Revista El Medio http://elmed.io Noticias de Medio Oriente en español Fri, 25 Sep 2020 14:49:14 +0000 es-ES hourly 1 https://wordpress.org/?v=4.2.28 No, Israel no prefiere las dictaduras http://elmed.io/no-israel-no-prefiere-las-dictaduras/ http://elmed.io/no-israel-no-prefiere-las-dictaduras/#comments Fri, 25 Sep 2020 14:45:32 +0000 http://elmed.io/?p=27726 Otro bochornoso ejemplo de doble rasero israelófobo.

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Se está diciendo que Israel no solo prefiere firmar la paz con dictaduras, sino que sus recientes acuerdos con Emiratos y Baréin de hecho fomentan el autoritarismo y son una suerte de complot para el establecimiento de más dictaduras en Oriente Medio.

Se aduce que si “la gente” pudiera elegir en esos países, votaría en contra de la normalización con Israel.

Este argumento disparatado, pero según parece fascinante, es profundamente erróneo. Fueron regímenes autoritarios los que en los años 50 del siglo pasado lideraron el rechazo al establecimiento de relaciones con Israel. Movidos por concepciones extremistas y por el antisemitismo, pretendieron hacer como que Israel no existía, en una actitud propia de nacionalismos irredentistas. Esas dictaduras incitaron a una generación y lavaron el cerebro de la gente en contra de Israel, aun cuando tendían a normalizar relaciones con otros Estados con los que tenían divergencias (un ejemplo: pese al conflicto indo-pakistaní, nadie sugirió no reconocer jamás a la India).

Así pues, en primer lugar hay que decir que fueron mayormente dictaduras quienes no reconocieron a Israel. Israel siempre ha tenido relaciones diplomáticas con las democracias.

En segundo lugar, la idea de que el habitante normal y corriente de Oriente Medio se opone a Israel, por lo que éste necesita a las dictaduras, también es erróneo. La opinión pública sobre la que se ha vertido propaganda contra Israel se muestra en ocasiones hostil. Ahora bien, se trata mayormente de una aberración histórica. Israel tiene relaciones con democracias como Turquía, y los iraníes harían la paz con él si no fuera por el régimen de Teherán. Los kurdos también se habrían abierto a Israel si no hubiera sido por Sadam y después por el Irán ocupante de Bagdad. Hoy, la principal razón de que Israel no llegue a acuerdos con Irak, Siria y el Líbano es Irán.

Por otro lado, hemos de preguntarnos por qué se responsabiliza únicamente a Israel del autoritarismo en Oriente Medio, cuando todos y cada uno de los demás países del mundo tienen relaciones con Estados como Arabia Saudí. Parece que el establecimiento de relaciones con Emiratos sólo es problemático cuando quien lo hace es Israel. ¿Que Emiratos tenga relaciones con EEUU o Francia, y Suiza con Irán, está bien? Es absurdo.

Por último, la mayoría de las voces que condenan los acuerdos de Israel respaldan a regímenes autoritarios en lugares como Gaza, Qatar, Ankara o Teherán. Simplemente, no quieren que Israel mantenga relaciones con países que no les gustan.

Han de explicar por qué no hay relaciones entre Israel y el Líbano, Siria, Irán e Irak. No es por Israel sino por la intolerancia de los regímenes de esos países. Pensamos en Malasia. ¿Por qué Malasia no tiene relaciones con Israel? Por la intolerancia y el antisemitismo de su régimen, claramente, no porque Israel no quiere.

Eche un vistazo al mapa. Israel se relaciona con las democracias con normalidad, son las dictaduras las que desde hace años desdeñan a Israel. Darle a esto la vuelta y hacer a Israel responsable de los autoritarismos es una inversión de la realidad.

Israel, por otro lado, no tiene la culpa de que lo desprecie parte de la opinión pública en lugares tan lejanos como Pakistán o tan próximos como Egipto. A menudo ese desprecio es irracional, no el fruto de un análisis de méritos.

© Versión original (en inglés): Middle East Forum
© Versión en español: Revista El Medio

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Acuerdos de Abraham http://elmed.io/acuerdos-de-abraham/ http://elmed.io/acuerdos-de-abraham/#comments Fri, 25 Sep 2020 07:01:40 +0000 http://elmed.io/?p=27723 Son un paso adelante indiscutible para el Estado judío, para el mundo árabe y musulmán y para el resto del mundo.

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Acuerdos de Abraham es el nombre que se ha dado a los pactos de normalización firmados por Israel con los Emiratos Árabes Unidos y con Baréin. Hace referencia al patriarca bíblico Abraham, padre común de las tres religiones monoteístas. El razonamiento que justifica la denominación lo dio el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, en su discurso de presentación de los acuerdos. Pueden leerlo íntegro y traducido al español aquí, en la revista El Medio, referencia indiscutible ya del periodismo en nuestro idioma sobre aquella región, a la hora de seguir la actualidad e interpretarla y también en detalles como la transliteración al español de los nombres propios y lugares de aquella zona. Yo les dejo aquí la frase del discurso de Netanyahu que me interesa:

Estoy sumamente agradecido al rey de Baréin, y a usted, ministro de Relaciones Exteriores Abdulatif al Zayani, por haberse unido a nosotros para traer esperanza a todos los hijos de Abraham.

Una referencia bíblica de esta entidad bien podría parecer ridícula en una era dominada por la ironía como forma de huir de la sinceridad, la verdad y el compromiso. Pero los acuerdos que Israel ya ha firmado con Emiratos y Baréin y los que parece que firmará con otros países árabes son un paso adelante indiscutible para el Estado judío, para el mundo árabe y musulmán y para el resto del mundo. Más allá de lo que supongan para la resolución del conflicto entre israelíes y palestinos, los Acuerdos de Abraham nos acercan a todos a la superación de una de las anomalías más escandalosas del siglo XXI.

Me refiero a la condena –sistemática, generalizada y motivada por criterios étnicos y religiosos– de un país (Israel) por parte de toda una comunidad de naciones, árabes o musulmanas. Una comunidad para la que los derechos humanos y nacionales invocados al adherirse a la causa palestina no han sido más que una excusa para confirmar la caricatura antisemita del país que ha elegido como enemigo y explicación a todos sus males. Es decir, como chivo expiatorio.

La forma en que los Acuerdos de Abraham pueden ayudar a superar la anomalía se está viendo ya en el fructífero intercambio comercial, científico, cultural y simplemente personal que empieza a ser una realidad entre israelíes y emiratíes.

Cuanto más gente en el mundo árabe y musulmán vea con sus propios ojos que los judíos no son diablos con forma humana, como predican muchos de sus líderes religiosos y dirigentes políticos, más difícil les será a esas élites instrumentalizar el callejón sin salida que en muchos sentidos es Palestina para movilizar odios contra los judíos y el sionismo.

Y cuanto más árabes comprueben lo benéfica que puede ser la cooperación con un país de la vitalidad y el ingenio de Israel, más fuerte y visible será la demanda de abandonar la hostilidad tribal contra el enemigo imaginado (que por cierto trata mejor a los árabes bajo su jurisdicción que muchos de los Gobiernos que lo condenan a sus propios gobernados).

Atendiendo al impacto que pueden tener los acuerdos, parece apropiado llamarlos Acuerdos de Abraham. Como apropiada fue la ceremonia celebrada en la Casa Blanca en que representantes de las tres partes y el presidente Donald Trump (cuya mediación está siendo crucial para lograr estos acuerdos) sellaron el compromiso de reconciliación y deshielo ante la mirada atenta de los medios de todo el mundo.

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Un Oriente Medio post-Palestina http://elmed.io/un-oriente-medio-post-palestina/ http://elmed.io/un-oriente-medio-post-palestina/#comments Wed, 23 Sep 2020 11:32:03 +0000 http://elmed.io/?p=27719 La mayoría de los observadores jamás imaginaron que podrían ser testigos de un momento tan promisorio.

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En 2003, cuando tenía 14 años y era un aspirante a yihadista allá en El Cairo, no me importaban la política egipcia, ni los árabes, ni Hosni Mubarak, ni las potencias regionales, ni las monarquías árabes, ni el republicanismo árabe, ni el capitalismo ni ninguno de los otros asuntos que excitan a los cosmopolitas observadores de la política mesoriental. Me preocupaba una sola cosa: Palestina. Me bastaba escuchar esa palabra para prometerle lealtad a quien fuera que la pronunciara. Pocas palabras –en realidad, ninguna– suscitaban tantas fascinaciones, aspiraciones, emociones y místicas como las que Palestina provocaba en mí. Palestina jamás fue una mera querella territorial; era un llamamiento a la plena materialización de la cosmovisión del islam político, una verdad moral eterna, secularizada en el nacionalismo árabe y santificada en el islamismo. Palestina era el-helm el-Arabi (el sueño árabe), el taj ‘alras (la corona de la arabidad), el corazón palpitante del Islam. Evocar Palestina era evocar la hermandad islámica y el honor árabe, un reservorio de identidad y una prueba de fe. Palestina era la realización de un estado de pureza espiritual para el individuo musulmán y para todo el Islam. La voluntad árabe para con Palestina era como la voluntad de poder nietzscheana. Era el pegamento epistemológico que ligaba los componentes de la conciencia política árabe. 

Y no estaba solo yo. Para la mentalidad política y religiosa árabe del siglo XX, Palestina lo era todo. El sueño del nacionalismo árabe, que venía a representar la propia arabidad, y el islamismo tenían en Palestina su causa primordial, lo que consagró Palestina como el vínculo psicológico entre la identidad árabe y el Islam.

Muchas cosas han cambiado en la última década, sin embargo; ahora estamos adentrándonos en la era del Oriente Medio post-Palestina. Y según la región se mueva hacia su realidad post-Palestina, el mundo se moverá hacia el post-islamismo, y el propio Islam ejercerá una influencia aún menor en los asuntos internacionales. Las fuerzas ideológicas que llevaron el terror a Jerusalén, Tel Aviv, Amán, Beirut, El Cairo, Londres, Madrid y Nueva York están desvaneciéndose en el espejo retrovisor.

Pero antes de que podamos esbozar un retrato completo de la realidad post-Palestina hemos de analizar la fabulosa y en tiempos sagrada noción que cebó las más mortíferas patologías mesorientales.

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Palestina ha sido un fenómeno psicológico que ha dominado el imaginario político árabe. Ha sido una presencia constante, en movimientos políticos distintos. Ha estado en el cogollo del nacionalismo árabe, la ideología revolucionaria árabe laica, la Hermandad Musulmana, el salafismo yihadista, el islamismo iraní y las aspiraciones regionales turcas, por citar unos cuantos ejemplos.

En el imaginario político árabe, Palestina era la plasmación de una verdad moral. En el siempre cambiante Oriente Medio, donde cada día trae un nuevo golpe y los héroes de ayer de repente son los traidores del momento, Palestina ha sido el ancla. Ha sido el objeto de deseo de la ansiosa intelectualidad árabe y musulmana y un elemento de pertenencia para el árabe y el musulmán de la calle. El estatus de Palestina era como el del Mesías en el misticismo judío. “Cuando Palestina sea liberada” era la versión coloquial árabe del “Cuando venga el Mesías”.

Los arquitectos del arabismo baazista, los ingenieros del naserismo, los visionarios de la Hermandad Musulmana y los pioneros del yihadismo hicieron recaer sus exigencias rivales sobre Palestina. Para cada uno de ellos, Palestina era la sola y definitiva representación de la esencia árabe e islámica. En términos más prácticos, fue también lo que legitimaba sus demandas de gobierno perpetuo sobre los pueblos árabes.

El poderío simbólico de Palestina fue reforzado por la grotesca cantidad de sangre que tantos árabes y musulmanes vertieron por ella. Por la liberación de Palestina, incontables hombres se encaminaron hacia su propia muerte, como demandaban las fetuas aun de los clérigos islámicos moderados en Egipto, Siria, Irak y Arabia Saudí. En tiempos de la primera y la segunda Intifadas, todos ellos decían que estaban permitidos los atentados suicidas. Organizaciones terroristas islamistas activas en Israel, como la Brigada de los Mártires de Al Aqsa, han sido reverenciadas por árabes y por musulmanes en Jerusalén, el Cairo, Damasco, Beirut, Amán, La Meca, Bagdad, Teherán y Ankara; y en Birmingham, Londres, Detroit, Minneapolis, Nueva York y el sur de  California.

La liberación de Palestina desempeñó su papel en cada golpe y contragolpe registrado en el mundo árabe en los últimos 70 años. Esa misma causa devastó cafeterías, autobuses y restaurantes en Tel Aviv y Jerusalén. Amenazó la vida del rey Husein en Amán en 1970 y se cobró la del presidente egipcio Anwar Sadat en El Cairo en 1981. Fue por Palestina que los soldados iraquíes, muchos de ellos campesinos analfabetos, penetraron en Kuwait en 1990. Durante décadas, prácticamente cada árabe de 4 años ha sabido que el camino a Jerusalén pasaba por Kuwait –o por Beirut o por Damasco o por Bagdad–. Fue esta concepción de Palestina lo que inspiró el Ejército Islámico para la Liberación de los Santos Lugares, que se hizo notar en Nairobi y Dar es Salam en 1998. Fue esa Palestina sagrada lo que ayudó a Al Qaeda (antes conocida como Frente Islámicio Mundial para la Yihad contra Judíos y Cristianos) a enviar terroristas a Nueva York y Washington DC la mañana del 11 de septiembre de 2001. Y esa misma Palestina es la que aún sigue inspirando a los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán.

Las incontables muertes, los océanos de sangre y el incesante sufrimiento humano se han entretejido perversamente en cuentos de martirio heroico, y excitado el mito palestino. Todos los males políticos, religiosos e intelectuales de Oriente Medio eran rápidamente justificados por los líderes políticos y religiosos como necesarios para la causa.

***

Este sucinto recuento de devastación y violencia fanática debería ayudar a explicar por qué el jeque Mohamed ben Zayed, príncipe heredero de Abu Dabi, es uno de los hombres más valerosos y heroicos en el Oriente Medio de esta hora. En agosto, los Emiratos, gobernados por Ben Zayed, anunciaron la normalización de relaciones con Israel. A ojos de los islamistas, Ben Zayed ha traicionado al Islam y apuñalado por la espalda a todo el mundo musulmán. Para el nacionalismo árabe, ha vendido barata la dignidad árabe al sionismo. Pero para los niños árabes y para las generaciones que están por venir, él es la mejor esperanza para la salvación y para un futuro mejor.

Para esta potencia regional, aceptar formalmente al Estado judío de Israel es el principio del fin de la larga marcha árabe hacia la autodestrucción y la catástrofe. La promesa inherente a la decisión de Ben Zayed reverberará en Teherán, Doha, Ankara y más allá. Bien podría librar a la región de sus depredadores nativos, asegurar la legitimidad de los Estados árabes e incluso rescatar al islam de la locura islamista. En los libros de Historia del futuro, los años comprendidos entre 1948 y 2020 –que vieron el auge del nacionalismo árabe, el islamismo, el yihadismo, el terrorismo global islmista, un Irán teocrático y la Primavera Árabe– serán vistos como la Era de Palestina. Y son los poderes árabes que la han sobrevivido los que están proclamando su muerte.

Hacer la transición hacia un Oriente Medio post-Palestina es también un movimiento hacia un mundo post-islamista. En él, el islamismo y sus fundamentos ideológicos y teológicos irán quedando obsoletos, así como la fantástica causa que los islamistas tanto reverenciaron en su día. La transición será penosa, costosa y llevará tiempo; y seguirá habiendo remanentes de la política de la Era Palestina, como la belicosidad de la República Islámica de Irán y las ambiciones hegemónicas de Turquía.

Es probable que, si esos países siguen su actual derrota, siga habiendo terrorismo regional y religioso. Lo que significa que las tensiones seguirán creciendo en Oriente Medio en un futuro previsible. Pero, si el emergente orden mesoriental post-Palestina desarrolla estrategias de seguridad mutua, quizá a través de una coalición militar, estará más capacitado para aislar y contener (y quizá eventualmente eliminar) la amenaza representada por Teherán y Ankara. Esa futura coalición podría incluso ser la base para una futura organización regional que reemplace a la disfuncional Liga Árabe, rémora del pasado. A medida que gane fuerza y competencia, la nueva coalición podría compensar cada vez más la atenuada presencia americana que resultaría de una región más segura, lo cual reduciría significativamente la dependencia árabe del apoyo militar norteamericano y crearía una nueva homeostasis.

En la sociedad árabe seguirá habiendo elementos de extremismo y terrorismo islámicos. Pero deberían ir disminuyendo gradualmente a medida que los terroristas y sus ideólogos pierdan a sus patrocinadores estatales en la era post-Palestina. Y el panarabismo también debería marchitarse, dado que la idea de una sola y atribulada masa árabe no aplica ya a la realidad regional. En su lugar, es probable que veamos emerger nacionalismos locales, lo cual no carece de peligros obvios, pero también permitirá a los Estados árabes ser más claros y transparentes en la persecución de sus intereses nacionales. Esa franqueza podría rescatar la política árabe de la suspicacia, el pensamiento conspiratorio y la desconfianza patológica. Después de todo, la pública aceptación de un Estado judío no árabe en el tejido geopolítico de la región dejará obsoleta buena parte de la proverbial paranoia mesoriental; si no en un primer momento, desde luego una vez los países árabes empiecen a obtener beneficios de unas relaciones más profundas con Israel.

A medida que la opinión pública árabe se acomode a la nueva realidad política, no debería sorprendernos que mejoren las condiciones de las minorías no musulmanas de la región. La diversidad étnica y religiosa, fuente de numerosas tensiones históricas, quizá se contemple bajo una luz más favorable.

En cuanto a los palestinos, su histórico rechazo a Israel dejará de ser el activo que ha sido. Los Estados árabes vecinos no seguirán siendo rehenes de las necesidades financieras del liderazgo palestino. A medida que la nueva realidad se asiente, los palestinos tendrán que decidir entre tener un poder total en un mundo de fantasía o algo de poder en el real. El nuevo estado de cosas podría con el tiempo forzarles a tomar parte en negociaciones auténticas. Esto, a su vez, podría agitar las filas del liderazgo palestino y poner fin a las desastrosas políticas del sueño palestino. Con toda probabilidad, el terrorismo palestino persistiría, e Israel y el nuevo liderazgo palestino habrían de trabajar en común para suprimirlo. Pero si unos y otros se alejan del ponzoñoso sueño de una Palestina maximalista, la mejora en las condiciones de seguridad podría tener un efecto transformativo en sus relaciones.

***

Siguiendo el rumbo habitual de la Historia, la realidad política no está sino asumiendo lo que ya comprende la sociedad mesoriental. En la denominada ‘calle árabe’, la transición a una realidad post-Palestina empezó hace cosa de una década. Entre los árabes que prestan atención a estas cosas, ya es banal advertir que Palestina no es el asunto más acuciante de la región. Palestina perdió su centralidad con el advenimiento de la Primavera Árabe y con la guerra civil siria. Hoy, los países árabes están centrados en asuntos como la seguridad, la estabilidad y, cada vez más, la amenaza iraní. La Primavera Árabe, en la que la política empezó a desafiar a las filosofías totalitarias dominantes, marcó el resquebrajamiento y atomización de la doctrina política en el mundo árabe. La alternativa tradición versus modernidad dejó pasó a las cuestiones relacionadas con los derechos humanos, el estatus de la mujer en la sociedad, la diversidad y el desarrollo económico. La religión se entiende cada vez más como un componente del corpus sociológico y no como el principio determinista que lo preside todo. En el Oriente Medio post-Palestina, el propio Islam tendrá una oportunidad de desvincularse de la política y asentaerse más firmemente en la esfera social. Un cambio tal representaría un paso adelante histórico y, si se consolida, sería el más importante desarrollo en la historia islámica desde la creación de la primera comunidad política musulmana, en la Arabia del siglo VII.

La era post-Palestina creará la oportunidad para una evaluación interna de la historia árabe e islámica, libre del determinismo ideológico de la política de la Era Palestina. Esto, a su vez, podría producir un cambio de paradigma en que se reemplazara una concepción de la tradición obsoleta pero ampliamente compartida por una moderna. Un proceso así podría dar pie a la plena asunción de que la tradición islámica tiene elementos que han atrofiado el progreso en el mundo árabe.

De hecho, si somos muy afortunados, dejará de ser apropiado hablar de un “mundo árabe”, pues los propios árabes reconocerán que tienen características regionales y culturales e identidades políticas distintas. A medida que las sociedades de las monarquías árabes opulentas sigan dando pasos hacia la urbanización, inevitablemente perderán su carácter tribal y se modernizarán políticamente. Irónicamente, la modernización política será un desafío de primer orden para aquellos países árabes que no cuentan con monarquías: al disponer de menos recursos, necesitarán ayuda y desarrollo económico si quieren adoptar reformas políticas, mientras disminuye la amenaza islamista.

Este es el futuro del Oriente Medio post-Palestina según yo lo veo. Por supuesto, sólo estamos a mitad de su alumbramiento. Aunque el bebé luce esplendoroso, llevará tiempo dejar atrás tanta fealdad. Pero la mayoría de los observadores jamás imaginaron que podrían ser testigos de un momento tan promisorio. Vivimos momentos propicios para el optimismo realista, no para las ensoñaciones pletóricas. De hecho, la promesa de un Oriente Medio post-Palestina ha de descansar en la renuncia oficial a unas muy tenebrosas fantasías.

© Versión original (en inglés): Commentary
© Versión en español: Revista El Medio

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Excepcional descubrimiento arqueológico en Egipto http://elmed.io/excepcional-descubrimiento-arqueologico-en-egipto/ http://elmed.io/excepcional-descubrimiento-arqueologico-en-egipto/#comments Tue, 22 Sep 2020 07:34:24 +0000 http://elmed.io/?p=27716 Hallan 27 sarcófagos en la necrópolis de Saqara.

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El Ministerio de Turismo y Antigüedades egipcio ha comunicado el hallazgo de 27 sarcófagos en perfecto estado de conservación en la necrópolis de Saqara, 25 kilómetros al sur de las pirámides de Guiza y famosa por albergar la pirámide escalonada del faraón Zoser.

Los sarcófagos estaban enterrados en un pozo a 11 metros de profundidad.

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Sin Trump no hubiera habido Acuerdos de Abraham http://elmed.io/sin-trump-no-hubiera-habido-acuerdos-de-abraham/ http://elmed.io/sin-trump-no-hubiera-habido-acuerdos-de-abraham/#comments Fri, 18 Sep 2020 09:06:19 +0000 http://elmed.io/?p=27713 El presidente ha triunfado... por desconfiar de los expertos.

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La ceremonia para la firma de los acuerdos de normalización entre Israel, Emiratos y Baréin fue un amargo trago para la casta diplomática. Quienes piensan retomar el control de la política exterior norteamericana si Joe Biden gana en noviembre no podían sino contemplar consternados cómo el presidente Donald Trump presidía la clase de ceremonia en la que les hubiera gustado lucirse; pero fracasaron en el empeño cuando se les presentó la ocasión.

La importancia del acontecimiento como game-changer en Oriente Medio no puede negarse. Pero la reacción general entre los diplomáticos y los medios no es ni sombra de lo que hubiera sido con una Administración demócrata en la Casa Blanca. La mayoría ha puesto una mejor cara que la presidenta de la Cámara de Representantes, la demócrata Nancy Pelosi, que en un primer momento despreció los acuerdos calificándolos mezquinamente de “distracción”. Pero como no hay manera de considerarlo un acontecimiento negativo ni de encajarlo en un relato en el que pueda decirse del presidente que es un líder irresponsable que está destruyendo el país y enajenándose al mundo, la mayoría de los detractores de Trump hacen lo que pueden para no hablar de ello.

He aquí por qué la pregunta más pertinente es cómo un tipo al que sus enemigos presentan como un ignorante en materia de política exterior y en las complejidades de Oriente Medio ha conseguido un éxito tan importante.

La respuesta es simple: Trump y su equipo de política exterior han triunfado porque ignoraron a los expertos y las concepciones que la casta lleva vendiendo desde hace décadas.

El presidente ha puesto en evidencia dos mitos cordiales de la política mesoriental de EEUU. Uno es la creencia de que la solución del conflicto israelo-plaestino es la clave para resolver los problemas de la región, y el fracaso a la hora de satisfacer las ambiciones de quienes le presionan condena al Estado judío a vivir en conflicto con los mundos árabe e islámico, lo que por otra parte complica las relaciones de EEUU con esos países. El otro es la convicción de que la única manera de conseguir avances hacia la paz consiste, precisamente, en ejercer presión sobre Israel para que haga concesiones a los palestinos. En este planteamiento va implícita la noción de que hay que hacer la vista gorda ante prácticas indignantes de la Autoridad Palestina (AP) como la corrupción o el apoyo financiero al terrorismo.

Todos los predecesores de Trump asumieron esas posiciones como las correctas, y la Administración Obama fue la más obcecada en apretar las tuercas a Israel para generar un necesario umbral entre EEUU y el Estado judío.

Trump las rechazó. Pero para eso hubo de asignar la misión de promover la paz en Oriente Medio a gente sin la menor experiencia diplomática.

Tras asumir el cargo en 2017, pocos de sus nombramientos fueron recibidos con tanto escarnio como el de Jared Kushner como asesor especial y encargado de liderar los esfuerzos de paz de la Administración en Oriente Medio. Pues bien, con independencia de lo que haga en su vida, Kushner debería ser recordado por contribuir a poner fin al veto palestino a la paz del mundo árabe con el Estado judío.

Lo de confiar la cartera de Oriente Medio a un exmagnate inmobiliario y editor fue recibido por la casta de la política exterior norteamericana como una broma de mal gusto. La principal cualidad de Kushner era su condición de esposo de la hija de Trump, Ivanka. Todo lo que las luminarias del mundillo intentaron en los últimos 50 años se había saldado en sonoros fracasos: dar a su yerno la labor de materializar las ambiciones de Trump como pacificador fue considerado el colmo.

El desdén no tuvo por único objetivo a Kushner. Su equipo pacificador –el negociador jefe, Jason Greenblatt; el principal asesor de Kushner, Avi Berkowitz , y el embajador de EEUU en Israel, David Friedman– no tenían más experiencia diplomática que él.

Además, todos eran judíos. Si bien no eran los primeros implicados en la diplomacia mesoriental de EEUU, quienes les precedieron generalmente accedieron a sus cargos como críticos del Gobierno israelí. A diferencia de Kushner y los suyos, ninguno era un fervoroso defensor de Israel.

Kushner persuadió a Trump para que pidiera cuentas a la AP por su patrocinio del terrorismo. Y fue igualmente su equipo el que estuvo detrás de la decisión del presidente de trasladar la embajada norteamericana en Israel de Tel Aviv a Jerusalén e ignorar las advertencias de los expertos sobre las incendiarias consecuencias que tendría en Oriente Medio.

Cuando Kushner desveló el plan Paz para la Prosperidad, a principios de año, seguía ofreciendo a los palestinos un Estado independiente y ayuda económica. Pero recibió las mismas negativas palestinas con las que se toparon los negociadores que le precedieron, por lo que se centró en lograr lo posible.

A diferencia de Obama, que rechazaba las preocupaciones de Arabia Saudí y los demás Estados del Golfo derivadas de su empeño por apaciguar a Irán, Trump y Kushner les escucharon. Trump retiró a EEUU del acuerdo nuclear de 2015 y decretó sanciones para forzar a Irán a negociar y a renunciar tanto a su programa atómico como a su patrocinio del terrorismo.

Los Estados árabes ya habían establecido entre bambalinas lazos con Israel, al que veían como un aliado estratégico contra Irán. Pero al conseguir un buen entendimiento con los aliados de EEUU en la región, empezando por el controvertido príncipe heredero saudí, Mohamed ben Salman, que podría haber echado a perder algunas iniciativas con sus vecinos, Kushner contribuyó a persuadirles para que dieran el siguiente paso y trabajaran por el establecimiento de relaciones diplomáticas y económicas plenas.

Sólo funcionarios americanos que no siguieran el manual de la casta diplomática podrían haberlo conseguido. Y sólo un presidente como Trump, que desconfía de los expertos, podría haber dado el visto bueno a semejante estrategia. Así que fue su negativa a seguir las tácticas del pasado lo que llevó a los representantes de Emiratos y Baréin a la Casa Blanca a principios de semana, y lo que abre la puerta a la posibilidad de que otros países árabes sigan esa misma senda.

Si Biden derrota a Trump, ¿podrá su equipo trabajar sobre semejante logro? Puede que sí, pero el problema es que es prácticamente seguro que la persona que designe el demócrata será un creyente en la sabiduría convencional de la casta. Es probable que la próxima Administración retome el acercamiento a Irán y las presiones sobre Israel a fin de persuadir a los palestinos para que se sumen a una paz que no desean.

Si enero trae el fin de la era de los amateurs de la política exterior, los expertos y sus fans en los medios respirarán aliviados. Pero precisamente porque Trump y su equipo eran aficionados no adiestrados para tratar los mitos de la casta como verdades reveladas fue posible la ceremonia por los Acuerdos de Abraham en la Casa Blanca.

© Versión original (en inglés): JNS
© Versión en español: Revista El Medio

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Esperanza para todos los hijos de Abraham http://elmed.io/esperanza-para-todos-los-hijos-de-abraham/ http://elmed.io/esperanza-para-todos-los-hijos-de-abraham/#comments Wed, 16 Sep 2020 07:30:06 +0000 http://elmed.io/?p=27709 Esta semana celebraremos el Año Nuevo judío, y qué bendición traemos, una bendición de amistad, esperanza y paz.

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Señoras y señores, Sr. Presidente:

Este es un día de cambio histórico, que presagia un nuevo amanecer de paz. Durante miles de años, el pueblo judío rezó por la paz, durante décadas el Estado judío oró por la paz, y por consiguiente en esta jornada sentimos una profunda gratitud. Le estoy sumamente agradecido, presidente Trump, por su liderazgo decisivo. Usted ha estado junto a Israel sin vacilaciones; usted se mantuvo firme, con coraje, frente a los tiranos de Teherán; usted presentó una visión real para los israelíes y los palestinos y usted ha mediado de manera exitosa en este acuerdo histórico que estamos firmando hoy, una paz que tiene amplio apoyo en Israel, en Estados Unidos, en Oriente Medio y de hecho en todo el mundo.

Estoy muy agradecido al príncipe heredero, Mohamed ben Zayed, de los Emiratos Árabes Unidos; y a usted, ministro de Relaciones Exteriores, Abdulá ben Zayed. Doy las gracias a ambos por su liderazgo, y por haber trabajado junto a Estados Unidos e Israel para expandir el círculo de la paz.

Estoy sumamente agradecido al rey de Baréin, y a usted, ministro de Relaciones Exteriores Abdulatif al Zayani, por haberse unido a nosotros para traer esperanza a todos los hijos de Abraham

A todos los amigos de Israel en Oriente Medio, a aquellos que están hoy junto a nosotros y a aquellos que se habrán de unir mañana, les quiero decir: As salamu alaykum, la paz sea con vosotros, shalom.

Han escuchado al presidente [Trump] decir que hay una más países [árabes en trance de establecer relaciones con Israel]. Era imposible hace unos años, pero con firmeza y decisión, y un enfoque nuevo y fresco, puede conseguirse.

Gracias, Sr. Presidente.

Señoras y señores:

Los habitantes de Israel saben muy bien cuál es el coste de la guerra, yo sé cuál es el coste de la guerra: he sido herido en la batalla, un soldado amigo mío murió en mis brazos, mi hermano Yoni también cayó al liberar a los rehenes cautivos en Entebbe, y el pesar de mis padres por la pérdida de Yoni no cesó hasta el último de sus días. A lo largo de los años, cuando acudo a consolar a las familias afligidas de los soldados caídos y de las víctimas del terrorismo, he visto muchas veces ese mismo pesar, y por ello me siento muy emocionado de estar hoy aquí. Quienes llevan en su cuerpo las heridas de la guerra aprecian las bendiciones de la paz. 

Las bendiciones de la paz que estamos gestando hoy serán enormes porque, en primer lugar, en última instancia se habrá de ampliar e incluirá a más países árabes, y finalmente podrá cerrar el conflicto árabe-israelí de una vez por todas. En segundo lugar, porque esta asociación entraña un enorme beneficio económico, toda la región lo habrá de sentir, y será beneficioso para todos nuestros ciudadanos. El tercer elemento es el hecho de que no se trata de una paz entre dirigentes, es una paz entre los pueblos: los israelíes, los emiratíes y los bahreiníes ya se están abrazando unos a otros. Realmente tenemos la expectativa de un futuro de prosperidad y paz, y ya hemos empezado a trabajar juntos, en la lucha contra el coronavirus. Estoy convencido de que juntos podremos hallar soluciones a muchos de los problemas que padece la región.

A pesar de las dificultades y los desafíos que tenemos por delante, por favor, detengámonos un instante a apreciar y dar gracias por este gran día, para que podamos superar toda divergencia política. Por favor, dejemos de lado nuestro cinismo, les invito a que, en este día, sintamos el pulso de la Historia. Cuando la pandemia haya pasado, la paz, esta paz que estamos gestando hoy, permanecerá. 

Señoras y señores:

He dedicado mi vida a proteger el lugar de Israel en la familia de las naciones, a asegurar el futuro del único Estado judío. Para ello, he trabajado por reforzar a Israel y hacerlo muy fuerte, pues la Historia nos ha enseñado que la fuerza conlleva seguridad, aproxima a los aliados y, como el presidente Trump ha expresado en forma recurrente, a fin de cuentas es la fuerza la que trae la paz. 

El rey David expresó esta verdad básica hace miles de años en nuestra capital eterna, Jerusalén. Su oración, inmortalizada en el Libro de los Salmos de la Biblia, se hace eco de nuestro glorioso pasado y nos guía hacia un futuro brillante:

Dios concederá fortaleza a su pueblo, Dios bendecirá a su pueblo con la paz.

Sr. Presidente, distinguidos invitados: 

Esta semana celebraremos Rosh Hashaná, el Año Nuevo judío, y qué bendición traemos a este nuevo año, una bendición de amistad, una bendición de esperanza. Una bendición de paz.

NOTA: Este es el discurso que pronunció ayer Benjamín Netanytahu en la Casa Blanca con la firma de los acuerdos de paz de Israel con Emiratos y Baréin.

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Trump merece el Nobel de la Paz http://elmed.io/trump-merece-el-nobel-de-la-paz/ http://elmed.io/trump-merece-el-nobel-de-la-paz/#comments Tue, 15 Sep 2020 08:41:49 +0000 http://elmed.io/?p=27707 Nadie ha hecho más que él en el último año para merecerlo.

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En los once años en que fui rabino en Oxford, organizamos una conferencia anual que dictaba un premio Nobel de la Paz. Entre ellos estuvieron Elie Wiesel (en dos ocasiones), Mijaíl Gorbachov, Joseph Rotblat, Simón Peres e Isaac Rabin, cuyo discurso hubo de ser cancelado sólo unas horas antes como consecuencia del primero de los terribles atentados contra autobuses que siguieron a los Acuerdos de Oslo –que le hicieron, precisamente, hacerse con el Nobel–.

Me he relacionado con muchos otros Nobel de la Paz, como Desmond Tutu, Jody Williams, Henry Kissinger y el Dalai Lama.

Así las cosas, soy consciente de que he estado con receptores del más prestigioso galardón mundial, pero también de que se trata de un premio que en las últimas décadas ha quedado gravemente en entredicho. El peor ejemplo lo tenemos en que el sanguinario Yaser Arafat, padre del terrorismo moderno, lo recibió, lo que depreció para siempre su prestigio.

Si en octubre se le niega a Trump, sólo se conseguirá socavar aún más su crédito. No se trata de amar u odiar a Trump. Se trata de premiar al hombre o la mujer que haya hecho más por hacer avanzar la causa de la paz en el último año.

El tratado de paz entre Israel y Emiratos es transformativo. A diferencia de los acuerdos entre Israel y Egipto e Israel y Jordania, no se trata de una paz fría. A diferencia de los Acuerdos de Camp David de Jimmy Carter, no demanda a Israel que devuelva vastos territorios conquistados en guerras defensivas. A diferencia de los esfuerzos de Bill Clinton por llevar la paz a Israel y Jordania, no asienta una relación entre Israel y uno solo de sus vecinos, sino que proclama una nueva era, transformativa, para todo Oriente Medio.

Durante décadas, la región ha estado signada por las tres T: tiranía, terrorismo y tribalismo. Los enemigos de Israel consintieron convertir al Estado judío en el chivo expiatorio de los conflictos de la zona, algo que ingenuamente compró la Administración Obama. Los Estados del Golfo no están tan ciegos. Saben que el cáncer regional es el Gobierno de Irán, con su expansionismo y su visión revolucionaria para la instauración de la hegemonía de los mulás en Oriente Medio. Esta es la razón fundamental por la que el presidente Trump ha tenido éxito donde fracasó Obama.

En los últimos años hemos visto ganar el Nobel de la Paz a individuos no muy conocidos por el gran público. Los que sí lo son a menudo son celebrados no necesariamente por haber logrado la paz, sino por protagonizar actos heroicos que han lanzado un mensaje a los monstruos que lastiman a inocentes; así, en 2014 se premió a Malala Yusafzai por su “lucha contra la supresión de los niños y los jóvenes y por el derecho de todos los niños a la educación”. El más grande norteamericano del siglo XX, Martin Luther King, fue galardonado no por que lograra la paz –sólo hay que ver el conflicto racial que está devastando América–, sino para reconocer su heroica lucha por la justicia racial. Madre Teresa ganó el premio por su excepcional labor humanitaria en Calcuta. El Dalai Lama no llevó la paz al Tíbet, que sigue ocupado por la China autoritaria; consiguió el premio por abogar por la paz.

No se me malinterprete. Todos ellos se merecían de sobra el galardón. Pero el objetivo último del mismo es celebrar no sólo grandes logros u homenajear a grandes individuos, sino a quienes han logrado la paz.

Trump es diferente de muchos de los que acabo de mencionar. Es un personaje polarizador, carece de popularidad universal y muchos le odian. Pero realmente está logrando la paz. El panorama de Oriente Medio después de Trump será muy diferente a como era antes de Trump. Para bien.

Estuve en Oslo el pasado noviembre. Visité el Grand Hotel, donde los galardonados con el Nobel disfrutan de una bella suite con balcón, desde el que se les agasaja. El Comité Nobel de Noruega tiene sólo unas semanas por delante para decidir quién saldrá al balcón (si las condiciones meteorológicas lo permiten). Su decisión no debería basarse en el qué dirán, sino en quién ha hecho más por asegurar que haya menos guerra y más paz.

© Versión original (en inglés): The Algemeiner
© Versión en español: Revista El Medio

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Ha llegado la Primavera Sionista – Implicaciones del acuerdo Baréin-Israel – Emiratos desplaza a Qatar http://elmed.io/ha-llegado-la-primavera-sionista-implicaciones-del-acuerdo-barein-israel-emiratos-desplaza-a-qatar/ http://elmed.io/ha-llegado-la-primavera-sionista-implicaciones-del-acuerdo-barein-israel-emiratos-desplaza-a-qatar/#comments Mon, 14 Sep 2020 09:27:32 +0000 http://elmed.io/?p=27705 Ha llegado la Primavera Sionista David Suissa, del Jewish Journal, escribe alborozado que los cambios que se están viviendo en Oriente Medio tras el establecimiento de relaciones diplomáticas plenas entre Israel y Emiratos han representado un golpe demoledor para movimientos israelófobos como el BDS, que pretenden convertir al Estado judío en una suerte de paria […]

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  • Ha llegado la Primavera Sionista
  • David Suissa, del Jewish Journal, escribe alborozado que los cambios que se están viviendo en Oriente Medio tras el establecimiento de relaciones diplomáticas plenas entre Israel y Emiratos han representado un golpe demoledor para movimientos israelófobos como el BDS, que pretenden convertir al Estado judío en una suerte de paria internacional.

    Los israelófobos no deben de andar muy contentos. De repente, la gran mentira que durante tanto tiempo ha alimentado la ponzoña antisionista se desvanece.

    Durante más de 50 años, los genios de la diplomacia le han dicho al mundo que “la clave para la paz en Oriente Medio es la resolución del conflicto israelo-palestino”. El conveniente corolario era que la solución estaba en manos de Israel, y este era constantemente objeto de la condena internacional.

    La brillante estratagema ocultaba la verdad palmaria de que los peores males de la región no tienen relación alguna con Israel o con el conflicto palestino. Citemos sólo unos cuantos: los siglos de conflicto entre chiíes y suníes; las brutales dictaduras que han llevado a la miseria y la desesperanza generalizadas; el predatorio régimen iraní que pretende dominar la región; las guerras civiles del Líbano, Siria y el Yemen, el auge de grupos terroristas como Estado Islámico y la fenomenal ausencia de libertades civiles, que provoca el encarcelamiento cotidiano de los disidentes.

    […]

    No cabe sobrevalorar el cambio de paradigma que ha representado la decisión de Emiratos de relacionarse abiertamente con Israel. He aquí el indeseable enemigo sionista, el chivo expiatorio utilizado durante décadas por incontables dictadores como maniobra de distracción ante sus propios fracasos, siendo públicamente legitimado y validado por una poderosa nación árabe.

    Pues claro que los israelófobos están descontentos. Su mentira está colapsando. Súbitamente, el Estado sionista ya no es una fuente de odio sino de soluciones y esperanza.

    […]

    (…) [cada vez más países árabes] se preguntarán, con toda la razón: ¿por qué no emulamos a Emiratos y nos beneficiamos de la innovación israelí en áreas como la desalinización, la ciberseguridad, la medicina, la seguridad alimentaria, las energías renovables y –sin duda no menos importante– la defensa contra amenazas comunes?

    He aquí la pesadilla de los boicoteadores de Israel, se encuentren donde se encuentren: la eclosión de una Primavera Sionista en Oriente Medio.

    Charles Lipson, de la Universidad de Chicago, afirma que el giro radical que ha dado Donald Trump a la política exterior norteamericana ha alterado el panorama en Oriente Medio (y no sólo allí) de manera igualmente radical.

    ¿Qué [es lo que] ha impulsado estos acuerdos? La respuesta ‘no’ es que la amenaza iraní haya aumentado. El peligro que representan los mulás no es mayor ahora que en 2005, 2010 o 2015 (…) Lo que finalmente ha llevado a la mesa de negociaciones a los Estados árabes ha sido, de hecho, el cambio registrado en la política norteamericana.

    […]

    Al retirarse de la implicación militar directa en Oriente Medio y, a la vez, promover una oposición dura contra Irán, Donald Trump ha forzado a todos los Estados arabo-musulmanes de la región a elegir entre apaciguar a los mulás o conformar un frente común contra ellos. Los acuerdos de Baréin y Emiratos con Israel demuestran que se han decantado por lo segundo. Detrás de estos acuerdos está la Casa Blanca, no el Departamento de Estado.

    […]

    El acuerdo de Baréin con Israel es otro paso importante en la conformación de una coalición, comandada por Washington, contra una amenaza estratégica de primera magnitud [Irán]. Y se complementa con la estrategia de Trump en la región Indo-Pacífico, donde está armando una coalición contra un enemigo aún mayor [China], reforzada por las sanciones económicas y la disuasión militar. Estas coaliciones, la reluctancia de Trump a poner en peligro a soldados americanos y su denuncia pública de que sus aliados en la OTAN gorronean en lo relacionado con la defensa común son los mayores cambios experimentados por la política exterior estadounidense desde el final de la II Guerra Mundial.

    Eyal Zisser, de la Universidad de Tel Aviv, afirma que con su audaz movimiento estratégico Emiratos ha desplazado a Qatar como mediador de referencia en el Golfo Pérsico y en buena parte del resto del mundo musulmán.

    El tratado [de paz con Israel] es una magnífica noticia para Emiratos y puede convertirle en un líder del Golfo Pérsico. Más aún (…), puede convertirle en un actor clave y fundamental en todo el mundo árabe.

    […]

    En las últimas décadas fue Qatar quien aspiró a ese cetro. Invitó a EEUU a que instalara tropas en su territorio, lanzó la primera cadena global del mundo árabe (Al Yazira) y, finalmente, también cultivó relaciones con Israel. Sin embargo, desaprovechó la ocasión y perdió pie debido a una serie de decisiones equivocadas; es decir, por trocar la innovación, la modernidad y sus lazos con Israel por el islam radical.

    Erróneamente, los gobernantes de Qatar pensaron que el extremismo y la hostilidad hacia Israel les permitirían conservar su influencia regional, pero lo cierto ha sido lo opuesto. (…)

    (…) Emiratos ha rebasado a Qatar y a Kuwait, que con su habitual ingratitud ha rechazado ayudar a EEUU a llevar estabilidad a la región y a forjar la paz entre Israel y los árabes. Qatar está ‘out’ y Emiratos, ‘in’. Y esto es sólo el principio. Con ese tratado de paz, Israel gana no sólo un aliado sino un poderoso socio estratégico con un rol cada vez más importante en el mundo árabe.

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    Los palestinos deben madurar o madurar http://elmed.io/los-palestinos-deben-madurar-o-madurar/ http://elmed.io/los-palestinos-deben-madurar-o-madurar/#comments Mon, 14 Sep 2020 07:53:54 +0000 http://elmed.io/?p=27699 ¿Abrazarán el bando de la paz y la prosperidad que se está formando en el Medio Oriente o el de la pobreza, la guerra y la desestabilización?

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    Hay una nueva realidad en el Medio Oriente. Si bien las relaciones entre Israel y algunos países del Golfo ya se venían forjando entre bambalinas, los vínculos están comenzando a oficializarse paulatinamente. Después de Egipto, en 1979, y de Jordania, en 1994, Emiratos Árabes Unidos fue el primer país árabe en tomar el mismo camino, y menos de un mes después lo hizo Baréin. Aparentemente, Arabia Saudita podría ser el próximo en la lista, y el efecto dominó podría llevar a que también Omán se uniera. ¿Catar? ¿Kuwait? Parece que, por el momento, no; pero si todo esto continúa de este modo, ¿quién sabe?

    Los acercamientos no se están produciendo solo con países del Golfo, también con otros países del mundo islámico. De hecho, Netanyahu se reunió a principios de año con el Abdel Fatah Abdelrahmán Burhán, presidente del Consejo Soberano de Sudán, y también hubo acercamientos con Marruecos, a pesar de que el Gobierno de este Estado africano por el momento se niegue a normalizar las relaciones con Jerusalén. Además, a principios de septiembre Kosovo e Israel se reconocieron mutuamente, y el país europeo anunció que será el primero con una población predominantemente musulmana en abrir una embajada en la capital israelí. Si bien Kosovo aún no tiene pleno reconocimiento internacional, y ni siquiera la ONU lo ha aceptado aún como Estado miembro, el tratado significa un gran avance para ambas partes.

    Ahora bien, no seamos inocentes. Los acercamientos entre Israel y el mundo islámico, los países del Golfo, están relacionados con los intereses de ambas partes. Al fin y al cabo, se trata de política internacional, no de una novela romántica. 

    El motivo más importante de los acuerdos alcanzados y los que están en proceso es la necesidad de enfrentar la amenaza iraní, preocupación que comparten varios países del Golfo y Jerusalén. Pero esa no es la única razón. A pesar de las hostilidades pasadas, las naciones árabes comprendieron que el Estado judío ya no podrá ser borrado del mapa y está allí para quedarse. Derrotarlo ha dejado de ser una opción viable. Y si Israel está allí, ¿por qué no aprovecharlo? Después de todo, se trata de un país avanzado en muchos ámbitos, como la tecnología, la ciencia, la agricultura y la medicina. En el Golfo hay dinero, mucho, y pueden beneficiarse de todo lo que el Estado judío tiene para ofrecer.

    Los avances en la región también pueden estar relacionados con las nuevas generaciones y los cambios sociales positivos que se están registrando en algunos países islámicos aliados de Occidente. Es cierto, aún tienen un camino muy largo por recorrer en términos de libertades individuales, pero la situación ha mejorado.

    Podríamos afirmar que la líder israelí Golda Meir (1898-1978) tenía razón cuando dijo: “La paz llegará cuando los árabes amen a sus hijos más de lo que nos odian”. Y eso es efectivamente lo que está sucediendo ahora en el Medio Oriente. Los árabes comenzaron a preocuparse más por su bienestar que por su odio. Claro, no me olvido, su bienestar también depende del debilitamiento de Irán, que si bien se encuentra bastante aislado, aún cuenta con los importantes apoyos de Rusia y China.

    Los palestinos fueron utilizados en el pasado como excusa por los países árabes para oponerse a Israel. No hay que ser ningún erudito en los asuntos del Medio Oriente para saberlo. Pero la política internacional no es estática, sino que está en permanente cambio. Algunos conflictos se acaban y comienzan otros; algunos enemigos se tornan aliados y viceversa. Pero esta utilización cínica de los palestinos ha comenzado a llegar a su fin. Por lo tanto, los palestinos tienen algunas decisiones importantes que tomar.

    ¿Continuará el liderazgo palestino comportándose como un niño caprichoso que busca obtener placeres transitorios por medio de berrinches o entenderá que ahora deberá madurar para mejorar la situación de sus gobernados, si es que les interesa, aunque sea para mantenerse en el poder? El mismo grupo terrorista Hamás reconoce que lanza misiles contra Israel para obtener ciertos beneficios, como los millones de dólares cataríes y más visas israelíes de trabajo para los gazatíes. Por su parte, la Autoridad Palestina no se despega de su papel de víctima para seguir recibiendo dinero del mundo, incluso de Israel, y financiando a los terroristas y a sus familias. 

    Los líderes palestinos deberían aceptar lo que muchos países árabes ya entendieron y buscar el bien de sus gobernados alcanzando un acuerdo con Israel (o al menos intentarlo) y otorgándoles libertad de una vez por todas, abandonando así el camino del terrorismo y de un victimismo cada vez menos creíble, incluso en el mundo islámico.

    El infantilismo de los líderes palestinos cansó, hartó y aburrió. Muchas personas a las que entrevisté (palestinos e israelíes), que tienen contacto no oficial con civiles palestinos, también me comentaron que son muchos los que en Cisjordania y Gaza ya no soportan a los corruptos y totalitarios que los gobiernan, y ansían la paz. Sin embargo, temen hablar por temor a ser detenidos y torturados (en el mejor de los casos), o bien asesinados.

    Israel ha demostrado y sigue demostrando que busca la paz, que está dispuesto a ceder y normalizar las relaciones con cualquiera que esté dispuesto a alcanzar un acuerdo para mejorar la realidad del Medio Oriente. Sí, incluso con aquellos que sólo clamaron por su destrucción durante años y años.

    ¿Qué lado van a elegir los palestinos? ¿El lado de la paz y la prosperidad que se está formando en el Medio Oriente o el de la pobreza, la guerra y la desestabilización, liderado por Teherán? Israel está preparado para ambos. Los caprichos ya no cuentan; es hora de que maduren de una buena vez. 

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    Baréin toma el relevo de Emiratos: el Golfo abraza a Israel http://elmed.io/barein-toma-el-relevo-de-emiratos-el-golfo-abraza-a-israel/ http://elmed.io/barein-toma-el-relevo-de-emiratos-el-golfo-abraza-a-israel/#comments Sat, 12 Sep 2020 06:36:02 +0000 http://elmed.io/?p=27692 Netanyahu: "Habrá más".

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    Como ha comentado con entusiasmo Donald Trump en su cuenta de Twitter, el reino de Baréin es el segundo país árabe que firma la paz con el Estado judío en los últimos 30 días, rompiendo así con 26 años de la sequía que siguió a la firma del acuerdo entre Israel y Jordania en 1994.

    Un radiante y “emocionado” Netanyahu dirigió este viernes un mensaje a sus compatriotas para informarles de la buena nueva. “Se trata de una nueva era de paz”, proclamó, y adelantó que “habrá más” acuerdos del mismo tipo con otros países árabes. Baréin, por cierto, es el primer país de mayoría chií que firma la paz con Israel.

    Se rumorea que el próximo Estado árabe en normalizar relaciones con Israel será Omán, pero todas las miradas están puestas en Arabia Saudí, la gran potencia árabe suní del Golfo.

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