Revista El Medio http://elmed.io Noticias de Medio Oriente en español Fri, 21 Sep 2018 09:05:08 +0000 es-ES hourly 1 https://wordpress.org/?v=4.2.21 El funesto coste de la Guerra de Oslo http://elmed.io/el-funesto-coste-de-la-guerra-de-oslo/ http://elmed.io/el-funesto-coste-de-la-guerra-de-oslo/#comments Fri, 21 Sep 2018 09:05:08 +0000 http://elmed.io/?p=25827 Estamos ante "el más tremendo error estratégico de la historia de Israel" (Karsh).

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13 de septiembre de 1993. Isaac Rabín y Yaser Arafat se dan la mano en los jardines de la Casa Blanca. Acaban de firmar el documento que se suponía iba a dar inicio a la paz: el Acuerdo de Oslo. Los engranajes de la máquina se pusieron en marcha.

De la noche a la mañana, Yaser Arafat ya no era el líder de una organización terrorista derrotada. Se había convertido en el presidente de un cuasi Estado. Y su Organización para la Liberación de Palestina (OLP) se había transformado en la “Autoridad Palestina”.

Durante esta paz, los ataques terroristas contra los israelíes se volvieron cada vez más sangrientos y profusos, y pronto empezaron a perpetrarse a un ritmo frenético. Algunos fueron dirigidos deliberadamente contra niños y jóvenes, como la masacre de la discoteca Dolphinarium y el atentado suicida en la pizzería Sbarro. Arafat no condenó ninguno de ellos.

En septiembre de 2000, la Autoridad Palestina lanzó una guerra de guerrillas a gran escala que duró cuatro años y mató a más de mil israelíes.

Enseguida se hizo evidente que Arafat no iba a renunciar a ser un asesino múltiple. Su sucesor, Mahmud Abás, no ha sido mejor. Los asesinatos de judíos no cesaron. Israel decidió finalmente construir una barrera de seguridad. Los líderes palestinos siguieron planteando demandas que ningún país podría satisfacer sin suicidarse. Entre ellas estaba la de la retirada a las indefendibles líneas de armisticio de 1949 y permitir la entrada en Israel a millones de personas comprometidas con la aniquilación de los judíos:

Si bien es cierto que Hamás es una experta en conseguir que se mate a palestinos inocentes, con sus dichos y sus hechos ha dejado muy claro que prefiere matar judíos. Las siguientes palabras, que hielan la sangre, son de su carta fundacional: “El Movimiento de Resistencia Islámica aspira a cumplir la promesa de Alá, no importa cuánto tiempo lleve. El Profeta, Alá lo bendiga y le conceda la salvación, ha dicho: ‘El día del juicio no llegará hasta que los musulmanes combatan a los judíos (matando a los judíos), cuando los judíos se escondan bajo las piedras y los árboles. Las piedras y los árboles dirán: ‘Oh, musulmanes, oh, Abdulá, hay un judío detrás de mí, venid a matarlo’”.

Esto es una llamada directa y abierta al genocidio, inserta en uno de los documentos más exhaustivamente antisemitas que puedan leerse desde la publicación de los ‘Protocolos de los Sabios de Sion’. Parece que no hay mucha gente que sepa que el documento fundacional de Hamás es genocida.

A todo esto, se exhortó constantemente a Israel para que negociara e hiciera cada vez más concesiones.

Y las hizo. En 2005, Israel evacuó por la fuerza y de manera incondicional hasta el último judío de toda Gaza, medida que condujo a que Hamás se hiciera rápidamente con el control de la Franja. Además, ofreció, en un plan propuesto por el primer ministro Ehud Olmert en 2008, abandonar la mitad oriental de Jerusalén y retirarse casi por completo de la Margen Occidental y el valle del Jordán, lo que condujo a la ruptura de las negociaciones por parte de los palestinos. Aun así, en la arena internacional se siguió culpando a Israel.

Aunque la Autoridad Palestina nunca ocultó que seguía siendo la misma OLP genocida, no dejó de obtener reconocimiento: numerosos países de África, Asia y América Latina, incluso la Santa Sede, reconocen un “Estado palestino” que simplemente no existe. Palestina logró un asiento en la Unesco, y se le otorgó la condición de observador permanente en Naciones Unidas.

A pesar de que una gran parte se utilizaron para recompensar el terrorismo y financiar la incitación al odio contra los judíos, las subvenciones extranjeras que a la Autoridad Palestina no dejaron de aumentar.  

La propaganda palestina ganó terreno en el ámbito internacional, incluso en Israel. Un creciente número de israelíes árabes se han radicalizado; algunos han perpetrado atentados.

Las organizaciones extremistas que se han establecido en Israel pero son financiadas desde el extranjero en nombre de la “paz” han mostrado su verdadera faz, su abierta hostilidad a la existencia de Israel. La reciente aprobación de una ley que define Israel como el Estado-nación del pueblo judío, y que estipula lo que ha sido evidente desde la fundación de Israel en 1948 (la Declaración de Independencia no excluye a nadie y habla del “desarrollo del país en beneficio de todos sus habitantes”; también habla explícitamente del “derecho natural del pueblo judío a ser, como todas las demás naciones, dueño de su destino en su propio Estado soberano”), llevó a algunas de ellas a intentar provocar la ira antiisraelí entre la minoría drusa y a organizar protestas en Tel Aviv.

Veinticinco años después de Oslo, el balance es más bien lo que en 2003 el historiador Efraim Karsh, al hablar del apretón de manos entre Rabín y Arafat, denominó el comienzo de la “guerra de Oslo”. En ella, escribió, Israel concedió desde el principio una importante victoria a sus peores enemigos al darles una respetabilidad que no merecen, colocándose por tanto en una posición perdedora de la que nunca se recuperó del todo. En un exhaustivo estudio publicado en 2016, reafirmó su análisis y dijo que el apretón de manos de 1993 y el documento suscrito entonces fueron “el más tremendo error estratégico de la historia de Israel”.

En enero de 2017, el historiador Daniel Pipes, fundador y presidente del Middle East Forum, explicó en detalle la necesidad urgente de un profundo cambio en la manera de proceder de Israel, antes de que sea demasiado tarde. La población palestina, recalcó, está imbuida de “una obsesión genocida hacia Israel”; e hizo hincapié en que

al contrario de lo que dice el eslogan de Rabín, uno no hace la paz con enemigos muy desagradables, sino con exenemigos muy desagradables. Es decir, enemigos que han sido derrotados. (…)

(…) Como muestran los registros históricos, las guerras no acaban por obra de la buena voluntad, sino de la derrota de una de las partes. El que no gana, pierde. Las guerras suelen acabar cuando los fracasos hacen que una parte se desespere; cuando una parte ha abandonado sus objetivos y acepta la derrota; cuando esa derrota ha agotado la voluntad de luchar de esa parte. En cambio, si los contendientes sigan confiando en alcanzar sus objetivos, la lucha continúa, o puede reanudarse en un futuro.

En 2003, Joel Fishman, investigador del Jerusalem Center of Public Affairs, escribió que, antes de emprender ninguna acción más relativa a la cuestión palestina, el Gobierno israelí debería dejar de tratar a la Autoridad Palestina (AP) como lo que no es y empezar a tratarla como lo que es y nunca ha dejado de ser: una organización terrorista. Los Gobiernos de EEUU e Israel están yendo ahora en esa dirección. El pasado 6 de marzo, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, dijo que Abás debía “dejar de pagar a los terroristas por asesinar judíos”. Esas palabras no sólo equivalían a designar a Abás como líder terrorista; también recordaban a la opinión pública que el dinero incentiva el crimen. Hace unas semanas, el ministro israelí de Defensa, Avigdor Lieberman, señaló que Abás “paga 100 millones de shékels [unos 27 millones de dólares] en salarios a terroristas y asesinos” y añadió “un claro mensaje: basta”.

Los que apoyan a la AP están apoyando el terrorismo. Uno sólo puede llegar a la conclusión de que, al hacerlo, demuestran ser enemigos de Israel. Decir esto de algunos Gobiernos puede ser impopular, pero también se puede decir de algunas organizaciones no gubernamentales (ONG). NGO Monitor se fundó en 2002 para hacer frente a las organizaciones que, se capa de la “defensa de los derechos humanos”, apoyan objetivos a menudo nocivos. En julio de 2016, la Knéset aprobó una ley que exige que las ONG que reciban más de la mitad de sus fondos de manos extranjeras lo indiquen en sus informes financieros y lo expongan en sus comunicaciones publicitarias y a la hora de hacer lobby. ¿Le gustaría que más de la mitad de la financiación para la conformación de las políticas de su país procediesen veladamente de países abiertamente hostiles?

Otra labor urgente es la de exponer, refutar y rechazar las falsificaciones de la historia que propagan la AP y sus defensores. La decisión del Gobierno israelí de retirarse de la Unesco tras una votación en la que se negaba falsamente el vínculo judío con el Monte del Templo de Jerusalén y el Muro Occidental era algo que se tenía que haber hecho hace mucho tiempo. Cuando el primer ministro Netanyahu se refiere a la Margen Occidental, habla de Judea y Samaria, y afirma que Judea se llama así precisamente por la presencia milenaria de los judíos en el lugar, y explica que a la expulsión de los judíos de Judea y Samaria habría que llamarla por su nombre: limpieza étnica.

En una entrevista en marzo de 1977 en el periódico holandés Trouw, el líder de la OLP Zuheir Mohsen declaró:

El pueblo palestino no existe. La creación de un Estado palestino es sólo un medio para continuar nuestra lucha contra el Estado de Israel en pro de nuestra unidad árabe. En realidad, hoy no hay diferencias entre los jordanos, los palestinos, los sirios y los libaneses. Sólo por motivos políticos y tácticos hablamos hoy de la existencia de un pueblo palestino, ya que los intereses nacionales árabes exigen que planteemos un pueblo palestino diferenciado en oposición al sionismo.

Sirva como reconfirmación un vídeo publicado por el impagable Memri: un ministro del Interior de Hamás declara en 2012 que los palestinos son “simplemente saudíes y egipcios”.

Durante ocho años, la Administración Obama adoptó determinadas posiciones para socavar a Israel. Esas políticas culminaron el 23 de diciembre de 2016 con la decisión de no vetar una resolución de la ONU que exigía el retorno de Israel a las “fronteras de 1967”, que en realidad no son fronteras sino líneas de armisticio. Además, se hablaba de “Jerusalén Este” y de la Ciudad Vieja como “territorio palestino ocupado”. En cambio, el presidente Trump ha reconocido a Jerusalén como la capital de Israel y trasladado la embajada de EEUU de Tel Aviv a Jerusalén (14 de mayo), sacando así a la ciudad de la mesa de negociaciones. Guatemala siguió sus pasos y también trasladó su embajada a Jerusalén. Cuando el presidente Trump pidió a los líderes palestinos que dejaran de pagar estipendios a los terroristas encarcelados en Israel y a las familias de los terroristas muertos, los palestinos se negaron, así que él ordenó un recorte más de 200 millones de dólares en las ayudas a la Autoridad Palestina.

Asimismo, la Administración Trump considera injustificable extender el estatus de refugiado a los descendientes de los aproximadamente 500.000 refugiados árabes originales. Según un documento clasificado del Departamento de Estado, ya sólo quedan 30.000 refugiados originales. Así que el presidente cortó toda la financiación pendiente, unos 300 millones de dólares, a la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina (UNRWA), añadiendo que ésta había sido vulnerable a “la apropiación indebida y la corrupción”, y que había agravado el problema en vez de contribuir a resolverlo. El pasado día 9 decidió congelar 25 millones de dólares en la financiación de hospitales palestinos en Jerusalén por negarse a participar en los esfuerzos de paz, y el día 10 decidió cerrar la oficina de la delegación palestina en Washington.

Los regímenes árabes suníes saben que Israel podría ser su mayor aliado contra la amenaza iraní en la región. El príncipe heredero de Arabia Saudí, Mohamed ben Salman, dijo en Nueva York en abril que los palestinos tendrán que “aceptar las propuestas de la Administración Trump o callarse”. El 12 de agosto, Walid Sadi, exdiplomático jordano, escribió en el Jordan Times (periódico que depende directamente del Gobierno del reino) que la AP debía “resignarse a una solución imperfecta”. Esas palabras deberían llevar a uno a reflexionar sobre cuál sería, a ojos de la AP, una solución perfecta.

Israel se las tiene que ver siempre con la implacable hostilidad de la Unión Europea, Francia y Alemania, que hoy están entre los más ardientes defensores de la corrompida “causa palestina”. El Gobierno israelí sabe que no puede esperar nada bueno de ellos. En julio de 2016, Mahmud Abás fue ovacionado tras hacer unos comentarios abiertamente antisemitas en el Parlamento Europeo. En julio de 2017 Emmanuel Macron besó a Abás y, totalmente serio, le agradeció su “incansable trabajo en pro de la no violencia”. El pasado abril, el líder de Hamás Ismaíl Haniyeh apareció en la portada de una de las principales revistas francesas, Paris Match, que dedicó varias páginas a la hagiografía de un hombre que sólo puede ser descrito como un antisemita asesino. En abril de 2017, durante un viaje diplomático a Israel, el ministro de Exteriores alemán, Sigmar Gabriel, se reunió con organizaciones que difaman a los soldados israelíes llamándolos “criminales de guerra”. Según parece, la Unión Europea, Francia y Alemania no van a dejar de financiar a la AP y a decenas de organizaciones radicales antiisraelíes, y están haciendo todo lo que pueden para salvar el acuerdo nuclear iraní y al régimen de los mulás.

El número de israelíes que piensan que un acuerdo de paz es posible se está reduciendo. El número de israelíes que piensan que no tendrían que hacer más concesiones está creciendo. El número de árabes palestinos que apoyan los ataques terroristas, también.

En un reciente estudio que puntúa a los países en función de sus alianzas, su influencia y su liderazgo, Israel, a pesar de su pequeño tamaño, figuraba en la octava posición.

Hamás, entidad terrorista en reuinas, intenta convertir a la brutalmente gobernada población de Gaza en una horda de fanáticos sedientos de sangre. La AP es una autocracia comida por la corrupción que sobrevive sólo gracias a las enormes ayudas que recibe, en su mayoría del crédulo Occidente; un soborno que no sólo no ha funcionado, sino que, como sucede con la mayoría de las extorsiones, sólo ha dado lugar a más demandas de dinero, sin ningún cambio visible de conducta en los extorsionadores.

Es realmente trágico que los habitantes de Gaza y la Margen Occidental hayan sido tomados como rehenes durante tanto tiempo por los líderes palestinos, que les atiborran de falsas ilusiones, obstaculizan a su progreso y los llevan a la incitación contra Israel.

En febrero de 2017, el embajador estadounidense John Bolton, ahora consejero de Seguridad Nacional del presidente Trump, dijo que no veía ninguna institución viable en el lado palestino y añadió que pensaba que la mejor opción sería una “solución de tres Estados”, por la que Gaza se uniría a Egipto y parte de la Margen Occidental se uniría a Jordania. El Gobierno israelí no discrepó.

© Versión original (en inglés): Gatestone Institute
© Versión en español: Revista El Medio

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El activista palestino Basem Eid arremete contra el BDS http://elmed.io/el-activista-palestino-basem-eid-arremete-contra-el-bds/ http://elmed.io/el-activista-palestino-basem-eid-arremete-contra-el-bds/#comments Thu, 20 Sep 2018 08:06:18 +0000 http://elmed.io/?p=25825 "No hace más que utilizarnos. Nunca nos ayudará".

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“Amigos, el BDS es un movimiento que trata de utilizar a los palestinos para conseguir dinero y poder”, dijo el pasado día 5 Basem Eid, en una conferencia celebrada en el Parlamento Europeo. “Si Europa cortara los fondos mañana al BDS, como Trump ha hecho con la UNRWA, en seis meses dejaría de existir”.

“El BDS no hace más que utilizarnos. El BDS nunca nos ayudará”, clamó el activista palestino por los derechos humanos, que también cargó duramente contra el propio liderazgo palestino (“Lo que le interesa a la Autoridad Palestina es ver cómo consigue mantener a los palestinos en el sufrimiento. Sólo por el sufrimiento pueden gobernarlos”). “El BDS jamás querrá que se alcance cualquier tipo de paz entre los israelíes y los palestinos. El BDS quiere destruir Israel, y yo, como palestino, no tengo tiempo para eso”.

El BDS es un movimiento israelófobo que pretende la marginalización internacional de Israel mediante el boicot, las desinversiones y las sanciones.

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El victimismo palestino ya no vende http://elmed.io/el-victimismo-palestino-ya-no-vende/ http://elmed.io/el-victimismo-palestino-ya-no-vende/#comments Wed, 19 Sep 2018 08:35:15 +0000 http://elmed.io/?p=25823 Por fin, el presidente Trump ha dicho basta.

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Tras una aceptación de décadas de la idea de que los palestinos merecen recibir asistencia financiera de EEUU sin ofrecer nada a cambio, por fin el presidente Trump ha dicho basta. Harto de sus mentiras y obstinación, ha decidido que los palestinos no tienen derecho a servirse del dinero del contribuyente norteamericano para pagar a terroristas, asistir a pseudorrefugiados y llenar el bolsillo de un liderazgo corrupto volcado en enriquecerse y enriquecer a su entorno.

Lo de cortar la ayuda a la UNRWA era algo largamente esperado porque esa organización simboliza el carácter fraudulento de los reclamos palestinos. La UNRWA se ha sacado de la manga cinco millones de refugiados y ha creado un sistema de beneficencia que les garantiza la miseria permanente. El problema de los refugiados podía haberse resuelto hace ya decenios, como concibió la propia UNRWA en un primer momento, si los líderes del Líbano, Egipto, Jordania y Siria les hubieran concedido la ciudadanía de sus respectivos países, sacado de los campos y permitido asimilarse en sus sociedades, con las que ya compartían lengua, religión y cultura.

¿Y cómo puede alguien justificar que los propios líderes palestinos mantengan a su pueblo confinado en campos? Luego de que Israel evacuara Gaza, los palestinos dijeron que sobre las ruinas de los asentamientos construirían casas para los refugiados, y recibieron miles de millones de dólares para ese proyecto. Pues bien, no creo que se haya construido una sola casa para un solo refugiado.

¿A dónde ha ido a parar ese dinero?

A Hamás, que ha fabricado cohetes y excavado túneles; que se ha preocupado por sí misma a costa del pueblo. Quizá un día los refugiados se cansen de ser utilizados como carne de cañón contra Israel y protesten contra sus carceleros de Fatah y Hamás.

Los propalestinos predijeron enseguida que la pérdida de la financiación norteamericana propiciaría una catástrofe humanitaria en los territorios. Pero ¿dónde están los otros 190 países del mundo que no llenan el vacío? La mayoría de ellos proclaman su lealtad a la causa palestina y votan a favor de cada resolución de la ONU que alimenta las fantasías palestinas. Por supuesto, votar es bien sencillo y gratis. Si de verdad están tan preocupados, ¿no creen que una coalición de Estados, o la UE sola, podría aportar los pocos cientos de millones de dólares que venía aportando EEUU? Los países árabes productores de petróleo podrían financiar el presupuesto anual de la Autoridad Palestina con los ingresos semanales que obtienen del crudo.

¿Y qué pasaría si todos esos grupos e individuos que promueven el antisemita boicot a Israel se gastaran el dinero en socorrer a los palestinos en vez de en convencer a los artistas de que no actúen en Israel, en llenar los campus universitarios de propaganda o en perjudicar las oportunidades de empleo de los palestinos que quieren trabajar en Israel? Seguro que Roger Waters, Viggo Mortensen, Penélope Cruz y todo ese millar largo de celebridades que abogan por el BDS podrían reunir la suficiente cantidad de dinero para atender a la gente que, dicen, tanto les preocupa.

¿Por qué los palestinos, a los que les encanta copiar las ideas de la comunidad proisraelí, no venden bonos palestinos? Sólo en EEUU, Israel obtiene más de 1.000 millones de dólares de donantes. Seguro que los seguidores de las organizaciones que dicen desvivirse por los palestinos, como JVP, SJP o CAIR, correrían a comprarlos.

Pero la Autoridad Palestina no tiene dinero para pagar a esos tenedores. Quizá si no destinara decenas de millones de dólares a pagar a los terroristas presos en las cárceles israelíes y a las familias de los mártires tendría dinero para una campaña de bonos. Pero, si consiguieran dinero de esa manera, ¿podrían los corruptos líderes palestinos seguir malversando y financiando a los terroristas?

Quienes se quejan de Trump olvidan que los palestinos no concedieron nada a Obama. Al contrario, se volvieron aún más obstinados como consecuencia de la simpatía del anterior mandatario norteamericano hacia su causa. Mahmud Abás, que había negociado con Ehud Olmert antes de que Obama llegara a la Presidencia, se negó a hacer lo propio con Benjamín Netanyahu durante todo el mandato del demócrata.

Obama siguió el decrépito y tópico manual que ha generado 70 años de fracasos en la diplomacia norteamericana. El equipo de Trump está dinamitando el enfoque arabista. A diferencia de sus predecesores, ve que la estrategia negociadora de los palestinos consiste en asegurarse concesiones israelíes sin dar nada a cambio: se sirven de la más reciente posición israelí como punto de partida para unas nuevas conversaciones, en las que querrán sacar nuevas concesiones a sus interlocutores.

Según Adam Entous, del New Yorker, Jared Kushner, Jason Greenblatt y David Friedman comparan la decisión palestina de rechazar las ofertas previas de Israel con haber dejado pasar la ocasión de comprar acciones de Google hace 20 años: ahora es demasiado tarde para reclamar el precio antiguo y toca pagar mucho más.

Igualmente importante: Trump ha puesto la mira directamente en las vacas sagradas del proceso de paz: Jerusalén y los refugiados. Los arabistas creían que Israel necesitaba volver a dividir la ciudad y predijeron el apocalipsis cuando Trump decidió sacarla de la mesa de negociaciones reconociéndola como capital de Israel. Una vez más, se equivocaron. La maniobra de Trump fue crucial para desengañar a los palestinos de su fantasía de reclamar Jerusalén como capital sólo para ellos.

Los arabistas compraron el relato palestino de los cinco millones de refugiados expulsados en la Nakba y esperaban que Israel aceptara al menos un derecho de retorno limitado, a sabiendas de que eso sería el suicidio de Israel como Estado judío. Trump, en cambio, se negó a aceptar la definición de refugiado de la UNRWA; su Administración está haciendo una estimación realista del número de refugiados, probablemente en torno a los 150.000-200.000, que estaría más cerca de los 100.000 que Israel ofreció hace ya mucho aceptar por razones humanitarias.

Se espera que Israel haga concesiones, que puede que incluyan la evacuación de algunos asentamientos, pero estarán en línea con las ofertas que ha hecho en el pasado.

Salvo los fanáticos de Teherán que se preocupan de los palestinos sólo en la medida en que puedan utilizarlos para hacer avanzar sus intereses y amenazar a Israel, la mayoría de los líderes árabes y musulmanes se han hartado de la cuestión palestina. Se decía que los líderes árabes temían que la calle árabe se levantara contra ellos si osaban abandonarla. Eso siempre fue un mito. Cuando esa misma calle árabe no reaccionó al reconocimiento norteamericano de Jerusalén como capital de Israel y al posterior traslado de la embajada de EEUU en Israel a la ciudad, la falta de preocupación por los palestinos quedó más clara que nunca.

No es probable que el plan de Trump tenga éxito, pero no por sus componentes sino por el irredentismo palestino. Ideológica, islámica, psicológica y políticamente, los palestinos no desean la paz con Israel.

Ideológicamente, los palestinos están dirigidos por una vieja guardia que nunca ha sido capaz de abandonar la idea de la liberación de toda Palestina, lo cual quiere decir que no están más dispuestos a renunciar a Haifa que a Jerusalén. Islámicamente hablando, es inconcebible que lo que los palestinos consideran tierra musulmana pueda estar en manos judías, o que los dimíes puedan gobernar a musulmanes. En términos psicológicos, los palestinos se sienten agraviados, ven en el establecimiento de Israel el pecado original y necesitan que se atiendan sus demandas, empezando por el reconocimiento del derecho de retorno. Por lo que hace a la cuestión política, las encuestas muestran que la opinión pública palestina tiene poco interés en la paz si no entraña la capitulación israelí; y si piensa de otra forma, no lo dice bajo el yugo de sus dictatoriales líderes.

Los palestinos merecen algo mejor, pero, como editorializó en su día el Wall Street Journal, “si quieren ser tratados con la consideración que se da a un socio por la paz, en primer lugar tienen que mostrar interés por la paz”. El pueblo palestino sufre y está descontento con la negación de sus derechos cívicos y humanos por parte de sus líderes, pero vuelca su frustración sobre Israel. Tiene que volver las cometas, las bombas y los cohetes contra la Muqata de Ramala y el cuartel general de Hamás. Ha de exigir el control sobre su propio futuro, abandonar la ideología, el fanatismo religioso y las políticas del pasado y abrirse a nuevas oportunidades.

© Versión original (en inglés): The Algemeiner
© Versión en español: Revista El Medio

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Terrorismo palestino: la responsabilidad de Abás es tremenda http://elmed.io/terrorismo-palestino-la-responsabilidad-de-abas-es-tremenda/ http://elmed.io/terrorismo-palestino-la-responsabilidad-de-abas-es-tremenda/#comments Tue, 18 Sep 2018 08:47:23 +0000 http://elmed.io/?p=25821 El 'rais' tiene sangre en las manos: la de Ari Fuld y la de tantos otros.

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El pasado día 15, en un discurso ante el Comité Ejecutivo de la OLP, el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abás, repitió el viejo libelo de que Israel estaba planeando establecer zonas especiales de rezo para los judíos en la mezquita de Al Aqsa. Abás clamó que Israel estaba tratando de hacer lo mismo que en la Tumba de los Patriarcas de Hebrón, donde judíos y musulmanes oran en secciones separadas.

No dijo de dónde sacó esa mentira. Ni aportó prueba alguna de la supuesta conjura israelí. En cambio, sí dijo que los palestinos, junto con Jordania, planean llevar la cuestión a la Corte Penal Internacional y la Corte Internacional de Justicia.

Las palabras de Abás fueron rápidamente reproducidas en varios medios del mundo árabe, la Margen Occidental y Gaza. Los titulares que aparecieron en las webs afiliadas a Hamás y a la Yihad Islámica Palestina –el segundo mayor grupo terrorista de la Franja– proclamaban que Israel planeaba permitir a los judíos orar en la mezquita de Al Aqsa.

Ni que decir tiene que Israel no tiene la menor intención de hacer algo así. Ahora bien, en los últimos años se ha vuelto a permitir a los judíos –y a los demás no musulmanes– hacer visitas perfectamente legales al Monte del Templo.

Pese a las provocaciones y los violentos ataques de los musulmanes, miles de judíos han acudido al lugar sacro bajo protección policial. Merece la pena destacar que la Policía israelí prohíbe terminantemente a judíos y cristianos rezar o hacer cualquier tipo de “despliegue religioso” en cualquier lugar del Monte del Templo.

¿Por qué la falsa acusación de Abás es relevante y peligrosa?

A las pocas horas de que se publicaran informaciones al respecto, un palestino de 17 años de la localidad de Yata, en el sur de la Margen Occidental, apuñaló mortalmente a Ari Fuld, un ciudadano americano-israelí de 45 años, padre de cuatro niños, en un centro comercial de Gush Etzion, al sur de Belén.

Según los grupos terroristas palestinos, el terrorista, Jalil Yabarín, decidió asesinar a un judío en represalia por los “crímenes” israelíes contra la mezquita de Al Aqsa y contra los santos lugares islámicos en general.

En otras palabras: el terrorista recibió el influjo de la incitación de Abás. No hay duda de que leyó las informaciones que recogían la denuncia de Abás de que Israel estaba planeando permitir a los judíos rezar en la mezquita de Al Aqsa.

Los grupos terroristas palestinos se apresuraron a establecer una conexión entre el asesinato de Fuld y las declaraciones de Abás. Así, la Yihad Islámica Palestina dijo, por medio de un comunicado, que el apuñalamiento era “la respuesta natural ante el terrorismo sionista, comprometido con la agresión y el crimen contra nuestro pueblo, nuestra tierra y nuestros santos lugares”. Por su parte, Hamás dijo que se trató de una respuesta a las “violaciones” de Israel contra la mezquita de Al Aqsa. “Saludamos este heroico ataque y afirmamos que el daño a la mezquita de Al Aqsa es una línea roja”, declaró el dirigente de Hamás Husam Badran. “Esta operación ha sido una respuesta a lo que pretende hacer Israel en la mezquita de Al Aqsa”.

Las declaraciones de Hamás y la Yihad Islámica Palestina confirman que hay un vínculo directo entre la falsa acusación de Abás y el asesinato del ciudadano israelo-americano. Los grupos terroristas están diciendo indirectamente que Yabarín decidió asesinar a un judío porque su presidente, Abás, dijo –al propio Yabarín y al resto del mundo– que Israel estaba planeando crear un lugar especial de rezo para los judíos en la mezquita de Al Aqsa.

No es la primera vez que Abás profiere una falsedad así. A quienes lo hayan olvidado habrá que recordarles que fue él quien desencadenó la Intifada de los Cuchillos en 2015, con su acusación de que los judíos estaban “profanando la mezquita de Al Aqsa con sus sucios pies”. Estas palabras fueron su respuesta a la decisión del Gobierno israelí de levantar una prohibición temporal de visitas judías al Monte del Templo.

Abás, entonces, dijo:

Al Aqsa es nuestra, la Iglesia del Santo Sepulcro es nuestra, y ellos no tienen derecho a profanarlas con sus sucios pies. No les permitiremos hacerlo, y haremos todo lo que podamos para proteger Jerusalén.

Y añadió:

Saludamos cada gota de sangre derramada por Jerusalén. Es sangre pura, limpia, en el camino de Alá. Con la ayuda de Alá, cada ‘shahid’ [mártir] irá al cielo, y cada herida obtendrá su recompensa.

Poco después, los palestinos lanzaron una oleada de apuñalamientos y atropellos como parte de lo que denominaron Intifada de Jerusalén, o Intifada de los Cuchillos, en el curso de la cual cientos de israelíes resultaron heridos o fueron asesinados.

Abás y su Autoridad Palestina han seguido desde entonces incitando a los palestinos contra Israel denunciando que los judíos “invaden e irrumpen violentamente” en Al Aqsa.

Eso es, por supuesto, falso, porque los judíos que visitan el Monte del Templo jamás ponen un pie en la mezquita. Los judíos y los cristianos no pueden siquiera orar en lugar alguno del Monte. De hecho, la Policía israelí detiene a los judíos que son vistos rezando, cantando, postrándose, llorando o cerrando los ojos.

Pero Abás no permitirá que nadie le confunda con los hechos. Él vive en su mundo imaginario, en el que sigue diciendo mentiras e incitando contra Israel. Su última patraña es directamente responsable del asesinato de Ari Fuld, apuñalado por un terrorista que se creyó sus mentiras sobre un supuesto plan israelí para dividir Al Aqsa.

Ya es hora de que la comunidad internacional vea que es la incitación antiisraelí de Abás lo que lleva a los palestinos a coger un cuchillo y apuñalar al primer judío que se encuentren.

Abás tiene sangre en las manos: la de Ari Fuld y la de tantos otros.

© Versión original (en inglés): Gatestone Institute
© Versión en español: Revista El Medio

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La locomotora norteamericana no se detiene en la estación palestina http://elmed.io/la-locomotora-norteamericana-no-se-detiene-en-la-estacion-palestina/ http://elmed.io/la-locomotora-norteamericana-no-se-detiene-en-la-estacion-palestina/#comments Mon, 17 Sep 2018 08:49:49 +0000 http://elmed.io/?p=25819 Trump ha decidido ignorar completamente al liderazgo palestino.

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  • La locomotora norteamericana no se detiene en la estación palestina
  • El analista israelí Reuven Berko recurre a una metáfora ferroviaria para exponer su idea de que Trump ha decidido ignorar completamente al liderazgo palestino, al que considera un obstáculo para sus planes regionales.

    Los palestinos han cavado un túnel bajo nuestros pies. Irónicamente, la luz que ven al final del mismo es la de la locomotora trumpiana yendo a toda marcha contra ellos, llevándose por delante sus sueños. De momento, el traslado de la embajada de EEUU [en Israel] a Jerusalén ha hecho trizas su ilusión de convertir ésta en la capital de Palestina. Igualmente, la UNRWA ha sido laminada, y con ella la mentira de los refugiados y la fantasía de su ‘retorno’. El apoyo financiero a la Autoridad Palestina ha sido recortado, y clausurada su oficina en Washington.

    La locomotora de Trump avanza a toda máquina [por todo el mundo] en pro de los intereses americanos (…) En las estaciones que encuentra a su paso, Trump reconstruye la coalición destruida por Barack Obama, se dispone a poner freno a Irán, China y sus aliados y amansa a los recalcitrantes países europeos. Los palestinos han comprendido, demasiado tarde, que la luz al final de su túnel de incitación era (…) la de la locomotora trumpiana. Pese a su empeño por hacerla descarrilar, [la locomotora] de Trump no se ha detenido a hacer negocios en la estación palestina de la manipulación y el rechazo permanente: simplemente la ha dejado atrás.

    El analista irano-americano Amir Taheri reflexiona sobre los Acuerdos de Oslo incidiendo en aspectos por lo general no resaltados por los demás estudiosos de la cuestión.

    Oslo no sólo no preveía la creación de un Estado palestino, sino que puede haberla pospuesto ‘sine die’. [Oslo] creó un nuevo ‘statu quo’ con el que se encuentran cómodos quienes tienen armas y dinero en el bando palestino, mientras que el israelí puede por su parte ahorrarse las perspectivas a largo plazo de una situación inestable.

    (…)

    Un cuarto de siglo más tarde, tenemos un ‘statu quo’ que, aunque lejos de ser ideal, semeja estable, así como la esperanza titilante de un nuevo acuerdo muñido por EEUU. En ambos casos, y frente a la percepción común, son los palestinos, por débiles y divididos que se encuentren, quienes habrán de tomar una decisión.

    En esta breve pieza, Aminetth Sánchez da cuenta de innovaciones tecnológicas israelíes que podrían hacer avanzar sustancialmente al sector agrario de América Latina, de gran importancia para la región.

    El riego por goteo. Un método que utiliza moscas modificadas genéticamente para combatir las plagas. Un proyecto para lograr que las vacas tengan el récord mundial de producción de leche. Todas son innovaciones israelíes reconocidas que resuelven problemas de la agricultura, sector que aporta casi 3% del Producto Interno Bruto (PIB) de aquel país.

    La búsqueda constante de soluciones innovadoras ha convertido a Israel en un hub de tecnologías agrícolas. Cada vez más gobiernos, empresas y agricultores acuden al país para identificar proyectos e importarlos a sus regiones. “Hay muchas ‘start-ups’ en temas de agricultura, agua, tecnología alimentaria y verdes”, dice Tobias Mendelovici, ‘managing partner’ de la consultora Ocean Business, especializada en conectar a empresas israelíes con compañías, organizaciones o gobiernos en América Latina que quieran implementar iniciativas con tecnología innovadora.

    Aunque las propuestas israelíes abarcan distintas divisiones del sector y han arrojado resultados positivos, Mendelovici –agrónomo y titular de la consultora fundada en 2011– afirma que hay cuatro temas principales que los emprendimientos agrícolas de Israel, por su experiencia, pueden resolver en América Latina.

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    EEUU revoca la visa al 'embajador' palestino http://elmed.io/eeuu-revoca-la-visa-al-embajador-palestino/ http://elmed.io/eeuu-revoca-la-visa-al-embajador-palestino/#comments Mon, 17 Sep 2018 07:37:31 +0000 http://elmed.io/?p=25816 "EEUU está llevando la presión y el chantaje a los palestinos a un nuevo nivel", clama la OLP.

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    Hanán Ashrawi, miembro del Comité Ejecutivo de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), informó este domingo de que la Administración Trump ha revocado el visa del más alto funcionario palestino en Washington, Husam Zomlot, así como el de sus familiares.

    Esta decisión se produce poco después de que las autoridades norteamericanas clausuraran la sede de la OLP en Washington, por lo que considera obstruccionismo palestino en lo relacionado con la resolución del conflicto que les enfrenta con los israelíes.

    “EEUU está llevando la presión y el chantaje a los palestinos a un nuevo nivel”, ha denunciado Ashrawi.

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    Los Acuerdos de Oslo, 25 años después http://elmed.io/los-acuerdos-de-oslo-25-anos-despues/ http://elmed.io/los-acuerdos-de-oslo-25-anos-despues/#comments Sat, 15 Sep 2018 05:58:12 +0000 http://elmed.io/?p=25814 El proceso de paz está estancado. Palestina está fracturada entre Gaza y Cisjordania. Israel vive bajo amenaza constante. Unas bodas de plata para el olvido.

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    El 13 de septiembre de 1993, Simón Peres (por Israel) y Mahmud Abás (por la OLP) insertaron sus firmas en la Declaración de Principios en una ceremonia celebrada en los jardines de la Casa Blanca de Bill Clinton. Conocido como los Acuerdos de Oslo, este pacto puso en marcha un proceso de negociaciones tendentes a alcanzar una paz definitiva. En sus bodas de plata, israelíes y palestinos siguen tan amargamente enfrentados como entonces.

    Al acceder al pacto, la OLP se vio forzada a renunciar oficialmente a la praxis terrorista y a su anunciado objetivo histórico de establecer un Estado palestino “desde el río [Jordán] hasta el mar [Mediterráneo]”, lo que requería la obliteración de Israel. Formalmente reconoció al Estado de Israel. En la actualidad, Gaza es gobernada por palestinos, pero padece un bloqueo en sus fronteras, incluida la egipcia. Casi la totalidad de la población palestina de Cisjordania está bajo gobierno palestino, pero Ramala sólo controla una porción de las tierras que reclama. A su vez, grandes cantidades de palestinos cayeron bajo el fuego de soldados de Israel en varias confrontaciones. El Estado palestino prometido en 1993 sigue siendo una fantasía.

    Al consentir el acuerdo, Israel se convirtió en la primera nación de la Historia en armar a un enemigo legendario con la esperanza de obtener seguridad a cambio. Como ha observado Efraim Karsh, profesor emérito del King’s College, por lo general los acuerdos de paz llevan la premisa del desarme de la facción guerrera, como en los casos de las FARC y el IRA. A pesar del inquietante récord de la OLP –promoción de terrorismo global, corrupción económica endémica, desestabilización de Jordania, papel sangriento en la guerra civil libanesa, alianza con el Irak de Sadam Husein–, el Gobierno israelí de aquel entonces, laborista, rescató a una agrupación moribunda, la legitimó ante los ojos del mundo y facilitó su retorno triunfal a la Palestina histórica desde su exilio en Túnez. Desde entonces, más de 1.500 israelíes han muerto a manos de los terroristas, miles de cohetes han sido lanzados a Israel desde la franja de Gaza (evacuada por Israel en 2005, hoy en manos de un movimiento yihadista), y una entidad políticamente hostil fue creada en zonas de Cisjordania (la Autoridad Palestina liderada por Fatah).

    ¿Por qué Oslo? Para responder este interrogante, debemos recordar la coyuntura en la que se hallaban Israel y la OLP en aquella época y las cosmovisiones que animaron la diplomacia secreta israelí del momento.

    El desmoronamiento de la Unión Soviética a inicios de los años 90 privó a la OLP de su padrino político internacional. La alianza entre Arafat y Husein significó el aislamiento diplomático de la OLP una vez Irak fue expulsado de Kuwait. Ese error de Arafat le costó caro al pueblo palestino. Miles de palestinos fueron muertos en Irak en venganza, y cientos de miles fueron expulsados de los países del Golfo Pérsico. Además, los países árabes, mecenas históricos de la OLP, le dieron la espalda. A fines del siglo XX, la OLP de Arafat estaba políticamente marginada y tenía apuros económicos. Cuando los israelíes le lanzaron el salvavidas político que significó el pacto de Oslo, la OLP no tuvo más remedio que aferrarse a él. Hani al Hasán, un destacado oficial palestino, caracterizaría al acuerdo como “la paz de la necesidad”. Israel, por su parte, estaba desesperado por poner un fin a la intifada que había estallado espontáneamente en diciembre de 1987. Con una opinión pública mundial indignada y una sociedad local agobiada, las autoridades israelíes se sentían muy presionadas. Oslo también fue un salvavidas para ellas.

    Dos enfoques disímiles y contradictorios chocaron en la arena política israelí durante la primera mitad de los años 90. La noción de un Nuevo Oriente Medio, fomentada por el canciller laborista Simón Peres, sugería que un entramado de relaciones económicas entre Israel y sus vecinos árabes suprimiría añejas quejas nacionalistas y antipatías religiosas y cristalizaría en el advenimiento de una era de paz y armonía regionales. Un naciente Estado palestino daría satisfacción a los anhelos nacionales y materiales de los palestinos, quienes, con su estadidad conseguida y el bienestar económico asegurado, abandonarían sus destructivos impulsos antisionistas. Sobre la premisa de “Si ellos no comen, nosotros no dormimos”, Israel auspició el desarrollo económico de Gaza y Cisjordania con la ilusión de que así se disiparían los nubarrones de la contienda bélica. (Sólo en la última década, la economía cisjordana creció cerca del 49%; la economía gazatí, desconectada de Israel, se contrajo más de un 5% en el mismo período). Filosóficamente, el postulado era, en esencia, marxista, al apoyarse en la idea de que las motivaciones económicas son el factor determinante de las relaciones humanas y estatales.

    En la vereda de enfrente, Benjamín Netanyahu, del Likud, promovía una visión política alternativa que era, en su esencia filosófica, kantiana. Proponía la idea de que sólo regímenes democráticos podían producir la paz entre los pueblos. Sostenía que llenar los cofres de entidades dictatoriales o irredentistas (como la OLP) no las haría más moderadas, sino más poderosas. Kant predijo doscientos años atrás que las democracias propenden a la paz –interna y externa– y las tiranías a la guerra. Siendo el líder del nacionalismo palestino Yaser Arafat, un hombre que a lo largo de su vida trajinó los senderos más oscuros de la violencia política, Netanyahu creía que transformarlo en un profeta de la paz era un emprendimiento tan ingenuo como imposible. Básicamente, Netanyahu estaba convencido de que era un error “compartir la Tierra Santa con el menos santo de los movimientos nacionalistas de nuestro tiempo”, en las palabras de Yosi Klein Halevi, defensor desencantado del proceso de paz. Durante los años noventa, Bibi –como se lo conoce popularmente– representó la oposición más ácida a los Acuerdos de Oslo.

    Casualmente, el mismo año de la firma de los Acuerdos de Oslo (1993) Peres publicó El nuevo Oriente Medio, texto que contenía sus ideas revolucionarias sobre la región, y Netanyahu Un lugar entre las naciones, su obra-fetiche sobre el lugar de Israel en la comunidad internacional. Sus miradas no podían ser más antagónicas.

    Existió una tercera vertiente, sin embargo. En aquel momento el primer ministro israelí era Isaac Rabín, un comandante militar de impecables credenciales y con fama de duro dentro del laborismo. Rabín no compartía la mirada rosada de Peres sobre un Medio Oriente renovado y sentía un rechazo contundente hacia Arafat. Pero, al igual que su canciller, estaba convencido de que la ocupación israelí de Gaza y Cisjordania era inviable. Alguna desconexión territorial debía advenir. “Sacar Gaza de Tel Aviv” fue un eslogan de campaña del laborismo. Rabín quería la separación política con los palestinos, para lo cual necesitaba crear un gobierno autónomo en las zonas disputadas. La OLP de Yaser Arafat ocupó ese lugar. Así, mientras Peres quería un matrimonio entre israelíes y palestinos, Rabin buscaba un divorcio. Ambas perspectivas convivieron durante los años del proceso de paz dentro del mismo partido.

    Pero lo verdaderamente curioso fue la notable transformación ideológica de ambas figuras políticas en relativamente poco tiempo. Trece años antes de poner su firma en los acuerdos con la OLP, Simón Peres opinaba:

    Los interlocutores que aducen que Arafat quedará satisfecho con un objetivo menos ambicioso, es decir, que Israel se retire a las fronteras previas a junio de 1967, abandone Jerusalem Oriental y conceda el establecimiento de un Ejército palestino, pueden no darse cuenta de que están patrocinando un plan que perjudicaría la capacidad de autodefensa israelí y dejaría a Israel sin fronteras defendibles… Un Estado de la OLP no pondría fin sino que prolongaría la contienda; sería una plataforma para la continuación de la lucha, no redundaría en pos de la reconciliación.

    Un año antes, en 1979, Isaac Rabín ofrecía esta declaración no menos sorprendente:

    Nos oponemos en los términos más rotundos a la creación de un mini-Estado palestino en la Margen Occidental y la Franja de Gaza, fundamentalmente porque no puede resolver nada… Los líderes de la OLP han declarado –y yo les creo– que ven ese mini-Estado como la primera fase para la obtención de su sedicente ‘Estado secular y democrático’, que habría de ser erigido en Palestina sobre las ruinas del Estado de Israel.

    Ni Rabín (asesinado por un compatriota en 1995), ni Arafat ni Peres (fallecidos en 2004 y 2016, respectivamente) llegaron al 25º aniversario del polémico acuerdo que ellos gestaron. Sus sucesores actuales, Abás y Netanyahu, son adversarios enconados.

    El proceso de paz está estancado. Palestina está fracturada entre Gaza y Cisjordania. Israel vive bajo amenaza constante. Unas bodas de plata para el olvido.

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    La crisis diplomática entre Estados Unidos y Turquía http://elmed.io/la-crisis-diplomatica-entre-estados-unidos-y-turquia/ http://elmed.io/la-crisis-diplomatica-entre-estados-unidos-y-turquia/#comments Thu, 13 Sep 2018 09:24:19 +0000 http://elmed.io/?p=25800 El antiamericanismo es más fuerte en Turquía que en Venezuela, el Líbano, Túnez, Indonesia e incluso Rusia.

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    En términos oficiales, Turquía y EEUU son aliados en la OTAN y socios estratégicos. En estos días, su relación parece cualquier cosa menos una alianza o una asociación, pero el cambio no se ha producido de la noche a la mañana.

    En 1964, el presidente estadounidense Lyndon Johnson advirtió a Turquía contra movimientos militares imprudentes que pudiera estar planeando en Chipre. La famosa carta de Johnson llevó al primer ministro turco del momento, Ismet Inönü, a convocar a su Gabinete para una sesión de urgencia. Esa fue la primera grieta importante entre Estados Unidos y su aliado del sudeste europeo, guardián de una de las fronteras de Occidente con la URSS. La carta de Johnson también fue el primer incidente que prendió la mecha (sobre todo en la izquierda) del antiamericanismo en Turquía.

    La advertencia del presidente Johnson puede que contribuyera a que el Ejército turco permaneciera en sus barracones mientras, a finales de la década de 1960, el conflicto intercomunitario chipriota se agravaba. Pero en 1974 ese mismo ejército invadió el tercio norte de la isla, en respuesta a una efímera intentona golpista que pretendía anexionar Chipre a Grecia. En 1975, el Congreso norteamericano dictó un embargo de armas a Turquía, pese a las objeciones de la Administración Ford, después de que Ankara se negara a renunciar a ninguno de los territorios que había capturado el año anterior.

    Cuarenta y tres años después, el Congreso dio un paso hacia la prohibición de la entrega de aviones furtivos F-35 a Turquía después de que la Cámara de Representantes y el Senado acordaran un texto para un proyecto de ley sobre gasto en defensa. Las dos cámaras accedieron a prohibir la entrega de más F-35 a Turquía hasta que el Pentágono presentara un plan que valorara el impacto de expulsar a Ankara del programa Joint Strike Fighter (el análisis llegaría noventa días después de que el texto se convirtiera en ley).

    Ahora no estamos en 1964 ni en 1975. En primer lugar, en las décadas de 1960 y 1970 la opinión pública turca era en gran parte proamericana (y antisoviética), y el antiamericanismo era “cosa de la extrema izquierda”. En 2017, sin embargo, el 79% de los turcos consultados por el Pew Research Center dieron una opinión desfavorable de EEUU, frente a la media global del 39%. El antiamericanismo es más fuerte en Turquía que en Venezuela, el Líbano, Túnez, Indonesia e incluso Rusia.

    En segundo lugar, las anteriores crisis turco-americanas fueron en gran medida monocausales, mientras que la actual tiene múltiples dimensiones, y por lo tanto es más difícil de resolver.

    He aquí algunos de los problemas que lastran la relación en el día de hoy:

    1. Los turcos han acusado a la Administración Trump –como hicieron antes con la Administración Obama– de armar y financiar a los “terroristas kurdos” en el norte de Siria. Esos “terroristas” son la principal fuerza terrestre de EEUU en la lucha global contra el Estado Islámico. Ankara y Washington llegaron este año a una suerte de compromiso sobre los kurdos sirios y la administración de la estratégica localidad siria de Manbij, pero ese acuerdo parece frágil en el largo plazo.

    2. Ankara culpa a la Administración estadounidense de cobijar al clérigo exiliado Fethullah Gülen, supuesto cerebro del fallido golpe de Estado de julio de 2016.

    3. Ignorando persistentemente las advertencias de Occidente y la OTAN, el presidente Recep Tayyip Erdogan parece decidido a desplegar los sistemas aéreos y antimisiles S-400, de fabricación rusa, en territorio turco. Turquía se convertirá así en el primer país de la OTAN en desplegar el S-400. Como Washington no deja de repetir, eso expondría los aparatos de la OTAN –en particular los F-35– al riesgo de ser escrutados por los rusos. Ankara está gestionando en privado nuevas adquisiciones de armas rusas.

    4. Una entidad financiera turca de titularidad estatal, Türkiye Halk Bankası AŞ (Halbank), está siendo objeto de una investigación penal en el distrito sur de Nueva York, acusada de ayudar a Irán a eludir sanciones. Su subdirector, Hakan Atilla, fue encarcelado en mayo por dichas acusaciones. Los observadores consideran que Halbank será probablemente objeto de sanciones.

    5. En mayo, el presidente Trump anunció que EEUU se retiraba del acuerdo internacional sobre el programa nuclear iraní y que reimpondría las sanciones a Teherán. Su Administración también amenazó a otros países con sanciones si no cesaban sus importaciones de petróleo iraní (a pesar de un descenso del 20%, Irán siguió siendo el principal proveedor de crudo de Turquía en el primer trimestre del año). El 24 de julio, el ministro de Exteriores turco, Mevlüt Çavuşoğlu, dijo que Turquía no aplicará las sanciones estadounidenses a Irán. Anteriormente, Ankara había transmitido el mismo mensaje a una delegación del Tesoro de EEUU. Y el día 25 Erdogan afirmó que Irán es “un vecino y un socio estratégico” de Turquía.

    6. En el centro de la crisis diplomática entre EEUU y Turquía se encuentra el pastor Andrew Brunson, ciudadano estadounidense residente en Izmir (Esmirna) desde hace 23 años. El Gobierno de Erdogan arrestó a Brunson en 2016 y le imputó cargos de espionaje y golpismo. Las actividades de Brunson fueron vinculadas por las fuerzas del orden turco a Gülen y los milicianos kurdos, atípica misión doble. Después de un año en la cárcel, Brunson fue puesto en arresto domiciliario, pero para Washington era demasiado poco y demasiado tarde. El pastor Brunson es el ejemplo más visible de lo que algunos llaman la diplomacia de los rehenes turca: Turquía ha detenido a veinte ciudadanos estadounidenses, incluidos Brunson y tres empleados de consulados estadounidenses.

    El fuego cruzado no hace sino cobrar intensidad. El presidente Trump amenazó a Turquía con “mayores sanciones”, a lo que el ministro de Exteriores turco, Çavuşoğlu, repuso: “Jamás toleraremos amenazas de nadie”. Washington sancionó a los ministros de Interior y Justicia turcos congelándoles sus cuentas bancarias en Estados Unidos, gesto huero porque esas cuentas no existen. El 4 de agosto, Erdogan dictó a su vez sanciones contra los secretarios estadounidenses de Interior y Justicia, intensificando así el conflicto diplomático. (Los estadounidenses tampoco tienen cuentas bancarias en Turquía).

    Erdogan, que acaba de salir victorioso de las cruciales elecciones presidenciales del 24 de junio, sigue dando alas al sentimiento turco generalmente xenófobo y concretamente antiamericano. “Los que crean que pueden hacer que Turquía dé un paso atrás con sanciones absurdas nunca han conocido este país. Nunca hemos agachado la cabeza ante esas presiones y nunca lo vamos a hacer”, dijo.

    Erdogan, que suele ser un maestro de la política de confrontación, se ha cuidado hasta ahora de evitar un duelo verbal directo con Trump. En su lugar está intentando fomentar divisiones imaginarias dentro de la Administración estadounidense. En un discurso, Erdogan dijo que a Trump lo están “engañando” y tachó las sanciones estadounidenses de trama imperial. Recurrió a una retórica harto conocida para sostener este argumento: “Esto no es más que la manifestación de un enfoque evangélico y sionista”.

    Hasta ahora, el único ganador de la disputa entre EEUU y Turquía ha sido Moscú (y, en menor grado, Pekín). El conflicto no conducirá a la guerra entre los dos mayores ejércitos de la OTAN, pero sí empujará más a Turquía a la órbita no occidental.

    ¿Qué se debe hacer?

    Hay límites ideológicos y geoestratégicos al afán turco de alejarse de la OTAN. Turquía, simplemente, no es bienvenida como aliada en el bloque euroasiático excepto por su valor puntual como herramienta para dividir a la alianza occidental a la que teóricamente pertenece. El impulso occidental de tratar con suavidad a Ankara para impedir que se corra más hacia Eurasia no es muy afortunado.

    La Administración estadounidense no debería repetir los errores que el bloque occidental ha cometido con Erdogan desde que éste llegó al poder, en 2002. Tratar con guante de seda a Turquía no la ha hecho anclarse a Occidente. Al contrario: ha animado a Erdogan a abusar del valor simbólico de su país y lo ha convertido en un socio a tiempo parcial con una poderosa afición al chantaje.

    © Versión original (en inglés): Begin-Sadat Center for Strategic Studies (BESA)
    © Versión en español: Revista El Medio

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    Israel planea reducir el servicio militar de los varones http://elmed.io/israel-planea-reducir-el-servicio-militar-de-los-varones/ http://elmed.io/israel-planea-reducir-el-servicio-militar-de-los-varones/#comments Thu, 13 Sep 2018 07:40:39 +0000 http://elmed.io/?p=25794 Se pretende que para junio de 2020 'sólo' sirvan durante 30 meses.

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    Según informa el Jerusalem Post, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) está barajando recortar en dos meses el tiempo de servicio militar de los varones, para dejarlo en 30 meses.

    De llevarse a efecto, sería la segunda reducción en tres años, pues en 2015 pasó de 36 meses a los actuales 32.

    La idea es aplicarla en junio de 2020.

    Por lo que hace a las mujeres, seguirán sirviendo durante 24 meses.

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    La Guerra Larga no se acorta http://elmed.io/la-guerra-larga-no-se-acorta/ http://elmed.io/la-guerra-larga-no-se-acorta/#comments Wed, 12 Sep 2018 09:41:30 +0000 http://elmed.io/?p=25790 Hoy, hay muchos en la izquierda y también en la derecha que le dicen al gigante [EEUU] que se vuelva a la cama y se tape los ojos con la sábana.

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    En una radiante mañana de hace diecisiete años, los estadounidenses fueron masacrados a unos niveles nunca vistos desde Pearl Harbor.

    El ataque japonés de 1941 condujo a una guerra intensa pero relativamente breve. En cambio, los atentados del 11 de septiembre de 2001 han dado paso a algo que algunos llaman la Guerra Larga, un conflicto de baja intensidad sin final a la vista.

    El 11-S marcó un antes y un después, sí, pero lo cierto es que los sedicentes yihadistas llevaban ya bastante tiempo utilizando vehículos cargados de explosivos y operados por aspirantes a mártires como bombas inteligentes. Ese fue el modus operandi en Beirut en 1983, en Nueva York en 1993 y en el ataque contra el USS Cole en las costas del Yemen en 2000, por poner sólo algunos ejemplos. Se pudo y se debió tomar precauciones contra el uso de aviones de pasajeros como misiles guiados.

    Pero la creciente amenaza que plantean los beligerantes, apocalípticos y revanchistas movimientos islámicos fue descontada, si no ignorada, por los servicios de inteligencia, la mayoría de think tanks, los medios y, especialmente, el mundo académico, donde las nuevas ortodoxias empezaban a aplicarse y las ideas políticamente incorrectas, a proscribirse.

    Incluso después de los atentados en Nueva York y Washington hubo una fuerte reticencia a analizar las ideologías de base teológica de quienes estaban librando lo que ellos mismos llamaban una yihad para restablecer la supremacía islámica en el mundo. En su lugar, y en una fecha tan temprana como el 16 de septiembre de 2001, el presidente George W. Bush habló de “guerra contra el terrorismo”, haciendo hincapié en el arma en vez de en los que la blandían y sus objetivos. Después optó por “guerra contra el terror”, lo que sugería que estábamos luchando sólo contra el miedo.

    En 2013, el presidente Barack Obama declaró el fin de la guerra. Desde entonces, “contrarrestar el extremismo violento” era lo único que hacía falta. Enseguida Washington se inundó de “expertos en CEV”.

    Obama anunció después su “giro hacia Asia”, que en realidad era un intento de retirarse del turbulento Oriente Medio. Su movimiento más audaz consistió en buscar la distensión con la República islámica de Irán, el único país importante del mundo abiertamente comprometido con la yihad contra EEUU y Occidente.

    Así, cerró un acuerdo con los teócratas de Irán, el extrañamente llamado Plan de Acción Conjunto y Completo, que sancionaba implícitamente sus ambiciones hegemónicas, les financiaba y hacía la vista gorda ante sus amenazas contra sus vecinos, su represión interna y su patrocinio del terrorismo en Oriente Medio, América Latina, Europa y Estados Unidos. La guerra a la que han contribuido en Siria durante los últimos siete años –sin intentos serios en contrario por parte de EEUU o Europa– ha costado más de medio millón de vidas.

    A cambio de estas concesiones, los gobernantes iraníes accedieron a retrasar –no a cerrar– un programa de armas nucleares cuya existencia nunca habían reconocido públicamente.

    El presidente Trump se retiró del acuerdo. La Unión Europea sigue haciendo lo que puede por mantenerlo vivo.

    Los estadounidenses y los europeos son susceptibles a la gran ilusión de que la guerra es una aberración y la paz, el estado normal del mundo, un estado al que todos los pueblos aspirarían. Incluso un repaso somera de la Historia demuestra que eso es mero pensamiento desiderativo.

    Los cristianos y los musulmanes lucharon durante casi 800 años en la Península Ibérica. Las guerras perso-romanas se prolongaron más de 700 años. Las guerras bizantino-otomanas, más de 200. La idea de que la modernidad nos ha traído guerras de corta duración o, mejor aún, de que la diplomacia moderna y la ciencia de la resolución de conflictos pueden obviar las guerras son completamente reconfortantes, pero no se basan en absoluto en la evidencia disponible.

    La amarga realidad es que, tras diecisiete años de conflicto, no hemos derrotado decisivamente a Al Qaeda ni al Talibán. Estamos, de hecho, lejos de conseguirlo: las franquicias de AQ proliferan y, según Thomas Joscelyn, investigador de la Foundation for Defense of Democracies (FDD), “los talibanes disputan o controlan aproximadamente el 60% del país [afgano], más terreno que en cualquier momento posterior a la invasión encabezada por EEUU de finales de 2001”. Las afirmaciones de que los talibanes están preparados para empezar un proceso de paz lucen fantasiosas. Como cuenta Joscelyn, los talibanes de hecho han advertido de que sólo están dispuestos a “negociar los términos de su propia victoria”.

    El Estado Islámico, que se escindió de AQ y es una de las numerosas organizaciones yihadistas que operan en decenas de países en varios continentes, está en horas bajas, pero ni mucho menos acabado.

    La República Islámica de Irán sigue centrada en su objetivo: “¡Muerte a Estados Unidos!”. El Líder Supremo proyecta ahora su poder sobre Siria, el Líbano, el Yemen, Gaza e Irak. Ayuda a los que están combatiendo a los estadounidenses en Afganistán. Patrocina a los terroristas con impunidad. La única buena noticia es que la expansión imperial de su corrupto e impopular régimen podría ceñirse a sus fronteras tras las duras medidas económicas adoptadas por la actual Administración estadounidense.

    No obstante, nuestros enemigos no parecen agotados, desanimados o faltos de recursos. ¿Sabemos ya de qué van, o seguimos tratando de imaginar qué es lo que mueve a la gente al “extremismo violento”? ¿Tenemos estómago para soportar la Guerra Larga, que, creo, se debería reconocer como una lucha contra el yihadismo en múltiples frentes? ¿Tenemos la paciencia para desarrollar una estrategia ganadora aunque requiera –como claramente requiere– muchas pruebas y demasiados errores?

    En los días posteriores a los atentados de 2001, se dijo que se había despertado a un gigante dormido. Hoy, hay muchos en la izquierda y también en la derecha que le dicen al gigante que se vuelva a la cama y se tape los ojos con la sábana. Si es ahí donde nuestros enemigos nos encuentran, sabrán lo que tienen que hacer.

    © Versión original (en inglés): Foundation for Defense of Democracies (FDD)
    © Versión en español: Revista El Medio

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