acuerdos-de-abraham-ya-tienen-caucus-en-el-congreso/ http://elmed.io/eeuu-los-acuerdos-de-abraham-ya-tienen-caucus-en-el-congreso/#comments Tue, 11 Jan 2022 09:08:57 +0000 http://elmed.io/?p=28477 Cuatro republicanos y cuatro demócratas unen fuerzas para promover la histórica iniciativa.

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Los Acuerdos de Abraham, que tienen el objetivo de normalizar las relaciones entre Israel y el mundo árabe, ya tienen un caucus que vele por su promoción en el Congreso de los Estados Unidos; un caucus bipartisano del que se han hecho responsables cuatro senadores, dos republicanos (James Lankford y Joni Ernst) y dos demócratas (Jacky Rosen y Cory Booker) y cuatro miembros de la Cámara de Representantes, de nuevo dos republicanos (Cathy McMorris y Ann Wagner) y dos demócratas (David Trone y Brad Schneider).

En solo un año, los Acuerdos de Abraham han transformado Oriente Medio con su contribución a la paz y la estabilidad regionales, promoviendo los intereses de EEUU y reforzando la seguridad de Israel”, ha afirmado la demócrata Rosen. “El caucus trabajará sobre este logro procurando liderazgo bipartisano al fortalecimiento de las alianzas existentes y ampliando el círculo de la paz a nuevos países”.

Por el momento, al albur de los Acuerdos de Abraham –promovidos por Donald Trump y Benjamín Netanyahu– se han suscrito acuerdos de paz o de normalización de relaciones diplomáticas entre Israel y Emiratos, Baréin, Sudán y Marruecos.

La creación del caucus norteamericano ha sido celebrada por el que ya funciona en el Legislativo israelí (Knéset), que cuenta con 30 miembros, pertenecientes a 12 de los 13 partidos de la Cámara (sólo falta la Lista Conjunta árabe –la otra formación árabe, la Lista Unida de Mansur Abás, sí tiene un representante–). “Aprecio profundamente el apoyo procedente de EEUU y me congratulo del establecimiento de un caucus hermano en América, con el que podremos desarrollar marcos de trabajo para la cooperación regional”, ha afirmado una de sus componentes, Ruth Wasserman Lande, del partido Azul y Blanco, miembro de la coalición gobernante en el Estado judío.

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El multimillonario que cuidó de Israel y de los judíos http://elmed.io/el-multimillonario-que-cuido-de-israel-y-de-los-judios/ http://elmed.io/el-multimillonario-que-cuido-de-israel-y-de-los-judios/#comments Mon, 10 Jan 2022 15:41:53 +0000 http://elmed.io/?p=28472 Sheldon Adelson ocupa ya un lugar de honor en los anales de la historia judía.

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Cada época tiene su propia mitología sobre los que amasan una gran riqueza. En el siglo XXI, la narrativa prevaleciente se centra en los nerds que se han hecho de oro por su pericia tecnológica. Los oligarcas de las Big Tech que se han abierto paso en la lista Forbes de multimillonarios son envidiados y temidos. Pero, con muy escasas y llamativas excepciones, su estilo de vida cool, su progresismo político y sus donaciones a causas de moda y políticamente correctas generalmente les protegen de los peores castigos que la cultura pop inflige a los famosos. Los nerds multimillonarios pueden ser a veces objeto de mofa, pero los que llevan la voz cantante, la clase parlante, les siguen ensalzando por financiar las causas que defienden.

No fue el caso de Sheldon Adelson. El magnate de los casinos, que falleció el año pasado a los 87, fue como una vuelta a los cuentos clásicos de los pobres que se convierten en ricos. Mayormente será recordado no tanto por cómo hizo su fortuna, sino por qué hizo con ella.

Incluso un año después, su nombre sigue en boca tanto de sus críticos como de quienes comprenden qué significó para Israel y para el pueblo judío.

Su fallecimiento fue celebrado con un torrente de dicterios por parte de los progresistas, tanto en EEUU como en Israel; dicterios propios de cuando quien muere es un político controvertido. Junto con su esposa, la doctora Miriam Adelson, aportó más a las causas judías que ningún otro filántropo en las primeras décadas del presente siglo. De hecho, su impacto en el mundo judío de los últimos decenios ha sido tal que cuesta calibrarlo debido a la omnipresencia de su liderazgo y obra filantrópica.

En vez de ser recordado principalmente por esto, tras su fallecimiento los medios se centraron en el dinero que gastó en ayudar a candidatos republicanos que veía como amigos de Israel. Adelson se sirvió del acceso que le brindó su riqueza para cabildear no sólo en el Congreso sino ante presidentes y primeros ministros, con un disimulado afán por atraérselos en todo lo relacionado con la seguridad de Israel.

A diferencia de la mayoría de los multimillonarios, rehuyó las causas de moda y políticamente correctas, como las asociadas con el medioambiente y el calentamiento global. Es más, mostró poco interés en ser uno más de la élite cool y fashion, como tantos otros de la lista Forbes.

Si bien hizo generosas aportaciones a una pluralidad de entidades sanitarias, el gran objeto de su interés como donante fueron Israel y la vida judía. Adelson era un sionista tradicional que creía en el derecho a la tierra del pueblo judío, y quería que ese derecho fuese respetado por el aliado americano. Lo que significó que, junto a muchas otras causas judías no políticas, benefició a instituciones ligadas con el nacionalismo y la derecha judíos. Vilipendiado por una casta mediática israelí tan escorada a la izquierda como la norteamericana, respondió financiando un periódico gratuito –Israel Hayom– que no sólo rompió el monopolio progresista en dicho campo sino que se convirtió en el más leído del país. En el mismo espíritu, fue un patrocinador temprano de JNS.

Por todo ello, fue odiado de una manera que en parte remite a la obsesión que tiene la derecha con George Soros, el financiero judío multimillonario que ha gastado aún más dinero que Adelson en política, en su caso para hacer avanzar causas izquierdistas, incluidas las que se oponen fervientemente a los intereses judíos y a Israel.

Aun así, la posición que ocupó Adelson era única. Aunque su dedicación a emprendimientos judíos contó con un amplio respaldo de la mayoría de la comunidad –como el programa Birthright Israel, que ha brindado estancias gratuitas en Israel a cientos de miles de jóvenes judíos norteamericanos–, no tuvo parangón entre otros donantes más centristas, y mucho antes de su fallecimiento se había convertido en el símbolo de los donantes conservadores determinados a seguir su curso y en el más prominente ejemplo de lo que los enemigos de Israel ven como la siniestra manera en que los judíos compran influencia en Washington.

La cosa política hace que se desdibuje algo más básico. Y es que, a diferencia de prácticamente todos sus contemporáneos, Adelson estaba dispuesto a adentrarse en los pasillos del poder y hablar en defensa de sus ideas en situaciones en las que otros quizá recularan. Claramente se veía como alguien con una posición, asegurada por su buena fortuna en los negocios, desde la que podía hacer algo más que seguir la corriente. De ahí que se granjeara críticas, pero a la vez consiguió para los judíos –se mostraran agradecidos o no– tanto como cualquier otro gran filántropo de la historia de su pueblo, o incluso más.

Además de encarnar el espíritu emprendedor que encontramos en tantas otras trayectorias judías de éxito en el mundo de los negocios, Adelson poseía la típica mentalidad del judío americano de posguerra cuya identidad etno-religiosa giraba en torno a la recordación del Holocausto y la defensa de Israel. De hecho, le gustaba recordar que en su primer viaje a Israel –que tuvo lugar cuando ya era rico– llevó los zapatos de su padre, para de alguna manera cumplir el incumplido sueño de ese pobre hombre de visitar un día Tierra Santa.

Fue su segundo matrimonio (1991), con Miriam, una médico israelí especializada en el tratamiento de adicciones, lo que le hizo centrarse en el activismo y la política sionistas. Desde entonces, el Estado judío absorbió su interés, y a él dedicó su riqueza, de forma tal que alteró sustancialmente el curso de la política israelí y norteamericana.

La lista de instituciones israelíes y judías a las que patrocinó es muy larga. Su generosidad, en forma de una donación estimada en 140 millones de dólares, permitió al proyecto Birthright expandirse hasta convertirse en una suerte de derecho prácticamente universal de los jóvenes judíos norteamericanos a viajar a Israel. También fue uno de los principales mecenas del Yad Vashem World Holocaust Remembrance Center, y financió hospitales y escuelas judíos en todo EEUU.

Pero no se conformó con donar a entidades benéficas. Contrario a que EEUU ejerciera presión sobre el Estado judío para que hiciera concesiones que su pueblo consideraba peligrosas para su propia seguridad, fue uno de los principales donantes republicanos al tiempo que el GOP completó su transformación en un partido decididamente proisraelí.

Si sus contribuciones a causas filantrópicas fueron de una escala épica, no en vano sus donaciones fueron de cientos de millones de dólares, su implicación en la política fue de la misma magnitud. Sus donaciones a candidatos pro israelíes y conservadores del Partido Republicano fueron generosas y estratégicas. Con el tiempo, eso significó que acabó rechazando el enfoque adoptado por Aipac. El lobby proisraelí era rigurosamente bipartidista porque lo que pretendía era mantener el apoyo al Estado judío entre un amplio espectro del mundo político norteamericano. Sin embargo, eso significaba mantener el apoyo a demócratas progresistas que traicionarían los intereses de la comunidad proisraelí apoyando el peligroso programa nuclear iraní, por ejemplo.

Adelson apostaba por una intervención más directa en la política. Apoyaba a quienes consideraba que eran amigos leales en la causa que le preocupaba y cortaba con quienes creía que no lo eran. Lo que eventualmente le llevó romper con el modelo Aipac y dar su espaldarazo al Israel-American Council, más conservador.

Su disposición a apoyar a Donald Trump en 2016, cuando la mayoría de los grandes donantes norteamericanos no quisieron hacerlo luego de que aquél se asegurara la candidatura del GOP, se reveló especialmente determinante. Adelson donó cientos de millones a cantidad de candidatos a lo largo de los años, pero ninguna de esas donaciones fue tan significativa como su respaldo a Trump. Puede que sus actividades durante la campaña de 2016 no fueran lo que produjo la victoria de Trump, pero el caso es que el triunfo del neoyorquino le hizo a Adelson ganar acceso, y lo utilizó como era de esperar: para abogar abiertamente por la adopción de políticas proisraelíes.

El alineamiento de Trump con Israel se produjo por una serie de razones, entre las que se cuentan el sentir de numerosos judíos de su círculo más cercano, el apoyo de los evangélicos y la hostilidad del 45º presidente hacia la casta de la política exterior. El empeño de Adelson en que se trasladara la embajada de EEUU de Tel Aviv a Jerusalén, así como en otros asuntos benéficos para Israel, no debería ser desechada. Aunque el mérito no fue sólo suyo, se trató en no poca medida de un tributo a su disposición a usar su influencia para lo que él –y la mayoría de los israelíes y de los judíos norteamericanos proisraelíes– consideraba que era lo correcto. El hecho de que Adelson comprara la propiedad que sirvió como residencia del embajador en Herzliya por 67 millones de dólares –récord para una vivienda particular en Israel–, para hacer aún más difícil a un futuro presidente revertir la decisión de Trump, dice mucho sobre su disposición a no escatimar recursos en todo aquello que considerase lo mejor para el pueblo judío.

Los fondos que destinaba a los republicanos y a los asentamientos, por ejemplo los dedicados a financiar la Facultad de Medicina de la Universidad de Ariel, le hicieron objeto de especial inquina entre los judíos de izquierdas y los gurús progresistas. En una época en que la mayoría de los grandes donantes judíos han adoptado la mentalidad de la mayoría de los judíos no ortodoxos y se concentran en las causas progresistas más que en las tradicionalmente sionistas, Adelson fue la excepción que se tornó decisiva. Cuando los antisionistas y los izquierdistas bramaron tras su fallecimiento, dieron rienda suelta a su resentimiento ante la forma en que Adelson valoraba el trasnochado paradigma de la solidaridad con Israel y su seguridad.

En este sentido, el legado de Adelson no puede medirse sólo por los dólares que canalizó a causas judías o a los candidatos proisraelíes que respaldó. En un tiempo en que las instituciones judías norteamericanas corren peligro por el cambio demográfico, financió programas como Birthright, que mantuvieron con vida a una comunidad en decadencia. En política, su devoción por la idea de que se ha de permitir a Israel decidir su propio destino, no imponérselo desde EEUU, se tradujo en políticas que esencialmente permitieron que aquélla prevaleciera, al menos mientras Trump estuvo en la Casa Blanca.

Un año después de su muerte, merece la pena recordar el ejemplo de Adelson no solo por lo que hizo, sino porque apuntó a la necesidad de que otros potentados judíos sigan sus pasos en lo relacionado con la defensa de la identidad y con la persecución abierta de los intereses de su propio pueblo y del Estado judío.

Como los magnates judíos que intercedieron por sus comunidades en épocas peligrosas del pasado, Adelson exhibió el coraje que le conferían sus convicciones, lo que le hizo impopular ante quienes desprecian a los conservadores a los que respaldaba, el papel que desempeña el dinero en la política, el uso de donaciones para promover los intereses de Israel e incluso el impacto de la filantropía americana en la sociedad israelí. Sea como fuere, y más que ningún otro miembro de su generación, Sheldon Adelson fue fiel a las obligaciones que el judaísmo impone tanto al uso de la riqueza como al deber de solidaridad para con los demás judíos. No fue un multimillonario de moda más, pero sus obras le hicieron merecedor de un lugar de honor en los anales de la historia judía.

© Versión original (en inglés): JNS
© Versión en español: Revista El Medio

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Otro aniversario de la moderadísima Fatah: raro silencio mediático http://elmed.io/otro-aniversario-de-la-moderadisima-fatah-raro-silencio-mediatico/ http://elmed.io/otro-aniversario-de-la-moderadisima-fatah-raro-silencio-mediatico/#comments Fri, 07 Jan 2022 15:51:20 +0000 http://elmed.io/?p=28469 La facción de Mahmud Abás es tan antisionista como los islamistas de Hamás.

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Hace poco fue el 57º aniversario de Fatah, la organización mayoritaria dentro de la OLP, que lidera Mahmud Abás –el perenne presidente, o autócrata, de la Autoridad Palestina; cuyo mandato de 4 años finalizó en 2009–. Raro es que, tan dados a las efemérides palestinas –es decir, a toda oportunidad de repetir su narrativa–, la gran mayoría de los medios de comunicación en español lo hayan pasado por alto. 

El 57º aniversario no de su fundación, sino de su primer ataque contra Israel, en 1965.

El 30 y el 31 de diciembre, informó el Middle East Media Research Institute (Memri), tuvieron lugar concentraciones masivas para celebrar dicha efeméride. Extraño que los medios no informaran sobre tal muestra de unidad, de apoyo al liderazgo… En ellas “destacaron los activistas armados y enmascarados del ala militar de Fatah, las Brigadas de los Mártires de Al Aqsa, a pesar de que la Autoridad Palestina las ilegalizó hace casi 15 años, en 2007”. ¿Quizás este despliegue tan poco moderado, como se pretende son Fatah y el propio Abás, afeaba el marco en el que se quiere mostrar el conflicto? Extraño, tan diestros como se muestran a menudo esos mismos medios en la selectiva omisión y el igualmente focalizado encumbramiento y validación del relato –esa suerte de dogma épico y victimista– del liderazgo palestino…

Memri añadía que en las concentraciones había “activistas que llevaban modelos de cohetes y agitaban carteles de terroristas de Fatah”, y que “participaron niños pequeños, algunos de ellos también enmascarados y con armas”. Otra vez, nada que no hubieran ocultado antes los medios. De hecho, la utilización de menores por parte del liderazgo palestino es sistemática en la amplia mayoría de las coberturas del conflicto. Los niños aparecen únicamente como quieren los mandamases palestinos: como propaganda de ese relato sencillo –aunque no menos eficaz, puesto que se dirige a las emociones fáciles: las que ponen al receptor en la burda y maniquea disyuntiva de tener que elegir entre el mal y el bien. 

Los discursos no fueron menos elocuentes que esas demostraciones de concordia, moderación y voluntad de paz. Pero tampoco han mezquinado silencios los medios a las palabras de los líderes palestinos que dicen para sus conciudadanos lo que realmente piensan sobre el conflicto y, sobre todo, sobre su solución. El moderado Abás lo aclaraba en una carta (2012) dirigida a los residentes de Gaza: 

Nuestra tierra fue conquistada y no es territorio en disputa, y esto es así para toda la tierra que Israel conquistó antes de junio de 1967.

Es decir, Israel no tiene derecho a existir… Esa es la visión del liderazgo palestino. De Fatah y de Hamás; lo mismo da. 

Después de todo, la Constitución de Fatah habla (artículo 12) de la “completa liberación de Palestina” y de “la erradicación de la existencia económica, política, militar y cultural sionista”, y proclama (art.8) que la “existencia de Israel en Palestina es una invasión sionista”.

Pero también esto, tan relevante para comprender el conflicto –y las consecuentes reiteradas negativas palestinas a aceptar acuerdos de paz, ofertas de estadidad–, han silenciado los medios, sin ruborizarse lo más mínimo. Vamos, que si, por acallar, al final del día es más lo que ocultan que lo que muestran, cuentan de realidad – no de ese producto adulterado que, además, presentan ante sus audiencias con la prepotencia de quien está estableciendo una posición moral.

Muy raro, pues, olvidar una oportunidad más de escribir las palabras resistencia, ocupación, pueblo y causa palestina; sufrimiento, refugiado y, claro, apartheid. Si, total, por manosear, banalizar, tergiversar, por falsificar, que no quede. No es que nadie vaya a afearles la práctica. Extraño, entonces. Muy extraño. A ver si para el próximo año nos regalan el trágico circo de contorsionismos éticos, el juego de sombras que oculta la utilización de menores; los afeites que ya le gustarían al payaso más pintado, con que ocultan los verdaderos fines de los líderes palestinos. En definitiva, otro numerito de la denigración de la profesión que tanto dicen defender.

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La Estrella de David y la bandera de Marruecos: Acuerdos de Abraham http://elmed.io/la-estrella-de-david-y-la-bandera-de-marruecos-acuerdos-de-abraham/ http://elmed.io/la-estrella-de-david-y-la-bandera-de-marruecos-acuerdos-de-abraham/#comments Tue, 04 Jan 2022 11:18:58 +0000 http://elmed.io/?p=28464 Qué no diría Bob Dylan de todo esto.

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En un artículo sobre los orígenes de la Estrella o el Escudo de David, leí que hasta 1945 había formado parte de la bandera de Marruecos y que, cuando el Sello de Salomón o Jatam Suleimán (así prefieren llamarlo en el mundo islámico) pasó a convertirse en “el emblema del movimiento sionista”, el país norteafricano optó por sustituirlo por la estrella de cinco puntas, pentagrama que simboliza los cinco pilares del islam.

¿El Maguén David en la bandera del reino del Comendador de los Creyentes? Me sorprendí, me extrañé, me puse a investigar y resultó que

– no: el Marruecos moderno (est. 1956) ha tenido siempre la misma bandera, de color rojo alauita con su referida estrella de cinco puntas de color verde islam;

– sí: el Maguén David/Sello de Salomón/Jatam Suleimán ha sido profusamente utilizado como símbolo en lo que actualmente conocemos como Reino de Marruecos. Sirva como ejemplo esta moneda de 100 francos de cuando el Imperio Jerifiano había de conformarse con ser un protectorado francés. O estos sellos del Protectorado Español, que harán cortocircuitar a más de muchos. O la bandera de la fantasmagórica República del Rif, que volvió a ondear hace solo unos años en una serie de protestas populares que tuvieron lugar en Alhucemas; 

y que

– si no era vero que el antisionismo fuera la causa de ese cambio de bandera que no se produjo, desde luego estaba ben trovato. Porque también la israelofobia ha causado estragos en Marruecos. Así, en 2009 el diario Ajbar al Yum fue clausurado por publicar esta viñeta, en la que la bandera nacional era ultrajada por una estrella davidiana que la israelizaba. Y en 2015 a la judeo-bereber Jama Mejtaly le censuraron su obra Bandera marroquí revisitada por, de nuevo, haber incluido en ella el símbolo que desde 1948 todo el mundo asocia con el Estado de Israel. “Hablamos mucho de pluralismo y tolerancia en Marruecos, pero no se refleja en la realidad ni en la escuela pública”, se lamentó/denunció la joven artista, que finalmente, y tras ser amenazada con la cárcel, retiró el cuadro de la exposición de la que formaba parte. Pero no el título, que siguió ahí cuando la pared se quedó en blanco.

***

Cinco años después, diciembre de 2020, Jama Mejtaly ya no es que no anduviese escondiendo su cuadro sino que lo exhibía nada menos que en Dubái, Emiratos, nada menos que en compañía de la vicealcaldesa de Jerusalén, la judía sefardí Fleur Hasán-Nahum, miembro muy relevante del Likud de Benjamín Netanyahu, gran artífice junto con Donald Trump de los Acuerdos de Abraham, que pretenden poner fin a la marginación de Israel en el mundo árabe y que cuenta entre sus firmantes a Emiratos y a Marruecos.

Apenas un año después, enero de 2022, la concienciada Jama Mejtaly anda organizando seminarios para una “cooperación israelo-marroquí sostenible y exitosa”.

Qué no diría Bob Dylan de todo esto.

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El mejor lugar para un árabe – ¿Es de fiar (Mansur) Abás? http://elmed.io/el-mejor-lugar-para-un-arabe-es-de-fiar-mansur-abas/ http://elmed.io/el-mejor-lugar-para-un-arabe-es-de-fiar-mansur-abas/#comments Mon, 03 Jan 2022 13:35:53 +0000 http://elmed.io/?p=28462 "Son muy buenas noticias para un Oriente Medio que está cambiando".

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Basem Eid, activista por los derechos humanos despreciado por tanto activista por los derechos humanos, lo ha vuelto a hacer. Ha vuelto a escribir un artículo provocador desde el mero título, “Israel, el mejor lugar para ser árabe”, que soliviantará a la goebbelsiana horda israelófoba y en el que celebra que cada vez sean más los árabes israelíes que se identifican como tales (el 53%, según una encuesta realizada en 2019 que cita en el texto) o simplemente como israelíes (23%), en vez de como palestinos o como nacionalistas árabes cordialmente comprometidos con la aniquilación del único Estado judío del planeta. Tanto o más celebra Eid que, según una encuesta mucho más reciente –de hecho, del mes pasado–, los residentes árabes de la parte oriental de Jerusalén –que no tienen nacionalidad israelí pero sí permiso de residencia– se muestren abrumadoramente partidarios de que la ciudad siga en manos israelíes –nada menos que un 93% de los consultados–.

“Son muy buenas noticias para un Oriente Medio que está cambiando”, se alboroza Eid, enemigo jurado de los enemigos de la normalización de la región y de quienes, como los defensores del BDS antiisraelí, apuestan al cuanto peor (para Israel), mejor, aunque los grandes damnificados sean los palestinos, sus pretendidos objetos de protección. “Un Israel en el que los árabes se sientan empoderados es un cosa bien poderosa. Cuando los musulmanes y los judíos coexisten en paz, la región gana”, sentencia, para finalmente confiar en que Israel sea cada vez más “un lugar en el que los hijos de Isaac y los de Ismael trabajen y vivan en paz”.

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En este contexto, las históricas declaraciones del líder islamista Mansur Abás a cuenta del indefectible carácter judío del Estado de Israel fueron recibidas con escandalizada furia en el campo antisionista del sector árabe-israelí (hasta ahora absolutamente hegemónico entre su dirigencia política) y en el palestino (sin distinción posible entre la también islamista Hamás y la supuestamente laica y supuestamente moderada Autoridad Palestina). Y, para sorpresa de no pocos, con tremendo escepticismo en determinados ambientes políticos israelíes. A la influyente Caroline Glick la interpelé directamente en Twitter al respecto, sabedor de que poco antes había escrito un artículo demoledor sobre/contra Abás, elocuentemente titulado “El lobo vestido con piel de cordero del Parlamento israelí”, y me respondió que seguía desconfiando del líder del partido Raam: “No puedo sino preocuparme cuando un dirigente de la Hermandad Musulmana dice algo bonito”, tuiteó, junto con una pista en forma de etiqueta: #taqiya. Mediante la taqiya, los musulmanes están autorizados a ocultar o disimular su fe en caso de grave riesgo o amenaza. O de cálculo político, añadiría Glick, cuya respuesta tuitera recibió a su vez una respuesta, no menos digna de interés: “Puede que [las declaraciones de Abás sobre la judeidad de Israel] no den cuenta de sus verdaderos pensamientos y objetivos, pero la expresión de esas ideas en público puede ser útil como herramienta para hacer frente a los deslegitimadores [de Israel]”, adujo el usuario Menaseh ben Israel. “Y probablemente contribuya a dar voz a posiciones equivalentes y más auténticas de ciudadanos árabes leales al Estado”.

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La solución de los dos Estados está muerta… y no la mató Israel http://elmed.io/la-solucion-de-los-dos-estados-esta-muerta-y-no-la-mato-israel/ http://elmed.io/la-solucion-de-los-dos-estados-esta-muerta-y-no-la-mato-israel/#comments Mon, 03 Jan 2022 11:47:50 +0000 http://elmed.io/?p=28460 El golpe de Hamás en Gaza (2007) selló su destino.

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A primeros de diciembre Israel pospuso un gran proyecto inmobiliario en Atarot, al norte de Jerusalén, donde en tiempos hubo un asentamiento judío. La idea era habilitar 9.000 viviendas para la comunidad haredí. El parón se decidió luego de una conversación entre el primer ministro israelí, Naftalí Bennett, y el secretario de Estado de EEUU, Antony Blinken.

Puede que la presión norteamericana sobre Atarot, que se encuentra más cerca de Ramala que de Jerusalén, tuviera como objetivo mantener la viabilidad de la solución de los dos Estados. No obstante, esa posibilidad no es más que un espejismo. La Administración Biden sabe perfectamente que la solución de los dos Estados feneció en 2007, cuando Hamás se hizo con la Franja de Gaza. No fue Israel ni el movimiento colono en Judea y Samaria los que la dejaron moribunda.

En todo caso, EEUU tiene más responsabilidad en la defunción de la misma que cualquier funcionario israelí o que los colonos. 

La Administración de George W. Bush, embelesada por el sueño neocon de democratizar Oriente Medio, presionó a Israel y a la Autoridad Palestina (AP) para que en 2006 hubiera elecciones al Consejo Legislativo Palestino. En Judea y Samaria y, sobre todo, en Gaza, los palestinos se hartaron de la pugna entre las fuerzas de seguridad de la AP y los miembros de la milicia Tanzim de Fatah y dieron sus votos al Partido del Cambio y la Reforma, controlado por Hamás. Inteligentemente, dicha formación rebajó el tono fundamentalista del movimiento y presentó candidatos con trayectorias profesionales y de servicio público consolidadas, frente a los tipos duros que presentaron las dos listas rivales de Fatah.

Una vez en el poder, Hamás decidió formar una milicia, pero el líder de la AP, Mahmud Abás, se negó, lo que dio lugar a una serie de enfrentamientos en Gaza entre Hamás, las fuerzas de seguridad de la AP y Fatah que resultó en una derrota total de la AP. La división se convirtió en el factor más duradero y decisivo de la vida política palestina. Y las numerosas rondas de fracasadas negociaciones para la unificación entre la AP y Hamás no hicieron sino reforzarla.

Son pocos los que comprenden hasta qué punto están los palestinos separados por dos statelets (término acuñado por un antiguo corresponsal del Washington Post en Israel). Hamás y la AP tienen liderazgos, legislaturas, fuerzas de seguridad y leyes distintas. La sociedad palestina está además dividida en líneas familiares y clánicas.

Gaza está dominada exclusivamente por los dirigentes de Hamás Ismaíl Haniyeh y Yahia Sinwar. En el plano administrativo, el Ministerio de Seguridad Nacional e Interior, dirigido por un capitoste de Hamás, ejerce un gran control, con su agencia de seguridad, su gendarmería y su policía. Cuando las Brigadas de Izedín al Qasam, brazo armado de Hamás, anuncia el “martirio” de sus combatientes, con frecuencia resultan ser miembros de dicho departamento.

La misma relación se da entre Fatah y las fuerzas de seguridad de la AP. El denominador común entre el Hamás que controla Gaza y el Fatah que hace lo propio con la AP es que se trata de milicias monopartidistas que perciben al otro como una amenaza existencial que ha de ser monitorizada, penalizada y sometida.

Los escenarios regional e internacional refuerzan la división palestina y están cementando esa partición que entierra las perspectivas de una solución de dos Estados. La AP debe su supervivencia a la asistencia política y financiera occidental, al apoyo que recibe de los Estados árabes moderados –concretamente, de Arabia Saudí y Egipto– y, por último pero no en último lugar, a la coordinación en materia de seguridad con Israel. Es Israel quien lleva a cabo la mayoría de las detenciones preventivas que mantienen a raya a Hamás y a la Yihad Islámica Palestina en las zonas controladas por la AP. Por lo que hace a Hamás, sus aliados regionales son bien diferentes: Irán, Turquía y Qatar.

En resumidas cuentas: la solución de los dos Estados difícilmente pueda verse amenazada por la construcción de viviendas en Judea, Samaria o en cualquier otro lugar. Murió en 2007 y se le debería dejar descansar en paz.

© Versión original (en inglés): The Algemeiner
© Versión en español: Revista El Medio

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