Revista El Medio http://elmed.io Noticias de Medio Oriente en español Fri, 20 Apr 2018 07:11:46 +0000 es-ES hourly 1 https://wordpress.org/?v=4.2.20 Qué tiene que hacer EEUU en Oriente Medio http://elmed.io/que-tiene-que-hacer-eeuu-en-oriente-medio/ http://elmed.io/que-tiene-que-hacer-eeuu-en-oriente-medio/#comments Fri, 20 Apr 2018 07:11:46 +0000 http://elmed.io/?p=25278 El yihadismo es una amenaza tan grave como lo fue el comunismo.

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¿Podemos al menos estar de acuerdo en que la decisión del presidente Trump de bombardear tres instalaciones de armas químicas de Bashar al Asad, vasallo de la República Islámica de Irán y de Rusia, estuvo en consonancia con los valores americanos?

El gaseamiento de civiles por parte de dictadores es –al menos para la mayoría de nosotros– tanto moralmente repugnante como indudablemente criminal. Los que condonan dichas prácticas, así como los que se limitan a murmurar, contribuyen a normalizarlas.

La guerra siempre será un infierno, pero para hacerla menos infernal la gente civilizada fija una serie de normas y las hace cumplir. Si no está seguro de que el señor Trump hizo lo correcto, imagine lo opuesto, que hubiese dejado que esa línea roja fuera traspasada con impunidad una vez más.

Una nota para aquellos que creen que el señor Trump debería haber golpeado con más contundencia: si el presidente hubiera lanzado un ataque así sin aliados, lo habrían descalificado por unilateralista. Fue imperativo persuadir al presidente francés, Emanuel Macron, y a la primera ministra británica, Theresa May, para que se sumaran a la operación. ¿Lo habrían hecho si hubiera sido más agresiva? Lo dudo.

¿Podemos además estar de acuerdo en que ese ataque era beneficioso para los intereses nacionales de EEUU? Una razón importante para sostener tal posición: no basta con que los enemigos sepan que tenemos un gran poder. Hay que convencerlos de que estamos preparados para emplearlo cuando lo consideremos necesario, sin permiso del Consejo de Seguridad de la ONU, donde Rusia y China, Estados autoritarios y antiliberales, tienen derecho de veto. Cuando la amenaza del uso de la fuerza por parte de EEUU resulta creíble, es menos probable que nuestros adversarios nos pongan a prueba. Pero, como pasa con el mantenimiento de los jardines, la disuasión requiere repetición. Nuestra embajadora ante la ONU, Nikki Haley, hizo lo correcto al advertir de que EEUU está completamente preparado para atacar de nuevo si el señor Asad y sus patronos así lo requieren.

Así las cosas, la misión fue exitosa tanto en términos de valores como en términos de intereses. Ahora espero que el señor Trump emprenda misiones más trascendentales. El presidente y su rehecho equipo de consejeros han de determinar cuáles son los objetivos prioritarios para la seguridad nacional de EEUU en Siria y el resto de la región, así como la mejor estrategia para alcanzarlos.

Esa estrategia tiene que ser consistente con la más amplia Estrategia Nacional de Seguridad (ENS) que anunció el presidente Trump a finales del año pasado. A diferencia del presidente Obama, que pensaba que los teócratas de Irán podían ser engatusados y comprados para que cumplieran con lo que él denominaba sus “obligaciones internacionales” y que les preguntaba si serían tan amables de demostrar que su programa nuclear era “enteramente pacífico” (no lo era y no lo es), la ENS del señor Trump no se hace ilusiones con respecto al régimen de Teherán, un “régimen canalla”, según refiere el propio documento; un régimen que patrocina el terrorismo y “llama abiertamente a nuestra destrucción”. Esto debería ser obvio: no sólo no beneficia a los intereses nacionales de EEUU que vastas extensiones del Medio Oriente estén gobernadas por un Estado Islámico comprometido con la yihad global, tampoco lo hace el hecho de que vastas extensiones del Medio Oriente estén dominadas por una República Islámica comprometida con la yihad global.

A fin de crear un imperio así es por lo que los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica iraní y las milicias chiíes procedentes de otros países están desplegadas en Siria. Las fuerzas americanas, junto con sus aliados árabes y kurdos, han liberado cerca de un 30% del territorio sirio que estaba en manos del Estado Islámico. Como consecuencia, ahora controlamos el 90% de la producción petrolera siria de preguerra, que vale miles de millones de dólares. ¿Podemos estar de acuerdo en que abandonar esos recursos, de hecho entregárselos a Teherán, Moscú y el asesino de masas de Damasco, sería un error?

Entiendo que muchos de los seguidores del señor Trump no estén entusiasmados con la perspectiva de que las tropas norteamericanas permanezcan en Siria. Aunque estaban en contra del presidente Obama en la mayoría de los asuntos, no necesariamente rechazaban su política de retirarse del turbulento Oriente Medio.

Pero es que esa política ha resultado en la muerte de más de medio millón de personas y en el desplazamiento de otros 11 millones; por ahora. Así como en una avalancha de refugiados sobre Europa y en el incremento del peligro para las naciones proamericanas del Medio Oriente, entre las que se cuentan Arabia Saudí, Irak, Jordania, Emiratos e Israel.

Casi 40 años después de la revolución islámica iraní, y casi 17 después del 11-S, hemos de entender que el yihadismo representa una amenaza tan seria como lo fue el comunismo. Los líderes americanos no siempre lucharon en la Guerra Fría con sabiduría. Pero librar la Guerra Fría fue necesario.

La perspectiva de otro conflicto largo y de baja intensidad no es atractiva. Pero la alternativa no es la paz, sino un conflicto de alta intensidad o –siempre es una opción– la rendición a cámara lenta de EEUU y Occidente. “Mejor rojos que muertos”, era lo que solían decir los derrotistas en tiempos de la Guerra Fría. Parafraseando a Edmund Burke –que no era lo que se dice un neocon–, todo lo que se necesita para que el mal triunfe es que las naciones buenas no hagan nada. El triunfo del mal no redunda en beneficio de América, espero que estemos de acuerdo. Entre tanto, el número de naciones buenas dispuestas a y capaces de proyectar poder más allá de sus fronteras no crece y los bárbaros cada vez son más audaces.

Si América sigue siendo buena –por no hablar de great again–, no podemos retirarnos precipitadamente de los campos de batalla, reforzar a los autoritarios que dominan la ONU y tratar de apaciguar a los totalitarios que han jurado destruirnos. Ese era el approach del señor Obama. ¿No podemos estar de acuerdo –al menos la mayoría de nosotros– en que el señor Trump debería seguir otro derrotero?

© Versión original (en inglés): Foundation for Defense of Democracies (FDD)
© Versión en español: Revista El Medio

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Turquía: Europa utiliza a los musulmanes como "chivos expiatorios" http://elmed.io/turquia-europa-utiliza-a-los-musulmanes-como-chivos-expiatorios/ http://elmed.io/turquia-europa-utiliza-a-los-musulmanes-como-chivos-expiatorios/#comments Thu, 19 Apr 2018 08:53:41 +0000 http://elmed.io/?p=25276 "Las mezquitas están siendo atacadas y los musulmanes, perseguidos".

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El ministro turco de Exteriores, Mevlüt Çavuşoğlu, ha asegurado que la islamofobia está “creciendo rápidamente” en Occidente, “especialmente en Europa”. A juicio de  Çavuşoğlu, los musulmanes y los inmigrantes están siendo utilizados como “chivos expiatorios” a la hora de explicar los problemas políticos, económicos y sociales de esas sociedades.

“Las mezquitas están siendo atacadas y los musulmanes, perseguidos”, ha afirmado el ministro islamista, que ha advertido de que Turquía “no se quedará callada”.  

“La razón de que los países europeos estén en crisis no son los musulmanes y los inmigrantes. Hoy, las políticas de la UE no son exitosas”, ha sentenciado Çavuşoğlu.

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Setenta años del Milagro http://elmed.io/setenta-anos-del-milagro/ http://elmed.io/setenta-anos-del-milagro/#comments Thu, 19 Apr 2018 08:37:55 +0000 http://elmed.io/?p=25274 Durante todo este tiempo, los sionistas religiosos hemos visto reforzadas nuestras convicciones.

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Hace 70 años, el 14 de mayo de 1948, David ben Gurión y sus compatriotas sionistas se disponían a proclamar la primera comunidad política judía en casi dos milenios. No obstante, los fundadores de Israel se fueron demorando, enredados en minucias textuales. Yehuda Leib Maimón, representante rabínico del movimiento sionista religioso, dijo que no estaba dispuesto a firmar ninguna declaración de independencia que no hiciera referencia al Dios de Israel. Aharón Zisling, líder laico del partido socialista Mapam, adujo por su parte que no podía afirmar la existencia de un Dios en el que no creía. Los británicos marchándose, los árabes abalanzándose y los judíos, debatiendo sobre la existencia de Dios…

Fue el propio Ben Gurión quien propuso una solución de compromiso: la Declaración de Independencia podría concluir proclamando que cada signatario ponía su confianza en la “Roca de Israel”, Tzur Yisrael, frase de la liturgia judía inspirada en la referencia a Dios como tzuri ve-go’ali, mi Roca y mi Redentor.

Al aludir a la “Roca de Israel” pero evitar cualquier mención explícita a la redención divina, tanto los sionistas religiosos como los ateos podían firmar el texto. Para los creyentes en la Biblia, la frase podía remitir al divino defensor del pueblo judío; para los socialistas laicos, podía hacer referencia a la pétrea resolución del Ejército israelí. El compromiso fue aceptado, y el moderno Estado judío nació eludiendo la cuestión de la existencia de Dios.

Para mí, sionista religioso y aficionado a la historia americana, se trata de algo doblemente penoso. Thomas Jefferson, el deísta autor de la Declaración de Filadelfia, escribió una primera versión sin hacer referencia a los designios divinos. Sin embargo, el Congreso Continental, representante de una América obsesionada con la Biblia, corrigió el dramático final del borrador para que quedara claro que la revolución se había emprendido con una “firme confianza en la Divina Providencia”.

La ironía es difícil de ignorar. Inspirada en la comunidad israelita de la Biblia hebrea, América ordena que se añada una referencia a un Dios providencial en su Declaración de Independencia. Pero en el siglo XX la restaurada comunidad israelita emprende su propio camino eliminando cualquier referencia de ese mismo tipo.

Sea como fuere, para los sionistas religiosos la eliminación de Dios de un documento no elimina el papel de Dios en esa peripecia dirigida por la Divinidad que es la historia judía; de hecho, lo opuesto es lo cierto. Al final de sus días, Sidney Morgenbesser, el entrometido filósofo de Columbia, preguntó: “¿Por qué Dios me hace sufrir tanto? ¿Sólo porque no creo en él?”. Para la gente de fe, la jocosa salida de Morgenbesser remite a algo más profundo: es ese agnosticismo sobre la existencia de Dios lo que a veces reifica esa misma existencia. En un sentido aún más profundo, los acontecimientos que precedieron y sucedieron a la proclamación de la estadidad de Israel son tan asombrosos que sólo la Providencia puede explicarlos.

Harry Truman, miembro de la maquinaria política de Misuri que nadie esperaba se convirtiera en presidente de EEUU, se impuso a su héroe, el general George C. Marshall, y defendió y reconoció el nacimiento del Estado judío. Y lo hizo, en parte, por su relación con un judío llamado Eddie Jacobson, con el que había tenido un negocio textil décadas atrás.

Iósif Stalin, cuyo antisemitismo rivalizaba con el de Hitler, ordenó al bloque soviético en Naciones Unidas que apoyara la partición, y permitió que Checoslovaquia vendiera aviones y armas al Estado naciente. Los judíos de las Fuerzas de Defensa de Israel, luchando contra fuerzas abrumadoras, hicieron gala de una dureza pétrea en su heroica victoria; pero el estudiante honesto de Historia puede ver que eso fue sólo parte de la historia.

Setenta años después de aquel 14 de mayo de 1948, a los sionistas religiosos aún les escuecen las palabras con las que nació Israel. Al mismo tiempo, se reconfortan con el hecho de que lo que sucedió a ese día extraordinario reivindica su propia interpretación de la expresión Tzur Yisrael. En sus memorias, quien fuera gran rabino de Israel, Israel Meir Lau, el más joven superviviente de Buchenwald, describe el momento en que el campo de concentración fue liberado por el III Ejército de Patton. Habiendo esperado tanto ese instante, numerosos reclusos echaron a correr hacia las puertas, y cuando lo hicieron los nazis, en un intento final de asesinar a los prisioneros, abrieron fuego desde la torre de vigilancia. Lau estaba en la línea de fuego; de repente, alguien se echó sobre él y lo cubrió hasta que acabaron los disparos. Sin tener idea de quién le salvó la vida, Lau puso rumbo a Palestina, donde se inscribió en una yeshivá y finalmente accedió al rabinato. El primer cargo para el que fue entrevistado fue el de rabino jefe de Netanya. Tuvo que soportar un interrogatorio de horas por parte del alcalde y su equipo. El vicealcalde, llamado David Anilevitch, que se había implicado mucho en el proceso, se sentó a un lado y, extrañamente, no dijo nada. Cuando la entrevista estaba a punto de concluir, Anilevitch se levantó y dijo:

Amigos, honorable rabino, antes de que nos marchemos, permitidme hacer mi aportación (…) Yo volví a la vida el 11 de abril de 1945. Había sido deportado (…) a Buchenwald. El 11 de abril, los aviones americanos sobrevolaron el campo en círculos. Los prisioneros (…) salimos de los barracones. Cuando echamos a correr, nos cayó una lluvia de balas. Entre los que corrieron hacia las puertas había un chaval… Salté sobre él, le eché al suelo y le cubrí para protegerlo de las balas. Y hoy lo veo aquí, vivo y en buen estado. Ahora os digo a todos: yo, David Anilevitch, fui salvado de ese horror, luché en el Palmaj y ahora soy el vicealcalde de una ciudad israelí.

Entonces, Anilevitch golpeó la mesa, haciendo que los vasos se agitaran, y dijo:

Si tengo el honor de ver a ese muchacho, al que protegí con mi cuerpo, convertido en mi líder espiritual, entonces he de deciros que hay un Dios.

Un milagro es un acontecimiento que no debería haber ocurrido. Para nosotros, ha solido significar que se partiera el mar, se detuviera el sol o se abriera la tierra. Pero, por esa misma razón, también es un milagro que Israel naciera, y que haya perdurado como lo ha hecho. Es un milagro que, luego de una generación en la que tantos judíos hubieron de crecer sin padres, para qué hablar de sus abuelos, hayamos experimentado el cumplimiento de la profecía de Zacarías de que los abuelos verán a sus nietos jugar en las calles de Jerusalén. Es un milagro que, luego de la desaparición de tantas civilizaciones, los niños judíos sigan naciendo. Es un milagro que, aunque el antisemitismo sigue haciendo presa en las naciones de Europa que persiguieron a los judíos durante tanto tiempo, la religión judía florezca en Israel incluso ahora que una Europa secularizada experimenta un declive demográfico.

Más que ningún otro acontecimiento de los últimos 70 años, el Estado que nació evitando hacer la menor referencia explícita a Dios sigue siendo el mayor argumento en pro de la existencia de ese mismo Dios. Por eso es por lo que muchos judíos, en el 70 aniversario de la independencia de Israel, recitarán con renovado fervor oraciones que hace 70 años se hicieron realidad, al menos parcialmente:

Oh roca de Israel,
álzate en defensa de Israel,
y redime, como prometiste,
a Judá y a Israel.
Nuestro redentor, el Señor de los Ejércitos es tu Nombre, el nombre sagrado de Israel.
Bendito seas, oh Señor, que Redimiste a Israel.

© Versión original (en inglés): Commentary
© Versión en español: Revista El Medio

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Israel rinde homenaje a sus caídos http://elmed.io/israel-rinde-homenaje-a-sus-caidos/ http://elmed.io/israel-rinde-homenaje-a-sus-caidos/#comments Wed, 18 Apr 2018 08:18:41 +0000 http://elmed.io/?p=25271 El Estado judío celebra hoy el 'Yom Hazikarón'.

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Israel celebra este miércoles una nueva edición del Yom Hazikarón, el día en que recuerda a quienes perdieron la vida en defensa del Estado judío (y del Yishuv) o como consecuencia de acciones terroristas israelófobas.

Según el conteo que lleva en sus páginas el Times of Israel, a día de hoy son 23.646 los soldados y agentes de seguridad caídos en defensa del Estado judío (y del Yishuv) y 3.134 las víctimas mortales del terrorismo israelófobo.

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Lo que está en juego en Siria http://elmed.io/lo-que-esta-en-juego-en-siria/ http://elmed.io/lo-que-esta-en-juego-en-siria/#comments Wed, 18 Apr 2018 08:00:00 +0000 http://elmed.io/?p=25269 Repetir el tremendo error de Chamberlain sería una estupidez y una tragedia.

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Siria es un lugar remoto del que no sabemos mucho. Pero sí sabemos que en los últimos siete años más de medio millón de personas han sido masacradas allí; y se calcula que 150 fueron asesinadas con armas químicas en una localidad de las afueras de Damasco a principios de mes.

También sabemos quién está cometiendo estos crímenes: el dictador Bashar al Asad y los que le vienen respaldando por sus propias razones: Vladímir Putin, neozar de Rusia, y Alí Jamenei, líder supremo vitalicio de la República Islámica de Irán.

Cuando, en 2013, Asad empleó gas sarín, un agente nervioso, para matar a no menos de 1.400 de sus súbditos, el presidente Obama trazó una línea roja… y después la borró abruptamente, al parecer por deferencia a los teócratas iraníes, con los que había negociado un acuerdo que pretendía fuese su gran legado en política exterior.

Junto con Rusia, Obama negoció enseguida un pacto por el cual Siria tendría que entregar sus arsenales de armas químicas y desmantelar sus capacidades para la fabricación de las mismas. El secretario de Estado, John Kerry, anunció orgullosamente: “Hemos acabado con todas las armas químicas”. Estaba malamente desinformado.

Hace un año, después de que Asad perpetrara otro ataque con armas químicas, el presidente Trump ordenó que buques de guerra estadounidenses lanzaran 59 misiles de crucero Tomahawk contra la base aérea de Shairat, al norte de Damasco. Dijo que era “vital para la seguridad nacional de Estados Unidos impedir la proliferación y uso de armas químicas letales”. No estaba mal informado.

¿Han decidido Asad y sus patronos volver a utilizar armas químicas en la idea de que así podrían llevar a Trump a retirar las fuerzas estadounidenses de Siria? “Las  quiero fuera”, musitó públicamente el otro día. “Ya es hora”. También dijo hace poco: “Dejemos que sean otros los que se ocupen ahora”.

Todavía no se han tomado decisiones, y apuesto a que el presidente está teniendo conversaciones exhaustivas con John Bolton, su nuevo consejero de seguridad nacional; con Mike Pompeo, su nuevo secretario de Estado, y con James Mattis, su secretario de Defensa, sobre qué hacer con la herida abierta en que se ha convertido Siria. Este es el argumento en el que creo harán más hincapié sus hombres de confianza: Siria es una pieza, una importante, en el puzle geoestratégico. Y la pregunta que espero que Trump les haga no es “¿Cuál es la estrategia de salida?”, sino “¿Por dónde pasa la victoria? ¿Qué deberíamos querer lograr los americanos, y qué necesitaríamos para conseguirlo?”.

Sospecho que le advertirán de la necesidad de que un pequeño contingente de fuerzas estadounidenses se mantenga en el este de Siria. Para impedir la resurrección del Estado Islámico, que, gracias en buena medida a Trump, ha sido despojado de los territorios que había conquistado, y para frustrar las ambiciones hegemónicas de lo que mi colega de la FDD Thomas Joscelyn denomina “el eje Asad-Putin-Jamenei”.

En un ensayo publicado hace casi un año, Bolton aconsejaba al presidente Trump que evitara repetir inadvertidamente “los errores del presidente Obama”, en particular la de salir corriendo de Irak en 2011, lo que dio lugar al surgimiento del Estado Islámico (de las cenizas de Al Qaeda en Irak) y la apertura de Irak a la influencia iraní, que pronto devendrá la dominación iraní si no hacemos algo al respecto.

Al final de la Segunda Guerra Mundial, EEUU y sus aliados liberaron Europa del totalitarismo de signo nazi, y después vio cómo muchos de esos países eran subyugados por el totalitarismo de signo comunista. Lo que vino posteriormente fueron décadas de Guerra Fría.

El coste de seguir en Oriente Medio será alto, pero no tan alto como el de marcharse y posteriormente asumir que toca volver. No sé si el equipo de seguridad nacional del presidente Trump logrará defender convincentemente esta idea. Ahora bien, de lo que estoy seguro es de que los consejeros de referencia del presidente entienden que el yihadismo chií no es una amenaza menor para Estados Unidos y sus aliados que el yihadismo suní.

Arabia Saudí y otros países del Golfo tendrán que contribuir de manera significativa a una misión permanente en Siria comandada por EEUU. Así como los miembros de la OTAN. Esta es también su lucha. Si no lo entienden, habría que explicárselo.

Anthony Cordesman, distinguido investigador y estratega del Center for Strategic and International Studies, ha dado sucintamente a entender que una salida prematura de Siria perjudicaría los intereses estadounidenses, lo que haría a EEUU perder peso diplomático, sumiría en el abandono a “los últimos vestigios de fuerzas árabes moderadas en Siria”  y dejaría “expuestas a las fuerzas kurdas que tanto hicieron para derrotar al ISIS” a una derrota a manos de “Asad y Turquía”. Además,

dañaría la ya débil confianza en nosotros de nuestros socios árabes estratégicos, sería vista como una gran derrota de Estados Unidos a manos de Rusia e Irán y dejaría más espacio a la intervención en el mundo árabe de una Turquía cada vez más autoritaria.

Siria puede ser “un lugar remoto del que no sabemos mucho”, pero hay más cosas en juego, como había más cosas en juego aparte de Checoslovaquia cuando el entonces primer ministro británico Neville Chamberlain dijo esa frase en 1938 para referirse al pequeño país que pretendía sacrificar a Hitler.

Chamberlain creía que había abierto la vía a que el apaciguamiento pudiera “salvar al mundo del caos”. Sabemos perfectamente lo equivocado que estaba. No actuar en consecuencia sería una estupidez y una tragedia.

© Versión original (en inglés): Foundation for Defense of Democracies (FDD)
© Versión en español: Revista El Medio

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8,8 millones de israelíes http://elmed.io/88-millones-de-israelies/ http://elmed.io/88-millones-de-israelies/#comments Tue, 17 Apr 2018 08:06:54 +0000 http://elmed.io/?p=25267 Israel acoge al 45% de la judería mundial.

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La Oficina Central de Estadísticas de Israel acaba de actualizar los datos demográficos del Estado judío, según los cuales la población del país asciende a 8.842.000 habitantes, de los cuales 6,5 millones son judíos (74,5%) y 1,8 millones, árabes (21%).

En el momento de su fundación, hace ahora 70 años, Israel tenía 806.000 habitantes y albergaba al 6% de la judería mundial (11,5 millones); hoy, la población total es diez veces superior y los judíos residentes en Israel representan el 45% de la comunidad hebrea global (14,5 millones).

La tasa de fertilidad de Israel es, de largo, la más alta de Occidente (3,1 hijos por mujer), y se estima que la población del país superará los 15 millones en 2048, cuando se cumpla un siglo de fundación.

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El juego sirio http://elmed.io/el-juego-sirio/ http://elmed.io/el-juego-sirio/#comments Tue, 17 Apr 2018 07:41:48 +0000 http://elmed.io/?p=25265 "Ojalá te toque vivir tiempos interesantes", dice una maldición china. Los actuales lo son en grado sumo.

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De acuerdo con las tesis de Ian Bremmer, después del mundo de bloques de la Guerra Fría, y en pleno declive de Occidente, nos encontramos en el mundo G-Zero, donde no hay potencias que marquen la agenda global y los vacíos de poder los llenan los países que tienen la voluntad y los medios para ello.

El mejor ejemplo de las perturbaciones de este mundo multipolar lo tenemos en Siria.

Los ataques de la coalición formada por EE UU, Francia y Gran Bretaña contra objetivos militares del régimen de Bashar al Asad han despertado el fantasma de una guerra a gran escala entre potencias nucleares. La geopolítica tiene hoy en Siria su principal tablero de juego, ciertamente; los grandes poderes mundiales están implicados y los contrapesos se encuentran al límite.

En los años más duros de la guerra, cuando Estado Islámico controlaba buena parte del territorio de Siria e Iraq, la maraña de fuerzas en liza provocaba fuertes dolores de cabeza al analista: iraníes y rusos luchaban contra los rebeldes con la excusa de combatir al Estado Islámico, el Frente al Nusra y Al Qaeda; éstos luchaban entre sí y contra todos los demás; países suníes como Arabia Saudí y Jordania se alineaban con las potencias occidentales contra los grupos yihadistas suníes; Israel bombardeaba regularmente envíos de armas sirias dirigidos a los chiíes de Hezbolá; los kurdos peleaban contra los islamistas… y así un sinfín de combinaciones abrumadoras que, cuando menos, nos hacían entender que Oriente Medio es un lugar muy complejo, un escenario altamente inestable en el que los actores suelen estar dominados por la pulsión de acabar con el que se ponga por delante.

Los acuerdos de Sykes Picot y Sevres han sido harto responsables de lo que vemos actualmente, como ya comentamos. Sin embargo, no debemos caer en la ingenuidad de culpar a la Historia de todo lo que ocurre hoy ni justificar así las posiciones adoptadas por los distintos actores en los conflictos de esta hora.

Gracias a la ayuda rusa e iraní, Asad ha sobrevivido al levantamiento de 2011 y está a punto de recuperar el control sobre toda Siria. Después de que Obama se arrugara y no atendiera a sus propios compromisos –recuérdese su famosa “línea roja”–, el régimen baazista ha llevado a cabo más de 70 ataques con armas químicas sobre su propia población.

La producción, el almacenaje y el uso de ese armamento fueron prohibidos ya en el Protocolo de Ginebra de 1925; prohibición que se vio reforzada en 1993 por la Convención sobre la Prohibición del Desarrollo, Producción, Almacenaje y Uso de Armas Químicas. Asad accedió a unirse a la Convención en septiembre de 2013, para no ser castigado militarmente; aún así, ha seguido utilizando este mortífero arsenal para recuperar y consolidar su poder.

Podría haber sido mucho peor. Israel, que sabe cuidar de su propia hacienda, ha impedido los transportes de armas químicas que los sirios pretendían hacer llegar a Hezbolá, el grupo terrorista proiraní que amenaza con una tercera guerra en el Líbano y que es hoy una de las principales fuerzas militares que apoyan a Asad. Los cálculos más prudentes hablan de más de cien ataques israelíes, con el conocimiento de Vladímir Putin. El pasado miércoles, dos días antes del ataque de la coalición contra Asad, Putin pidió a Benjamín Netanyahu que se abstuviera de llevar a cabo acciones en Siria. El premier israelí está firmemente determinado a no dejar que los iraníes establezcan fortalezas permanentes en Siria. Ciertamente, Putin respeta el poder militar de Israel e incluso, según apuntan fuentes israelíes a The Economist, preferiría estar coordinado con Jerusalén, pero para salvaguardar sus intereses en Siria necesita más a Irán.

En el pasado, Israel aseguró a Rusia que no dañaría al régimen de Asad mientras sus intereses estratégicos no estuvieran en riesgo, pero parece que eso está cambiando, desde que el pasado mes de febrero un dron iraní violara espacio aéreo israelí y se produjera el primer enfrentamiento directo entre Israel e Irán.

Con los grupos yihadistas en retirada, y después de las operaciones quirúrgicas de los aliados, el juego sirio incrementa su peligrosidad. Un conflicto regional entre suníes (Arabia Saudí a la cabeza, con el apoyo de Israel y de los aliados occidentales) y chiíes (Irán y Hezbolá, con apoyo ruso y chino) podría tener Siria como punto de partida. De resultas de un conflicto de tal envergadura, dos crisis simultáneas azotarían a Occidente: una de tipo humanitario (nuevas oleadas de refugiados) y otra energética.

“Ojalá te toque vivir tiempos interesantes”, dice una maldición china. Los actuales lo son en grado sumo.

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La insensatez de Putin puede llevar a una gran guerra http://elmed.io/la-insensatez-de-putin-puede-llevar-a-una-gran-guerra/ http://elmed.io/la-insensatez-de-putin-puede-llevar-a-una-gran-guerra/#comments Mon, 16 Apr 2018 09:52:26 +0000 http://elmed.io/?p=25263 El tiro sirio le está saliendo al autócrata ruso por la culata.

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  • La insensatez de Putin puede llevar a una gran guerra
  • Jonathan Schanzer, de la Foundation for Defense of Democracies (FDD), afirma que el tiro sirio le está saliendo al autócrata ruso por la culata, pues se está viendo implicado en tensiones y conflictos que no puede manejar, y pide a la Administración Trump que aproveche la ocasión para dar un giro sustancial a la política norteamericana con respecto a Siria.

    En estos momentos Putin se encuentra sobre un barril de pólvora. La amenaza del ISIS quizá pueda ser contenida. Pero se cierne un enfrentamiento entre Israel e Irán en una zona controlada por Rusia. (…) Los peones libaneses y sirios de Irán, armados hasta los dientes con más de 250.000 cohetes, se están preparando para combatir contra el Ejército más avanzado de Oriente Medio en lo que promete ser la peor guerra que haya visto la región en las últimas décadas.

    Ciertamente, Putin podría tratar de mediar en ese conflicto. Pero no era eso lo que pretendía [al implicarse en el conflicto sirio]. Entre esto y los ataques químicos [de Asad], puede que el líder ruso al fin comprenda que las acciones de Irán en Siria no están alineadas con los intereses de Rusia.

    (…) se abre una ventana de oportunidad para desarrollar una política siria que margine a Rusia e Irán, los principales responsables de una matanza masiva que dura ya siete años.

    Ofir Haivry, vicepresidente de Asuntos Académicos del Instituto Herzl, apunta que el Estado judío ya no se ve amenazado por los Estados árabes vecinos, sino por organizaciones terroristas que se han hecho fuertes en territorios de gran importancia estratégica pertenecientes a esos mismos Estados árabes, como el Estado Islámico, que opera en el Sinaí; Hamás, que detenta el poder en Gaza, y Hezbolá, dueña y señora del sur del Líbano. Así las cosas, pide que Jerusalén tome nota y obre estratégicamente en consecuencia.

    En los últimos años ha cobrado forma una nueva realidad estratégica en torno a Israel: más allá de sus fronteras hay entidades terroristas, no Estados soberanos. Cuanto más se consolide este estado de cosas, más necesitaremos revaluar la naturaleza de las amenazas que pesan sobre nosotros y los métodos para defendernos.

    (…)

    La reglas del juego han cambiado. Israel debe insistir en que, si los Estados soberanos ceden territorio a terceros, lo que habrá ahí será una tierra de nadie, donde las acciones que se lleven a cabo –por parte de Israel o de quien coopere con él– no se considerarán invasión de un país soberano. Esta posición dejará claro asimismo que Israel dispone de las herramientas precisas para hacer frente a esta nueva clase de amenazas.

    Alí Hayizade escribe sobre el reciente viaje del príncipe heredero y hombre fuerte de Arabia Saudí, Mohamed ben Salman, a EEUU y la interpreta como indicio claro de que MbS va en serio en lo relacionado con el proceso de reformas que ha emprendido en el reino.

    Verdaderamente, la exitosa visita del príncipe heredero de Arabia Saudí, Mohamed ben Salman, a EEUU puede ser califica de histórica. (…) No sólo para Arabia Saudí, sino para la región del Golfo y el mundo árabe en su conjunto.

    (…)

    Si reparas en los hombres de negocios con los que Mohamed ben Salman eligió reunirse durante su viaje, ves que la mayoría no eran representantes de la vieja banca ni de los gigantes petroleros y metalúrgicos, sino del sector de la alta tecnología, gente que ha creado de la nada negocios multimillonarios. El príncipe entiende que el futuro pasa por la alta tecnología y por quien la maneja. Vivimos en un mundo en el que un portal de venta de bienes varios puede ser más rentable que una gran fábrica y costar mucho más.

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    Asad gasea a su pueblo… con ayuda externa http://elmed.io/asad-gasea-a-su-pueblo-con-ayuda-externa/ http://elmed.io/asad-gasea-a-su-pueblo-con-ayuda-externa/#comments Mon, 16 Apr 2018 08:58:54 +0000 http://elmed.io/?p=25261 Al dictador sirio no lo frenan sus patronos (Rusia e Irán) y recibe asistencia de Corea del Norte.

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    Una vez más, circulan por internet imágenes terribles de un posible ataque con armas químicas en Siria. El escenario es la zona oriental de Guta, a las afueras de Damasco. Tanto el lugar como el momento elegido para este aparente crimen de guerra son simbólicamente importantes. Y aunque se pondrá el foco inmediato sobre el dictador sirio, Bashar al Asad, y su determinación de gasear a su propio pueblo, para cualquier solución a largo plazo hará falta entender el papel de los Estados canallas que lo apoyan.

    Fue hace un año, la mañana del 7 de abril de 2017, cuando la Administración Trump castigó con ataques aéreos al régimen de Asad en el aeródromo de Shairat por su ataque con gas sarín de unos días antes. Esos bombardeos selectivos eran un mensaje para Asad: deja de utilizar armas de guerra prohibidas contra tu propio pueblo. Asad se mantuvo impasible.

    Asad no había acatado un acuerdo previo, negociado por la Administración Obama y Rusia con el fin de acabar con su arsenal químico. El acuerdo se alcanzó tras un ataque con un gas nervioso perpetrado también en la zona oriental de Guta el 21 de agosto de 2013. El Gobierno estadounidense determinó que el régimen de Asad había sido el responsable y que “habían muerto 1.429 personas (…) incluidos al menos 426 niños”.

    Sólo unas semanas después, en septiembre de 2013, EEUU y Rusia acordaron unos “protocolos especiales” para la “rápida destrucción del programa sirio de armas químicas y una estricta verificación posterior”. El secretario de Estado John Kerry afirmó en 2014 que el acuerdo había funcionado; “hemos acabado con el 100% de las armas químicas”, dijo. Eso, naturalmente, no era cierto, o al menos era altamente engañoso, ya que Asad conservó la capacidad para regenerar y emplear ciertas armas.   

    Ahora, un año después de que EEUU intentara castigar a Asad con ataques aéreos, y en el mismo suburbio aterrorizado en 2013, el régimen sirio parece haber vuelto a las andadas.

    Aún no se han confirmado muchos detalles sobre este último ataque. Pero el mundo ya ha aprendido algunas lecciones valiosas respecto a la conducta de los actores canallas en lo que respecta al uso y desarrollo de armas prohibidas.

    Nadie pone en duda realmente que Asad ha seguido utilizando armas químicas incluso después de haberse comprometido a renunciar a ellas. Como el Departamento de Estado se apresuró a señalar el pasado día 7, EEUU ha llegado a la conclusión de que el régimen de Damasco fue el responsable del ataque con gas sarín del 4 de abril de 2017 en Jan Sheijún, el mismo tipo de incidente que hizo que la Administración Trump ordenara el bombardeo de Shairat. Y tanto el Gobierno de EEUU como la ONU han descubierto que los esbirros de Asad utilizaron otras armas químicas, en concreto bombas de gas cloro, en más de una ocasión. Aunque algunas de esas bombas impactaron en áreas controladas por rebeldes yihadistas, también mataron a civiles indiscriminadamente.

    El principal apoyo internacional de Asad, Vladímir Putin, no le ha obligado a dejar de utilizarlas. Tampoco Irán, implicado de lleno en el conflicto sirio, donde sus fuerzas combaten junto con las de Asad. De hecho, el eje Asad-Putin-Jamenei tiene una legión de apologetas en internet que aduce que los ataques con armas químicas no son en absoluto obra del “presidente” sirio. Esta nociva defensa de asesinos de masas se puede encontrar fácilmente en las redes sociales.

    Las cosas se ponen aún peor, ya que al parecer otro Estado canalla ha facilitado a Asad la adquisición de armas químicas: Corea del Norte. Esto es especialmente preocupante si se considera que ambos países ya habían trabajado antes en un reactor nuclear, destruido por los israelíes en 2007.

    En marzo, la ONU publicó un informe sobre la actividad de Corea del Norte en

    proyectos de cooperación militar prohibidos (…) que se extienden desde África a la región de Asia-Pacífico, [y que incluyen] la actual cooperación en materia de misiles balísticos con la República Árabe Siria y con Myanmar [Birmania], el tráfico generalizado de armas convencionales y ciberoperaciones para robar secretos militares.

    La ONU rastreó una serie de visitas realizadas por oficiales norcoreanos a territorio sirio y descubrió que al país de Asad habían acudido “múltiples grupos de técnicos en misiles balísticos”. Citando información de inteligencia de “un Estado miembro”, la ONU explicó que esos técnicos “siguen operando con armas químicas y plataformas de misiles en Barzah, Adra y Hama”. El régimen de Asad intentó desviar la acusación afirmando que los norcoreanos estaban allí simplemente para “entrenar a atletas y gimnastas”.

    Pero la ONU documentó nuevos detalles sospechosos, como cargamentos y transferencias ilícitas y desconocidas hasta entonces. “Las investigaciones de la ONU sobre (…) cargamentos de armas no reportados hasta la fecha y la cooperación con empresas ficticias de entidades señaladas entre 2010 y 2017 resultaron nuevas pruebas de vulneración del embargo de armas y otros, también mediante la transferencia de artículos útiles” para los programas de misiles y armas químicas.

    En una de esas transferencias, los norcoreanos suministraron a Asad “válvulas de resistencia especial y termómetros que se sabe que se emplean para los programas de armas químicas”. También se interceptaron cargamentos sospechosos de ladrillos y azulejos que podían ser utilizados como parte de un programa de armas químicas. Aunque la ONU constató que estos materiales específicos no estaban prohibidos, un Estado miembro señaló que “pueden ser utilizados para construir (…) las paredes internas de una fábrica de sustancias químicas”.

    La ONU encontró especialmente sospechoso que las compañías ficticias norcoreanas estuviesen haciendo negocios con el Centro de Investigación y Estudios Científicos (CIEC) del régimen sirio, que supervisa el desarrollo de armas químicas de Asad.

    El Departamento del Tesoro estadounidense sancionó a 271 empleados del CIEC tras el ataque con gas sarín de abril de 2017 en Jan Sheijún aduciendo que ese centro es “el organismo del Gobierno sirio responsable de desarrollar y producir armas no convencionales y los medios para distribuirlas”, y que los trabajadores sancionados “tienen experiencia en química y otras disciplinas relacionadas o han trabajado para el programa de armas químicas del CIEC al menos desde  2012”.

    Por lo tanto, la conclusión de la ONU de que Corea del Norte ha estado trabajando con el CIEC es especialmente digna de mención.

    EEUU y sus aliados seguirán enfrentándose a apabullantes desafíos a la hora de contener a los Estados canallas y sus desarrollos de armas prohibidas. Como demuestra el caso sirio, la proliferación a menudo implica a varios Estados canallas. Los ataques con armas químicas de Asad son principalmente cosa suya, pero no opera en solitario. Tiene amigos fuera de Siria que están dispuestos a ayudarle.

    © Versión original (en inglés): The Weekly Standard
    © Versión en español: Revista El Medio

    NOTA: Este artículo se publicó originalmente el pasado día 8, el mismo día del gaseamiento de Guta por parte de las fuerzas de Asad y mucho antes de los bombardeos de represalia de EEUU y sus aliados.

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    Una defensa cristiana del ataque a la Siria de Asad http://elmed.io/una-defensa-cristiana-del-ataque-a-la-siria-de-asad/ http://elmed.io/una-defensa-cristiana-del-ataque-a-la-siria-de-asad/#comments Mon, 16 Apr 2018 08:12:55 +0000 http://elmed.io/?p=25258 Los cristianos no pueden permanecer ambivalentes ante un mal de extraordinaria gravedad.

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    Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña lanzaron el viernes ataques aéreos contra objetivos sirios en respuesta a la última atrocidad química de Bashar al Asad. La opinión cristiana se ha expresado contundentemente en contra. Por “opinión cristiana” me refiero no sólo a la opinión pública, sino a los escritores e intelectuales que la moldean. Desde los editores de America, la revista jesuita progresista, a mis amigos Michael Brendan Dougherty –en la National Review– y Rod Dreher –en la American Conservative–, hay una incomodidad palpable entre los pensadores cristianos por la intervención y la mayor implicación occidental en la infernal guerra civil siria.

    Esas son voces serias y sinceras. Ninguna se llama a engaño sobre el régimen de Damasco. No se puede decir con justicia que hagan apología de Asad o de quienes lo apoyan en Moscú y Teherán. Y sin embargo coinciden en la creencia de que atacar a Asad sólo empeorará las cosas en Siria y en la región.

    La oposición cristiana a la intervención en Siria se explica en términos de prudencia: ¿cómo podremos asegurarnos de que la represalia no desencadene una confrontación catastrófica con Rusia?; si Asad cae, ¿quién ocupará su lugar, y qué pasará con los cristianos y las demás minorías locales?; ¿a qué propósito estratégico sirve el ataque al régimen de Asad? Sospecho que detrás de estas prudentes preguntas se halla una ambivalencia más fundamental sobre Estados Unidos y Occidente. Muchos pensadores cristianos, religiosos o laicos, creen –casi como si de un artículo de fe se tratara– que el Ejército de EEUU no puede hacerlo bien. También cuestionan cada vez más la legitimidad del poderío estadounidense.

    Se trata de una actitud incorrecta y peligrosa, y puede perturbar nuestro juicio sobre algo que la moral cristiana se toma muy en serio: el orden internacional.

    Como escribió George Weigel en un influyente ensayo en First Things, la teología moral cristiana reconoce que “hay circunstancias en las que la primera y más urgente obligación frente al mal es detenerlo” y, por lo tanto, que “hay veces en que librar una guerra es moralmente necesario a fin de defender al inocente y promover las condiciones mínimas para el orden internacional”. Esto se publicó en enero de 2003, cuando EEUU estaba a punto de emprender la invasión de Irak.

    El ensayo de Weigel se toma hoy en algunos ámbitos como la prueba fundamental en la causa contra el neoconservadurismo católico. Sin embargo, los principios que Weigel estableció son tan sensatos hoy como lo eran entonces, y el problemático resultado de la campaña de Irak no justifica automáticamente la oposición cristiana a la escalada actual en Siria. Tanto los partidarios como los detractores cristianos de la decisión de Trump deben aplicar un razonamiento de moral pública informado por la rica tradición de pensamiento que sobre la paz y la guerra tiene su credo.

    En mi opinión, los críticos tienen un argumento menos sólido, por dos motivos.

    El primero es que los cristianos no pueden permanecer ambivalentes ante un mal de extraordinaria gravedad. Esto es válido tanto para el individuo, al que se exhorta a librar en su propio corazón el combate espiritual contra el mal (Mateo 15:19-20), como para el poder y las naciones. El catequismo de la Iglesia católica es instructivo en este punto: “Las acciones deliberadamente contrarias al derecho de gentes y a sus principios universales, como asimismo las disposiciones que las ordenan, son crímenes” (2313, énfasis añadido). Además, “toda acción bélica que tiende indiscriminadamente a la destrucción de ciudades enteras o de amplias regiones con sus habitantes es un crimen contra Dios y contra el hombre mismo” (2314).

    Se sigue que los cristianos deben apoyar los esfuerzos para desarmar a los regímenes que cometen dichos crímenes. Según EEUU, numerosas agencias occidentales de inteligencia y organizaciones de la sociedad civil, el régimen de Asad es responsable de la inmensa mayoría de las muertes en la guerra civil siria. Es el régimen de Asad el que lanza bombas de barril repletas de metralla sobre núcleos de población repletos de civiles. Es el régimen de Asad el que dispone de vastos centros de tortura. Y es el carnicero de Damasco el que ha utilizado cloro, sarín y otras armas químicas contra su propio pueblo, la última de las veces en Guta.

    La depravación de Asad va mucho más allá de las cínicas cuestiones de poder y la crueldad en tiempo de guerra, en la que ha incurrido la mayoría de los países a lo largo de la historia. Asad está de hecho compitiendo por hacerse un hueco en el Salón de la Infamia de los asesinos de masas. Dentro de unos años, cuando la guerra civil siria haya terminado por fin y Occidente reconozca su fracaso al no detener la maquinaria asesina de Asad a tiempo para salvar a medio millón de personas –y subiendo–, a los cristianos que se oponen a la acción militar no les valdrá decir: “¡Es que Irak salió tan mal!”; o: “¡No sabíamos quién era el bueno y quién el malo en esa lucha!”; o: “¡Asad estaba luchando contra los islamistas y protegiendo a los cristianos!”.

    Como escribió Weigel,

    sean cuales sean sus orígenes psicológicos, espirituales o intelectuales, la mudez moral en tiempo de guerra es una forma de juicio moral, una deficiente y peligrosa forma de juicio moral.  

    El segundo motivo es que los cristianos no pueden permanecer ambivalentes cuando “las condiciones mínimas del orden internacional” están en riesgo. Los cristianos, especialmente los católicos, se han pasado dos milenios reflexionando sobre el orden mundial. A lo largo de los tiempos, la Iglesia y sus más grandes teólogos han hecho constantemente hincapié en la necesidad de un orden pacífico, justo y bien dirigido. Pero, como señaló Weigel, la paz política que el cristianismo tiene en mente no es la ausencia permanente de conflicto, condición imposible de alcanzar mientras la vida humana esté desfigurada por el misterio del mal –incluso después de la Crucifixión y la Resurrección–.

    Más bien, la paz política en el sentido cristiano “coexiste con los corazones rotos y las almas heridas. Se ha de construir en un mundo en el que las espadas no se han convertido en arados” (Isaías, 2:4). Coexiste con la colapsada Ciudad del Hombre. Y en la actual configuración geopolítica de la Ciudad del Hombre, sólo hay una potencia que posee la abrumadora fuerza de las armas para detener y castigar las amenazas al orden relativamente seguro, relativamente bien dirigido y relativamente pacífico que los cristianos y otras gentes disfrutan hoy. Esa potencia es Estados Unidos.

    Casi todas las sociedades occidentales, de las cuales la mayoría son –al menos nominalmente– cristianas, viven bajo el manto de protección que se tiende desde Washington y cubre todo el planeta. Así pues, los cristianos están moralmente comprometidos a mantener el orden liderado por EEUU, gravemente amenazado por el uso y la proliferación de armas químicas. Hoy, las personas que viven en el corazón de Occidente no tienen ni idea de los horrores de la guerra química, de la que incluso Adolf Hitler abjuró. Pero esa bendita serenidad se disipará el día de mañana si EEUU y sus aliados no defienden hoy la centenaria prohibición internacional contra las armas químicas.

    Sin duda, los cristianos hacen bien en preocuparse por que el contenido moral y espiritual del orden mundial encabezado por EEUU se haya empobrecido, por decirlo suave. Sentimos que no pertenecemos a la democracia occidental como una vez lo hicimos, porque la democracia occidental es a menudo sinónimo de licenciosidad, con una autonomía sin restricciones a costa de la fe, la familia y la comunidad. El propio liberalismo se ha vuelto iliberal, y los cristianos y otros conservadores culturales están normalmente en el filo. Todo esto son preocupaciones legítimas. Pero las deficiencias del liberalismo –un debate interno de la familia occidental– no son un argumento contra la necesidad de un orden básico en el que los dictadores no gasean a los niños. Dicho de otro modo, Occidente seguiría obligado a intervenir en Siria aunque la democracia occidental fuese más atenta o menos hostil para con sus fundamentos morales cristianos.

    Las reservas cristianas sobre el contenido esencial del orden liberal son, pues, un non sequitur en este debate. Siria se enfrenta a ese orden internacional igual que a esas fuerzas de desorden. Para los cristianos, la elección debería estar clara.

    © Versión original (en inglés): Commentary
    © Versión en español: Revista El Medio

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