Revista El Medio http://elmed.io Noticias de Medio Oriente en español Tue, 26 Sep 2017 08:37:14 +0000 es-ES hourly 1 http://wordpress.org/?v=4.2.16 Erdogan y las elecciones alemanas http://elmed.io/erdogan-y-las-elecciones-alemanas/ http://elmed.io/erdogan-y-las-elecciones-alemanas/#comments Tue, 26 Sep 2017 08:37:14 +0000 http://elmed.io/?p=24355 El entrometido autócrata islamista se ha pegado un tiro en el pie.

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  • Erdogan y las elecciones alemanas
  • En el diario turco Hurriyet, Semih Idiz viene a decir que el mandatario islamista se ha pegado un tiro en el pie al entrometerse en la política alemana, pues el resultado ha sido el significativo avance de Alternativa para Alemania, el partido político más hostil a sus planteamientos sobre las relaciones bilaterales y con Europa.

    Erdogan ha dicho que las cosas retornarían a la normalidad después de las elecciones alemanas. En otras palabras, espera que Merkel se olvide de todo y se aproxime a Turquía. Sin embargo, no parece probable.

    Es mucho más probable que Erdogan siga siendo la bestia negra alemana, incluso más de ahora en adelante, dado el avance de la extrema derecha. (…)

    (…)

    Erdogan tuvo éxito al introducirse en el debate político alemán, y obviamente ha influido en las decisiones de numerosos turcos de ese país. Pero que pueda salirse de él también con éxito no está nada claro. Es por esto que los resultados de las elecciones alemanas difícilmente puedan ser considerados una victoria para él.

    En Foreign Affairs, Colin P. Clarke, de la Rand Corporation, sostiene que el Estado Islámico no está acabado y que no parece que vaya a estarlo a medio plazo, pues se muestra muy activo en su proceso de recomposición.

     

    Las predicciones sobre la derrota definitiva del grupo se están revelando prematuras. De lo que está siendo testigo el mundo es de la transición, que en varias maneras es degeneración, de una organización insurgente con cuarteles generales fijos en una red terrorista clandestina dispersa por toda la región y por el planeta.

    (…)

    El ISIS está siendo forzado a cambiar de tácticas y estrategia, pero se está preparando de manera bastante activa para la siguiente fase del conflicto.

    (…)

    (…) continuará operando de manera clandestina en las zonas desérticas del este de Siria y el oeste de Irak, recurriendo a tácticas guerrilleras clásicas como (…) las emboscadas, (…) los coches bomba y los asesinatos.

    (…)

    La transición desde la insurgencia al terrorismo llevará al ISIS a destinar recursos a reforzar sus franquicias en Afganistán, Libia, el Yemen y la Península del Sinaí, en Egipto. Asimismo tratará de penetrar en otros Estados fallidos y en territorios sin gobierno proclives a su ideología yihadista salafista, desde el norte del Cáucaso al Sudeste Asiático.

    (…)

    Es muy probable que la estrategia revisada del ISIS incluya un nuevo impulso al planeamiento y ejecución de ataques espectaculares en Occidente, como parte de su esfuerzo por llamar la atención y demostrar su resiliencia (…)

    El periodista saudí Abdulramán al Rashid presta atención a la crisis norcoreana y la pone en directa relación con el acuerdo suscrito por las potencias mundiales con Irán a cuenta del programa nuclear de la República Islámica. Y afirma que la manera en que Trump gestione la cuestión norcoreana tendrá un impacto sobresaliente en Teherán.

    El deleznable acuerdo nuclear iraní, sancionado por la anterior Administración norteamericana, es parcialmente responsable del impulso que está dando Corea del Norte a su programa nuclear.

    Irán fue recompensado con 150.000 millones del año por el acuerdo y se las apañó para recuperar fondos retenidos desde los tiempos del sah (…) Asimismo se le garantizaron contratos masivos para desarrollar sus infraestructuras y le fueron levantadas la mayoría de las sanciones internacionales.

    La sitiada Corea del Norte también se ha decantado por chantajear al mundo porque ve que es un intercambio provechoso. Y así como Irán amenazó con arrasar Israel, Corea del Norte está amenazando a Japón.

    (…)

    Irán está observando cómo se desarrollan los acontecimientos porque lo que haga Trump con Corea del Norte envía también un mensaje a Teherán. Trump no es Obama. No mandará regalos a Teherán ni callará ante los insultos. Al menos, eso es lo que pienso.

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    En defensa del Kurdistán http://elmed.io/en-defensa-del-kurdistan/ http://elmed.io/en-defensa-del-kurdistan/#comments Tue, 26 Sep 2017 07:30:43 +0000 http://elmed.io/?p=24352 Los pueblos responsables y proamericanos, como los kurdos iraquíes, merecen el apoyo estadounidense.

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    Los kurdos llevan siglos siendo un pueblo sin Estado. El referéndum de independencia celebrado ayer en el Kurdistán iraquí es un paso importante hacia la rectificación de esta injusticia histórica, y creo que EEUU ha cometido un grave error al oponerse a la votación.

    La Administración Trump expresó su malestar por medio de una declaración el pasado día 15, en la que decía que el referéndum “distrae los esfuerzos para derrotar al ISIS y estabilizar las áreas liberadas”. Y añadía: “Celebrar el referéndum en zonas disputadas es particularmente provocativo y desestabilizador”. El Gobierno Regional del Kurdistán (GRK) debería arreglar sus diferencias con Bagdad mediante el diálogo, sostiene la Casa Blanca.

    En otras palabras: ahora no, quitaos de en medio. Esa declaración era fiel reflejo de la rígida adherencia de Washington al dogma, que impide demasiadas veces que Estados Unidos aproveche las oportunidades que le presentan los movimientos tectónicos que se registran en Oriente Medio. La Administración Trump ni siquiera fue capaz de hacer un gesto de asentimiento a las aspiraciones kurdas, o de ofrecer un horizonte temporal alternativo si el momento actual es demasiado inoportuno. Esto ha sido una bofetada innecesaria cuando hay poderosas razones morales y estratégicas para crear tarde o temprano un Estado kurdo en el norte de Irak.

    Los kurdos fueron, de lejos, los peor tratados durante las décadas de gobierno baazista en Irak. Sadam Husein perpetró una limpieza étnica contra decenas de miles de ellos en la década de 1970. Después, en los últimos días de la guerra entre Irán e Irak, planeó destruir la comunidad kurda. Su régimen utilizó armas químicas contra los civiles kurdos, ejecutó sumariamente a hombres y jóvenes y envió pueblos enteros a campos de concentración.

    La decisión del presidente George H. W. Bush de imponer una zona de exclusión aérea en 1991 protegió a los kurdos iraquíes contra los estragos de Sadam y les dio un cierto grado de autonomía. Los kurdos utilizaron la oportunidad, como la proporcionada por la invasión en 2003, para desarrollar instituciones de autogobierno. Los kurdos iraquíes constituyen una nación coherente. Se distinguen en una región llena de Estados que no son naciones y se encuentran en distintas fases de desintegración. Los kurdos tienen un idioma común, aunque con variaciones dialectales. La mayoría son musulmanes suníes, aunque entre ellos también hay cristianos e incluso unos pocos judíos. Tienen profundos lazos históricos con su territorio. Su cultura los distingue de forma visible de sus vecinos. Tienen instituciones nacionales diferenciadas. Y también gozan del reconocimiento de una cuasi estadidad en los centros de poder de Europa, Oriente Medio y otros lugares.

    Además, los kurdos iraquíes comparten lo que Douglas Feith ha descrito como el factor subjetivo clave para calificar como nación: un “tipo de afecto entre semejantes” que es “una extensión del afecto que la gente suele sentir por sus familiares”. Sean cuales sean sus diferencias tribales –que las hay–, los kurdos que viven en Erbil o Dohuk consideran compatriotas a otros kurdos, no a los iraquíes. Los lazos de simpatía kurdos son mucho más fuertes y duraderos que los del nacionalismo iraquí, si es que esto último significa algo en absoluto.

    Tomados en conjunto, estos factores significan que los kurdos iraquíes están preparados para tener un Estado propio. Los árabes tienen 22 países, y los turcos, los iraníes y los judíos uno (respectivamente). Entonces, ¿por qué los kurdos no deberían disfrutar de la estadidad? No hay una buena respuesta a esta pregunta.

    Además, el Kurdistán iraquí es vibrante y libre. Hoy, en Erbil, a una hora en coche de lo que antes era la segunda capital del califato del ISIS, puedes disfrutar de una cerveza, navegar por internet sin grandes restricciones y criticar al Gobierno sin tener que temer a los escuadrones de la muerte. No oirás corear “Muerte a América” o “Muerte a Israel” en las calles. Hay corrupción en el GRK, sin duda, y un grado de nepotismo político que ruborizaría a Jared Kushner y a Ivanka Trump. Pero, para los estándares regionales, la gestión pública del GRK es más que aceptable.

    Un Kurdistán independiente, además, aportaría beneficios estratégicos a EEUU. Podría servir como contrapeso, si bien modesto, a la hegemonía iraní. Los líderes del GRK han adoptado una línea moderada y pragmática con todos sus vecinos. Es una política sensata, dado el tamaño de su territorio y la relativa fortaleza de países como Irán y Turquía. Aun así, la introducción de un nuevo actor kurdo, plenamente soberano, interrumpiría la prolongación del denominado Creciente Chií entre Saná y Beirut. Hoy, Irak está atrapada en esa media luna. Un Kurdistán independiente no lo estaría. Y a los mulás les irritaría aún más que este nuevo Estado resultara ser un caso de éxito democrático. Por el contrario, al bloquear las aspiraciones kurdas, EEUU está poniéndose en el mismo campo que Irán.

    Más importante aún: la amistad debería significar algo. Las fuerzas kurdas iraquíes lucharon valientemente junto a la coalición anti ISIS encabezada por EEUU. Cuando el ejército yihadista parecía invencible, fueron los combatientes kurdos los que detuvieron su avance en Irak (y en Siria). Como me dijo el jefe de inteligencia kurdo Masrur Barzani en 2015, “en toda esta zona los kurdos son probablemente la gente más proamericana que te puedas encontrar. Siempre estaremos agradecidos a EEUU por su apoyo desde el día en que el régimen de Sadam fue derrocado”.

    Si Washington sigue dejando abandonados y maltratando a sus amigos, la calificación crediticia de Estados Unidos en la región sufrirá un daño irreparable. Los pueblos responsables y proamericanos, como los kurdos iraquíes, merecen el apoyo estadounidense.

    © Versión original (en inglés): Commentary
    © Versión en español: Revista El Medio

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    El nuevo Parlamento alemán tendrá 14 diputados 'turcos' http://elmed.io/el-nuevo-parlamento-aleman-tendra-14-diputados-turcos/ http://elmed.io/el-nuevo-parlamento-aleman-tendra-14-diputados-turcos/#comments Mon, 25 Sep 2017 10:57:44 +0000 http://elmed.io/?p=24349 Todos ellos son de formaciones izquierdistas.

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    En las elecciones generales celebradas ayer en Alemania obtuvieron representación parlamentaria 14 individuos de origen turco, según informa el diario turco Hurriyet. Todos ellos son de formaciones izquierdistas: del SPD (6), de los Verdes (5, incluido Cem Ózdemir, en la imagen) y de La Izquierda neocomunista (3).

    En el anterior Bundestag, los diputados turcoalemanes eran 11.

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    El Eje Moscú-Teherán es una coalición de débiles http://elmed.io/el-eje-moscu-teheran-es-una-coalicion-de-debiles/ http://elmed.io/el-eje-moscu-teheran-es-una-coalicion-de-debiles/#comments Mon, 25 Sep 2017 10:39:06 +0000 http://elmed.io/?p=24347 Rusia e Irán son gigantes con pies de barro ante los que Estados Unidos no debería ceder, ni en Oriente Medio ni en ningún otro sitio.

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  • El Eje Moscú-Teherán es una coalición de débiles
  • Frederick Kagan sostiene que Rusia e Irán son gigantes con pies de barro ante los que Estados Unidos no debería ceder, ni en Oriente Medio ni en ningún otro sitio. De ahí que pide a Washington que trace un plan para reforzar el papel de EEUU como gran superpotencia global.

    Diseñar una estrategia inteligente que haga retroceder a Irán y a Rusia mientras se destruye al Estado Islámico, Al Qaeda y el resto del movimiento yihadista salafista, a la vez que se contiene a China y se hace frente a la crisis norcoreana, es una tarea tremendamente complicada. Pero está a nuestro alcance. Si tenemos voluntad para ello voluntad, y dejamos de consentir que enemigos mucho más débiles que nosotros nos intimiden, no hay una razón por la que no podamos alcanzar los objetivos más importantes para nuestra seguridad nacional. Repito: si tenemos voluntad para ello…

    Ako Hamakarim, asesor del Consejo de Ministros del Gobierno Regional del Kurdistán (GRK) iraquí, traza un negro panorama para la independencia de dicho territorio, por la que anda pugnando el propio GRK, que de hecho ha convocado un referéndum al respecto que se celebra este mismo lunes.

    La historia y la situación presente sugieren que un Kurdistán independiente tendría un incierto futuro y correría el riesgo de acabar siendo un Estado fallido. Un Estado fallido puede ser definido aquí como una autoridad ilegítima, incapaz de cumplir funciones básicas como procurar educación y seguridad a su pueblo. Teniendo en cuenta factores políticos, económicos, de seguridad y geopolíticos, es improbable que un Kurdistán independiente tuviese éxito.

    (…)

    (…) El colapso de un Kurdistán independiente podría ser inevitable. En vez de procurar felicidad y confort al pueblo kurdo, podría excitar la ansiedad, las divisiones internas, (…) las injerencias externas y la dependencia.

    Todos los kurdos sueñan con un Estado independiente. Sin embargo, puede que la pesadilla no merezca la pena. Lo más importante no es la independencia en sí, sino el éxito del Estado.

    Jeffrey Koncsol, de la Universidad Americana de Suleimaniya (Irak), es menos pesimista que Hamakarim, pero advierte de que el Kurdistán tiene desafíos muy importantes que afrontar, empezando por el de la corrupción, lacra ya muy notable en el GRK.

    Un Estado independiente es algo que los kurdos han anhelado desde hace generaciones. (…) combatir la corrupción con inmediatez y firmeza es clave en el éxito de un Kurdistán independiente.

    (…)

    La corrupción es un problema masivo tanto en Irak como en el Kurdistán, y la cuestión no hará más que cobrar importancia después de la independencia. Un Kurdistán independiente no está necesariamente condenado a ser un Estado fallido, pero ha de dar pasos decisivos para impedir la extensión de la corrupción si verdaderamente quiere ser un Estado exitoso.

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    El referéndum kurdo no es el fin del mundo, ni siquiera de Irak http://elmed.io/el-referendum-kurdo-no-es-el-fin-del-mundo-ni-siquiera-de-irak/ http://elmed.io/el-referendum-kurdo-no-es-el-fin-del-mundo-ni-siquiera-de-irak/#comments Mon, 25 Sep 2017 08:06:43 +0000 http://elmed.io/?p=24345 Más le valdría a EEUU preocuparse por el expansionismo iraní, en vez de molestar a tan notables aliados.

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    Vista desde Erbil, la capital del Kurdistán iraquí, la presión de EEUU y otros actores internacionales para posponer el referéndum de independencia de este lunes es, como diría Talleyrand, “peor que un pecado: un error”. El entusiasmo popular por la independencia y los argumentos morales sobre el sufrimiento kurdo y la autodeterminación explican en parte la opinión predominante. Pero los kurdos más reflexivos esgrimen, más allá de esos factores emocionales y éticos, cuatro razones de orden práctico en apoyo de la consulta.

    Lo primero y más importante: los kurdos han declarado repetidas veces y de manera creíble que el referéndum, aun si el resultado es abrumador, no equivale a una declaración unilateral de independencia. De hecho, reconocen que el siguiente paso ha de ser un proceso de negociación con Bagdad, con los demás vecinos del Kurdistán y con la comunidad internacional sobre los términos de la futura separación, confederación o quizá una versión mejorada de la autonomía en vigor. Saben que es una partida repleta de riesgos, pero sienten que con el referéndum en la balanza reforzarían su futura posición negociadora. Como consecuencia, la mayoría de los kurdos iraquíes ven la oposición al referéndum como precipitada, en el mejor de los casos.

    En segundo lugar: la mayoría de los kurdos consideran erróneos los argumentos concretos contra el referéndum. La idea de que pone en peligro la lucha contra el Estado Islámico les resulta directamente bizarra. Para empezar, como aliados de EEUU, han desempeñado un papel especialmente destacado en toda la campaña contra el EI, en los últimos tres años, y siguen protegiendo no sólo grandes extensiones de Irak sino a casi dos millones de refugiados, mayoritariamente árabes, en el propio territorio kurdo. Además, a día de hoy la guerra contra el EI está prácticamente ganada, así que los kurdos, comprensiblemente, creen que es tiempo de avanzar. Y, aducen, simplemente no hay la menor evidencia de que el referéndum se interponga en ulteriores planes contra el posible resurgimiento del EI.

    Relacionado con esto está el impecable argumento kurdo de que las garantías de Bagdad sobre la asunción de cualesquiera compromisos a cambio de la cancelación de la consulta no son creíbles, simplemente. Esto razonablemente refleja su larga y amarga experiencia de toda una serie de promesas y compromisos constitucionales incumplidos por el Gobierno central de Irak: sobre la celebración de un referéndum en Kirkuk y otros territorios en disputa, sobre el reparto de los ingresos petroleros, sobre los pagos a las fuerzas peshmerga, etc. Como consecuencia, a los Kurdos difícilmente se les puede reprochar que duden de cualquier promesa que se les haga.

    Tercero: la razón de más amplio espectro que la mayoría de los kurdos aducen en defensa de su referéndum es que las reacciones exageradas que está suscitando se moderarán una vez tenga lugar la votación. Cuando sea un fait accompli, los outsiders no tendrán muchas más opciones que afrontar lo que venga de manera pragmática. Como me dijo un oficial kurdo en una conversación privada la semana pasada: “Esperamos que impere la sensatez”. Esta posición tiene su aquel, aunque solo sea porque las alternativas semejan peores para todas las partes. Reparemos en Turquía: sus estridentes protestas retóricas y sus simbólicas maniobras militares contra el referéndum son una cosa; pero abrir verdaderamente un nuevo frente contra un nuevo enemigo en la frontera sería otra completamente distinta. De hecho, en conversaciones que mantuve igualmente la semana pasada, varios funcionarios kurdos de alto nivel admitían que puede que su Gobierno imponga sanciones al Kurdistán por la celebración del referéndum, pero que sería una tragedia para ambas partes si la destacable alianza Ankara-Erbil fraguada en la última década finalmente colapsara.

    Cuarto, y para concluir: el otro vecino que proyecta una sombra aún más larga sobre el escenario es Irán. Numerosos kurdos se preguntan, con razón, si no debería ser más importante dejar de preocuparse tanto por su referéndum y atender a los intereses más relevantes en juego. Irán es vehementemente contrario tanto al referéndum como a cualquier derecho nacional kurdo, que podrían interponerse en sus ambiciones hegemónicas sobre Irak y más allá, hasta el Mediterráneo, pasando por Siria y el Líbano. Así que si EEUU va en serio en lo de hacer frente al desafío iraní, razonan los kurdos, podría cambiar de marcha y respaldar a los kurdos ante las crecientes amenazas iraníes.

    El mejor contraargumento a esta lógica es que una política de ajuste tal podría producirse a expensas de otros socios en la lucha contra el expansionismo iraní. Pero la respuesta kurda es que Ankara, Bagdad y compañía tienen un interés común en contener a Teherán, por encima de sus propias preocupaciones sobre el Kurdistán. Es una posición debatible, pero que podría valer la pena adoptar tras la celebración del referéndum.

    En resumidas cuentas: las consideraciones precedentes aconsejan poderosamente aportar frescura al futuro de la amistad kurdo-americana y a la cooperación estratégica bilateral, que tan buenos frutos ha dado contra Sadam Husein, el Estado Islámico y otros enemigos comunes en el último cuarto de siglo. El referéndum no debería ser el final de esta historia, como ha venido a decir el Departamento de Estado. De hecho, EEUU debería concentrarse en cómo conciliar las demandas en conflicto, y las preocupaciones comunes, de nuestros distintos socios regionales. Entre los que se cuentan los turcos y los árabes, por supuesto, pero también los kurdos y otros actores. Esta será una misión abrumadora, pero no imposible.

    © Versión original (en inglés): Fikra Forum
    © Versión en español: Revista El Medio

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    ¿Quiénes son los huzis, y por qué gritan "¡Muerte a América!"? http://elmed.io/quienes-son-los-huzis-y-por-que-gritan-muerte-a-america/ http://elmed.io/quienes-son-los-huzis-y-por-que-gritan-muerte-a-america/#comments Fri, 22 Sep 2017 08:02:26 +0000 http://elmed.io/?p=24341 Irán, dispuesto a crear una nueva Hezbolá con sus peones yemeníes.

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    En marzo de 2016, a unas 170 millas náuticas de la costa de Omán, un pequeño buque pesquero sin bandera fue interceptado por el HMAS Darwin, un navío australiano de la Fuerza Combinada de Operaciones 150, responsable de las operaciones antiterroristas internacionales en Oriente Medio.

    A bordo del Samer, los australianos descubrieron un gran alijo de armas –entre las que se contaban cien lanzagranadas, 1.989 rifles AK-47 y 49 ametralladoras PKM de uso múltiple– aparentemente fabricadas en Irán.

    Esa fue una de las cuatro interceptaciones de embarcaciones iraníes de contrabando desde septiembre de 2015 hasta marzo de 2016, en las que se requisaron 5.000 rifles AK-47, 80 misiles antitanques, así como ametralladoras y rifles de francotirador, según los datos hechos públicos por la Marina de Estados Unidos.

    A partir de los interrogatorios realizados a las tripulaciones y el análisis de los GPS de las cinco embarcaciones, la Marina determinó que los cargamentos de armas provenían de Irán. “Sabemos que venían de Irán y sabemos su destino”, declaró el vicealmirante Kevin Donegan, que supervisa las operaciones navales estadounidenses en Oriente Medio. “Estas cosas no vienen con un manual de instrucciones”, explicó, refiriéndose a que los iraníes no sólo estaban proporcionando armas a los grupos rebeldes, también los estaban entrenando en el uso de sistemas de armas avanzados. “Creemos que los iraníes tuvieron algo que ver en esto”, concluyó.

    Los hallazgos de la Marina se ven respaldados por un informe del Conflict Armament Research que sugiere la “existencia de un canal de armas que se extiende desde Irán a Somalia y el Yemen, donde se lleva a cabo la transferencia, mediante dhows [veleros árabes], de importantes cantidades de armas de fabricación iraní y armas posiblemente procedentes del arsenal iraní”.

    Es una prueba más del envío de armas iraníes al extranjero pese a la restricción impuesta por la ONU sobre la transferencia de armas desde Irán. La República Islámica había sido acusada con anterioridad de violar el embargo para ayudar a sus peones en el Líbano, Irak, Siria, los territorios palestinos y el Yemen.

    Cuando, en marzo de 2015, el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, habló ante el Congreso norteamericano, hizo hincapié en que las preocupaciones de su país por el perverso papel que desempeña Irán en Oriente Medio van mucho más allá del programa nuclear de la República Islámica. El primer ministro sostuvo que Irán había “engullido” cuatro capitales árabes: Beirut, Damasco, Bagdad y, más recientemente, Saná.

    Según Benjamin Weinthal, experto en Irán de la Foundation for Defense of Democracies (FDD), “los huzis, financiados por Irán, son parte integrante de la extensión a la Península Arábiga de la revolución incorregiblemente reaccionaria de la República Islámica”. Esta afirmación puede asociarse a unas palabras de Alireza Zakani, diputado iraní cercano al Líder Supremo del país, el ayatolá Alí Jamenei, en las que se jactaba de que Saná era ya la cuarta ciudad árabe en unirse a la Revolución Islámica, tras Beirut (vía Hezbolá), Damasco (por medio del régimen de Asad) y Bagdad (por medio del Gobierno central de Irak, liderado por chiíes).

    Irán ha sido acusado por el Gobierno internacionalmente reconocido del Yemen, y por la coalición encabezada por Arabia Saudí y respaldada por Occidente que lo apoya, de ayudar al golpe de Estado huzi. Los huzis, un grupo rebelde del norte del Yemen, expulsó al Gobierno de la capital, Saná, en septiembre de 2014, y Estados Unidos y otros países occidentales han aportado desde entonces grandes cantidades de armas para apoyar al Gobierno acosado.

    Los rebeldes huzis lograron avanzar a lo largo del Yemen en gran medida por su alianza con los leales al expresidente Alí Abdulá Saleh, bien conectados y bien equipados, y por su habilidad para explotar el malestar de la población ante el deficiente desempeño del Gobierno de Abd Rabu Mansur Hadi.

    Para marzo de 2015, los rebeldes huzis y los fieles a Saleh ya controlaban la mayoría de las grandes ciudades y habían desplazado al Gobierno del presidente Hadi, apoyado por los saudíes, provocando que Riad lanzara una operación militar con el objetivo de acabar con los huzis y su infraestructura. Los saudíes pusieron asimismo en marcha un bloqueo naval para detener el flujo de armas iraníes al Yemen.

    Los huzis, oficialmente denominados Ansar Alá, son una organización surgida en el norte del Yemen en la década de 1990 que ha luchado sin cesar contra los Gobiernos locales desde 2004. Cuando los salafistas empezaron a predicar la rama saudí del islam wahabí en el país, los huzis crearon un movimiento en defensa de la tradición zaidí, que forma parte de la cultura yemení desde hace siglos.

    En parte por el alineamiento de Arabia Saudí con Estados Unidos, los huzis adoptaron una estridente retórica antioccidental originada en Irán. “Dios es grande, muerte a América, muerte a Israel, malditos sean los judíos, que venza el islam”: el credo de los huzis se puede ver pintarrajeado en mezquitas y otras instituciones públicas de todo el territorio bajo su control.

    Las llamativas similitudes retóricas han provocado que se presente a los huzis como un grupo insurgente chií respaldado por Irán. Sin embargo, hasta que no estalló la guerra en el Yemen, en 2011, la población local no definía a los huzis en términos sectarios, ni se los conocía por sus lazos con la República Islámica. A diferencia del régimen iraní, los huzis no se adhieren al islam del chiismo duodecimano predominante en Irán, sino que siguen la escuela zaidí, similar a la escuela hanafí de la jurisprudencia islámica suní.

    Durante bastante tiempo, las acusaciones de cooperación huzi-iraní tenían poca evidencia empírica. Sin embargo, las circunstancias han cambiado y ya no se puede negar la implicación iraní en la guerra civil del Yemen, ni su intento de proyectar su poder sobre la Península Arábiga.  

    Al ver el apoyo y patrocinio de Irán a otros actores extranjeros en todo Oriente Medio, era lógico que los huzis recurrieran a la República Islámica en un momento de creciente presión en su país y de aislamiento internacional.    

    La cooperación con actores no estatales es parte integral de la política exterior de Irán para asentar su poder en una región dominada por el islam suní. Ejemplo de ello son sus vínculos con Hezbolá en el Líbano y con las milicias iraníes que están luchando en Siria e Irak.

    Antes de que los rebeldes huzis entraran en Saná en 2014, Irán empezó a apoyarlos con armas, dinero y entrenamiento. Según Reuters, un alto oficial iraní confirmó que la Fuerza Quds, unidad especial responsable de las operaciones extraterritoriales de la Guardia Revolucionaria Iraní, tenía “varios centenares” de hombres en el Yemen adiestrando a combatientes huzis. También dijeron que un centenar de huzis habían viajado a Irán para formarse en una base de la Guardia Revolucionaria cercana a la ciudad de Qom, aunque no pudieron verificar la autenticidad de la información. En marzo de 2015, el medio libanés Now informó de que combatientes huzis estaban entrenándose en Siria por cuenta de Irán.

    El general de brigada Ahmed Aseri, portavoz de la coalición árabe que está combatiendo a los huzis, declaró a Reuters: “No nos faltan informaciones ni pruebas de que los iraníes están introduciendo ilegalmente armas en la zona por distintos medios”. “Vemos que ahí hay un sistema antitanques Kornet, cuando antes no estaba en el arsenal del Ejército yemení ni en el de los huzis. Llegó después”, añadió.

    Este tipo de declaraciones son un reflejo de las preocupación de los países occidentales. Tobias Ellwood, secretario de Estado de Asuntos Exteriores y de la Commonwealth, dijo en el Parlamento británico en octubre de 2015 que Londres estaba preocupada por “el apoyo iraní a los huzis, (…) [por] las informaciones de que Irán había transferido armas al Yemen que podrían contravenir la Resolución 2216 del Consejo de Seguridad de la ONU y el embargo de dicho Consejo a Irán sobre la exportación de armas”.

    Además de armas, dinero y entrenamiento militar, los huzis también reciben ayuda en el frente propagandístico. Su canal de televisión, Al Masirah, emite desde Beirut con la ayuda del peón terrorista de Irán en el Líbano, Hezbolá, que ejerce una enorme influencia en los suburbios del sur de la ciudad. La cooperación entre los huzis y Hezbolá ha sido durante mucho tiempo fuente de especulaciones, debido en especial a las similitudes en las tácticas de ataque utilizadas en la conquista huzi de Saná y en los acontecimientos registrados en Beirut en 2008, cuando hombres armados de Hezbolá se hicieron con el control de grandes partes de la capital libanesa.

    Si en el pasado fue difícil detectar la influencia de Irán en el Yemen, ahora es imposible obviarla, y a medida que se eterniza la guerra sigue creciendo.

    El pasado mes de abril, los líderes huzis nombraron muftí a Beras Shams al Din Mohamed Sharaf al Din, clérigo educado en Irán, para que se desempeñe como principal autoridad religiosa de la organización en Saná. Varios huzis de relieve se han convertido al chiismo duodecimano en las últimas dos décadas, y se cree que Sharaf al Din es uno de los nexos más importantes entre la organización y la República Islámica, pues facilita el matrimonio ideológico entre las dos partes.

    En un informe de Chatham House basado en entrevistas con personas que han tenido un acceso poco común a los líderes huzis se dice que “el núcleo [dirigente] está en muchos casos verdaderamente comprometido con los principios revolucionarios islámicos dispuestos por Husein Badr al Din al Huzi, que a su vez los toma en gran parte de los de Irán”. Es una valoración que Weinthal comparte. “Decididamente, los huzis quieren que prosiga la guerra de Irán contra EEUU e Israel. Tenemos el ejemplo del ataque suicida huzi contra un buque militar saudí del pasado enero. Dos saudíes fueron asesinados en ese ataque”.

    Miembros de los servicios de inteligencia de EEUU conjeturaron en aquel momento que el objetivo deseado era un buque de guerra estadounidense. Los huzis y los oficiales de Teherán han presumido públicamente, con mucha algarabía, de su capacidad para atacar a Arabia Saudí e infligir daños a su coalición, respaldada por los países occidentales. “Justo este mes, los huzis dispararon un misil contra un barco de Emiratos cargado de productos médicos. Los suministros eran para ayudar a las víctimas de la epidemia de cólera que se registra en el Yemen, por la que ha muerto un millar de personas desde abril”, dice Weinthal. “Emiratos es un socio fundamental en la lucha contra el extremismo en la región. El pasado octubre, los huzis atacaron un barco emiratí con un misil. El terrorismo náutico hutí es incesante”, explica Weinthal.

    Un alto oficial iraní declaró a Reuters que el general Qasem Soleimani, el poderoso comandante de la Fuerza Quds, se reunió con altos cargos de la Guardia Revolucionaria Islámica en Teherán en febrero para hablar sobre el papel de Irán en el Yemen y buscar formas de “fortalecer su presencia [la de los huzis] en la región”. “Están planeando crear una milicia similar a Hezbolá en el Yemen. Para enfrentarse a las políticas hostiles de Riad (…) Irán tiene que usar todas sus cartas”, dijo.

    Las crecientes injerencias de Irán en la guerra civil del Yemen sugieren que Teherán está nerviosa por el nuevo rumbo de la política exterior de EEUU con la Administración Trump, que parece haber revertido el realineamiento de Obama con la República Islámica. Irán, por lo tanto, está buscando nuevos campos de batalla para desafiar la autoridad de Estados Unidos y a sus aliados, en particular a su archirrival, Arabia Saudí.

    En los últimos meses la Administración Trump ha aumentado sustancialmente su apoyo militar a la coalición encabezada por los saudíes y respaldada por Occidente. En lo que parece ser un importante incremento de la implicación estadounidense en el Yemen, el Ejército de EEUU, siguiendo órdenes del presidente, llevó a cabo 70 ataques aéreos en el país en marzo de 2017, más del doble que en todo 2016.

    Este conflicto fue una de las prioridades de la agenda del presidente en su visita a Arabia Saudí, su viaje inaugural al extranjero. La Casa Blanca había dispuesto la escenificación de una postura más dura con Irán en lo regional cuando, en el transcurso de su visita al reino, el presidente apoyó la campaña de Riad para desafiar la influencia iraní en todo Oriente Medio con una venta de armas a Arabia Saudí por valor de 110.000 millones de dólares. “Desde el Líbano a Irak y el Yemen, Irán financia, arma y entrena a terroristas, a milicias y otras organizaciones extremistas que diseminan la destrucción y el caos por toda la región. Durante décadas, Irán ha atizado el fuego del conflicto sectario y el terrorismo”, dijo el presidente Trump en su rueda de prensa en la capital del reino, Riad.

    En el pasado mes de marzo se cumplieron dos años del comienzo de la brutal guerra en el Yemen entre la coalición encabezada por los saudíes y respaldada por Occidente y los rebeldes huzis respaldados por Irán, que derrocaron al Gobierno y convirtieron una lucha doméstica por el poder en una crisis internacional de proporciones catastróficas.

    Desde hace tiempo se habla del Yemen como el “conflicto olvidado”, ya que el mundo está centrado en la guerra siria y en la lucha contra la organización terrorista Estado Islámico. Pero a 2.400 kilómetros está teniendo lugar otro conflicto cuyas repercusiones se extienden mucho más allá de las fronteras de ese país arábigo devastado por la guerra.

    El Yemen es el último proyecto en el gran plan regional de Irán, que utiliza a los rebeldes huzis como plataforma de proyección de poder sobre la Península Arábiga.

    El líder de Hezbolá, Hasán Nasrala, amenazó hace poco con que la próxima guerra contra Israel implicaría a miles de milicianos chiíes, que unirían sus fuerzas a las de Hezbolá. “Esto podría abrir la vía para que cientos e incluso miles de combatientes de todo el mundo árabe e islámico participen en ella, de Irak, el Yemen, Irán, Afganistán y Pakistán”, dijo en un discurso por televisión. Si eso resultara ser cierto, la República Islámica podría estrechar mucho más su cerco sobre Israel: con el apoyo de sus peones locales, podría rodearlo completamente desde las fronteras siria, libanesa, gazatí y yemení.

    © Versión original (en inglés): The Tower
    © Versión en español: Revista El Medio

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    Cuando los mejores aliados de Hamás son los tribunales de Israel http://elmed.io/cuando-los-mejores-aliados-de-hamas-son-los-tribunales-de-israel/ http://elmed.io/cuando-los-mejores-aliados-de-hamas-son-los-tribunales-de-israel/#comments Thu, 21 Sep 2017 16:38:17 +0000 http://elmed.io/?p=24337 Escandalosa decisión de la Corte Suprema israelí en favor de cuatro miembros de la organización terrorista islamista.

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    Cuando el primer ministro Netanyahu se dirija a la Asamblea General de la ONU*, sin duda dedicará parte de su discurso a la necesidad de combatir a las organizaciones terroristas. Lo que probablemente no dirá es que en Israel esa batalla se ve muchas veces obstaculizada por el activismo judicial desatado de la Corte Suprema, como evidenció la semana pasada la estupefaciente sentencia que niega al Gobierno el derecho de revocar el permiso de residencia en Israel a individuos que trabajen en el Legislativo o en el Gabinete palestinos en representación de Hamás.

    En 2006, tres residentes palestinos de Jerusalén Este fueron elegidos para el Parlamento palestino en representación del partido Cambio y Reforma, afiliado de Hamás, mientras que un cuarto fue nombrado para el Gabinete palestino en representación de dicha formación. Israel respondió revocándoles sus derechos de residencia.

    A la mayoría de la gente esto le parecería de puro sentido común. Trabajar para un Gobierno extranjero justifica la revocación de la ciudadanía en numerosas democracias, pues se considera que para ocupar un puesto de decisión en el Gobierno de un país es necesario un determinado nivel de compromiso con el mismo, lo que entra en conflicto con la lealtad debida al otro país. De hecho, tanto Estados Unidos como Israel tienen normas de este tipo; es por eso que, por ejemplo, Michael Oren tuvo que renunciar a su ciudadanía norteamericana cuando lo nombraron embajador de Israel en EEUU, a pesar de que EEUU e Israel son aliados estrechos.

    Esos cuatro palestinos no sólo estaban trabajando para un Gobierno extranjero; lo estaban haciendo en representación de Hamás, una organización terrorista comprometida con la destrucción de Israel. Eso, como el Gobierno israelí alegó correctamente en el tribunal, constituye una enorme “quiebra de la confianza”. Sin embargo, la Corte, en un veredicto de 6 contra 3, decidió otra cosa. Aunque la Ley de Entrada a Israel permite al Gobierno revocar “a discreción” el derecho de residencia a cualquiera, dice también que la norma no se debería usar para revocarlo por “una quiebra de la confianza”. ¿Por qué? Porque la mayoría de los palestinos de Jerusalén Este nacieron en Israel y han vivido allí toda su vida, así que merecen mayor protección que los migrantes, que antes han vivido en otra parte y cuyo arraigo en Israel es por lo tanto más superficial.

    Que esos palestinos de Jerusalén Este merecen mayor protección que, pongamos, los obreros migrantes es evidentemente cierto. Israel se anexionó oficialmente Jerusalén Este en 1967, así que lógicamente la mayoría de ellos deberían ser ciudadanos en vez de residentes permanentes. Que no lo sean se debe a un extraordinario dilema sin solución: Israel no puede concederles unilateralmente la ciudadanía sin airar a la comunidad internacional, que quiere que sean ciudadanos de un futuro Estado palestino.

    La mayoría de los palestinos de Jerusalén Este es reacia a ejercer su derecho a solicitar la ciudadanía porque otros palestinos lo ven como una traición a la causa palestina. La consecuencia es que hay todo un grupo de residentes permanentes que, como aseveró correctamente la Corte, merecen ser tratados más como ciudadanos que como residentes permanentes en muchos aspectos.

    Pero en este caso particular tal distinción –por lo demás válida– es completamente irrelevante. Al fin y al cabo, el caso no tenía que ver con los residentes normales y corrientes de Jerusalén Este, que, a falta de pruebas en contrario, es razonable aceptar que Ia Corte considera Israel como su hogar principal. Atañía específicamente a unos individuos que optaron por servir a un Gobierno extranjero en representación de una organización terrorista, y que por lo tanto declararon que su lealtad a esa entidad extranjera sustituía a su lealtad a Israel.

    Si puedes renunciar a la ciudadanía para trabajar para un Gobierno extranjero, puedes desde luego renunciar a la residencia permanente. Después de todo, no hay duda de que los funcionarios de Hamás no merecen más derechos que los israelíes. Sin embargo, eso es exactamente lo que les concedió la Corte: los oficiales de Hamás pueden conservar la doble nacionalidad aunque su otra nacionalidad sea la enemiga más acérrima de Israel, mientras que los oficiales israelíes no pueden hacer lo propio aunque su otro país sea una estrecho aliado de Israel.

    Además, es claramente razonable esperar que quien elige trabajar para un Gobierno extranjero se mude a la jurisdicción de ese Gobierno, salvo impedimentos extraordinarios. En este caso no existían dichos impedimentos, como demostró el que dos de ellos se trasladaran de hecho a Ramala tras perder su permiso de residencia israelí (los otros dos fueron detenidos por Israel por motivos ajenos al caso).  

    Incluso los jueces de la mayoría parecieron darse cuenta de lo endeble que era su argumento. Uzi Vogelman, que redactó el dictamen, dijo, en unas declaraciones absolutamente asombrosas: “Nuestra decisión interpretativa no se ha centrado específicamente en la parte demandante, sino en una cuestión interpretativa de aplicabilidad general a los residentes de Jerusalén Este”. Cómo un tribunal puede decidir sobre un caso sin centrarse en él es algo que se me escapa.

    Presumiblemente, esta sentencia tendrá una aplicación limitada. Al fin y al cabo, ¿cuántos palestinos de Jerusalén Este van a convertirse en miembros del Gobierno palestino en representación de Hamás? Pero, en realidad, las implicaciones son amplias, porque si ni siquiera jurar lealtad a un Gobierno extranjero en representación de una organización terrorista comprometida con la destrucción de Israel basta para hacer que un palestino pierda su permiso de residencia israelí, y sus consiguientes beneficios, ¿qué demonios hace falta? Nada que se me ocurra. Por lo tanto, los defensores de Hamás en Jerusalén se verán ahora alentados a intensificar toda clase de actividades en nombre de su organización, sabedores de que no tendrá por consecuencia su expulsión del país.   

    El activismo judicial de la Corte lastra la capacidad del Gobierno en casi todos los ámbitos, como expliqué en Mosaic el año pasado y han demostrado varias sentencias en los últimos meses, que con razón han indignado a numerosos miembros de los partidos gobernantes. Pero la sentencia de la semana pasada podría haber sido un punto de inflexión: como reacción, la ministra de Justicia, Ayelet Shaked, y su partido, Hogar Judío, propusieron un conjunto de leyes para contrarrestar los excesos de la Corte. Está por ver si se aprueban. Pero esta indignante sentencia en defensa de los legisladores de Hamás demuestra claramente su necesidad.

    * Nota del editor: este artículo está fechado el lunes 18, y Netanyahu habló ante la Asamblea General el martes 19. Pinche aquí para leer su discurso (en inglés).

    © Versión original (en inglés): Commentary
    © Versión en español: Revista El Medio

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    Trump en la ONU: ¿quién es el loco? http://elmed.io/trump-en-la-onu-quien-es-el-loco/ http://elmed.io/trump-en-la-onu-quien-es-el-loco/#comments Thu, 21 Sep 2017 09:45:40 +0000 http://elmed.io/?p=24334 "Reconforta tener un presidente que habla en la ONU con un lenguaje diferente al de los últimos ocho años".

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  • Trump en la ONU: ¿quién es el loco?
  • El analista israelí Boaz Bismuth saluda el discurso pronunciado por Donald Trump ante la Asamblea General de Naciones Unidas y plantea una pregunta que incomodará a muchos de los detractores del presidente norteamericano.

    (…) reconforta tener un presidente que habla en la ONU con un lenguaje diferente al (…) de los últimos ocho años. El 45º presidente de EEUU ve la conexión entre Corea del Norte e Irán como si fuera un primer ministro israelí. Les recuerdo que el estatus de Irán se elevó a la categoría de país normal en la Asamblea General de Naciones Unidas durante la era Obama. Trump lo ha vuelto a llevar a la esquina, donde Corea del Norte estaba sola. La revolución islámica, que ganó reconocimiento gracias al acuerdo nuclear, ha vuelto a ser vista como lo que es: una peligrosa perversión histórica que debe ser combatida.

    (…)

    Hemos visto al líder del mundo libre (…) hablar del régimen criminal de Siria, del acuerdo nuclear con Irán y de su deseo de ver un cambio de régimen en Teherán. Ha amenazado a Corea del Norte y criticado la dictadura socialista de Venezuela. Sus detractores llaman loco al presidente, pero, tras ocho años de discursos completamente opuestos [al suyo], deberíamos reconsiderar quién es el loco y quién el que ve la realidad tal como es.

    Ghasán Charbel vuelve a publicar una sentida columna en favor de la reconstrucción de los Estados árabes más desarticulados sobre bases que los hagan instalarse en la modernidad democrática.

    Soy árabe y sólo quiero ver un Irak estable y próspero, un país normal que desempeñe su papel en su entorno y lleve a sus ciudadanos al futuro. Quién gobierne Irak es algo que debe dejarse a los iraquíes sobre unas bases cívicas y democráticas que garanticen los derechos de las minorías frente a las mayorías.

    Soy árabe y sólo quiere ver una Siria estable y próspera, un país normal que desempeñe su papel en su entorno… Un país que no viva a la sombra de un bosque de banderas [extranjeras] (…) que ahondan en las heridas sirias (…) Un Estado que no represente un peligro para sí mismo ni para sus vecinos…

    La cuestión de quién gobierne Siria debe resolverla el pueblo sirio bajo una Constitución basada en la ciudadanía y la justicia. La ausencia de un Estado justo y moderno transforma las minorías en campos minados. La ausencia de un auténtico Estado hace la tierra proclive a los huracanes.

    El periodista saudí Abdulá ben Biyad al Otaibi escribe sobre un reciente encuentro de disidentes cataríes en Londres y llama a la oposición al régimen de Doha a unir filas.

    La oposición catarí tiene una nueva voz. Es lo que se ha evidenciado en la conferencia celebrada en Londres el jueves [pasado]. Esta nueva voz (..) permitirá a una reforzada oposición bregar por su causa en todas las cuestiones relacionadas con Qatar.

    (…)

    Nada hace más daño al régimen catarí que difundir en Occidente la información correcta sobre sus conspiraciones y sus maneras absolutistas. (…)

    (…)

    Confiemos en que la conferencia opositora sea capaz de aglutinar sus huestes y que se conformen organizaciones políticas, jurídicas, mediáticas y de defensa de los derechos humanos para combatir las sediciosas y proterroristas políticas del régimen catarí.

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    Los judíos y los árabes no deben darse mutuamente por perdidos http://elmed.io/los-judios-y-los-arabes-no-deben-darse-mutuamente-por-perdidos/ http://elmed.io/los-judios-y-los-arabes-no-deben-darse-mutuamente-por-perdidos/#comments Thu, 21 Sep 2017 07:32:48 +0000 http://elmed.io/?p=24332 Si siguiésemos ciegamente las voces del miedo y el odio, nuestras vidas se convertirían en un infierno.

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    Los recientes sucesos en el Monte del Templo y otros lugares han provocado enormes tensiones entre los judíos y los árabes de Israel. No es de extrañar, y lo más fácil es que los judíos y los palestinos dejen de confiar los unos en los otros. Por desgracia, también es la opción más peligrosa para los que vivimos aquí. Si siguiésemos ciegamente las voces del miedo y el odio procedentes de las dos nacionalidades que comparten esta tierra, nuestras vidas se convertirían en un infierno. Sería la pesadilla social hecha realidad.

    Los que provocan el conflicto diciendo a los judíos que los árabes son nuestros enemigos, que nos desean lo peor y aprovechan cualquier oportunidad para hacernos daño, no conocen la realidad. Incitan y mienten. La realidad es que el 85% de los ciudadanos árabes de Israel aspiran a ser israelíes en una sociedad compartida e igualitaria con la mayoría judía.

    Los que incitan a los árabes diciéndoles que los judíos son unos racistas privilegiados que quieren la segregación y seguir con la discriminación contra la minoría árabe también están mintiendo. La realidad es que la inmensa mayoría de los judíos de Israel quieren la democracia, y que Israel sea un país que dé el mismo valor a todas las vidas humanas.

    La división entre israelíes y palestinos se alimenta del miedo al otro, y no del deseo de preservar privilegios y conceptos racistas. Es verdad que hay judíos que son así, pero son una parte residual de la extrema derecha y no corresponden al núcleo de la sociedad judía. El interés común de la inmensa mayoría de los ciudadanos de Israel es una vida compartida, que es lo único que puede lograr la seguridad que ansía la sociedad judía y la igualdad que ansía la sociedad árabe. Los que se someten a esos sentimientos de miedo y odio están actuando contra los intereses y la verdadera voluntad de la abrumadora mayoría de los ciudadanos israelíes.

    Tras los últimos acontecimientos, algunos judíos y árabes me han preguntado cómo podrían actuar ambas partes en estos momentos de enormes tensiones de seguridad, miedo y odio mutuo.

    En el corto plazo, hay que hacer dos cosas.

    La primera es aislar a los extremistas de las dos sociedades –la judía y la árabe– y no permitirles usar el miedo para promover su proyecto de odio. La segunda es justamente aumentar la fricción entre las dos nacionalidades: mediante encuentros y discursos, actos públicos conjuntos, el deporte, la cultura y el ocio en espacios públicos como centros comerciales y parques; donde podamos seguir demostrándonos mutuamente nuestra capacidad para vivir en una sociedad común y manejar nuestras diferencias.  

    En el largo plazo, tenemos que cambiar nuestra forma de actuar como país, a través de la educación para la coexistencia, la participación de la minoría en el aparato de gobierno, la asignación equitativa de la tierra y los recursos, el aprendizaje de la lengua nacional del otro y la creación de redes comunales y asociativas.

    Normalmente empiezo las reuniones con judíos y árabes con una famosa cita de Albert Einstein: “Abre los ojos, abre tu corazón y las manos, y evita el veneno que tus antepasados sorbieron de la Historia con tanta avidez. Entonces toda la tierra será tu patria, y todo tu trabajo y tu esfuerzo se extenderán”. Esto me parece mejor idea que todos los detectores de metal del mundo.

    © Versión original (en inglés): The Algemeiner
    © Versión en español: Revista El Medio

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    Una lección de democracia al presidente islamista de Turquía http://elmed.io/una-leccion-de-democracia-al-presidente-islamista-de-turquia/ http://elmed.io/una-leccion-de-democracia-al-presidente-islamista-de-turquia/#comments Wed, 20 Sep 2017 09:08:32 +0000 http://elmed.io/?p=24330 Erdogan está más cerca de los regímenes islamistas y autoritarios que de las democracias occidentales.

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    Cuando el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, visitó Washington el pasado mes de mayo, fue recibido a las puertas de la residencia del embajador de su país por un grupo de manifestantes consternados por su represión de los derechos civiles y su hostilidad hacia la población kurda de Turquía. A los pocos minutos, los guardaespaldas de Erdogan entraron en acción, junto con otros componentes de la cuadrilla turca, dando golpes y patadas a los manifestantes, entre los que había mujeres y personas mayores. Una mujer de 61 años declaró después a The Guardian que había temido por su vida cuando los guardias le dieron un puñetazo en la cara. Cuando Reza Dersimi, una turcoamericana de 60 años, intentó ayudarla, también fue agredida.

    La Policía intervino enseguida, deteniendo a varios de los atacantes, incluidos los guardias de Erdogan. Algunos de los que huyeron fueron capturados en los días siguientes, pero muchos siguen sueltos.

    Las detenciones enfurecieron al presidente de Turquía. “¡Han encarcelado a nuestros ciudadanos!”, gritó Erdogan, que suele mandar a periodistas y activistas por los derechos humanos a las cárceles turcas sin que hayan cometido delito.

    Ahora, el Gobierno de EEUU ha encausado a 19 de los atacantes por su trato violento a los manifestantes, a los que los líderes turcos acusan de ser miembros de la organización terrorista kurda PKK. (No hay pruebas de que ninguno tenga vínculos con el terrorismo). El ministro de Exteriores de Turquía ha calificado las acusaciones de “injustas y parciales”, y afirma que entre los acusados hay “personas que jamás han estado en EEUU”.

    La acusación –contra 15 guardias de seguridad turcos, dos turcocanadienses y dos turcoamericanos— incluye 21 cargos por agresión y delitos de odio, y describe el incidente como “un complot para agredir a los manifestantes y las fuerzas del orden”. “Los integrantes (…) del complot superaban de forma significativa a los manifestantes contrarios a Erdogan, cuyo número aumentó a medida que continuaba la protesta”, declara el escrito de la acusación. “Los integrantes (…) del complot se opusieron verbal y físicamente a la presencia de los manifestantes contrarios a Erdogan, profiriendo amenazas y atacando a los manifestantes (…) Los integrantes (…) del complot utilizaron las amenazas y la violencia física (…) para dispersar a los manifestantes (…), los atacaron e ignoraron flagrantemente las órdenes de las fuerzas de seguridad estadounidenses de que cesara la violencia”.

    En vez de disculparse por la violencia, Erdogan ha afirmado que las acusaciones son “escandalosas”, elogiado a los atacantes por sus actos y reprochado que Estados Unidos no le protegiera de los manifestantes. Cierto, algunos manifestantes gritaron “¡Larga vida a las YPG!”, la organización kurda siria con la que Estados Unidos se ha aliado en su lucha contra el Estado Islámico (y que Turquía considera una organización terrorista). Pero esos gritos no exigirían una respuesta violenta en un Estado democrático.

    Además, las objeciones de Erdogan apestan a hipocresía. En los últimos dos años, su Gobierno ha detenido a numerosos ciudadanos extranjeros basándose en falsas acusaciones de “terrorismo”, palabra que Erdogan esgrime para definir a quienes critican su ideología o su régimen, empezando por quienes trabajan por los derechos humanos y los periodistas. Ha apelado a los Gobiernos extranjeros para que detengan a sus propios ciudadanos por hacer declaraciones críticas con él, como cuando exigió a Alemania en abril de 2016 que procesara al cómico Jan Böhmermann por un poema cargado de blasfemia que lo criticaba. Sólo unos días después, a la columnista turco-holandesa Ebru Umar, que se encontraba de vacaciones en la localidad costera de Kusadasi, en el Egeo, la Policía turca la sacó de la cama en mitad de la noche y la detuvo por insultar a Erdogan en Twitter. La pusieron en libertad al día siguiente, pero no le permitieron salir del país durante varias semanas.

    Otras personas con doble ciudadanía han corrido una suerte similar o peor, como el periodista turco-alemán Deniz Yucel, de Die Welt, que fue arrestado en febrero por hacer “propaganda terrorista e incitar al odio”, según la CNN. Yucel había entrevistado a Cemil Bayik, líder del PKK, “haciéndose pasar por periodista”, e informado de las operaciones de las fuerzas de seguridad en el sudeste de Turquía contra militantes kurdos “actuando de propagandista, al transmitir el discurso de la organización terrorista armada”, según informó la oficina del fiscal a la CNN.

    No sólo lo han sufrido individuos con doble ciudadanía. La detención en julio del activista alemán Peter Steudtner y de otras personas que asistían a un taller sobre seguridad digital –de nuevo bajo la acusación de terrorismo– llevó al ministro germano de Exteriores, Sigmar Gabriel, a hacer una advertencia pública a los alemanes que pensaran viajar a Turquía.

    El periodista independiente francés Loup Bureau también fue retenido el mes pasado en Turquía, igualmente acusado de ayudar a los terroristas. Las acusaciones no se basaban en nada que estuviese haciendo en ese momento, sino en un reportaje que había realizado sobre miembros de las YPG en 2013 para el canal francés TV5 Monde. En un caso particularmente infame, en 2015 la Policía turca detuvo a varios reporteros de la británica Vice y a su facilitador iraquí en Diyarbakir, ciudad con una gran población kurda. La acusación: “Ayudar consciente y voluntariamente a la organización armada terrorista sin formar parte de su estructura jerárquica”, según la agencia de noticias turca Anadolu. Aunque los documentos judiciales no incluían el nombre de la organización terrorista, el abogado de los periodistas, Tahir Elci, declaró a Reuters que fueron acusados de “reunirse y cooperar con el Estado Islámico y la organización vinculada al PKK [las YPG]”.

    El mensaje de Erdogan aquí es claro: sus críticos y los disidentes y sus asociados son “terroristas” que deben ser sometidos mediante la violencia, la cárcel o ambas cosas. Y quienes los oprimen, preferiblemente mediante la violencia y la cárcel, son los justos, los héroes.

    Esta ideología, naturalmente, vincula a Erdogan de forma más estrecha a los regímenes islamistas y autoritarios que a las democracias de Occidente. Como ha observado Scott Peterson en el Christian Science Monitor:

    Tras quince años de mandato, Erdogan ha ido alejando gradualmente a su país de la tradición laica de Mustafá Kemal Ataturk, que fundó el Estado moderno a partir de las cenizas del Imperio Otomano en 1923. Y hay poco espacio para cualquier visión contraria, ya que el otrora ancla oriental, fervorosamente laica, de la OTAN que aspiraba a ingresar en la Unión Europea está debilitando sus nexos con Occidente, que tan prometedores habían sido, defendiendo el papel de la religión en la vida pública, reprimiendo a la oposición y a los medios y alejándose con creciente determinación de las normas democráticas.

    En cambio, en Estados Unidos y otros países occidentales, los periodistas son libres de seguir sus investigaciones, los manifestantes pacíficos son libres de expresar sus opiniones y los agentes del Gobierno no pueden usar la violencia contra civiles inocentes.

    ¿Qué tipo de régimen es ese? Se llama democracia, señor Erdogan.

    © Versión original (en inglés): The Algemeiner
    © Versión en español: Revista El Medio

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