Revista El Medio http://elmed.io Noticias de Medio Oriente en español Wed, 23 Nov 2022 09:50:38 +0000 es-ES hourly 1 https://wordpress.org/?v=4.2.34 Doble rasero: el FBI se pliega ante Jordania y se hace el duro con Israel http://elmed.io/doble-rasero-el-fbi-se-pliega-ante-jordania-y-se-hace-el-duro-con-israel/ http://elmed.io/doble-rasero-el-fbi-se-pliega-ante-jordania-y-se-hace-el-duro-con-israel/#comments Wed, 23 Nov 2022 09:50:38 +0000 http://elmed.io/?p=28819 Israel no necesita la 'ayuda' del FBI ni del Departamento de 'Justicia' estadounidense, ni de la Casa Blanca.

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Ser corresponsal en una zona peligrosa es una profesión dura, riesgosa, compleja. No es para cualquiera. Aquellos que optan por llevar esta tarea a cabo lo saben, pero deciden hacerla igual.

Israel es un país permanentemente atacado por terroristas islamistas que viven en los territorios palestinos e incluso, en menor proporción, por algunos árabes que residen en Israel. El Estado judío hace lo que cualquier país haría en esa situación: defenderse. En algunas regiones de Israel los riesgos son mayores que en otros, pero allí están las fuerzas de seguridad para combatir a grupos islamistas o lobos solitarios que, si pudieran, asesinarían a todos los judíos, aunque sus indiscriminados ataques también matan a otros sectores de la población, incluso a los mismos árabes. No lo digo yo, lo expresan los mismos terroristas a diario.

Ahora bien, en un artículo publicado en el periódico israelí Jerusalem Post, Lahav Harkov denuncia la hipocresía del FBI, debido a que abrió una investigación por la muerte de la periodista palestino-estadounidense Shirín Abu Akleh durante un intercambio de disparos entre terroristas palestinos y fuerzas israelíes hace medio año. Sin embargo, la agencia norteamericana no se esfuerza demasiado por detener a la jordana Ahlam Ahmad al Tamimi, quien planeó el atentado en la pizzería israelí Sbarro de Jerusalén (2001) que acabó con la vida de 15 personas, incluidos dos ciudadanos de Estados Unidos. Además, agrega la periodista israelo-estadounidense, cuatro civiles norteamericanos se encontraban entre los 122 heridos. Al Tamimi fue encarcelada luego del atentado, pero en 2011 fue liberada junto a aproximadamente mil terroristas a cambio del soldado Guilad Shalit, quien se encontraba secuestrado por Hamás en Gaza. El FBI considera a Al Tamimi una peligrosa terrorista y ofrece una recompensa de 5 millones de dólares por cualquier información que lleve a dar con su paradero.

A pesar del aviso publicado por el FBI y la recompensa ofrecida, Harkov subraya que no es necesario buscar tanto, ya que Al Tamimi se encuentra en Jordania conduciendo un programa para la televisión del grupo terrorista Hamás. ¿Cuál es el problema? El país árabe se niega a extraditarla a Estados Unidos. No obstante, parece ser que para la agencia esos muertos inocentes que sólo estaban comiendo una pizza en un restaurante no son tan importantes como una periodista que se encontraba cubriendo un intercambio de disparos entre fuerzas israelíes y un grupo de terroristas que no debían de estar intentando matar personas, sino trabajando y prosperando para mejorar la vida de los palestinos.

Barak Ravid señala en el sitio de noticias Axios que, ante el enojo de las autoridades israelíes, la Casa Blanca negó haber instruido al FBI para que iniciara una investigación. No obstante, indica el periodista israelí, 20 senadores demócratas escribieron una carta instando a la agencia estadounidense a investigar. La decisión del FBI, afirma Ravid, fue tomada antes de las elecciones en Israel, pero fue informada oficialmente a Jerusalén por parte del Departamento de Justicia estadounidense tres días después de los comicios.

Ravid añade en el artículo que la Casa Blanca insistió en que no participaron en el proceso que derivó en la decisión del Departamento de Justicia. Extraño.

Harkov señala en el Jerusalem Post que Israel estuvo dispuesto a llevar a cabo una investigación inmediata, pero no logró hacerlo porque la Autoridad Palestina (AP) se negó desde un primer momento a colaborar. Sin embargo, luego de presiones estadounidenses, el liderazgo palestino en la Margen Occidental entregó la bala, que fue examinada exhaustivamente en conjunto por investigadores de Israel y Estados Unidos. Los israelíes colaboraron seriamente y fueron transparentes con sus colegas norteamericanos, por lo que en septiembre las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) afirmaron que la muerte de Abu Akleh podría haberse producido por el disparo accidental de un soldado israelí durante el enfrentamiento con terroristas palestinos. No obstante, aún no se ha llegado a una conclusión determinante.

En aquella oportunidad, la familia de la reportera comenzó a entablar contactos con algunos políticos estadounidenses que simpatizan con la causa palestina.

Tal como indica Harkov, esta parece ser una situación sin precedentes, ya que, si bien Estados Unidos considera oficialmente que su aliado tiene un poder judicial independiente capaz de investigar y enjuiciar a sus propios soldados cuando sea necesario, el FBI está llevando a cabo una investigación en contra de los deseos de ese aliado después de que Israel llegara a sus propias conclusiones respecto del hecho.

La autora apunta que el ataque de Sbarro es solo un ejemplo, “pero hay 49 ciudadanos estadounidenses, según la Biblioteca Virtual Judía, que han sido asesinados por palestinos desde entonces. El FBI tampoco parece haber hecho mucho para obtener justicia para ellos”.

Israel es un país perfectible, claro, pero, a pesar de estar rodeado de enemigos que quieren hacerlo desaparecer y exterminar a toda su población, sus instituciones funcionan. Es un país ordenado y la gran mayoría de sus habitantes quiere vivir en paz con sus vecinos. En el Estado judío conviven personas de diferentes etnias, religiones y culturas con los mismos derechos. Los hombres y mujeres que viven allí tienen la libertad de vivir sus vidas como quieran. De hecho, entre los árabes israelíes hay acaudalados empresarios, jueces (incluso en la Corte Suprema), policías, soldados, médicos, abogados, infinidad de estudiantes universitarios e incluso parlamentarios que escupen odio contra Israel a diario. Además, como señalé anteriormente, las instituciones funcionan, también el Poder Judicial, que es absolutamente independiente del Poder Ejecutivo. Han sido encarcelados importantes políticos por diversos motivos, y soldados que según la Justicia actuaron de manera irresponsable, incluso en casos en los que se abordaban enfrentamientos con terroristas palestinos, que en caso de ser heridos reciben un tratamiento médico como cualquier otro ciudadano, costeado por los contribuyentes israelíes.

Vaya contraste con las tiranías salvajes y primitivas que rodean al Estado judío, ¿verdad?

Israel no necesita la ayuda del FBI ni del Departamento de Justicia estadounidense, ni de la Casa Blanca (más allá de que haya intentado desentenderse de esta situación), para investigar a sus ciudadanos, políticos y soldados. Evidentemente, lo hace mejor y con más transparencia que el FBI.

¿Qué intenta lograr el FBI con esta investigación? ¿Cuán politizados están el Departamento de Justicia estadounidense y la agencia federal? ¿Por qué toman semejante decisión histórica para investigar la muerte de una periodista que se encontraba en una zona extremadamente peligrosa pero no han movido un dedo por el resto de los ciudadanos estadounidenses asesinados por terroristas palestinos? ¿Qué hay detrás de todo esto? ¿Quién está moviendo los hilos y por qué? ¿Realmente la Casa Blanca no ha tenido participación alguna en esta decisión? ¿El FBI investigará lo ocurrido? ¿El mismo FBI que contrató a un espía ruso en la investigación contra Trump en 2016, el mismo FBI que interfirió en la investigación de los negocios de Hunter Biden para que su padre pudiera ser presidente, el mismo FBI que ordenó a Facebook espiar a ciudadanos estadounidenses que dudaban de las elecciones del 2020, el mismo FBI que asaltó la casa de Donald Trump por oscuros motivos políticos? ¿Ese FBI?

En lugar de inmiscuirse en los asuntos de un país aliado y en el cual las instituciones funcionan como deben, tendrían que, al menos, responder a estas preguntas.

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Una gran diferencia entre Israel y los palestinos http://elmed.io/una-gran-diferencia-entre-israel-y-los-palestinos/ http://elmed.io/una-gran-diferencia-entre-israel-y-los-palestinos/#comments Mon, 14 Nov 2022 11:36:08 +0000 http://elmed.io/?p=28817 Israel tiene demasiadas elecciones. Los palestinos tienen muy pocas.

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Israel tiene demasiadas elecciones. Los palestinos tienen muy pocas. En los últimos cuatro años, Israel ha celebrado cinco. Desde 2006 –cuando Hamás ganó 74 de los 132 escaños del Consejo Legislativo Palestino–, los palestinos no han celebrado ninguna. Mahmud Abás lleva desde 2005 cumpliendo su mandato de cuatro años como presidente de la Autoridad Palestina (AP), y hay pocos indicios de que vaya a presentarse a las elecciones en breve –él o cualquier otro–. Parte de la razón por la que la AP no está dispuesta a dejar que el pueblo decida es su comprensible preocupación por que Hamás vuelva a imponerse.

Las recientes elecciones israelíes han sido broncas y por el momento poco concluyentes, pero dan cuenta de las opiniones profundamente encontradas de los ciudadanos de Israel, tanto judíos como árabes (entre otras filiaciones). También reflejan la compleja democracia parlamentaria, con múltiples partidos y umbrales mínimos que dificultan la formación de un Gobierno estable. Pero, teniendo en cuenta las alternativas, Israel lo hace bastante bien, si el objetivo principal de las elecciones es reflejar la voluntad del pueblo.

Recuerdo una conversación en una cena con el entonces presidente Bill Clinton y un puñado de invitados. Benjamín Netanyahu acababa de ser elegido para su primer mandato como primer ministro de Israel y uno de los invitados se quejaba de que era demasiado conservador. Empecé a defender a mi viejo amigo Bibi cuando Clinton dijo: «Deja que me encargue de esto». Continuó describiendo el complejo sistema electoral israelí y luego dijo: «El único problema de Israel es que es una democracia, ¡maldita sea!». Clinton explicó que si quería que Egipto o Jordania adoptaran alguna medida, podía simplemente llamar al presidente o al rey, respectivamente, porque eran ellos los que tomaban las decisiones. Pero si quería que Israel hiciera algo y llamaba al primer ministro, la respuesta era siempre: «Tengo que consultar al Gabinete reducido, al grande, a la Knéset [Parlamento] y a la opinión pública». Entonces añadió: «Israel es como nuestro país en ese sentido. Las decisiones importantes no las toma una sola persona».

Entonces me uní a la conversación y recordé a los invitados que Israel había virado de la izquierda a la derecha sólo después de que casi un millón de refugiados de la Unión Soviética se convirtieran en ciudadanos. Debido a sus experiencias bajo el comunismo, esos refugiados tendían a votar en contra de la izquierda –como la mayoría de los cubanos que emigraron a Estados Unidos tras la instauración del régimen castrista–. Además, el porcentaje de judíos muy ortodoxos [“very Orthodox Jews” en el original], que tienden a votar a la derecha, había aumentado debido a las diferentes tasas de natalidad. Le pregunté al crítico de Netanyahu: «¿Qué haría usted ante esos cambios demográficos?».

En una democracia, la demografía importa. No se puede decir a los ciudadanos a quién tienen que votar. Tal vez los hijos de los refugiados soviéticos se vuelvan más centristas, como lo han hecho algunos cubano-americanos, pero por lo pronto esos votantes seguirán votando contra la izquierda y a favor de la derecha. Muchos huyeron de las políticas y las falsas promesas izquierdistas de una serie de dictadores sudamericanos y no quieren saber nada más de ellas. Puede que a algunos de nosotros no nos guste el resultado de las recientes elecciones, pero no podemos interferir en el proceso democrático.

Si tuviera la misma conversación hoy, diría lo mismo. Ahora, sin embargo, hay una razón añadida por la que los israelíes que solían votar a la izquierda se han desplazado hacia la derecha: los cohetes de Hamás, los túneles de Hezbolá, el terrorismo palestino y la falta de disposición de la AP para aceptar las generosas ofertas de paz de 2000, 2001 y 2008.

Otras democracias occidentales han virado también hacia la derecha.

No basta con recordar al mundo que la mayoría de los países árabes y musulmanes tienen políticas que van contra los homosexuales, las mujeres y la libertad de cultos. Hay que decir y hacer más.

Lo mismo puede decirse de Estados Unidos. Pero sólo se condena a Israel, y se le amenaza con la deslegitimación, porque es una democracia y sus votantes, por las comprensibles razones expuestas, han llegado a desconfiar de la izquierda.

Para numerosos defensores veteranos de Israel, las recientes elecciones no son más que una nueva excusa para un viejo fanatismo. Sin embargo, hay algunos de signo moderado que han expresado su legítima preocupación por los ultraderechistas que puedan formar parte del nuevo Gobierno de Israel. Actualmente hay extremistas de ese tipo en el Congreso de Estados Unidos y en algunos de sus Gobiernos estatales. El Gobierno de Netanyahu debería hacer todo lo posible para distanciar a Israel, como nación de todos sus ciudadanos, de cualquier forma de fanatismo. Netanyahu ya ha empezado a hacerlo, pero será una tarea difícil, porque los partidos centristas se han negado a unirse a su Ejecutivo, lo que le obliga a establecer alianzas con personas y grupos con los que preferiría no tratar.

Pero la política es el arte de lo posible, y si Netanyahu quiere gobernar con eficacia, debe lograr un equilibrio adecuado. Ese equilibrio no puede incluir la tolerancia del racismo, la homofobia u otras formas de fanatismo. Si alguien puede llevar a cabo esta difícil tarea es, precisamente, quien más tiempo ha desempeñado el cargo de primer ministro de Israel.

© Versión original (en inglés): Gatestone Institute
© Versión en español: Revista El Medio

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La última opción http://elmed.io/la-ultima-opcion/ http://elmed.io/la-ultima-opcion/#comments Fri, 04 Nov 2022 09:31:35 +0000 http://elmed.io/?p=28814 Comienzo a ser escéptico con respecto a América, mientras que, con el retorno al Gobierno de Benjamín Netanyahu, Israel gana muchos puntos.

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Como europeo y buen cristiano, siempre he creído que mi mejor opción, esto es, la mejor alternativa para defender y promover la sociedad occidental y los valores sobre los que se ha fundado y desarrollado a lo largo de los siglos, eran los Estados Unidos de América. Y que, si estos flaqueaban, la última opción era Israel. Por lo que veo en su evolución social y política de estos últimos años –y de manera acelerada bajo el presidente Biden–, comienzo a ser escéptico con respecto a América, mientras que, con el retorno al Gobierno de Benjamín Netanyahu, Israel gana muchos puntos. Aunque eso signifique que ya no me queda la mejor opción, sino solamente la última.

Israel condensa los rasgos de lo que ha sido Occidente. En tanto que Estado judío, ancla la religión del pueblo judío a su sentido nacional, independientemente de que acoja en su seno otras confesiones; en tanto que economía capitalista o de libre mercado, ha abrazado la innovación como motor de desarrollo, obteniendo de la aplicación de sus programas de investigación la solución a muchos de sus problemas, de la irrigación por goteo –dada la escasez de agua– a la detección de potenciales terroristas según el movimiento incontrolado de sus músculos faciales; en tanto que nación sujeta al acoso y los ataques de muchos de sus vecinos, que se niegan a reconocer su existencia, sabe que tiene que defenderse con las armas y está dispuesto a hacer los sacrificios que ello conlleva.

De ahí que la izquierda europea, que vio durante unos años en Israel la materialización del socialismo de rostro humano en la Tierra, no sólo se desencantó con el país y el pueblo judíos, sino que pasó a condenarlos por querer prosperar y defenderse para no ser exterminado.

Hubo un tiempo en el que lo que era bueno para Coca Cola era bueno para América; y lo que era bueno para América era bueno para el resto del mundo libre y para quienes, bajo el totalitarismo comunista, aspiraban a vivir en libertad. Hollywood llevaba a América y el Sueño Americano a todo el globo; la idea de que con el propio esfuerzo se podía ascender en la escala social y prosperar atraía y encandilaba a millones de personas que soñaban con una vida decente, una vida moral, una vida en torno a la familia, gracias al trabajo, el esfuerzo y el sacrificio.

Desgraciadamente, América ha sufrido una epidemia de wokismo en la que ha perdido el sentido de comunidad nacional para favorecer unas políticas tribales basadas en las identidades más absurdas; un wokismo que, en su lucha contra toda autoridad, batalla contra el papel tradicional de la familia, para desplazarla del centro de gravedad social, y que busca sembrar la confusión, al querer borrar el sexo biológico como factor diferenciador entre hombres y mujeres, entre niños y niñas, en favor de autodefiniciones de mujer no binaria, hombre cuestionable, transgénero o sin género, según el capricho de cada cual; un wokismo para el que las universidades, en lugar de ser un lugar donde confrontar ideas, son espacios seguros en los que cualquier nimiedad es tomada como una ofensa y quienes osan manifestar sus opiniones alternativas son cancelados, para no molestar a una juventud que sólo quiere oír el eco de sus propias opiniones y evitar abrir los ojos ante la realidad dura y cruel, como siempre ha sido; un wokismo convertido en auténtico instrumento de censura de medios de comunicación y redes sociales, manipulación política incluida por parte de altos directivos de Twitter, como hemos sabido tras su compra por Elon Musk; un wokismo que hace a los políticos comportarse como alcohólicos en un grupo de rehabilitación, dispuestos en todo momento a confesar sus supuestos pecados si no salvan el planeta, si no persiguen a los disidentes o si se muestran blandos frente a todos los que no son de esta tribu.

Por otra parte, el capitalismo de amiguetes, que tanta y tan rápida riqueza ha llevado al mundo financiero, se ha construido sobre la ruina y el sudor de millones de americanos que luchan por mantenerse a flote en una sociedad donde el ascensor social no funciona y el trabajo menos cualificado, el industrial y el agrícola se ve con desprecio. Washington siempre se ha visto como un lugar distante desde donde se quería controlar todo el país; ahora son las élites las que se ven aisladas del mundo real de la mayoría de ciudadanos, defendiendo a capa y espada sus privilegios y frustrando el famoso Sueño. 

Donald Trump no creó la polarización política y social que aqueja a Estados Unidos, tan sólo la reconoció y se atrevió a hablar de ella y a buscar la terapia adecuada. Pero no lo logró. El establishment se mostró más fuerte y decidido de lo que podía pensarse.

Esta rápida y corrosiva transformación social de América ha estado a punto de cuajar en Israel, donde el menor error estratégico puede acabar con su existencia. El Gobierno rotatorio salido de las urnas el año pasado, y que ha tenido al frente primero al conservador Bennett y luego al centrista Lapid, prácticamente hizo suyas todas las proposiciones woke que emanaban de Washington. Tal era su deseo de no confrontar con la Administración Biden. Supongo que unos lo aceptarían con resignación, al considerar inevitable la dependencia de EEUU y creer que, al final, los americanos siempre hacen lo correcto; y otros lo abrazarían encantados, al creer que la tarea del líder es ir con las modas. Y, sin embargo, el wokismo es el corrosivo más potente al que Israel ha tenido que enfrentarse en los últimos años. Mucho más que las campañas BDS.  Primero, porque afecta a los dirigentes políticos de países aliados o parte esencial de Occidente, empezando por América; segundo, porque también se manifiesta en muchos jóvenes judíos americanos, británicos y franceses. Lo primero amenaza con ahondar la brecha entre Israel y sus aliados; lo segundo, abrir una herida profunda dentro de la comunidad judía. 

Con Biden al frente de Estados Unidos y Lapid de Israel, esa doble amenaza sólo podía crecer sin freno. Con Biden en Washington y Bibi en Jerusalén, hay una posibilidad de contención. Netanyahu ha dado sobradas pruebas de que, si tiene que elegir entre la seguridad del Estado de Israel y su relación con el presidente americano, elige la seguridad del Estado de Israel y su pueblo. Y no se amedrentará si tiene que frustrar un acuerdo nuclear con Irán que vaya en detrimento de los intereses de su nación ni se quedará paralizado ante las peligrosas ramificaciones de esta mentalidad woke que está destruyendo América desde dentro y que amenaza con hacer saltar por los aires todo Occidente.

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Netanyahu: el retorno http://elmed.io/netanyahu-el-retorno/ http://elmed.io/netanyahu-el-retorno/#comments Thu, 03 Nov 2022 09:35:30 +0000 http://elmed.io/?p=28803 El partido del con casi total seguridad próximo primer ministro, Benjamín Netanyahu, se hizo con el 23% de los votos y 30 escaños.

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Con el 99,9% de los votos escrutados, el Likud emerge como el gran vencedor de las elecciones legislativas israelíes del martes, las quintas en los últimos tres años y medio.

El partido del con casi total seguridad próximo primer ministro, Benjamín Netanyahu, se hizo con el 23% de los votos y 30 escaños, seis más que el del actual premier, el Yesh Atid de Yair Lapid, respaldado por el 18% de los votantes.La sensación de estos comicios han sido los Sionistas Religiosos de Bezalel Smotrich, que han conseguido el tercer lugar tras llevarse el 11% de las papeletas y 15 escaños, 8 más de los que lograron en 2021.

elecciones-israel-2022

Los laboristas, antaño grandes dominadores de la vida política israelí, apenas han conseguido superar el umbral de acceso a la Knéset (Parlamento), fijado en el 3,25%: su magro 3,6% les concede 4 escaños, tres menos de los que lograron el año pasado.

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Biden no debería tratar de 'salvar' a la democracia israelí de los votantes israelíes http://elmed.io/biden-no-deberia-tratar-de-salvar-a-la-democracia-israeli-de-los-votantes-israelies/ http://elmed.io/biden-no-deberia-tratar-de-salvar-a-la-democracia-israeli-de-los-votantes-israelies/#comments Wed, 02 Nov 2022 20:09:08 +0000 http://elmed.io/?p=28796 El gran problema que los izquierdistas israelíes y sus simpatizantes americanos tienen con la democracia israelí es que su bando no gana las elecciones.

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Todavía se están contando los votos de las últimas elecciones legislativas en Israel, pero los sondeos a pie de urna han confirmado los peores temores de la Administración Biden. Aunque Israel no está recibiendo el mismo tipo de atención obsesiva que ha recibido a veces en el pasado, no hay duda de que el presidente Joe Biden y su equipo de política exterior tienen opiniones firmes sobre quién debería dirigir el Estado judío, de las que se hacen eco la mayoría de los demócratas y los principales medios de comunicación progresistas.

Les gustaba el primer ministro interino, Yair Lapid, y temían el posible regreso al poder de Benjamín Bibi Netanyahu.

La perspectiva no sólo de una victoria de Netanyahu y su partido Likud, sino de la formación de un Gobierno en el que desempeñe un papel destacado el Partido Sionista Religioso y uno de sus controvertidos líderes, Itamar ben Gvir, es suficiente para poner los pelos de punta a los demócratas y al establishment de la política exterior.

Ben Gvir fue seguidor del difunto rabino Meir Kahane en su juventud y tiene una bien ganada reputación como provocador de la derecha que se ha enfrentado a menudo con la policía. Sin embargo, el abogado/activista moderó algo sus opiniones a medida que se hizo más viable políticamente. Pero sigue siendo considerado anatema por los progresistas israelíes y estadounidenses, que ven en él una amenaza letal para la democracia.

Esto crea una situación en la que la tentación de Washington de intentar influir en las negociaciones que seguirán al recuento electoral puede resultar irresistible.

No sería la primera vez que una Administración estadounidense intenta jugar a ese juego. Los presidentes Bill Clinton y Barack Obama trataron de derrotar a Netanyahu y, luego, de ayudar a sus rivales a frustrar sus esfuerzos por formar gobierno. Pero esta vez la motivación es ligeramente diferente.

En el pasado, los intentos de acabar con los Gobiernos dirigidos por Netanyahu formaban parte principalmente de una campaña para promover el proceso de paz con los palestinos. Ahora, el objetivo principal de la intervención estadounidense –que bien podría ser secundada por muchos grupos judíos estadounidenses– será evitar que los sionistas religiosos y Ben Gvir formen parte de la coalición de gobierno.

Las Administraciones Clinton, Obama y Biden han contado con los mismos equipos demócratas de política exterior. Todos ellos se niegan a reconocer la realidad de que el nacionalismo palestino está inextricablemente ligado a la centenaria guerra árabe contra el sionismo, lo que le hace incapaz de aceptar la legitimidad de un Estado judío independientemente de dónde se tracen sus fronteras.

El equipo de Biden es igual de devoto del mito de «tierras por paz». Pero no son tan tontos como para no darse cuenta de que invertir en los palestinos un capital político y diplomático valioso es una pérdida de tiempo. Saben que no habrá una solución de dos Estados en un futuro previsible, con independencia de quién sea el primer ministro de Israel.

Sea como fuere, la destartalada coalición inicialmente dirigida por Naftalí Bennett que desalojó del poder a Netanyahu en el verano de 2021 rebajó su oposición al deseo de Biden de un acercamiento a Irán para la firma de un nuevo acuerdo nuclear, en lugar de hacerle frente abiertamente, como habría hecho Bibi.

Biden estaba aún más contento con Lapid, que asumió el mando tras el colapso de la coalición. Lapid cedió a la presión estadounidense e hizo concesiones al Líbano, dominado por Hezbolá, en un acuerdo sobre la frontera marítima que implicaba la cesión por parte de Israel de sus derechos sobre recursos gasísticos que había reclamado anteriormente. Netanyahu ha prometido revertir ese acuerdo unilateral.

Ahora bien, mantener a Netanyahu fuera de la Oficina del Primer Ministro no será en sí el principal objetivo de la intervención estadounidense. El impresionante resultado de los sionistas religiosos, que según parece les convertirá en el tercer partido de Israel, no solo los pone en posición de ayudar a Netanyahu a obtener la mayoría que se le había escapado en las cuatro elecciones legislativas celebradas desde la primavera de 2019. También significa que sus líderes, Bezalel Smotrich y Ben Gvir, están prestos a convertirse en ministros del próximo Gobierno. Y esto es algo que tratarán de evitar a toda costa tanto Washington como los judíos progresistas estadounidenses.

Aunque ya ha habido una avalancha de artículos en los medios de comunicación tradicionales y en los medios judíos progresistas que pintan a Smotrich y especialmente a Ben Gvir como enemigos de la democracia y la decencia, no será sino un anticipo de lo que probablemente seguirá a la elección.

Los dos dan a sus detractores mucho material para la crítica. Pero el ascenso de Smotrich y Ben Gvir es consecuencia natural del fracaso del actual Gobierno a la hora de abordar debidamente el aumento del terrorismo palestino. También refleja el crecimiento de la población religiosa y el colapso de la credibilidad de los partidos que defendieron el acercamiento a los palestinos en el transcurso de las dos últimas décadas, ya que el proceso de paz de Oslo resultó ser un desastre.

En contraste con la filiación abrumadoramente progresista de los judíos estadounidenses, los judíos israelíes son más propensos a ser orgullosamente nacionalistas y se hacen menos ilusiones sobre el deseo palestino de paz. Simpatizan con los líderes que no se avergüenzan de su deseo de que Israel sea un Estado judío en vez de una nación no confesional en la que se quite importancia al pueblo judío y a su religión.

Smotrich y Ben Gvir han avanzado posiciones porque han captado el espíritu de la época con su estilo directo y su actitud de confrontación tanto con la izquierda israelí como con los árabes.

Horrorizan a estos últimos, así como a la mayoría de los judíos estadounidenses e incluso a los demócratas que, como Biden, hablan de su amor por Israel pero que sólo gustan de los israelíes que hacen lo que se les dice y son presentables ante la opinión pública progresista de EEUU. Incluso un proisraelí incondicional como el senador Robert Menéndez (demócrata de Nueva Jersey), que fue dolor de cabeza para la Administración Obama por su oposición al acuerdo nuclear con Irán, ha dicho que un Gobierno con los sionistas religiosos no tendría una cálida acogida en el Capitolio.

Con todo, las afirmaciones de que Smotrich y Ben Gvir serían una amenaza para la democracia son patrañas partidistas. Ni sus justificados esfuerzos por reformar el poder judicial israelí, ni sus exigencias de una posición más agresiva ante el terrorismo y ni siquiera su apoyo a la anexión de los asentamientos en Judea y Samaria transformarían Israel en una entidad no democrática o cambiarían fundamentalmente su carácter.

Estén o no en el Gobierno, la sociedad israelí seguirá siendo una mezcla a menudo confusa de laicos y religiosos y e Israel, un Estado declaradamente judío. La barbaridad de que Israel es un «Estado apartheid» será tan falsa con ellos en los ministerios como lo era cuando estaban en la oposición.

Sin embargo, lo que sí significará es que el próximo Gabinete israelí será menos fácil de manipular por Netanyahu, si bien éste, como es habitual, pretende transitar una cautelosa vía intermedia, especialmente en cuestiones de seguridad. De hecho, Smotrich y Ben-Gvir serán probablemente socios de coalición problemáticos.

Por eso Netanyahu preferiría, si fuera posible, atraer a su Gobierno a los partidos de centro-izquierda liderados por Lapid y Benny Gantz. Pero, dado que ninguno de ellos pretende dejarse cortejar de nuevo por el resbaladizo Bibi, es probable que se quede con los sionistas religiosos.

La retórica de la «defensa de la democracia» esgrimida por estadounidenses inclinados a inmiscuirse en la política israelí en las próximas semanas es una cortina de humo para algo menos admirable. El principal problema que tanto los izquierdistas israelíes como sus simpatizantes estadounidenses tienen con la democracia israelí es que su bando no gana las elecciones democráticas, libres y justas que se celebran en el país.

El pueblo de Israel no necesita ser salvado de sí mismo. Se supone que sus Gobiernos deben representar las necesidades y preocupaciones de la ciudadanía israelí, no las sensibilidades de los amigos extranjeros del país, ya sean leales o -como es el caso de muchos de los oponentes más acérrimos de Netanyahu y Ben Gvir- oportunistas.

Será un trago amargo para los progresistas estadounidenses, pero si realmente apoyan al Estado judío, aceptarán el veredicto de los votantes. Si no, deberían dejar de hacerse pasar por defensores de la democracia.

© Versión original (en inglés): JNS
© Versión en español: Revista El Medio

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¿Por qué no se habla de los ataques contra los palestinos cristianos? http://elmed.io/por-que-no-se-habla-de-los-ataques-contra-los-palestinos-cristianos/ http://elmed.io/por-que-no-se-habla-de-los-ataques-contra-los-palestinos-cristianos/#comments Wed, 02 Nov 2022 14:11:24 +0000 http://elmed.io/?p=28792 Porque no anda Israel de por medio: así de sangrante.

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Una serie de incidentes violentos en Belén, el lugar de nacimiento de Jesús, y en las localidades vecinas de Beit Yala y Beit Sahur han dejado a los cristianos preocupados por su seguridad y su futuro bajo la Autoridad Palestina (AP).

Son muchos los cristianos residentes en esas localidades que se quejan de que la AP no hace lo suficiente por castigar a quienes atacan iglesias y negocios de propiedad cristiana. Los autores son musulmanes, mayoritarios en la zona de Belén.

A principios de este año, el pastor evangélico palestino Johnny Shahwan fue detenido por las fuerzas de seguridad de la AP acusado de «promover la normalización» con Israel. La detención se produjo después de que Shahwan, fundador y presidente de la junta directiva de la Casa del Encuentro (Beit al Liqa) de Beit Yala, apareciera en una foto junto al rabino Yehuda Glick, exmiembro del Parlamento israelí (Knéset).

Beit al Liqa es una comunidad cristiana y también un centro de formación. Acusado de acoger al rabino junto a un grupo de turistas alemanes, la AP ordenó su clausura durante una semana. Después de que la foto del pastor y el rabino apareciera en las redes sociales, hombres armados no identificados dispararon contra el centro. Nadie resultó herido y no se registraron daños. Según algunas informaciones, el pastor recibió escolta durante más de un mes para protegerlo de los palestinos que amenazaban su vida.

En otro incidente, ocurrido a principios de año, un numeroso grupo de musulmanes enmascarados armados con palos y barras de hierro atacaron a los hermanos cristianos Daúd y Daher Nasar mientras trabajaban en sus tierras. Bshara Nassar, hijo de Daher, comentó:

Estoy especialmente desolado por el hecho de que este [ataque] haya sido cosa de un grupo de palestinos enmascarados de la aldea vecina de Nahalín. Seguro que esto no refleja ni representa al pueblo palestino, y no sabemos los motivos ni quién está detrás. Pero es muy duro ver a nuestros hermanos palestinos atacando a la familia. La familia exige justicia y que los responsables rindan cuentas de sus actos.

A principios de octubre, individuos armados dispararon contra el Hotel Belén por exhibir símbolos judíos en una de sus dependencias. Los pistoleros acusaron al establecimiento, de propiedad cristiana, de «promover la normalización con Israel» por la estrella de David y la menorá de cartón que adornaban un salón. El Ministerio de Turismo palestino ordenó el cierre del mismo e informó de que había iniciado una investigación sobre las afirmaciones de que el hotel se estaba preparando para acoger una celebración judía.

El aterrorizado director del establecimiento, Elías al Arya, negó las acusaciones declarando a la emisora de radio Mawal que un grupo de turistas filipinos se estaba preparando para celebrar una conferencia religiosa cristiana en la sala de reuniones. «No permitimos que los judíos vengan aquí», dijo al Arya. «Nunca celebramos fiestas judías».

La facción gobernante Al Fatah, liderada por el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abás, emitió un comunicado en el que condenaba el intento de celebrar una «fiesta sionista» en el hotel hablando de «puñalada a Belén y traición a las tradiciones y valores de Tierra Santa».

El más reciente ataque anticristiano tuvo lugar a finales de octubre, cuando decenas de musulmanes atacaron la iglesia ortodoxa de los Antepasados en Beit Sahur. Durante el ataque, los asaltantes lanzaron piedras contra el tiempo, hiriendo a varios cristianos.

Los residentes de la localidad, de mayoría cristiana, pidieron a la AP que detuviera a todos los implicados. Dijeron que el ataque al templo era un ataque a toda la localidad. Tras el incidente, las campanas de la iglesia repicaron en demanda de ayuda, y algunos vídeos que circulan por las redes sociales muestran a los atacantes lanzando piedras contra el recinto.

El arzobispo ortodoxo griego Atalah Hana denunció el ataque como «impactante» y «horrible». Y añadió:

El ataque a la iglesia es un acto criminal por excelencia. La iglesia no es un lugar para ajustar cuentas y expresar el odio de quienes han perdido su humanidad y el sentido patriótico.

Shadi Jalul, destacado defensor de los derechos de los cristianos, reaccionó declarando:

«La tribu árabe musulmana de los Atamra atacó ayer por la noche la iglesia cristiana de Bet Sahur, cerca de Belén. ¿Han visto alguna vez a un cristiano atacar una mezquita en ciudades mesorientales de mayoría cristiana? Por supuesto que no. Esto demuestra la diferencia de cultura, fe, respeto y reconocimiento existente.

La Asamblea de Ordinarios Católicos de Tierra Santa también condenó el ataque:

Un grupo de hombres atacó la iglesia de Beit Sahur tras una pelea entre jóvenes. Condenamos este ataque y exigimos que la Autoridad Palestina lleve a los atacantes ante la justicia lo antes posible. Por otra parte, elogiamos a todas las personas, de distintas confesiones y familias, que llegaron al lugar e hicieron todo lo posible para proteger el templo. Esperamos que no se produzcan incidentes similares en el futuro e instamos a todos a mantener los lugares de culto alejados de cualquier disputa.

Como en ocasiones anteriores, la AP no ha tomado medidas reales para castigar a quienes atacan a los cristianos o sus lugares sagrados en la zona de Belén. En abril de 2002, varios hombres armados asaltaron la iglesia de la Natividad. Tres monjes que fueron tomados como rehenes consiguieron huir por una puerta lateral; entonces dijeron a los oficiales del Ejército israelí que los asaltantes robaron oro y otros bienes, como crucifijos y libros de oraciones.

Este tipo de incidentes son la principal razón por la que numerosos cristianos ya no se sienten seguros en las zonas controladas por la AP. El número de cristianos ha disminuido considerablemente en las últimas décadas: si en 1948 representaban el 18% de la población de la Margen, Gaza e Israel, hoy son sólo el 2%. En Belén han pasado del 80 al 12%. Muchos se han trasladado a Estados Unidos, Canadá y Europa.

Los ataques musulmanes a cristianos son a menudo ignorados por la comunidad internacional y los medios de comunicación, que parecen hablar sólo cuando pueden encontrar una manera de culpar a Israel.

Otro factor preocupante es que los líderes de la comunidad cristiana de la Margen son reacios a responsabilizar a la AP y a sus vecinos musulmanes de los ataques. Temen las represalias y prefieren seguir la línea oficial de responsabilizar a Israel de las penurias de la minoría cristiana.

Lamentablemente, cabe suponer que la situación de los cristianos palestinos no hará más que agravarse, ante el silencio de la comunidad internacional y el miedo demasiado justificado a las represalias que atenaza a sus propios dirigentes.

© Versión original (en inglés): Gastestone Institute
© Versión en español: Revista El Medio

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Erdogan es un peón de Putin en la OTAN. ¿Y Biden? http://elmed.io/erdogan-es-un-peon-de-putin-en-la-otan-y-biden/ http://elmed.io/erdogan-es-un-peon-de-putin-en-la-otan-y-biden/#comments Wed, 26 Oct 2022 09:22:17 +0000 http://elmed.io/?p=28790 Al tiempo que amenaza explícitamente a un miembro de la OTAN, Erdogan tiene un plan para socavar gravemente las sanciones occidentales contra Rusia.

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El presidente islamista de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, amenaza militarmente a otro miembro de la OTAN, Grecia, con un lenguaje cada vez más duro. Por otro lado, ha proclamado con orgullo que su homólogo ruso, Vladímir Putin, le ha prometido hacer de Turquía un nodo internacional de gas natural. Putin venderá el gas ruso por medio de su aliado euroasiático, evitando las sanciones occidentales. ¿Y qué obtiene Erdogan a cambio? Grandes palmadas en la espalda por parte de Estados Unidos (y de otros países occidentales).

«El más peligroso para Grecia», escribía Steven Cook, del Council on Foreign Relations en el diario griego Kathimerini, «es el periodo previo a las elecciones [turcas], que Erdogan está absolutamente decidido a ganar, ya que quiere ser el presidente en el centenario de la democracia turca, en 2023. Utilizará cualquier medio a su disposición, y Grecia es un tema que surge naturalmente en su planificación. Pero el Egeo está muy próximo a Turquía y los cazas de ambos países vuelan muy cerca, así que no podemos descartar un accidente, un malentendido o un error».

En septiembre, el ministro de Defensa griego, Nikos Panagiotopoulos, visitó la isla de Kastellorizo, en el Egeo oriental, a unos dos kilómetros de la costa sur de Turquía. Según su homólogo turco, Hulusi Akar, se trató de una «provocación». «Viendo el comportamiento provocador [de los griegos] últimamente, hemos olvidado que saben nadar. Si se aferran a esta mentalidad, saber nadar les será útil», afirmó Akar.

Esta lógica necesita una explicación. ¿Por qué una visita a una parte de un Estado soberano debería ser una provocación contra un país vecino, sobre todo teniendo en cuenta que se trata de dos aliados en la OTAN?

El pasado día 6, Erdogan dijo que Grecia debería tomar en serio sus advertencias. Recurría así a la retórica amenazante que ha venido utilizado en los últimos meses, la misma que había llevado a Estados Unidos a instar a estos dos aliados otanianos a negociar. Un mes antes, Erdogan había alimentado las tensiones en el Egeo al afirmar: «Una noche, podríamos presentarnos de repente», dando a entender una invasión militar de Grecia.

Para mayor desconcierto griego, el pasado día 18 Turquía probó un misil balístico de alcance medio en el Mar Negro.

Se utilizó una plataforma móvil para disparar el misil desde un aeródromo próximo a la ciudad portuaria de Rize, en el este del Mar Negro, alrededor de las 7 de la mañana, hora local. El proyectil voló 561 kilómetros antes de caer frente a la costa del puerto de Sinop, lo que supone lo más lejos que ha llegado un arma de este tipo desarrollada en Turquía. El misil secreto, el Tayfun («tifón» en turco), fue desarrollado y construido por Roketsan, fabricante de misiles controlado por el Estado.

El día 21 Erdogan declaró: «Ahora que tenemos nuestro TayfunEsto es un mensaje para ciertos países«. No los nombró, pero la emisora estatal turca mostró un mapa en el que aparecía Grecia en el radio de alcance del misil.

El mensaje llegó a la audiencia correspondiente. Periódicos griegos de referencia, como Kathimerini, Ta Nea To Vima, y el canal de televisión Skai informaron ampliamente del lanzamiento del Tayfun.

Al tiempo que amenaza explícitamente a un miembro de la OTAN, Erdogan tiene un plan para socavar gravemente las sanciones occidentales contra Rusia. El pasado día 19 dijo que había acordado con Putin la construcción de un nodo de gas natural en Turquía. El proyecto permitirá a Turquía almacenar gas ruso en Tracia y venderlo a los compradores europeos que lo deseen. Esto acabará con las sanciones occidentales a Rusia. Turquía cobrará derechos de tránsito por cada metro cúbico de gas ruso vendido a los compradores europeos. Dos autócratas salen ganando.

¿Cuál ha sido la respuesta de la Administración estadounidense a todo esto? ¡La aprobación de la venta de aviones de combate [a Turquía]! El pasado día 11, el Senado norteamericano eliminó de la Ley de Autorización de Defensa Nacional (NDAA) de 2023 dos enmiendas destinadas a impedir la venta de aviones de combate F-16 a Turquía. Una versión anterior del texto había vinculado la venta a la condición de que Turquía no utilizara los aviones contra Grecia.

Erdogan confía en que el Congreso norteamericano dé luz verde al acuerdo de los F-16 antes de que termine el año. «Turquía y Estados Unidos han mantenido hasta ahora cuatro reuniones sobre la cuestión de los F-16. En Nueva York [con ocasión de la Asamblea General de la ONU de septiembre] me reuní con senadores estadounidenses que se mostraron muy positivos. Las conversaciones continúan. La Administración [estadounidense] está dando los pasos positivos necesarios [para permitir la venta]», declaró Erdogan a la prensa el pasado día 21.

¿Qué otros movimientos demenciales y antioccidentales debería hacer Erdogan antes de que el presidente estadounidense, Joe Biden, entienda que el autócrata islamista turco es un peón de Putin en la OTAN?

¿O acaso también lo es el propio Biden?

© Versión original (en inglés): Gastestone Institute
© Versión en español: Revista El Medio

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Danny Danón, en la guarida del león http://elmed.io/danny-danon-en-la-guarida-del-leon/ http://elmed.io/danny-danon-en-la-guarida-del-leon/#comments Tue, 18 Oct 2022 09:43:12 +0000 http://elmed.io/?p=28786 Peripecias de un diplomático israelí en la ONU, esa ciénaga.

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Danón es un talentoso defensor de Israel. Este crítico dijo de él en un artículo de 2013: «Destacan tres cualidades [en Danón]: la devoción por los principios, el dominio de la táctica y la capacidad para articular una idea». Como miembro del Likud en la Knéset, estas cualidades le llevaron inevitablemente a chocar con el eterno líder del partido, Benjamín Netanyahu, lo que provocó que el primero fuera destituido por el segundo como viceministro de Defensa (2014). Pero Netanyahu no pudo doblegar a su némesis, así que hizo lo siguiente mejor y lo nombró para un cargo prestigioso pero que podría acabar con su carrera: embajador de Israel ante las Naciones Unidas. In the Lion’s Den (“En la guarida del león”) cuenta la historia de esa misión, que duró cinco años (2015-20).

Al igual que en otros testimonios sobre la ciénaga que es la ONU (el mío lo publiqué en 1988), aquí habla de batallas libradas heroicamente, a veces ganadas, normalmente perdidas. Resulta sorprendente, cuando median unos años de distancia, lo pequeñas que parecen vistas en perspectiva. Danón comienza su relato con la historia de la Resolución 2334 del Consejo de Seguridad, de diciembre de 2016, el punto más bajo de su mandato porque implicó que el Gobierno de Estados Unidos se volviera contra Israel. El episodio incluye toques tan dramáticos como su vuelta a Nueva York desde Puerto Rico, adonde había ido a pasar unas vacaciones con la familia, para ser informado de la crisis en curso por un diplomático musulmán (ya es casualidad), y las infructuosas llamadas telefónicas que hizo en mitad de la noche a varios líderes políticos.

lions-den-danon

Sin embargo, a pesar de todo el ruido y la furia, ¿quién se acuerda hoy de la Resolución 2334, a quién le importa, qué legado dejó? Donald Trump, que llegaría al Despacho Oval menos de un mes después de su aprobación, la denunció y la redujo a mero simbolismo, un recordatorio del enfado de Barack Obama con Netanyahu; finalmente no fue el heraldo de una crisis en las relaciones entre Estados Unidos e Israel.

Aunque Danón demostró ser un embajador muy eficaz, con gran imaginación y brío, sus logros fueron de impacto limitado: fue el primer israelí elegido para presidir un comité, facilitó la inclusión de la comida kosher en la cafetería de la ONU, consiguió el reconocimiento y la celebración de las festividades judías y logró que Naciones Unidas comprara productos israelíes.

Sea como fuere, In the Lion’s Den procura una panorámica de la Bahía de las Tortugas [emplazamiento de la sede neoyorquina de la ONU], y a veces diversión sobre sus tejemanejes. Un ejemplo: Danón contrasta el Parlamento israelí, donde te pueden elogiar en público pero decir cosas horribles de ti a puerta cerrada puede, con la ONU, donde sucede «exactamente lo contrario: la gente está muy contenta de denunciar públicamente a Israel, pero a puerta cerrada nos aprecia y admira». 

Es probable que este libro ayude asimismo a Danon en su ascenso en la política israelí.

danielpipes.org

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Lapid cambia yacimientos de gas por una línea de boyas http://elmed.io/lapid-cambia-yacimientos-de-gas-por-una-linea-de-boyas/ http://elmed.io/lapid-cambia-yacimientos-de-gas-por-una-linea-de-boyas/#comments Mon, 17 Oct 2022 11:39:35 +0000 http://elmed.io/?p=28783 La prensa israelí se debatía entre la estupefacción ante el pésimo acuerdo y el horror de coincidir con Netanyahu.

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Los ciudadanos del Estado de Israel fueron informados recientemente de que el Gobierno provisional del primer ministro Yair Lapid estaba a punto de intercambiar varios cientos de kilómetros cuadrados de la zona económica exclusiva de su país, potencialmente rica en recursos, por el «reconocimiento internacional» de una línea de boyas aparentemente poco reconocida. En otras palabras, después de discutir interminablemente con los negociadores estadounidenses durante una década sobre si Israel tiene derecho al 45%, al 55% o incluso al 100% de la zona marítima en disputa, lo que finalmente ha aceptado Jerusalén es el 0%.

A los pocos días, la gran fiesta de cumpleaños de Lapid se chafó. Como era de esperar, los libaneses informaron al mediador estadounidense de que no reconocerían la línea de boyas como frontera israelí. A sólo quedan unas semanas de las legislativas israelíes, la Administración Biden se apresuró a afirmar que aún creía posible un “compromiso duradero», y la reacción libanesa reveló confianza en que Washington cumpliría con su palabra.

La principal explicación de la prisa por cerrar a toda costa una de las negociaciones menos urgentes de la región puede encontrarse en Washington DC, que se ha erigido en defensor del pseudoestado dirigido por Hezbolá antes conocido como Líbano. La Administración Biden había descrito el acuerdo gasístico como una «prioridad clave», y el presidente Biden había insistido personalmente a Lapid a finales de agosto en la necesidad de cerrarlo en cuestión de semanas. Por lo visto, que el pueblo iraní esté siendo masacrado en las calles por expresar su odio al régimen de los ayatolás hace aparentemente más urgente el objetivo estadounidense de inundar de dinero a un satélite iraní.

Cuando los medios de comunicación libaneses se hicieron eco del acuerdo, el ex primer ministro israelí Benjamín Netanyahu no tardó en señalar a su rival: «Yair Lapid se rindió vergonzosamente ante las amenazas de Nasrala [el líder de Hezbolá]». Yuval Steinitz, ministro de Energía con Netanyahu que participó brevemente en las negociaciones sobre la frontera marítima –cuando la Administración Trump hizo su propio y errado intento mediador en 2020–, describió el acuerdo como «una rendición ante el chantaje».

Mientras tanto, la prensa israelí se debatía entre la estupefacción ante el pésimo acuerdo y el horror de coincidir con Bibi, que, después de todo, es el verdadero enemigo nacional de Israel. Sea como fuere, algunos reporteros especializados en seguridad nacional no pudieron evitar preguntarse con incredulidad: ¿podría ser que el Gobierno estuviera simplemente cediendo ante las amenazas de Hezbolá de atacar la infraestructura energética israelí si no conseguía lo que quería?

Los periodistas del complejo mediático americano-israelí del Equipo Obama, dirigido desde Washington DC, lanzaron inmediatamente una campaña para contrarrestar la idea de que Israel había sido presionado por Estados Unidos, o de que Lapid no había conseguido una gran victoria histórica en las negociaciones. Un funcionario anónimo negó que Israel se hubiera sometido completamente a las demandas de Beirut «señalando que el Líbano había exigido que la frontera fuera la Línea 29, más al sur, lo cual habría dado al Líbano partes del campo de gas de Karish». Por supuesto, eso es falso. La línea 23 es la única fronteriza que el país del Cedro ha depositado ante Naciones Unidas.

«Queremos debilitar la influencia de Hezbolá en el Líbano. Por eso intentamos avanzar en las negociaciones sobre la frontera marítima», declaró el mes pasado el asesor de seguridad nacional israelí Eyal Hulata, explicando asío por qué ahora se concederá a Hezbolá su propia plataforma gasística en el Mediterráneo –en asociación de facto con el gigante petrolero francés Total.

Otros consideraron un gran logro israelí la inclusión de una pequeña zona de separación (buffer zone) cerca de la costa de Naqura, que se adentra unos 5 kilómetros en el mar antes de unirse a la Línea 23, que Israel ha acordado conceder a Beirut. La zona está marcada por una línea de boyas que Israel colocó tras su retirada del Líbano. Barak Ravid, principal vocero israelí del equipo político de Obama-Biden desde los días en que abogaba por el fallido acuerdo nuclear entre Estados Unidos e Irán, transmitió que los funcionarios del Gobierno dijeron que el anclaje de la «línea de boyas» era «muy importante» porque «en los últimos 20 años el Ejército israelí operó a lo largo de esta línea unilateralmente y la parte libanesa tenía legitimidad internacional para desafiarla». El acuerdo, sin embargo, «permitirá a Israel tratarla como su frontera territorial norte».

Ni que decir tiene que la parte libanesa no estaba en absoluto de acuerdo con la lectura israelí, y modificó la propuesta estadounidense para reflejar su posición. Lapid, que hizo hincapié en las boyas como su mayor logro, rechazó la enmienda incluso cuando su Gobierno hizo público su deseo de cerrar el acuerdo. El domingo 9, el mediador estadounidense estaba listo con una propuesta actualizada.

Lo que se desprende claramente de este extraño episodio es que estabilizar e invertir en valores regionales iraníes es el núcleo del realineamiento Obama-Biden. Así es, pues, como se logra la «integración regional»: mostrando capacidad para presionar a los aliados a fin de que sacrifiquen su seguridad y de apuntalar los activos de los ayatolás incluso cuando el pueblo iraní está siendo masacrado en las calles.

© Versión original (en inglés): FDD
© Versión en español: Revista El Medio

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De Hitler a Putin: la costumbre palestina de apoyar siempre al 'bando equivocado' http://elmed.io/de-hitler-a-putin-la-costumbre-palestina-de-apoyar-siempre-al-bando-equivocado/ http://elmed.io/de-hitler-a-putin-la-costumbre-palestina-de-apoyar-siempre-al-bando-equivocado/#comments Mon, 17 Oct 2022 08:32:59 +0000 http://elmed.io/?p=28780 Abás opta por respaldar a un dictador despiadado como el muftí respaldó a Hitler y Arafat a Sadam.

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En los grandes conflictos internacionales, los dirigentes palestinos han optado a menudo, si no siempre, por apoyar al bando equivocado. A Adolf Hitler y a Sadam Huseín, y ahora al presidente ruso, Vladímir Putin, con quien se ha alineado el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abás.

Durante la Segunda Guerra Mundial, los palestinos se enfrentaron a la tesitura de apoyar al Eje o a las grandes potencias aliadas. Eligieron al Reich nazi alemán. Su entonces líder, el muftí Haj Amín al Huseini, pasó toda la guerra en Berlín, y al parecer aconsejó a Hitler que acabara con todos los judíos del mundo árabe. Las comunidades árabes locales se extasiaron cuando el general nazi Erwin Rommel invadió Egipto y puso rumbo a Palestina.

Al Huseini rechazó el Plan de Partición de las Naciones Unidas para Palestina, lo que condujo a la Nakba, también conocida como la Catástrofe Palestina. En la década de 1960, el entonces líder de la OLP, Ahmad Shukeiri, conspiró con Jordania, Siria y Egipto para expulsar a los judíos, lo que condujo a su derrota en la Guerra de los Seis Días de 1967.

Un empresario árabe que conocí en Dubai me dijo que su padre nunca dejó de donar dinero a la causa palestina, pues creía que su lucha formaba parte de una identidad cultural común. Las donaciones cesaron cuando el entonces líder palestino, Yaser Arafat, decidió apoyar la invasión de Irak a Kuwait, en 1990. En lo que respecta al mundo árabe, los palestinos mordieron la mano que les daba de comer.

Cuando grupos terroristas islámicos perpetraban ataques terroristas en Estados Unidos, los palestinos lo celebraban de la misma manera que lo hacen cuando matan a civiles israelíes aquí, en nuestro país. Pero algo ha empezado a cambiar, poco a poco, en la forma en que el mundo árabe ve a los palestinos; de lo contrario, no se habrían firmado los Acuerdos de Abraham (2020).

Esto nos lleva a la última decisión de los palestinos de apoyar a Moscú frente a las potencias occidentales en la invasión rusa de Ucrania. Un periodista palestino de alto nivel dijo en mayo: «Ucrania y su pueblo están acabados. El ganador es Irán». Entonces, parecía que sólo él lo creía, pero ahora está claro que la naturaleza destructiva de los palestinos se ha impuesto una vez más.

Recientemente se celebró en Astana, capital de Kazajistán, la Conferencia sobre Interacción y Medidas de Confianza en Asia, promovida por Rusia. Sólo dos dirigentes árabes asistieron a la cumbre: el líder de Kuwait, que patrocina entidades asociadas a los Hermanos Musulmanes, y Mahmud Abás. 

No importa cuán cálido sea el abrazo de la Administración Biden, o cuántos miles de millones le envíe la Unión Europea: Abás opta por respaldar a un dictador despiadado como el muftí respaldó a Hitler y Arafat a Sadam.

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