Revista El Medio http://elmed.io Noticias de Medio Oriente en español Mon, 13 Jul 2020 17:22:23 +0000 es-ES hourly 1 https://wordpress.org/?v=4.2.28 ¿Está Hamás incursa en una purga de espías israelíes? http://elmed.io/esta-hamas-incursa-en-una-purga-de-espias-israelies/ http://elmed.io/esta-hamas-incursa-en-una-purga-de-espias-israelies/#comments Mon, 13 Jul 2020 17:22:23 +0000 http://elmed.io/?p=27598 La organización terrorista habría detenido a 16 de sus propios hombres.

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Al Arabiya ha informado de que este fin de semana desertó a Israel un alto cargo del Movimiento de Resistencia Islámico (Hamás), que además se habría llevado consigo valiosa información sobre la organización terrorista islamista que detenta el poder en la Franja de Gaza desde 2007.

El sujeto en cuestión se llama Mohamed Omar Abu Ajwa, estaba al frente de una unidad naval de élite del régimen hamasista y llevaría colaborando con Israel desde 2009. Su desenmascaramiento habría precipitado su huida, que se habría producido el pasado sábado.

Según el mismo medio de comunicación saudí, tras la fuga de Ajwa (que habría contado con la colaboración de Israel) Hamás ha detenido por espionaje a 16 integrantes de sus propias fuerzas armadas, si bien la organización terrorista lo ha negado y afirmado –por medio del portavoz Hazem Qasen– que Al Arabiya “está promoviendo rumores que sirven a los objetivos de la ocupación [es decir, de Israel] en la desestablización del frente de Gaza”.

No sería la primera vez que se produce una deserción de alto nivel en Hamás: tal y como recuerda The Algemeiner, la más sonada fue la protagonizada en 2007 por Mosab Hasán Yusef, hijo del jeque Hasán Yusef, uno de los fundadores del gang islamista.

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Peter Beinart o el colapso del sionismo progresista http://elmed.io/peter-beinart-o-el-colapso-del-sionismo-progresista/ http://elmed.io/peter-beinart-o-el-colapso-del-sionismo-progresista/#comments Mon, 13 Jul 2020 14:58:03 +0000 http://elmed.io/?p=27593 Para muchísimos judíos norteamericanos Israel es un país de fantasía, un lugar en el que practicar turismo intelectual.

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Hay una razón por la cual a la mayoría de los israelíes se les hace muy difícil escuchar pacientemente las lecciones de los judíos norteamericanos progresistas. Para los israelíes, su país es un lugar real habitado por gente real que tiene que lidiar con dilemas desconcertantes para los que no hay soluciones sencillas. Pero para muchísimos judíos norteamericanos Israel es un país de fantasía, un lugar en el que practicar turismo intelectual, sobre el que proyectamos nuestras propias inseguridades y ansiedades mientras exhibimos nuestra superioridad moral sobre quienes viven ahí y carecen de nuestra sabiduría.

Lo cual nos lleva al problema de Peter Beinart.

Beinart, exdirector de The New Republic y columnista de The Atlantic, trató de elevarse a la condición de referente de la crítica progresista contra Israel con The Crisis of Zionism (“La crisis del sionismo”), de 2012. En ese libro Beinart exhibió una ignorancia descomunal, y una tremenda arrogancia en su negativa a reconocer la realidad del conflicto entre Israel y los palestinos.

Lo arrogante era que se decía a los israelíes que tenían que elevarse por sobre sus miedos y reconocer que la solución de los dos Estados estaba al alcance de la mano. Todo lo que contradecía las asunciones de Beinart –como la naturaleza de la cultura política palestina, la persistente intransigencia palestina y la obsesión palestina con la destrucción de Israel– se justificaba o ignoraba. Demasiado inmersos en una indecorosa búsqueda de la seguridad y el beneficio, los israelíes sólo podrían superar la “crisis” a la que se hacía alusión en el título si atendieran al sabio Beinart, un recto peregrino americano cuyas manifiestas buenas intenciones deberían generar respeto y deferencia entre sus recalcitrantes pupilos israelíes.

Para gran desazón de Beinart, en lugar de hacer suyos los consejos de un intelectual norteamericano de referencia, los israelíes le ignoraron. En los ocho años transcurridos desde entonces, Israel ha tenido que afrontar más violencia y controversia política, y los palestinos han seguido rechazando la paz, tanto la auspiciada por el presidente Barack Obama (de cuya pretendida buena fe como amigo del pueblo judío se habla bastante a lo largo del libro) como la menos generosa del presidente Donald Trump.

En vez de encaminarse al colapso físico y moral profetizado por Beinart, Israel no ha hecho sino fortalecerse. Gran parte del mundo árabe se ha hartado de la intransigencia palestina y ha dejado de apoyar su causa, mientras percibe a Israel como un aliado fundamental en su lucha contra Irán, así como un recurso muy necesario en los ámbitos de la tecnología, la agricultura y el agua potable. La paz con los palestinos no se vislumbra en el horizonte. Pero, mientras tanto, los judíos de Israel siguen prosperando.

Este desarrollo de los acontecimientos ha dejado a Beinart profundamente perplejo. Ve que los hechos se niegan a sancionar sus ideas. Así que, en lugar de aferrarse al cansino mantra de los dos Estados, Beinart ha decidido tirarlo a la basura.

El resultado han sido un ensayo de 8.000 palabras en Jewish Currents –la revista de extrema izquierda donde ahora perora sobre asuntos judíos tras decidir que la ultraprogresista Forward ya no es lo suficientemente woke para él– y una versión reducida del mismo que ha publicado el New York Times. En ellos dice que ha llegado la hora de renunciar a los dos Estados e incluso a la idea de un Estado judío. Su“Yavne: A Jewish Case for Equality in Israel-Palestine” (“Yavne: una defensa judía de la igualdad en Israel-Palestina”) es un manifiesto en el que se llama al desmantelamiento de Israel como Estado judío y a su sustitución por una entidad binacional en la que judíos y árabes compartan la soberanía sobre todo el territorio entre el Mediterráneo y el Jordán.

Se supone que un país así respetaría los derechos de ambos pueblos y pavimentaría el camino hacia la paz que se había tornado imposible por la insistencia de los judíos en contar con su propio Estado para disipar sus irracionales temores a un nuevo Holocausto. Al desprenderse de su injusta demonización de los palestinos, los israelíes prosperarían mientras los árabes lamentarían la Shoá y los judíos se les unirían al lamentar la Nakba (el “desastre”) causada por el nacimiento del Estado judío.

Por supuesto, nada nuevo bajo el sol del binacionalismo, que fue defendido por un pequeño grupo de intelectuales judíos en los años 20 y 30 del siglo pasado, pero cuyo enfoque ingenuo y temeroso fue desarbolado por el terrorismo y la intransigencia árabes de la época. 

Si la vida judía ha de persistir en su patria ancestral, la soberanía y la autodefensa son ineludibles.

Como el académico Daniel Gordis ha escrito sobre los estólidos ensayos de Beinart, la aceptación de las premisas de éste no requiere tanto de imaginación como de una ignorancia aun mayor que la del propio Beinart. Pues hay que desconocer el hecho de que los palestinos aún conciben su identidad nacional como inextricablemente unida a la destrucción del sionismo y la vida judía, no a un deseo de coexistencia pacífica. Que los ensayos de Beinart se publicaran en la misma semana en que Fatah y Hamás anunciaron que unirán sus fuerzas para oponerse a cualquier compromiso con Israel no es mucho más irónico que elocuente.

El llamamiento de Beinart a un nuevo Yavne –en referencia al lugar en el que el rabino Yohanán ben Zakai erigió una yeshivá donde el judaísmo pudiera revivir tras la destrucción romana de Jerusalén en el año 70 de la era común– tiene también una profunda carga simbólica. Los judíos de carne y hueso de esta hora no han sido derrotados, sino que prosperan en su reconstituido Estado. Pero eso no le importa a Beinart, porque cree que la negativa palestina a aceptar a Israel es razón suficiente para abandonar el proyecto. Así que él está dispuesto a tirar la toalla y, con ella, no sólo la seguridad judía sino el renacimiento de la vida y la cultura judías que ha hecho posible el sionismo.

¿Deberían los israelíes ver la peripecia intelectual de Beinart como el acontecimiento épico que él y sus amigos del NYT creen que es? La arrogancia y presuntuosidad de Beinart piden sátira, no respeto. La idea de que el Estado creado con el sacrificio, la sangre, el arrojo y las ideas de millones de valerosos israelíes ha de ser arrojado a la basura porque no se ajusta a las esperanzas de un intelectual pretencioso residente en el Upper West Side de Manhattan es de una estupidez tal que has de ser un imbécil (o un editor del NYT) para creértela.

Aunque haremos bien en reírnos de Beinart, no deberíamos ignorarlo.

El exabrupto antisionista de Beinart en el periódico de referencia de EEUU no da cuenta sólo de su sonrojante egotismo. Su abandono del Estado judío es asimismo indicativo de una crisis de fe en buena parte de la judería americana, cuya fidelidad a las panaceas progresistas excede a su amor por sus correligionarios judíos y a la vibrante sociedad que ha florecido en Israel.

Sus decepciones también pueden detectarse en las salas de juntas de demasiadas entidades judías americanas progresistas. Sus desengaños con Israel y su actitud sermoneadora ante el realismo de la abrumadora mayoría de los israelíes no difieren de las ideas de Beinart.

El desdén ante los logros del sionismo y una temerosa negativa a concebir un futuro en el que los judíos puedan prosperar pese a la no resolución de problemas que siguen siendo insolubles se han convertido en integrales de la narrativa de la vida judía americana. Aunque las ideas de Beinart son tan poco originales como carentes de perspicacia, tienen la virtud de reflejar la bancarrota moral e intelectual de gran parte del establishment del judaísmo progresista norteamericano –tanto del filantrópico como del religioso–, más interesado en arrodillarse ante el movimiento Black Lives Matter, ligado al antisionismo y el antisemitismo, que en alinearse con el sionismo y el Estado judío.

La retirada a Yavne de los derrotados es una imagen que no aplica a los israelíes, sino una metáfora muy pertinente de los fracasos de una judería americana organizada sumida en la ignorancia de lo judío y que padece tanto una implosión demográfica como una crisis de fe. La rendición del sedicente abanderado del sionismo progresista dice muchísimo sobre los fracasos de la judería americana.

© Versión original (en inglés): JNS
© Versión en español: Revista El Medio

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Erdogan ha vuelto a convertir Santa Sofía en una mezquita. ¿Le saldrá bien la jugada? http://elmed.io/erdogan-ha-vuelto-a-convertir-santa-sofia-en-una-mezquita-le-saldra-bien-la-jugada/ http://elmed.io/erdogan-ha-vuelto-a-convertir-santa-sofia-en-una-mezquita-le-saldra-bien-la-jugada/#comments Fri, 10 Jul 2020 17:50:35 +0000 http://elmed.io/?p=27589 El daño a la imagen internacional de Turquía puede ser irreversible.

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Este jueves, la Corte de Casación turca decidió anular una decisión gubernamental de 1934 que convirtió Santa Sofía en un museo. La decisión el alto tribunal se produjo luego de una intensa campaña de la oficina del presidente Erdogan para convertir el histórico lugar en una mezquita. Una enmienda constitucional aprobada en 2010 permitió a Erdogan elegir a la mayoría de los jueces de la Corte, así que la decisión no ha sido precisamente una sorpresa.

Entre otras razones, parece que Erdogan quiere ir adelante con la conversión para revertir la creciente erosión de su apoyo popular. Pero no es probable que vaya a procurarle más que un efímero repunte de popularidad. Lo que es seguro es que socavará la imagen internacional de Turquía como una sociedad musulmana abierta en paz que está a buenas con su patrimonio cristiano.

Iglesia, mezquita, museo, mezquita

El emperador bizantino Justiniano erigió Santa Sofía como catedral cristiana en el año 537. En 1453, el sultán otomano Mehmet II la convirtió en mezquita tras conquistar la ciudad. En 1934, tras la desintegración del Imperio Otomano, el régimen de Mustafá Kemal Ataturk hizo de ella un museo. Como fundador de la Turquía moderna, Ataturk creía que la apertura del recinto a todo el mundo daría cumplida cuenta de su revolución secularista y le ayudaría a apartar al Islam del Gobierno y del espacio público.

Así como Ataturk desislamizó Santa Sofía hace casi cien años, diríase que Erdogan pretende volver a convertirla en mezquita para impulsar su revolución religiosa, que ha saturado el Gobierno y el espacio público con su concepción conservadora del Islam. Que haya hecho algo así en Estambul es especialmente importante por el profundo simbolismo de la ciudad en su vida y trayectoria. Nacido en ella en 1954, saltó a la escena política nacional tras convertirse en su alcalde (1994), cargo que utilizó como trampolín en una carrera que le ha llevado a ser el más poderoso líder electo de la historia de Turquía.

Erdogan lleva años promoviendo la construcción de grandes mezquitas en Estambul para que su huella política y religiosa en la ciudad sea indeleble. En marzo del año pasado presidió la inauguración de la mezquita Camlica, informalmente conocida como Mezquita Erdogan, una estructura descomunal levantada sobre una colina a fin de alterar radicalmente el perfil de la ciudad. Están a punto de concluir los trabajos de otra de las mezquitas promovidas por Erdogan, esta vez en la Plaza Taksim, que tradicionalmente ha carecido de mezquita. Con la reconversión de Santa Sofía en un templo musulmán completa su legado-trilogía de mezquitas colosales en su ciudad natal.

¿Ganará popularidad?

Su apuesta mezquitera tiene también motivaciones políticas. Como líder populista nativista, Erdogan no duda en utilizar la controversia suscitada por la conversión como soporte de la narrativa victimista que a menudo vende a sus bases. En este caso el mensaje sería: “¿Cómo se atreven estos laicos a negarnos a los musulmanes piadosos la libertad de rezar en Santa Sofía?”.

Ahora bien, no es probable que le vaya a funcionar. Desde 2002, Erdogan ha ganado una docena de elecciones nacionales a lomos, principalmente, de un potente crecimiento económico. Pero con la recesión de 2018 su popularidad empezó a resentirse, y sus candidatos perdieron en Estambul y otras ciudades importantes en las municipales de 2019. Turquía está sufriendo ahora una nueva recesión como consecuencia de la pandemia del coronavirus, y las encuestas dicen que su popularidad sigue cayendo. Así las cosas, aun cuando la conversión de Santa Sofía le hiciera subir unos cuantos puntos, no es probable que lo haga de manera perdurable; nada que no sea nuevamente un poderoso crecimiento económico le devolverá la gran popularidad de que disfrutó en tiempos.

Consecuencias en el exterior

Si se acomete en su totalidad, la conversión de Santa Sofía provocará un notable y puede que irreversible daño a la imagen internacional de Turquía. En su condición de museo, ha venido representando la apertura de Turquía; muy especialmente, su proclamada voluntad de congeniar con su pasado, sus ciudadanos y sus vecinos cristianos. Santa Sofía, el recinto más visitado por los turistas extranjeros, es de hecho la imagen internacional de Turquía.  

Lo mejor que podrían hacer los funcionarios de Washington y otras capitales aliadas que estén viendo la manera de apartar a Erdogan de su dañina deriva sería mantener las conversaciones pertinentes en privado, dadas las sensibilidades que suscita el asunto en Turquía. Pero si la Administración Trump decide hacer un comentario público, debería incidir en el honorable historial turco de tolerancia religiosa, y animar a Ankara a no dar más pasos que le aparten de dicha tradición. Asimismo, se debería urgir a Turquía a conservar el patrimonio multicultural de Santa Sofía y permitir el acceso público a su iconografía religiosa, como se hizo durante la mayor parte del tiempo en la época otomana.

© Versión original (en inglés): The Washington Institute
© Versión en español: Revista El Medio

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El futuro de las fronteras de Israel: el Derecho internacional y el islámico (y 2) http://elmed.io/el-futuro-de-las-fronteras-de-israel-el-derecho-internacional-y-el-islamico-y-2/ http://elmed.io/el-futuro-de-las-fronteras-de-israel-el-derecho-internacional-y-el-islamico-y-2/#comments Thu, 09 Jul 2020 15:07:02 +0000 http://elmed.io/?p=27587 La expansión de la soberanía israelí podría representar una oportunidad para la resolución del conflicto.

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En la primera parte identificamos varias maneras en que los organismos internacionales, los Estados y los individuos interpretan el plan israelo-americano para la extensión de la soberanía israelí sobre Judea y Samaria, patria ancestral de los judíos. Hay un extendido y erróneo acuerdo en que sería ilegal en términos de un Derecho internacional que ve negativamente la ocupación y la “anexión de territorios”.

No obstante, como hemos visto, buena parte de esa concepción obedece a una confusión sobre la historia de la región, los orígenes del Estado de Israel y la negativa palestina a disponer de un Estado para su propio pueblo. También hay una contradicción entre el Derecho internacional, de inspiración occidental, y el islámico.

Empecemos prestando atención al Mandato originario de la Sociedad de Naciones para Palestina (1922), territorio que habría de ser administrado por Gran Bretaña hasta que se constituyera en un Estado independiente. Un mero vistazo al mapa muestra que el Mandato concebía toda Palestina, incluida Gaza y lo que hoy es la Margen Occidental –con Judea y Samaria–, como la región asignada para la futura patria judía. El doctor Dore Gold, exembajador de Israel ante la ONU, ha escrito recientemente en Israel Hayom que esa designación original implica que no es apropiado denominar “anexión” a lo que pretende hacer Israel en el Valle del Jordán y la Margen. La anexión agresiva de un territorio por medio de la guerra es, aduce Gold, inaceptable e ilegal; pero, abunda el diplomático, Israel sólo penetró en la Margen en 1967, durante una guerra defensiva

Se trata de un enfoque razonable, pero por desgracia ignora desarrollos previos. En 1922 los británicos aplicaron el artículo 25 del Mandato para crear un Estado árabe (Transjordania, la actual Jordania) al este del Jordán. Lo cual diezmó la patria judía, pero no tuvo consecuencias en la Margen ni en Gaza. En lo que quedó de la Palestina bajo administración británica estalló el conflicto entre los judíos y los árabes, lo que hizo la gestión del territorio algo cada vez más complicado. La situación cambió drásticamente tras la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto. Ya no era moralmente aceptable denegar a los judíos supervivientes del Holocausto y al resto de la Diáspora el derecho a crear un Estado en el que pudieran defenderse ante cualquier agresión. 

Al finalizar de la contienda, la Sociedad de Naciones fue reemplazada por las Naciones Unidas. Y en noviembre de 1947 la Asamblea General aprobó la Resolución 181, por la cual lo que quedaba del Mandato de Palestina se dividía en un Estado judío y otro árabe (con Jerusalén como zona internacional). La idea era resolver el antagonismo entre las partes. En primera instancia los judíos, motivados por sus esperanzas sionistas, aceptaron la partición y se prepararon para poner en pie su Estado una vez se marcharan las fuerzas británicas. Los árabes, en cambio, la rechazaron e insistieron en expulsar del territorio a los judíos como supuestos usurpadores, pese a llevar 3.000 años en la zona.

Es aquí donde el plan para la extensión de la soberanía israelí se torna una solución más sencilla legal y moralmente hablando. A los árabes palestinos se les ha ofrecido en numerosas ocasiones un Estado, pero siempre han rechazado las generosas ofertas de paz. Han preferido recurrir al terrorismo y lanzar tres guerras desde Gaza en su afán por cumplir su sueño de destruir al mucho más poderoso Estado de Israel. Para 2017 habían rechazado no menos de siete ofertas de paz, y este año Mahmud Abás rechazó el nuevo plan americano-israelí.

Como no hay un Estado palestino en la Margen Occidental (y sólo un pseudo-Estado terrorista en Gaza), los asentamientos israelíes y la anexión no pueden ser considerados actos agresivos de invasión y ocupación. Al negarse a hacer la paz y rechazar su propio Estado –y hasta el mero hecho de sentarse a negociar–, los palestinos no han hecho más que hacerse daño. Es como si esperasen que todo el territorio en disputa se les resevara a perpetuidad, presumiblemente hasta que quieran debatir al respecto o aceptar una propuesta. Hasta el momento jamás han hecho una contraoferta, sólo han brindado una cascada de noes, en línea con la Declaración de Jartum posterior a la Guerra de los Seis Días (1967). Visto lo cual, la anexión que pretende acometer Israel no puede ser considerada ilegal, así de simple.

Si el nacionalismo es una base feble para un futuro Estado que viva en paz con sus vecinos, hay una causa aún mayor de animosidad hacia Israel que está ahí desde el inicio del conflicto. Se trata de la brecha entre el Derecho internacional y el islámico.

La ley islámica no sólo rige las vidas de los individuos musulmanes, tal y como las normas cristianas y judías rigen las vidas de los cristianos y los judíos, respectivamente. El islam no es sólo una religión. Es también un sistema político, y tiene normas sobre el gobierno de las ciudades, provincias y naciones. Una característica de dicha gobernanza es la ley del waqf. Un waqf es algo que ha sido cedido por miembros de la comunidad islámica para que sea dedicado a perpetuidad a fines religiosas. No es una propiedad privada, y tiene que destinarse a uso islámico. Una escuela, una fuente, una mezquita, una biblioteca: sea lo que fuere, ha de tener ese uso exclusivo. En el presente contexto, alude a cualquier territorio conquistado o convertido al islam y regido por un monarca o Gobierno musulmán, por ejemplo el Imperio Otomano. No se puede permitir que ningún territorio de este tipo pase a manos profanas, laicas, cristianas (como Al Ándalus –esto es, la mayor parte de la actual España–) o, para el caso, judías.

Por eso es por lo que no sólo los palestinos sino muchos otros musulmanes consideran la creación de Israel un acto ilegal que ha de ser revertido incluso contraviniendo las convenciones legales internacionales.

La invención del nacionalismo palestino laico sólo sirvió para enmascarar la idea subyacente. Pero los hechos dejan claro que sigue ahí, en forma de sermones que llaman a la yihad, pronunciamientos de los Hermanos Musulmanes y, sobre todo, la carta fundacional de Hamás (una rama de los Hermanos Musulmanes), que data de 1988. El exdiplomático egipcio Mohamed Galal Mostafa sostiene que la doctrina religiosa está en el meollo del extendido odio a Israel.

Esto es lo que dice el artículo 11 de la carta de Hamás sobre la centralidad del waqf en la liberación de Palestina y la obliteración de Israel:

El Movimiento de Resistencia Islámico cree que la tierra de Palestina es un ‘waqf’ islámico consagrado a las generaciones musulmanas hasta el Día del Juicio. No puede ser desperdiciada una sola parte de ella, tampoco se puede renunciar a ella. Ningún país árabe, ningún rey o presidente, ninguna organización, sea palestina o árabe, tiene el derecho a hacerlo. Palestina es un ‘waqf’ islámico consagrado a las generaciones musulmanas hasta el Día del Juicio. Así las cosas, ¿quién podría decir que tiene el derecho a representar a las generaciones musulmanas hasta el Día del Juicio?

Esta es la ley que impera en la tierra de Palestina [al amparo de la] sharia islámica, y lo mismo vale para cualquier territorio que los musulmanes hayan conquistado por la fuerza, porque durante el tiempo de las conquistas [islámicas] los musulmanes consagraron esas tierras a las generaciones musulmanas hasta el Día de Juicio.

Sólo con esto debería quedar claro que, con independencia de los acuerdos de paz y los llamamientos a la tolerancia mutua que se hagan al amparo de la diplomacia occidental y en aplicación del Derecho internacional, la resistencia palestina no va a ceder. Sería como si sus líderes estuvieran vendiendo a Dios y a su Ley, se hablaría de traición y se pediría que se aplicara el castigo reservado a los traidores: la muerte. He aquí un fragmento del artículo 13 de la referida carta:

Las iniciativas y conferencias internacionales, así como las sedicentes soluciones pacíficas, entran en contradicción con los principios del Movimiento de Resistencia Islámico. Abusar de cualquier parte de Palestina equivale a abusar contra una parte de la religión. El nacionalismo del Movimiento de Resistencia Islámico es parte de su religión. Sus miembros se han alimentado de eso. Para elevar la bandera de Alá sobre la patria por la que combaten.

Si Israel procede con la anexión, podría haber una violenta reacción palestina en forma de Tercera Intifada o, menos probablemente, un ataque desde la Franja de Gaza, históricamente perteneciente a Hamás, por parte de Hamás, que de todas formas siempre busca la manera de destruir a Israel. Al parecer, hay también un movimiento que está cobrando fuerza en la Margen, actualmente gobernada por la Autoridad Palestina.

Afortunadamente, la expansión de la soberanía israelí podría representar una oportunidad para la resolución del conflicto. Nave Dromi ha argüido que la demolición definitiva por parte de Israel de una fantasía palestina a la que jamás se debió dar aire podría permitir a los líderes palestinos poner a sus conciudadanos en un rumbo constructivo.

© Versión original (en inglés): Gatestone Institute
© Versión en español: Revista El Medio

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El futuro de las fronteras de Israel: el Derecho internacional y el islámico (1) http://elmed.io/el-futuro-de-las-fronteras-de-israel-el-derecho-internacional-y-el-islamico-1/ http://elmed.io/el-futuro-de-las-fronteras-de-israel-el-derecho-internacional-y-el-islamico-1/#comments Wed, 08 Jul 2020 07:48:46 +0000 http://elmed.io/?p=27584 Los planes para llevar la paz a israelíes y palestinos han sido múltiples, pero ninguno ha tenido éxito.

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En líneas generales, tomar territorio a otro país es considerado ilegal en el Derecho internacional. Buena parte de nuestro entendimiento de que se trata de algo tanto legalmente proscrito como moralmente incorrecto tiene por causa la historia reciente. La brutal absorción nazi de numerosos países europeos entre 1938 y 1945 siguen siendo un ejemplo sobresaliente de conducta inaceptable, con su objetivo de someter a otros pueblos sin siquiera una pretensión de legalidad. Más recientemente, la invasión de Crimea (2014) causó un conflicto innecesario entre Rusia y Ucrania que dañó la reputación internacional de la propia Federación Rusa.

El artículo 2 del Capítulo 1 de la Carta de Naciones Unidas declara:

Los Miembros de la Organización, en sus relaciones internacionales, se abstendrán de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado, o en cualquier otra forma incompatible con los Propósitos de las Naciones Unidas.

Esto se formuló en 1945, en muy comprensible respuesta a las agresiones de la Alemania nazi. Sigue siendo una norma válida relacionada con los peligros que representan las naciones poderosas cuando apuestan por la fuerza para hacerse con territorios vecinos. Aun así, dicho artículo fue contravenido en 1959 por China, cuando invadió el Tíbet; en 1974, por Turquía cuando invadió el norte de Chipre; y permanentemente por Irán –con la evidente complicidad de la mayoría de los miembros de la ONU–, con sus expansiones hacia Irak, Siria, el Yemen y el Líbano, por no hablar de sus amenazas de los últimos 40 años para obliterar a un Estado miembro de la ONU como Israel.

Sea como fuere, no sería una sorpresa que, con su cerril tendenciosidad antiisraelí, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU (CDH) condenara a Israel por sus planes de aplicar la soberanía israelí sobre unos territorios en disputa, en línea con el plan de paz norteamericano desvelado este mismo año. El rechazo del mismo por parte del CDH y otros actores internacionales ignora la realidad de que se trata de uno de los documentos en pro de la paz y del establecimiento de un Estado palestino viable en la Margen Occidental y Gaza más equilibrados.

Los planes para llevar la paz a israelíes y palestinos han sido múltiples, pero ninguno ha tenido éxito; y siempre por culpa de la intransigencia palestina. El peor ejemplo lo tenemos en la oferta del presidente Clinton al jefe de la OLP, Yaser Arafat, por el que se habría requerido a Israel que entregara el 90% del territorio en disputa para contribuir a la creación de un Estado palestino. Arafat parecía estar de acuerdo, pero finalmente se retiró y entre 2000 y 2005 libró una campaña de terrorismo contra el pueblo de Israel conocida como Segunda Intifada.

Los planes y tratados de paz sólo funcionan cuando las partes está sinceramente comprometidas con ellos, y puede que requieran que una o varias generaciones de jóvenes comprendan los beneficios de poner fin a la violencia. Por desgracia, esto sigue siendo una remota esperanza. Hoy en día a los niños palestinos se les enseña a odiar a los judíos y a glorificar la violencia contra ellos –y a sacar un suculento provecho de ella.

Sobran las razones para no sentirse esperanzado ante un nuevo plan de paz. Aun cuando se persuadiera a la Autoridad Palestina, en la Margen Occidental, de que actuara en su propio interés (y hay pocos indicios de que vaya a hacerlo), lo más probable es que no se atraiga a los intransigentes movimientos terroristas islámicos de Gaza –Hamás y la Yihad Islámica– para que vean que se trata de la única manera de mejorar las vidas de los palestinos residentes ahí.

Pero, bueno, hemos de dar un paso cada vez. Los avances se demoran por la oposición que está encontrando la decisión israelí. La UE, así como el secretario general de la ONU, multitud de países árabes, la Organización de Cooperación Islámica, algunos países europeos y numerosos países tradicionalmente hostiles a Israel han condenado, nada sorprendentemente, la iniciativa israelí.

Es posible que, una vez se adopte la decisión y se extienda la soberanía israelí a ciertas partes de Judea y Samaria y al Valle del Jordán, los palestinos respondan con violencia. El 58% de los israelíes creen que podría desencadenarse una tercera intifada. Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) están ya preparándose para dicha eventualidad.

Pero ¿es todo esto inevitable? La mayoría de las preocupaciones de orden legal están basadas en una endeble comprensión de cómo y por qué se fundó Israel al amparo de la propia legalidad internacional, por no hacer mención de que la intransigencia palestina lleva más de 70 años desarrollándose al margen de la ley. Además, lo que se propone hacer Israel tiene todas las trazas de ser legal.

El conflicto israelo-palestino es único por una pluralidad de razones, y citar legislación que atañe a países y contextos históricos muy distintos puede perfectamente reforzar la discriminación contra el Estado de Israel, discriminación que por cierto viene padeciendo desde su mera fundación.

Pero vayamos por partes.

¿Por qué la idea de un Estado judío cobró forma legal a principios del s. XX? La Primera Guerra Mundial concluyó con la derrota de Alemania, pero fue el derrumbe del Imperio Otomano lo que llevó a la Liga de Naciones a rescatar del caos y la anarquía a las antiguas colonias otomanas sentando las bases para la creación de Estados-nación en Oriente Medio: Irak, Siria, el Líbano y Palestina (considerada como la patria moderna de los judíos). Jamás ha habido nada parecido a un Estado árabe o islámico denominado Palestina. Este nombre procede de la palabra con la que los antiguos romanos se referían a las tierras de los filisteos y nada tiene que ver con los árabes ni con los musulmanes. El emperador Adriano trató de que pareciera que Judea era puramente romana y nada tenía que ver con los judíos. El empleo de la palabra en el Mandato Británico de 1922 se basó simplemente en la formación clásica de las élites británicas.

Pese a ello, hoy es común encontrar alusiones a Palestina como si fuera un Estado eminentemente árabo-musulmán que fue supuestamente afanado por los judíos, o prometido pero no entregado a quienes se describen a sí mismos como palestinos. Se trata de una tremenda equivocación, pero tiene gran influencia política y jurídica, especialmente entre los jóvenes que quieren creer en ello.

Ese enfoque tiene dos inspiraciones primordiales. La primera es el nacionalismo árabe palestino, cuyos adherentes hacen de Palestina una plataforma de lealtad para todos los palestinos que vivieron en lo que fue el Mandato y para los que lo hacen actualmente en Gaza y la Margen Occidental. A su juicio, el Estado palestino estaría garantizado sobre la base de los derechos otorgados a otros muchos pueblos, desde el irlandés a los de las demás naciones poscoloniales surgidas del colapso de los imperios. Pero ese argumento no valida la fantasía de que haya existido jamás un Estado de Palestina ni la de que los árabes palestinos son los habitantes nativos de Israel, Jordania y el potencial Estado palestino.

De hecho, el nacionalismo palestino como movimiento político se inicia sólo alrededor de 1920, y adquirió la forma de Organización para la Liberación de Palestina en 1964.

Como el líder de la OLP Zuheir Mohsen admitió públicamente en una entrevista con el periódico neerlandés Trouw en 1977,

el pueblo palestino no existe. La creación de un Estado palestino es sólo un medio para proseguir con nuestra lucha contra el Estado de Israel y en pro de la unidad árabe. En realidad, no hay diferencias entre los jordanos, los palestinos, los sirios y los libaneses. Sólo por razones políticas y tácticas hablamos de la existencia del pueblo palestino, dado que los intereses nacionales árabes demandan que presentemos la existencia de un ‘pueblo palestino’ diferenciado en oposición al sionismo.

Por razones tácticas, Jordania, que es un Estado soberano con fronteras definidas, no puede elevar reclamaciones sobre Haifa y Yafo, mientras que como palestino sin la menor duda puedo demandar Haifa, Yafo, Beersheba y Jerusalén. Ahora bien, igual que reclamamos nuestro derecho sobre toda Palestina, no esperaremos un minuto para unir Palestina con Jordania.

Al legitimar las demandas palestinas sobre la base de ese nacionalismo, las entidades internacionales ignoran la artificiosidad del mismo. A lo que hay que añadir el mito de los refugiados palestinos.

Por último, hemos de analizar el auténtico conflicto entre la legalidad internacional y su equivalente islámico. Pero lo haremos en la segunda parte de este artículo.

© Versión original (en inglés): Gatestone Institute
© Versión en español: Revista El Medio

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Los israelíes tienen que tomar decisiones pensando en Israel http://elmed.io/los-israelies-tienen-que-tomar-decisiones-pensando-en-israel/ http://elmed.io/los-israelies-tienen-que-tomar-decisiones-pensando-en-israel/#comments Mon, 06 Jul 2020 17:12:24 +0000 http://elmed.io/?p=27582 Con los años han aprendido que ninguna concesión que hagan a los palestinos traerá la paz o será aplaudida.

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Mientras el Gobierno israelí se dispone a tomar una decisión sobre si aplica la soberanía nacional a ciertas partes de la Margen Occidental, algunos judíos norteamericanos, gurús, políticos y expertos en Oriente Medio andan diciendo que si lo hiciera resultarían dañados los intereses de Israel. Al parecer, son muchos los que piensan que los israelíes son incapaces de comprender las consecuencias que se derivarían, pero claro que lo son.

He aquí algunas de las preocupaciones:

– Que desencadene un levantamiento palestino.
– Que se dañen las relaciones de Israel con Jordania y Egipto.
– Que se ponga en peligro la normalización de las relaciones de Israel con los Estados del Golfo.
– Que empeoren las relaciones israelíes con la Unión Europea y que ésta imponga sanciones al Estado judío.
– Que se produzca una condena de la ONU contra Israel.
– Que se exacerben las tensiones entre los judíos israelíes y los judíos americanos.
– Que se dé munición a los demonizadores de Israel y a los partidarios del movimiento de Boicot, Desinversiones y Sanciones (BDS).
– Que se refuerce a los críticos y se enfurezca a los amigos de Israel en el Partido Demócrata.
– Que Israel obtenga un reconocimiento de Trump que pueda ser revertido por Biden en caso de que llegue a la Presidencia.

Todas ellas son preocupaciones legítimas para los líderes de Israel. En el pasado, fueron sobre todo los arabistas del Gobierno norteamericano los que adoptaron la idea de que los israelíes debían ser salvados de sí mismos. Ahora, algunos de los  amigos más cercanos de Israel, entre ellos congresistas demócratas y el propio aspirante demócrata a la Presidencia, se están manifestando en contra de que Israel emprenda una acción de manera unilateral. Entre tanto, la Administración Trump dice que cualquier maniobra israelí debe alinearse con su propuesta de paz. Muchos judíos que tradicionalmente se alineaban con el Gobierno israelí en asuntos de paz y guerra se han sumado ahora a los críticos. Y no son simplemente judíos de extrema izquierda los que se están manifestando en contra: judíos moderados y aun conservadores se han unido al coro.

Por otro lado, ninguno de los críticos sabe aún qué es lo que va a hacer el Gobierno israelí.

Incorrectamente considerada una anexión –un país no puede anexionarse territorio sobre el que tiene reclamos de soberanía–, el Gobierno no ha decidido dónde va a aplicar la soberanía. Una opción es el Valle del Jordán, que los israelíes consideran deben retener por razones de seguridad. Otra, algunos o todos los asentamientos de consenso, comunidades judías que incluso los palestinos reconocer jamás serán desmanteladas. Una tercera opción es la aplicación de la soberanía sobre todos los asentamientos, como se contempla en el plan de paz de Trump, para así eliminar la posibilidad de una futura retirada. Una cuarta opción sería una suerte de combinación, muy probablemente el Valle del Jordán y los asentamientos de consenso. Una quinta sería aplazar las acciones sobre las áreas que Israel confía en anexionarse en el futuro y aplicar la soberanía sobre el resto de los asentamientos.

Israel se ha resistido a anexionarse los territorios a causa del dilema demográfico de seguir siendo un Estado judío y una democracia aun incorporando a casi tres millones de palestinos. El plan de Trump resuelve el problema permitiendo a Israel maximizar su territorio y minimizar el número de palestinos –aproximadamente 100.000– a los que el ministro de Defensa, Benny Gantz, ha dicho que les serían garantizados “derechos iguales”. El resto de los palestinos viviría bajo soberanía palestina en el 70% de la Margen Occidental.

Los israelíes no han dejado de desear la paz, pero vieron que tras la retirada de Gaza (2005) el mito de tierras por paz saltó por los aires con el primero de los miles de cohetes lanzados desde la Franja hacia Israel. Los israelíes no están preparados para hacer concesiones adicionales sin garantías reforzadas de que un Estado palestino no se convertirá en otro Hamastán.

En las últimas elecciones, casi el 80% de los israelíes votaron por partidos que se defenderían la aplicación de la soberanía. El 58% de los encuestados en mayo en un sondeo del Israel Democracy Institute convinieron en que la misma podría desencadenar una tercera Intifada; aun así, el 50% es partidario de aplicar la soberanía sobre partes de la Margen Occidental, un 25% apoya que se haga con el apoyo de la Administración norteamericana y un 25% adicional lo apoyaría aun sin respaldo estadounidense. Los detractores sólo son el 31%.

Los dirigentes israelíes ven que, dado el apoyo de Trump, puede ser una ocasión única para reforzar el control sobre territorios que legítimamente reclaman como propios. En cuanto a los críticos americanos, la denuncia más sustancial es que amenazaría la solución de los dos Estados.

Los partidarios de los dos Estados pretenden que Israel se retire de más del 90% de la Margen y evacúe la mayoría de los asentamientos. En la actualidad son más de 460.000 los judíos que viven en las 131 comunidades de la Margen. Casi el 30% viven fuera del bloque de consenso, lo que implica que se esperaría que Israel desmantelara 93 asentamientos y evacuara a 140.000 personas. Eso no va a suceder ni aun cuando los palestinos convencieran a los israelíes de que están dispuestos a vivir en paz junto a un Estado judío. La mejor y quizá única posibilidad que tienen los palestinos de tener un Estado pasa por que acepten el plan de Trump, que les daría un Estado sobre el 70% de la Margen sin exigir a Israel que evacuara a uno solo de sus ciudadanos.

¿Qué piensan los críticos que sucederá si Israel decide no actuar?

Cuando los palestinos rechazaron la propuesta de autonomía que les hizo Menahem Beguin en 1979, no había siquiera 10.000 judíos viviendo en la Margen. En vez de poner freno al crecimiento de los asentamientos y poner rumbo hacia la estadidad, los palestinos escogieron el camino de la violencia.

Para cuando se firmaron los Acuerdos de Oslo, en 1993, la población colona había crecido hasta los 130.000 individuos. En vez de cumpir sus compromisos, los palestinos de nuevo recurrieron a la violencia y dieron muerte al proceso de paz.

En el año 2000, el primer ministro Ehud Barak ofreció el desmantelamiento de la mayoría de los asentamientos, la retirada del 97% de la Margen y el establecimiento de un Estado palestino con Jerusalén Oriental como capital. Para entonces, la población colona era de 200.000 personas. Arafat rechazó la oferta. En 2008, con 270.000 judíos en el territorio, Mahmud Abás desechó una oferta similar de Ehud Olmert.

¿Creen los palestinos o sus defensores que la posibilidad de una solución de dos Estados mejorará si los palestinos se siguen resistiendo?

Los líderes israelíes tomarán una decisión pensando en lo mejor para su país, con independencia de lo que piensen los norteamericanos, porque con los años han aprendido que ninguna concesión que hagan a los palestinos traerá la paz o será aplaudida. Y en última instancia Israel está solo a la hora defenderse.

© Versión original (en inglés): The Algemeiner
© Versión en español: Revista El Medio

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Atención a lo que está sucediendo en Libia – Islamofobia en el islámico Pakistán – La Universidad Americana de Beirut no merece el apoyo de EEUU http://elmed.io/atencion-a-lo-que-esta-sucediendo-en-libia-islamofobia-en-el-islamico-pakistan-la-universidad-americana-de-beirut-no-merece-el-apoyo-de-eeuu/ http://elmed.io/atencion-a-lo-que-esta-sucediendo-en-libia-islamofobia-en-el-islamico-pakistan-la-universidad-americana-de-beirut-no-merece-el-apoyo-de-eeuu/#comments Wed, 01 Jul 2020 09:53:33 +0000 http://elmed.io/?p=27580 Atención a lo que está sucediendo en Libia En el Spectator británico, Seth Frantzman ha advertido de que no se está prestando el debido interés al conflicto libio, que puede tener consecuencias harto desestabilizadoras no sólo para el norte de África sino, sobre todo, para Europa. La guerra civil libia dura ya casi una década, […]

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  • Atención a lo que está sucediendo en Libia
  • En el Spectator británico, Seth Frantzman ha advertido de que no se está prestando el debido interés al conflicto libio, que puede tener consecuencias harto desestabilizadoras no sólo para el norte de África sino, sobre todo, para Europa.

    La guerra civil libia dura ya casi una década, pero en el último año ha experimentado una escalada que lo ha convertido en una ‘proxy war’ regional. Y esto es importante porque Libia es una puerta de entrada de inmigrantes con destino Europa y porque quien resulte victorioso en la contienda emergerá como un acto poderoso en Oriente Medio. La parte oriental del país está controlada por Jalifa Haftar y su Ejército Nacional Libio, respaldados principalmente por Emiratos, Egipto y Rusia, [aunque] parece que [también] reciben apoyo de Francia, Arabia Saudí y Grecia. El Gobierno de Trípoli cuenta con el apoyo de Turquía y Qatar. (…)

    […]

    El conflicto libio es un ejemplo de lo que sucede cuando los Gobiernos occidentales se quitan de en medio. 

    […]

    (…) con Washington cada vez menos dispuesto a ejercer liderazgo en lugares como Libia y una pandemia global absorbiendo la atención de otros países, el resultado es una ‘proxy war’ [cada vez más importante].

    Libia se presenta como un símbolo del futuro de los asuntos internacionales, con las ‘proxy wars’, los drones y las potencias regionales cobrando fuerza mientras los países occidentales se hacen a un lado.

    También en el Spectator británico, Kunwar Juldune Shahid llama la atención de los padecimientos de los musulmanes ahmadíes en Pakistán, país fundado para ser el hogar de los musulmanes del subcontinente indio que sin embargo tiene instituidas políticas discriminatorias contra unos musulmanes del subcontinente indio.

    Pakistán es el único país del mundo cuyo Código Penal prohíbe a determinados musulmanes recitar las escrituras islámicas, hacer llamamientos a la oración o predicar sus creencias religiosas. Es el único Estado en el que un musulmán puede ser enviado a prisión por conducirse como un musulmán. De hecho, si se considera que ha ‘soliviantado los sentimientos religiosos’ de la mayoría, en Pakistán un musulmán puede incluso ser condenado a muerte por expresar su fe.

    Todo esto quiere decir que Pakistán es con toda seguridad un Estado islamófobo como ningún otro, acogiéndonos a la siempre expansiva definición del término. Un Estado donde rige un ‘apartheid’ religioso, sancionado por la Constitución, que no sólo arrambla con los derechos fundamentales de unos musulmanes, sino que [agrava] la discriminación contra [una] comunidad [islámica] con francos llamamientos al asesinato.

    Los musulmanes que afrontan semejante persecución sistemática pertenecen a la comunidad ahmadía, ‘oficialmente’ excomulgada en 1974 con la aprobación de la segunda enmienda a la Constitución paquistaní. […] la codificación del ‘apartheid’ contra los ahmadíes se produjo en 1984, mediante la XX Ordenanza del Código Penal.

    En los últimos 36 años se ha informado de detenciones de ahmadíes por manifestar su fe, de incendios de mezquitas [ahmadíes] y de turbas islamistas que han asesinado a miembros de la comunidad. En 2010, los talibanes asaltaron mezquitas ahmadíes en Lahore, asesinando a más de 80 fieles en la más sangrienta manifestación de lo consignado en la Constitución paquistaní, que, como los grupos terroristas islamistas, considera apóstatas a ciertos musulmanes y contempla para ellos la pena de muerte. 

    […]

    Pakistán, que renegó del primer musulmán galardonado con un Premio Nobel por su condición de ahmadí, ha pasado de no reconocer a los ahmadíes como musulmanes a rechazar considerarlos una minoría religiosa.

    En la National Review, Tamara Berens arremete contra la célebre institución académica libanesa por traicionar los ideales sobre los que se fundó e insta a la Administración Trump a dejar de financiarla.

    EEUU manda todos los años millones de dólares a la Universidad Americana de Beirut (UAB), un centro de humanidades fundado por misioneros protestantes en 1866 (…) Recientemente David Ignatius, del ‘Washington Post’, afirmó que a EEUU le interesaba “moral y estratégicamente” apoyar a la UAB. Pero el bagaje (…) de la universidad suscita serios interrogantes sobre lo acertado de seguir procurando ese apoyo.

    En los últimos años, la UAB ha sido acusada de procurar ayuda material a Hezbolá, organización considerada terrorista antagónica de los intereses norteamericanos.

    […]

    En su artículo, Ignatius se hace eco del viejo sueño de que el Líbano pueda ser un día tenido por un aliado de EEUU de perfil moderado. La UAB fue en tiempos la única institución mesoriental con un currículo a la americana, y hogar de profesores que querían promover la educación y el pensamiento liberales.

    […]

    Esa época dorada, en la que estudiantes de todo Oriente Medio y más allá acudían a Beirut a recibir una formación norteamericana, no duró mucho (…) Enseguida la universidad se convirtió en un polo de atracción para un movimiento nacionalista panárabe que era prosoviético y hostil a EEUU.

    […]

    Si bien las instituciones privadas pueden enseñar lo que quieran y contratar a quien les dé la gana, EEUU no debería perseguir el encomiable fin de liberalizar Oriente Medio mediante la financiación de universidades antiliberales.

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    Egipto: tres años de cárcel a una bailarina del vientre por "libertinaje" http://elmed.io/egipto-tres-anos-de-carcel-a-una-bailarina-del-vientre-por-libertinaje/ http://elmed.io/egipto-tres-anos-de-carcel-a-una-bailarina-del-vientre-por-libertinaje/#comments Wed, 01 Jul 2020 07:59:28 +0000 http://elmed.io/?p=27575 Sama al Masri fue denunciada por una conocida presentadora de TV.

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    Un tribunal de El Cairo ha condenado a tres años de cárcel y a una multa de 300.000 libras egipcias (16.500 euros) a la muy conocida bailarina del vientre Sama al Masri (en la imagen) por “inmoralidad” y atentar contra los valores morales de la sociedad.

    El fiscal Hamada al Sawy solicitó la detención de Al Masri el pasado abril luego de que la presentadora de televisión Riham Said la acusara cometer “actos ominosos” que invitan a la “prostitución”.

    Según informa Yasmina Allouche en Middle East Eye, en los últimos meses las autoridades egipcias han redoblado su acoso a influencers femeninas con gran presencia en TikTok, Instagram y YouTube, a las que se suele acusar de “libertinaje” y prostitución.

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    Incendiaria diatriba homófoba en la TV de los Hermanos Musulmanes http://elmed.io/incendiaria-diatriba-homofoba-en-la-tv-de-los-hermanos-musulmanes/ http://elmed.io/incendiaria-diatriba-homofoba-en-la-tv-de-los-hermanos-musulmanes/#comments Tue, 30 Jun 2020 07:36:08 +0000 http://elmed.io/?p=27570 "Los compañeros del profeta Mahoma se muestran unánimes en que hay que matar a los homosexuales".

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    El pasado día 16, Hala Samir lanzó una diatriba homófoba en el programa que presenta en Watán TV, televisión de los Hermanos Musulmanes egipcios que emite desde Turquía.

    Samir se remitió en todo momento a las enseñanzas de Mahoma y sus secuaces: 

    [Se ha citado] al profeta Mahoma diciendo: “Si ves a unos hombres en un acto homosexual, mata al activo y al pasivo”. Así que no empieces a preguntar: ¿eres activo o pasivo? Simplemente, mátalos a los dos.

    “Los compañeros del profeta Mahoma se muestran unánimes en que hay que matar a los homosexuales, pero diferían en los métodos”, abundó Samir. “Unos decían que deberían ser quemados vivos. Por ejemplo, [el califa] Alí. [El califa] Abu Bakr apoyaba este dictamen. Otros decían que deberían ser arrojados desde un lugar elevado y posteriormente apedreados. Y aun otros decían que deberían ser lapidados. Tanto Alí como Ibn Abás [uno de los primeros eruditos islámicos] se mostraban de acuerdo”.

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    El problema no es el plan de anexión israelí http://elmed.io/el-problema-no-es-el-plan-de-anexion-israeli/ http://elmed.io/el-problema-no-es-el-plan-de-anexion-israeli/#comments Mon, 29 Jun 2020 17:37:14 +0000 http://elmed.io/?p=27568 Para multitud de clérigos musulmanes palestinos, el problema es la existencia de Israel.

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    Para los clérigos musulmanes palestinos, la intención de Israel de extender su soberanía a ciertas partes de la Margen Occidental, en especial a los asentamientos judíos en la zona y al estratégico Valle del Jordán, tiene escasa importancia: para ellos, los judíos “no tienen derecho a la tierra palestina, árabe e islámica”.

    La posición de las personalidades islámicas no casa con el lamento de la Autoridad Palestina (AP) de que el plan de anexión “destruiría la solución de los dos Estados y cualquier oportunidad para el proceso de paz con Israel”.

    Los altos cargos de la AP sostienen que el único obstáculo para la paz, la seguridad y la estabilidad regionales es la anexión israelí de cualquier parte de la Margen Occidental. A su juicio, el plan israelí privaría a los palestinos de su derecho a establecer un Estado soberano e independiente en las líneas de armisticio previas a 1967. Pero es evidente que un amplio grupo de académicos y clérigos islámicos palestinos no comparten lo que dice la AP.

    El pasado día 21, la Asociación de Académicos Palestinos celebró una reunión en Gaza para discutir el plan israelí; reunión a la que acudieron varios jueces religiosos en representación del Consejo Supremo de los Tribunales de la Sharia, altos mandos del Ministerio del Waqf y los Asuntos Religiosos de Hamás, profesores de varias universidades y centros islámicos de educación superior y juristas que emiten mandatos sobre la ley islámica (sharia).

    En una declaración emitida después del encuentro, las personalidades religiosas islámicas se refirieron a Israel como la “entidad usurpadora” y condenaron el “peligroso” plan israelí de extender su soberanía sobre partes de la Margen Occidental.

    La declaración deja manifiestamente claro que lo que realmente molesta a sus firmantes no es la posibilidad de que Israel imponga su soberanía sobre los asentamientos judíos y el Valle del Jordán. No están realmente preocupados por la posibilidad de que Israel se anexione el 10, el 20 o el 30% de la Margen. Hay algo que les preocupa mucho más, y es la mera existencia de Israel. Para ellos, Israel no tiene derecho a ejercer su soberanía sobre Tel Aviv, Haifa, Nazaret, Tiberias, Jerusalén ni sobre parte alguna del propio Israel.

    De hecho, los referidos líderes islámicos incluso contradicen su propia declaración al pretender estar preocupados sólo por una pérdida de territorio de la Margen a manos de Israel. Así, por un lado dicen que “una de las cosas más peligrosas que este enemigo [israel] pretende es anexionarse una porción de las tierras palestinas”. En otras palabras: pretenden que sólo les preocupa la “anexión” de partes de la Margen. Pero, por otro lado, enfatizan que “Palestina, toda Palestina, desde el mar [Mediterráneo] hasta el río [Jordán], es una tierra palestina, árabe e islámica sobre la que los judíos y los sionistas no tienen derechos”, y añaden que “este hecho no lo cambiará ninguna medida que adopte el enemigo [Israel]”.

    Queda claro, pues, que con independencia de si la anexión se lleva o no a cabo, numerosos musulmanes van a continuar rechazando el Estado de Israel porque, a su juicio, sigue usurpando tierra palestina, árabe e islámica entre el Mediterráneo y el Jordán. Es completamente erróneo asumir que si Israel abandona su plan la mayoría de los musulmanes van a renunciar a su deseo de destruirlo y reemplazarlo por un Estado islámico extremista como el de Irán.

    Para reafirmar su posición de que el principal problema no es la Margen Occidental, los académicos y clérigos sentencian que 

    reconocer el Estado de esta entidad usurpadora es un crimen religioso, jurídico, humanitario e histórico que ha de ser inmediatamente revertido mediante la cancelación de los aberrantes Acuerdos de Oslo.

    El problema no es realmente el plan de anexión, sino los Acuerdos de Oslo, suscritos en 1993 y 1995 por Israel y la OLP, que dieron inicio al denominado proceso de paz israelo-palestino luego de que la OLP aparentemente reconociera el derecho de Israel a existir en paz y seguridad.

    Al declarar “nulos” los Acuerdos, los líderes islámicos llaman a la AP y a su presidente, Mahmud Abás, a “alinearse con el pueblo y unir fuerzas con la resistencia y sus hombres”. Esto es una amenaza directa no sólo contra Abás y sus asociados, sino un llamamiento para que incrementen y refuercen sus ataques terroristas contra Israel.

    En su intento de apaciguar a la opinión pública palestina en general y a los extremistas islámicos en particular, Abás anunció el 19 de mayo que renunciaría a todos los acuerdos y entendimientos con Israel y EEUU, incluidos los de cooperación en materia de seguridad. Pero con eso no satisfizo a los académicos y clérigos musulmanes, ni a Hamás ni a la Yihad Islámica Palestina. Aquellos están demandando que su Gobierno y sus fuerzas de seguridad se sumen explícitamente a la lucha armada contra Israel. Además, quieren que Abás cancele abiertamente los Acuerdos de Oslo para que no sea acusado de cometer un “crimen religioso, jurídico, humanitario e histórico” contra su pueblo.

    La decisión de Abás de apartarse de los acuerdos con Israel e interrumpir la coordinación de seguridad entre sus fuerzas y las israelíes no ha hecho sino estimular el apetito de los líderes islámicos, que están llamando a los palestinos a lanzar ataques terroristas contra Israel, no por el plan de anexión sino para expulsar a los judíos de unas tierras “palestinas, árabes e islámicas”. En su declaración, los académicos y los clérigos urgen a los palestinos a “levantarse y revolverse contra el ocupante nazi por todos los medios posibles”.

    Los palestinos a menudo han interpretado la expresión “todos los medios posibles” como una luz verde para la comisión de ataques terroristas como los atentados suicidas, los ametrallamientos desde coches, los apuñalamientos, los atropellos y el lanzamiento de cohetes contra ciudades israelíes.

    Cuando esa luz verde la dan entidades religiosas influyentes como la Asociación de Académicos Palestinos, sin duda llevan un peso y una credibilidad adicionales, especialmente para los musulmanes devotos que se pasan la mayor parte del tiempo en la mezquita y se toman muy en serio las proclamas de los imanes y demás figuras religiosas.

    La próxima vez que un terrorista hunda un cuchillo en la garganta de un judío, esos académicos y clérigos tendrán las manos manchadas de sangre. El temor de Abás a pronunciarse contra esos musulmanes eminentes tiene cierto sentido. El silencio de la comunidad internacional ante esta incitación criminal, mucho menos. Quienes están presionando a Israel para que no proceda con el plan de anexión necesitan escuchar lo que andan diciendo día y noche los líderes islámicos: que el conflicto no es por los asentamientos judíos o el Valle del Jordán sino por el “gran asentamiento”: Israel.

    © Versión original (en inglés): Gatestone Institute
    © Versión en español: Revista El Medio

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