Revista El Medio http://elmed.io Noticias de Medio Oriente en español Thu, 13 Jun 2019 09:42:21 +0000 es-ES hourly 1 https://wordpress.org/?v=4.2.23 La absorción de los palestinos, una pesadilla árabe http://elmed.io/la-absorcion-de-los-palestinos-una-pesadilla-arabe/ http://elmed.io/la-absorcion-de-los-palestinos-una-pesadilla-arabe/#comments Thu, 13 Jun 2019 09:42:21 +0000 http://elmed.io/?p=26618 El mensaje que el Líbano y los demás países árabes mandan a los palestinos es: "Os queremos y apoyamos; pero lejos, muy lejos".

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Los libaneses temen que una nueva ley para la gestión de los campos de refugiados palestinos allane el camino al reasentamiento de cientos de miles de palestinos residentes en su país.

La perspectiva del reasentamiento de los palestinos es una pesadilla que desvela a los libaneses desde hace décadas.

Como la mayoría de los países árabes, el Líbano trata a los palestinos como ciudadanos de segunda. Les priva de derechos básicos como el acceso a la ciudadanía, el empleo, la sanidad, la educación, los servicios sociales y la propiedad privada.

La gran mayoría de los 450.000 palestinos residentes en el Líbano no tienen la nacionalidad libanesa. En 2001, el Parlamento aprobó una ley que vedaba a los palestinos la adquisición de propiedades, y otra ley restringe su acceso a nada menos que veinte profesiones. El Líbano sigue ignorando los llamamientos de varios grupos de derechos humanos a que ponga fin a la discriminación contra los palestinos.

En un informe de Amnistía Internacional de 2007 se leía lo siguiente:

Urgimos a los libaneses a que tomen medidas inmediatamente para eliminar toda forma de discriminación contra los refugiados palestinos, a fin de permitirles ejercer sus derechos económicos, sociales y culturales en las mismas condiciones que el resto de la población. La persistencia de las restricciones que privan a los refugiados palestinos de su derecho al trabajo, la educación, la sanidad y la vivienda está totalmente injustificada y debería cesar sin más demora.

En vez de mejorar las condiciones de vida de los palestinos, los libaneses parecen dar vueltas a cómo librarse de sus indeseados hermanos árabes. Algunos de hecho están muy preocupados por un proyecto de ley que, creen, podría allanar el camino al reasentamiento de los palestinos residentes en su país.

El referido proyecto, elaborado por el Comité para el Diálogo Palestino-Libanés, pretende rebajar la tensión entre las partes y mejorar las condiciones de vida de los palestinos residentes en los campos de refugiados libaneses. El artículo 1 dice que el objetivo de la misma es

regular la gestión de los campos de refugiados palestinos en el Líbano sin dejar de preservar la identidad nacional palestina y la soberanía del Estado libanés como país anfitrión.

Dicha ley permitiría a una “comisión nacional” libanesa determinar los límites geográficos de los campos, llevar a cabo en ellos estudios demográficos exhaustivos y gestionar servicios como los de la provisión de agua, electricidad, sanidad e infraestructuras.

Mientras, prosiguen las tensiones entre las autoridades libanesas y los palestinos, sobre todo tras los choques armados entre facciones palestinas rivales registrados en 12 campos de refugiados. Las fuerzas de seguridad libanesas no operan dentro de los campos, que desde hace mucho son escenario de luchas entre organizaciones palestinas como Hamás y Fatah y terroristas del Estado Islámico (ISIS).

El mes pasado, los palestinos llegaron a un acuerdo con las autoridades libanesas para desmilitarizar el campo de Mieh Mieh, en el sur del país y escenario de enfrentamientos armados entre grupos rivales palestinos en los últimos dos años. El acuerdo permite al Ejército libanés operar en Mieh Mieh, donde habitan 5.000 palestinos.

No todos los libaneses parecen satisfechos con la manera en que el Gobierno está gestionando la cuestión palestina. De hecho, temen que la nueva ley sobre la gestión de los campos no sea más que una cobertura para reasentar a los palestinos, lo cual alteraría la demografía del país.

La Liga Maronita, organización privada y apolítica comandada por cristianos de elevado perfil y dedicada a defender la independencia y soberanía del Líbano, ha expresado su preocupación por que las autoridades libanesas vayan a reemplazar a la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos (UNRWA) en la gestión de los asuntos palestinos.

Evidentemente preocupada por si el comentado proyecto de ley desemboca en el reasentamiento de los palestinos, la Liga Maronita ha advertido:

Coincide con lo que se viene hablando del Acuerdo del Siglo [el aún no desvelado plan de paz para Oriente Medio del presidente Trump], que pretende privar a los palestinos de su derecho a retornar [a sus antiguos hogares en Israel].

Saliendo al paso de las acusaciones relacionadas con el reasentamiento, el Comité por el Diálogo Palestino-Libanés, propulsor de la referida ley, negó la menor conexión con el plan de paz de Trump. “Los libaneses y los palestinos son unánimes en su rechazo del reasentamiento y en su oposición al Acuerdo del Siglo”, manifestó por medio de un comunicado. “Cualquier discusión basada en los hechos y no en suposiciones y escenarios frágiles será bienvenida”.

Puede que la nueva ley sea un intento genuino de mejorar las condiciones de vida en los campos libaneses. Ahora bien, siempre que se presenta un plan para mejorar la vida de los palestinos, en un país árabe o en Gaza y la Margen Occidental, salen teorías conspiratorias que buscan echarlo abajo.

La Autoridad Palestina (AP) ha llamado a los palestinos y a los árabes a boicotear la conferencia económica patrocinada por EEUU que tendrá lugar este mismo mes en Bahréin. Forma parte del Acuerdo del Siglo, y su objetivo será procurar prosperidad económica a los palestinos. Sin embargo, los líderes palestinos dicen que está integrada en una conspiración israelo-americana para que los palestinos rindan sus “derechos nacionales”.

Por lo que hace a los Estados árabes, apenas parecen interesados en los palestinos. De otra forma, no los tendrían hacinados desde hace décadas en sórdidos campos de refugiados. El Líbano dice que apoya completamente a los palestinos en su lucha contra Israel; pero preferiría verlos fuera de su territorio lo antes posible. El mensaje que el Líbano y los demás países árabes mandan a los palestinos es: “Os queremos y apoyamos; pero lejos, muy lejos”.

He aquí la solidaridad árabe con sus hermanos palestinos: discriminación y apartheid: nada de trabajos, ni ciudadanía, ni sanidad ni servicios sociales.

Tampoco a los líderes palestinos les importa un comino el bienestar de su pueblo. De lo contrario, tendrían muy difícil justificar sus extraordinarios desvelos por dinamitar una conferencia que tiene por principal objetivo sacar a su gente del infierno económico en que ellos mismos la han sumido.

© Versión original (en inglés): Gatestone Institute
© Versión en español: Revista El Medio

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Judea y Samaria: razones para la anexión http://elmed.io/judea-y-samaria-razones-para-la-anexion/ http://elmed.io/judea-y-samaria-razones-para-la-anexion/#comments Wed, 12 Jun 2019 08:14:59 +0000 http://elmed.io/?p=26614 Los asentamientos israelíes no violan la legalidad internacional. Basta ya de mentiras.

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Por su interés, traducimos buena parte del artículo que, con el título de “Cuatro razones por las que Israel debería considerar la anexión de parte de la Margen Occidental”, ha publicado en JNS James Sinkinson, presidente de Flame (Facts and Logic About the Middle East).

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Hay al menos cuatro razones por las que la anexión israelí de los asentamientos no sólo es permisible sino razonable:

1. Los asentamientos israelíes no violan la legalidad internacional

(…) Dado que Israel no ha trasladado a nadie a Judea-Samaria por la fuerza (…), Israel no ha violado [la Cuarta Convención de Ginebra].

(…) antes de que Israel tomara el control de Judea y Samaria en 1967, ese territorio previamente no estatal había sido ocupado ilegalmente por Jordania, que lo conquistó (…) durante la Guerra de la Independencia israelí (1948). Jordania ha firmado un tratado de paz con Israel y renunciado a sus reclamaciones sobre las tierras de Judea y Samaria, así que los asentamientos israelíes de ninguna manera están ocupando territorio de otro Estado.

2. Israel tiene un derecho moral a poseer Judea y Samaria

Judea y Samaria es el corazón de la patria bíblica judía –piensen en Belén, Hebrón, Shiló, Jericó–, y ese fue el territorio del reino de David, en el año 1000 aec. Igualmente importante: Judea y Samaria fueron designadas parte del Mandato de Palestina (1922), reservado para el asentamiento judío y el hogar nacional judío.

(…) salvo los de propiedad privada, los palestinos no tienen derechos [estatales] inherentes o documentados sobre el territorio.

Aun así, en 1948, 2001 y 2008 Israel ofreció vastas porciones de Judea y Samaria a cambio de la paz con los palestinos. Por desgracia, los árabes rechazaron todas estas ofertas y en los últimos cinco años se han negado en redondo a entablar negociaciones de paz.

3. Sin Judea y Samaria, Israel no puede defender Tel Aviv

[Según el exministro israelí de Defensa Moshé Yaalón], los requerimientos vitales de seguridad de Israel incluyen “fronteras defendibles, una entidad palestina desmilitarizada [y] el control de un espacio aéreo unificado en Judea y Samaria”. La única manera práctica de lograr estos objetivos críticos (…) es anexionar una parte significativa de la Margen Occidental.

4. Los judíos son la mayoría de la población en el 60% de Judea y Samaria

Según los Acuerdos de Oslo, Israel tiene completa autoridad administrativa y de seguridad en el Área C, que es donde están la mayoría de los asentamientos israelíes. Por eso, muchos israelíes piensan que el Área C conforma un bloque natural de anexión.

Por encima de todo, la noción de que los asentamientos israelíes violan la legalidad internacional ha de ser vigorosamente refutada por todos los que apoyan a Israel y por cualquiera que haga una lectura objetiva de la Cuarta Convención de Ginebra. El mito de la ilegalidad está en la base de una larga lista de calumnias contra el Estado judío. Ha llegado la hora de denunciar la artimaña y exponer la Gran Mentira.

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¿Estamos a las puertas de una revolución laica en Israel? http://elmed.io/estamos-a-las-puertas-de-una-revolucion-laica-en-israel/ http://elmed.io/estamos-a-las-puertas-de-una-revolucion-laica-en-israel/#comments Tue, 11 Jun 2019 08:19:17 +0000 http://elmed.io/?p=26612 Avigdor Lieberman pretende presentarse como el político que por fin meterá en cintura a los haredíes.

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En una entrevista publicada en el New York Times la semana pasada, el nuevo primer ministro de la Autoridad Palestina (AP), Mohamed Shtayeh, advirtió a Israel de que podría experimentar “un verano muy caliente”. El sentido de esta afirmación no tenía que ver con otra ola de calor que vaya a abrasar Oriente Medio, sino con la posibilidad de que los líderes de la AP estén considerando influir en Israel y Estados Unidos para cambiar sus estrategias por medio de la amenaza del caos y la violencia.

Es lo último que los palestinos necesitan de su Gobierno de la Margen Occidental. Pero como ni Estados Unidos ni Israel cederán en su justificada insistencia de que la AP deje de subvencionar el terrorismo mediante el pago de salarios y pensiones a terroristas y familiares de terroristas, existe la posibilidad real de una confrontación en los territorios, donde las cosas pueden, en efecto, calentarse mucho.

Si es así como se desarrollan los acontecimientos, entonces también es una mala noticia para los políticos israelíes que están apostando a que el conflicto con los palestinos va a dejar de ser uno de los temas clave para el electorado de su país.

Eso explica la arrogancia de Avigdor Lieberman cuando se negó a sumarse a la coalición del primer ministro Netanyahu. La insistencia de Lieberman en que Netanyahu fuerce a los partidos ultraortodoxos a aceptar una insustancial pero simbólica ley para incorporar más religiosos a las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) tenía poco que ver con reducir el número de estudiantes de yeshivá exentos de cumplir el servicio militar. Aun así, el resultado fue que Israel celebrará en septiembre sus segundas elecciones generales en cinco meses. Lieberman confía en presentarse exitosamente como el paladín de los judíos laicos contra los ultraortodoxos y en que su partido, Israel Beiteinu, consiga más escaños en la Knéset.

Lieberman dice que no se opone a un “Gobierno de derechas”, sino a un halájico o a uno donde los partidos haredíes puedan, como han hecho en muchos aspectos, imponer su voluntad y la ley religiosa a la mayoría laica y tradicional.

Lieberman no es el único que está haciendo esta apuesta.

Los líderes del Partido Azul y Blanco, que empató con el Likud en escaños en las elecciones de abril pero no tenía apoyos suficientes para conformar una mayoría, también parecen interesados en capitalizar un estado de cosas que liga a Netanyahu con los ultraortodoxos. Así las cosas, la campaña de Gantz y compañía dejaría de centrarse en tratar de mostrar a los votantes que tienen las credenciales militares para gobernar, por su plantel de antiguos mandos de las FDI, empezando por el propio Benny Gantz. En su lugar, podrían volver al laicismo de Yair Lapid, cuyo partido, Yesh Atid, se fusionó con las facciones de los generales para crear esta formación de nuevo cuño.

Lo que quieren no es disfrutar de una ventaja pasajera, sino un cambio general en la política israelí, por el que los asuntos de seguridad dejen de ser la prioridad para la mayoría de los votantes.

¿Es eso posible?

Se cuenta que uno de sus seguidores preguntó una vez al líder sionista Zeev Jabotinsky si su movimiento revisionista –precursor del actual Likud– se opondría a la coacción religiosa de los ortodoxos sobre la comunidad judía presente en el actual Israel antes de la creación del Estado. Jabotinsky era laico, pero respetuoso con el judaísmo. Y respondió que esa batalla tendría que esperar hasta que se creara y asegurara el Estado judío. “Primero debemos conseguir el Estado, y después podréis tener la guerra con los rabinos”, se dice que dijo.

¿Ha llegado ese momento?

El Estado judío está más asegurado que nunca. Israel es una superpotencia militar en la región y disfruta de una economía de start-up nation del Primer Mundo. Buena parte del mundo árabe está ansioso por tener unas mejores relaciones con Israel, y utilizarlo de aliado contra Irán. Los palestinos siguen prisioneros de una mentalidad que les hace negarse a aceptar la legitimidad del Estado judío, al margen de dónde se tracen sus fronteras; y, por si fuera poco, están más aislados que nunca.

Por eso Lieberman y Gantz piensan que la época del predominio de quienes incidían en la insensatez de los partidos de izquierda al imponer la paz de Oslo ha llegado a su fin. Los partidos de la izquierda —el Laborista y Meretz, antaño hegemónicos— siguen en la marginalidad. Ahora bien, si el hecho de que Netanyahu llame “izquierdistas” a los de Azul y Blanco e incluso al muy derechista Lieberman dejara de importar a unos votantes más preocupados en poner a los ortodoxos en su sitio, entonces sí es posible que el Likud y Netanyahu pierdan el poder de que han gozado durante un decenio.

Lieberman y Gantz creen que el resentimiento de la mayoría laica hacia los ortodoxos —por su escaqueo del servicio militar y la larga mano de la coacción religiosa sobre la sociedad— dominará la conversación y les dará la “guerra contra los rabinos” que Jabotinsky predijo se produciría una vez se asegurara el Estado con el “muro de acero” que dijo había que levantar para defenderlo de los enemigos árabes.

El problema de esa formulación es que los palestinos podrían no acceder a quedarse mirando sin más mientras los israelíes resuelven sus disputas domésticas. Frustrados por su aislamiento, cautivados por una ideología violenta y comprometidos con sus fantasías de destrucción del Estado judío, podrían atacar y recordar a los israelíes que los temas de la guerra y la paz siguen siendo los más importantes.

Sean los cohetes de Hamás o de Hezbolá, o una nueva intifada con el objetivo de hacer descarrilar la iniciativa por la paz del presidente de EEUU, Donald Trump, los palestinos siguen teniendo en su mano centrar a los israelíes en la seguridad. Su violencia y su eterno rechazo a llegar a un acuerdo han hecho ganar a Netanyahu cuatro elecciones seguidas, y hay buenos motivos para pensar que le podrían dar una quinta si el vaticinio de Shtayeh sobre un verano caliente es correcta. En ese caso, quienes anticipan el inevitable conflicto entre los religiosos y los laicos por el control de la sociedad israelí tendrán que seguir esperando.

© Versión original (en inglés): JNS
© Versión en español: Revista El Medio

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Los verdaderos progresistas son sionistas http://elmed.io/los-verdaderos-progresistas-son-sionistas/ http://elmed.io/los-verdaderos-progresistas-son-sionistas/#comments Mon, 10 Jun 2019 10:13:46 +0000 http://elmed.io/?p=26610 Menudo papelón hacen quienes, desde la 'interseccionalidad', demonizan al Estado judío.

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La ironía es tan clamorosa que casi es de no creer. La misma semana en que en Israel se produjo el hito de que un gay fuera nombrado ministro, una organización gay de referencia en EEUU prohibía los símbolos judíos en su marcha anual del Orgullo como muestra de su repulsa por Israel. Para la izquierda interseccional, todo el mundo tiene derechos salvo privilegiados opresores como los judíos. Así que, en su estupefaciente visión del mundo, el Estado más progresista de Oriente Medio es, por definición, un apestado y el único país del planeta que merece ser destruido.

Lo anterior podría desecharse como un mero caso de locura ideológica. Pero resulta que sí que importa, porque la cuestión de si Israel es un bastión reaccionario o un país progresista ha causado que numerosos judíos se aparten del sionismo. El nombramiento de Amir Ohana como ministro de Justicia demuestra que lo que proclaman los enemigos del Estado judío es mentira. Israel no sólo es una democracia y el único Estado judío del planeta, sino el país más progresista en esa parte del mundo en lo relacionado con el respeto a los derechos humanos, mientras que quienes pugnan por destruirlo son enemigos fervientes de la libertad.

Para muchos jóvenes, ser visto como defensor de causas progresistas es fundamental para su supervivencia social. El mito de que Israel es un Estado apartheid y de que sus enemigos palestinos no son sino población indígena que resiste a tiranos coloniales es una poderosa arma del arsenal del movimiento antisemita BDS, y corroe los lazos de la juventud con la comunidad proisraelí organizada.

En el meollo de todo esto está el interseccionalismo, que sostiene que todas las batallas por la igualdad y contra regímenes opresivos están vinculadas. En este sentido, hay quien desde la izquierda hace el abracadabrante reclamo de que la guerra palestina para destruir Israel es análoga a la lucha por los derechos civiles en EEUU. Y tan demencial como sostener que los sanguinarios terroristas de Hamás y Fatah son los equivalentes morales de Martin Luther King es el intento de relacionar la lucha por los derechos de los gais con la que libran los palestinos.

Como sucede en el resto del mundo árabe y musulmán, en la sociedad palestina los gais que revelan su condición se ponen a sí mismos en grave peligro: se juegan ser apalizados, enviados a prisión o incluso la vida. Por eso es por lo que muchos de ellos huyen a la libertad israelí.

Dividido como está en sectores laicos y profundamente religiosos, Israel no es inmune a los prejuicios habituales en cualquier otro país libre. Pero allí los gais disfrutan de iguales derechos que los demás individuos. Sirven en el Ejército, desempeñan cargos públicos y pueden vivir con entera libertad. Y, como ha demostrado la semana pasada Amir Ohana, pueden optar a las más altas responsabilidades.

El nombramiento de Ohana por parte del primer ministro Netanyahu es temporal y aquél sólo será ministro hasta que se forme un nuevo Gobierno, tras las elecciones del próximo 17 de septiembre. Pero se trata de un paso significativo que muestra lo abierta que ha llegado a ser la sociedad israelí, así como la falsedad de la idea de que Netanyahu está ayudando a los ultraortodoxos a crear un Estado regido exclusivamente por la ley religiosa judía. Es más, el hecho de que Ohana no sea miembro de un partido de izquierdas, sino una figura emergente del Likud, puede chocar a algunos. Pero, como él mismo ha destacado, que sea gay no quiere decir que no se preocupe profundamente por la seguridad nacional y que no tenga como gran prioridad la defensa de los israelíes frente a quienes quieren acabar con su patria.

Con dicho nombramiento, Netanyahu ha hecho algo que no ha hecho ningún presidente norteamericano. Ningún gay estadounidense ha ocupado un puesto gubernamental tan destacado como Ohana, que además tendrá plaza en el gabinete de seguridad. Aunque algunos de los aliados ultraortodoxos de Netanyahu no estarán contentos de ver a Ohana en una posición tan relevante, no hay duda de que éste no será su último cargo relevante: es muy probable que sea un actor político destacado en el futuro previsible.

El ejemplo de Ohana es poderoso porque se trata de un likudnik que ha sido oficial en el Ejército y servido en el Shin Bet, el servicio de seguridad nacional. La extrema izquierda lo desprecia casi tanto como a su aliado Netanyahu.

El hecho de que Ohana sea un judío con ancestros marroquíes –y, como más de la mitad de los judíos de Israel, una persona de color, según la teoría de la interseccionalidad– hace de la idea de que no es un líder de una democracia diversa aún más mendaz.

Los haters izquierdistas de Israel dicen que hablar de la aceptación de los gais en la sociedad israelí es pinkwashing, un intento de ocultar el tratamiento que Israel da a los palestinos poniendo el foco de atención en los derechos de los gais. Sucede que los argumentos ilógicos sobre el pinkwashing son reflejo de la bancarrota intelectual de los intelectuales interseccionalistas. Israel trata bien a los gais porque es una democracia y una sociedad libre, no por una cuestión de relaciones públicas. Para los defensores de los derechos de los gais, pretender la destrucción de Israel y dar ayuda y consuelo a grupos palestinos nacionalistas e islamistas que oprimen y asesinan a los gais es tan estúpido como dañino para la causa de los derechos humanos.

Así las cosas, es a quienes vetan lo símbolos judíos en acontecimientos como la Dyke March de Washington o el desfile del Orgullo de Chicago (2017) a quienes hay que pedir cuentas, por excluir a los judíos. Puede que pretendan ser progresistas, pero, como todos los que incurren en el odio y el antisemitismo, son profundamente antiliberales.

La idea de que hay algo antiliberal en apoyar el sionismo –el derecho a la autodeterminación nacional del pueblo judío– es una mentira descomunal que se cuenta a los jóvenes judíos liberales. Si los estudiantes y activistas judíos quieren ser verdaderamente progresistas, han de ser sionistas.

© Versión original (en inglés): JNS
© Versión en español: Revista El Medio

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Irán: más 'policías de la moral' contra las mujeres http://elmed.io/iran-mas-policias-de-la-moral-contra-las-mujeres/ http://elmed.io/iran-mas-policias-de-la-moral-contra-las-mujeres/#comments Mon, 10 Jun 2019 08:46:34 +0000 http://elmed.io/?p=26608 "El del hiyab no es un asunto cualquiera, sino una grave cuestión política y de seguridad".

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El régimen de los ayatolás ha decidido aumentar en 2.000 los efectivos de la ‘policía de la moral’ para tratar de poner freno a la rebelión de las iraníes contra las draconianas normas de vestimenta que les impone la República Islámica.

“El del hiyab no es un asunto cualquiera, sino una grave cuestión política y de seguridad para nuestro país”, ha declarado Mohamad Abdulapur, comandante de la Guardia Revolucionaria en la provincia de Guilán. “El enemigo está invirtiendo mucho en cambiar nuestra cultura nacional para que adoptemos el estilo de vida occidental”, ha añadido.

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Estambul: la pesadilla de Erdogan http://elmed.io/estambul-la-pesadilla-de-erdogan/ http://elmed.io/estambul-la-pesadilla-de-erdogan/#comments Fri, 07 Jun 2019 15:04:09 +0000 http://elmed.io/?p=26606 Aun cuando reconquiste la capital económica de Turquía, el autócrata islamista ha perdido cualquier adarme de credibilidad internacional que le quedara.

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En los 17 años que lleva como líder de Turquía, su asertiva política exterior autoexaltatoria y su régimen islamista y nacionalista han brindado a Recep Tayyip Erdogan popularidad y votos, en un país donde la escolarización media apenas llega a los 6,5 años. Erdogan creía –e hizo creer a los turcos– que Turquía es una gran potencia mundial, y afirmó que su Gobierno había realizado milagros económicos. Desde que su Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) llegó al poder, en 2002, no había perdido ningunas elecciones. Todo era un camino de rosas.

Ya no.

“Quien gane Estambul gana Turquía” ha sido la máxima de Erdogan desde 1994, cuando ganó las elecciones municipales en la mayor ciudad de Turquía (donde vive el 15% de los 57 millones de electores y se genera el 31% del PIB del país). Veintitrés años después, su candidato a la alcaldía, el ex primer ministro Binali Yildirim, perdió los comicios locales, en lo que fue la primera derrota de los islamistas en Estambul desde 1994.

Pero la partida aún no ha acabado. Porque Erdogan tiene el poder.

Luego de que el AKP denunciara irregularidades, la Junta Electoral Suprema, compuesta por jueces diríase que presionados por el Gobierno, anuló los resultados de Estambul, suspendió el mandato del candidato de la oposición, Ekrem Imamoglu, y fijó la fecha para la repetición de los comicios en el 23 de junio. La Junta anuló el resultado electoral con el pretexto de que algunos oficiales que prestaron servicio en los centros de votación no eran civiles, como exige la ley. “La decisión de la Junta pone a la democracia turca un paso más cerca de la muerte”, escribió Kemal Kirişçi, de Tusiad, la mayor asociación empresarial del país.

Quizá Erdogan piense que se trata de una apuesta segura: como ya perdió Estambul, una segunda derrota no le supondría coste añadido alguno, e incluso tiene opciones de ganar. La victoria de la oposición se produjo por un margen de sólo 13.000 votos en una ciudad con 10,5 votantes. Pero se equivocaría. Una segunda derrota para quien proclama que “quien gana Estambul gana Turquía” sería harto embarazosa. Una victoria podría provocar protestas multitudinarias que agravarían las aflicciones económicas de Turquía y desacreditarían a Erdogan aún más en Occidente como dictador electo; su imagen sería todavía más parecida a la de su aliado venezolano Nicolás Maduro.

Después de la decisión de la Junta Electoral, la Unión Europea emitió un comunicado en el que se leía:

La justificación de una decisión tan trascendental, tomada en un contexto sumamente politizado, se debería presentar a escrutinio público sin demora.

Asegurar un proceso electoral libre, limpio y transparente es esencial para cualquier democracia, y fundamental para las relaciones de la Unión Europea con Turquía.

Los funcionarios de la UE están pidiendo que observadores internacionales supervisen las elecciones Estambul.

“Parece que perder Estambul conlleva demasiados riesgos para el AKP (…) Muchos están convencidos de que si el AKP perdiera, después de haber gobernado allí —con su precursor— durante 25 años, saldría a la luz un avispero de intereses, corrupción y abuso de poder”, ha escrito Semih Idiz, columnista de Sigma Turquía, un think tank de Ankara. “Si hubiese hecho lo correcto políticamente y hubiese aceptado la derrota en Estambul con nobleza, habría aumentado su talla moral. Tal como están las cosas, él y su partido han quedado mancillados y es difícil entender cómo esperan sacar beneficio alguno”.

Puede que Erdogan tenga a la Junta Electoral de su parte, pero los problemas de primera necesidad no le permiten ser optimista ante la repetición de los referidos comicios. El 7 de mayo, a sólo seis semanas de la repetición, la lira tuca se desplomó hasta su nivel más bajo en siete meses y produjo gran agitación política. Justin Low, analista de ForexLive, atribuyó el hundimiento de la moneda turca a la controvertida decisión de la Junta Electoral. Entre tanto, la tasa nacional de desempleo “subió hasta el 14,7% en el período diciembre-febrero, la tasa más alta en casi una década (…) La economía turca sufrió una contracción superior al 3% esperado en el cuarto trimestre de 2018 –su peor rendimiento en casi una década–, lo que indica que la bajada de la lira de casi el 30% el año pasado la ha inclinado hacia la recesión”. La situación económica es demasiado mala para que cualquier comité electoral la presente como “buena” aun bajo la presión de Erdogan.

Pero Erdogan no se rinde. Su estrategia de repetir las elecciones va a volcarse en contactar a cada votante que se abstuvo el 31 de marzo y convencerlo de que vote al AKP. Los miembros de su partido deben visitar a 1,7 millones de personas; es una tarea descomunal, pero hay demasiado en juego, y la organización local del partido tiene fama de ser muy eficiente. Además, los encuestadores han descubierto que la mayoría de los abstencionistas eran votantes tradicionales del AKP que se quedaron en casa por motivos económicos, precisamente. Algunos de ellos podrían acudir a las urnas el próximo día 23.

Aun si finalmente reconquistara Estambul, Erdogan ha perdido las últimas trazas de credibilidad internacional que le quedaban.

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Los palestinos se disponen a perder otra oportunidad http://elmed.io/los-palestinos-se-disponen-a-perder-otra-oportunidad/ http://elmed.io/los-palestinos-se-disponen-a-perder-otra-oportunidad/#comments Wed, 05 Jun 2019 09:00:54 +0000 http://elmed.io/?p=26603 La del liderazgo palestino es una historia de oportunidades perdidas para alcanzar la estadidad y la viabilidad económica.

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El gran diplomático israelí Aba Eban dijo una vez, con gran presciencia, que los palestinos “nunca pierden una oportunidad de perder una oportunidad”. Bien, pues están a punto de perder una más por no querer acudir a los encuentros que este mismo mes se producirán en Baréin y durante los cuales EEUU desvelará los aspectos económicos de su plan de paz para Oriente Medio.

La del liderazgo palestino es una historia de oportunidades perdidas para alcanzar la estadidad y la viabilidad económica. Si los líderes palestinos hubieran aceptado el plan de partición de Naciones Unidas de 1947 –dos Estados para dos pueblos–, habrían dispuesto de un Estado palestino vecino a Israel. Si hubieran aceptado el plan de paz del presidente Clinton y el primer ministro Barak en 2000-2001, o el aun más generoso ofrecido por el primer ministro Olmert en 2008, ahora dispondrían de un Estado palestino viable en el 95% de la Margen Occidental y en Gaza. ¡Pero nada! No aceptaron oferta alguna, para consternación de numerosos palestinos y árabes suníes moderados.

EEUU está trabajando en un plan de paz que los palestinos han rechazado sin siquiera conocer su contenido. Les basta con saber que lo propone la Administración Trump, que ha reconocido Jerusalén como capital de Israel y la soberanía israelí sobre los Altos del Golán (que jamás han sido reclamados como parte de Estado palestino alguno). Pero ninguno de esos reconocimientos socava las posibilidades de un Estado palestino ni impide que la capital palestina se instale en parte de Jerusalén. Son sólo un pretexto para que los líderes palestinos pierdan una oportunidad de sentarse a negociar un buen acuerdo para su pueblo.

La estadidad palestina no está fuera de la mesa, aunque cada oportunidad deliberadamente desperdiciada hace más difícil a los palestinos demandar razonablemente un Estado. Los kurdos y los tibetanos jamás han rechazado ofertas para alcanzar la independencia. Las negativas palestinas hacen que su causa por la estadidad se debilite en la comparación.

Los palestinos deberían enviar una delegación a Baréin y participar en las reuniones. Pueden plantear sus demandas y proponer cambios en el plan de EEUU. No tienen una sola buena razón para no acudir. Pueden poner objeciones a lo que ha venido haciendo el presidente Trump, incluso solicitar que se deshaga, pero sus planteamientos no ganarán crédito alguno si persisten en no hacer acto de presencia.

Si quiere un Estado y no una causa, a estas alturas el liderazgo palestino debería tener claro que  no le queda más remedio que entablar negociaciones directas con Israel. No obtendrá un Estado de Naciones Unidas, la Unión Europea, Rusia, Irán o los propios Estados Unidos. Ni, por supuesto, como consecuencia de las protestas universitarias o del movimiento BDS. O por medio de la conquista militar o el terrorismo. Sólo podrá conseguirlo negociando con Israel. Y no lo tendrá con las fronteras de 1967 o sin llegar a compromisos en cuestiones como el denominado derecho de retorno, pese a las decenas de resoluciones tendenciosas e insensatas que se han aprobado, incluida la pergeñada por el presidente Obama en sus últimos días de mandato. Ambas partes tendrán que hacer cesiones dolorosas. Israel ya ha mostrado su predisposición a ello en dos ocasiones. El primer ministro Netanyahu ha reconocido que Israel habrá de hacer cesiones. Lo mismo debe hacer el liderazgo palestino.

La parálisis política que se vive en Israel, donde se celebrarán elecciones en septiembre, inevitablemente pospondrá cualquier avance significativo hacia la paz. El liderazgo palestino podría beneficiarse de ello y acudir a Baréin sin necesidad de hacer la menor concesión. Podría escuchar y proponer, sabiendo que no habrá decisiones definitivas hasta que en Israel se forme un nuevo Gobierno, en otoño.

Si el liderazgo palestino persiste en su negativa a sentarse y negociar, sólo podrá culparse a sí mismo por la falta de estadidad. El propio presidente Abás ha lamentado que el liderazgo palestino no aceptara propuestas de paz previas. Ahora es él el que está al mando, al menos en teoría. Debería aprender del pasado, acudir a Baréin e iniciar un proceso de negociación que quizá sea la única ruta que quede abierta para la consecución de un Estado palestino.

© Versión original (en inglés): Gatestone Institute
© Versión en español: Revista El Medio

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Israel debe anexionarse partes de la Margen Occidental http://elmed.io/israel-debe-anexionarse-partes-de-la-margen-occidental/ http://elmed.io/israel-debe-anexionarse-partes-de-la-margen-occidental/#comments Tue, 04 Jun 2019 09:58:10 +0000 http://elmed.io/?p=26600 Israel no debe convertir el sueño sionista en un mero anhelo de contar con un refugio seguro para los judíos perseguidos.

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El movimiento Comandantes por la Seguridad de Israel ha lanzado una muy publicitada advertencia al primer ministro Netanyahu basada en una afirmación falsa: que la anexión de partes de la Margen Occidental pondría en riesgo a los habitantes de Israel.

Hace sólo unas semanas, en plena campaña electoral, esta organización inundó el país con carteles y anuncios en los autobuses, por valor de varios millones de shékels, en los que decía a los votantes que en las elecciones se sustanciaría la diferencia entre la separación [de los palestinos] y la anexión [de territorios en disputa]. Nadie tuvo ninguna duda de a qué bando intentaba ayudar.

Una considerable mayoría de la población israelí optó por ignorar las recomendaciones de los antiguos bit’honistim (expertos en seguridad). Tampoco los tres exjefes del Estado Mayor que comandaban el Partido Blanco y Azul, que gozaron del abierto apoyo de otros tres exjefes de Estado Mayor retirados, lograron poner a la opinión pública de su lado y conseguir la mayoría parlamentaria necesaria para implementar las recomendaciones de quienes están a favor de nuevas retiradas.

Esta polémica tiene dos vertientes. La primera atañe a la concepción que se tiene de Israel y de su seguridad nacional.

Tal como la definen las Fuerzas de Defensa de Israel, “la seguridad nacional se preocupa de asegurar la capacidad nacional de combatir con eficacia cualquier amenaza a la existencia nacional y a los intereses nacionales”. Esto, expresado así, es muy certero. Pero los intereses nacionales de Israel en la Margen Occidental van más allá de las meras necesidades de seguridad. Y lo mismo vale para los palestinos, como explicó Mahmud Abás al rechazar el plan del presidente Trump: “El palestino no se puede convertir únicamente en un problema económico-humanitario”. Israel, por su parte, no debe convertir el sueño sionista en un mero anhelo de contar con un refugio seguro para los judíos perseguidos. La seguridad, como recalcó David ben Gurión, es sólo un medio, no el fin. Hay una diferencia sustancial entre el deseo de seguridad y el deseo de independencia, y ahí reside el núcleo de la controversia.

La segunda vertiente tiene que ver con el problema de la seguridad en sí. A lo largo de los años, la perspectiva estratégica de los referidos bit’honistim ha sido refutada una y otra vez por la realidad.

Muchos de los que firmaron la carta de los comandantes al primer ministro también firmaron en 2005 la declaración del Movimiento por la Paz y la Seguridad a favor de la retirada unilateral de Gaza, con la promesa de que mejoraría la seguridad de Israel. Ni que decir tiene, estaban letalmente equivocados.

En un reciente estudio del BESA analicé dónde se equivocaban los comandantes; en concreto, no interpretaban correctamente la potencial amenaza para Israel resultante de los cambios radicales que se han producido en la naturaleza de la guerra y, por otro lado, del poderío que han amasado las organizaciones terroristas palestinas tras el lanzamiento del proceso de paz de Oslo. Uno sólo ha de considerar la última ronda de enfrentamientos en Gaza para comprender cómo sería la amenaza que se cerniría sobre las ciudades de la llanura costera si Israel renunciara a los terrenos montañosos que dominan el núcleo económico, social e industrial del país. La Autopista 6 se convertiría en una autopista de frontera, y los misiles antitanque y antiaéreos amenazarían el tráfico en las principales arterias israelíes, así como el tráfico aéreo.

El resultado de las recientes elecciones indica que una considerable mayoría de israelíes ha aprendido que, por mucho que respeten a quienes han defendido el país día y noche, es más sensato guardar cautela ante sus concepciones y recomendaciones equivocadas.

© Versión original (en inglés): BESA Center
© Versión en español: Revista El Medio

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Netanyahu debe hablar con los nacionalistas europeos http://elmed.io/netanyahu-debe-hablar-con-los-nacionalistas-europeos/ http://elmed.io/netanyahu-debe-hablar-con-los-nacionalistas-europeos/#comments Mon, 03 Jun 2019 16:12:42 +0000 http://elmed.io/?p=26594 ¿Se podía hablar con Arafat pero no se puede con Orbán?

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Los críticos del primer ministro Netanyahu abogan por que éste no hable jamás con nacionalistas europeos porque en Europa el nacionalismo a menudo va de la mano con el antisemitismo.

Irónicamente (o quizás hipócritamente), muchos de esos mismos críticos han urgido a los primeros ministros israelíes a hablar con Yaser Arafat y otros líderes terroristas que han abogado por y practicado el asesinato de judíos. ¿Cuál es la diferencia?

Con frecuencia, líderes electos tienen que taparse la nariz y hablar con otros líderes de cuyas ideologías y acciones abominan. Pero cuando eres el líder de un país, el pragmatismo de la Realpolitik a menudo debe imperar sobre la pura ideología.

Recuerden el gesto que tenía Isaac Rabín cuando el presidente Clinton le instó a estrechar la mano de Yaser Arafat, que había ordenado personalmente el asesinato de tantos niños, mujeres y hombres israelíes. Cuando hablé con Rabín sobre esto, me dijo que su mano quedó protegida por el guante de seda de la diplomacia. La izquierda elogió a Rabín, e hizo bien. Pero muchos de quienes tal hicieron andan ahora condenando a Netanyahu por usar el mismo guante de seda diplomático con nacionalistas extremistas europeos.

Por supuesto, hay líneas que nadie debería atravesar ni protegido por el referido guante de terciopelo. Ahora bien, si esas líneas no se cruzaron con Arafat, desde luego que no se han cruzado con Viktor Orbán y otros líderes nacionalistas europeos. El criterio de decisión no puede estar basado en si el pretendido villano es de derechas o de izquierdas, musulmán o cristiano; sino que debe estar fundado en factores objetivos.

EEUU ha tratado, aun calladamente, con los líderes de Irán; incluso con Hitler, Mussolini y Stalin allá por los años 30 y 40 del siglo pasado. Cuando le preguntaron si estaba hablando con el líder tiránico de un país centroamericano, el presidente Roosevelt respondió con el célebre: “Es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”.

En lo relacionado con Israel, los líderes nacionalistas de Europa Central y del Este dan lugar a la ambigüedad. Así, apoyan fervientemente tanto el nacionalismo judío –el sionismo– como al Estado nación del pueblo judío. Pero su actitud hacia los judíos y el Holocausto a menudo es altamente cuestionable. El primer ministro de Israel debe anteponer los intereses de su país a la pureza ideológica o a la actitud hacia los judíos en general. En un mundo en el que tan pocas naciones lo apoyan y en el que tantas lo condenan de manera rutinaria en la ONU, Israel no debe renunciar a la ligera al apoyo de los nacionalistas de derechas.

Una de las acusaciones que se vierten sobre Viktor Orbán es que ha atacado a George Soros, multimillonario judío cuyas actividades en Europa y alrededor del mundo son altamente controversiales. Pero lo cierto es que Soros merece ser criticado, y el hecho de que sea judío no debería liberarle de ello. Soros es un enemigo de Israel desde hace mucho tiempo y jamás ha sido un gran defensor de los valores judíos. Así pues, resulta irónico que criticarlo se le considere un síntoma de antisemitismo.

Ahora bien, más allá de Soros, hay buenas razones para oponerse a las políticas y declaraciones de Orbán y sus colegas de la derecha nacionalista. Su actitud hacia el Holocausto, en especial la glorificación de antisemitas que colaboraron con los nazis, merece una grave condena, así como la negativa de esos líderes a responsabilizar a algunos de sus compatriotas por la ‘solución final’ contra los judíos.

La vida siempre presenta cuadros complejos como éste, sobre todo cuando hablamos de la política y de las relaciones internacionales. Por tanto, no condenemos a Netanyahu por hacer lo que han hecho casi todos los primeros ministros de Israel, empezando por el David ben Gurión que aceptó las reparaciones alemanas. La política hace extraños compañeros de cama, y para qué hablar de la política internacional. Así las cosas, condenemos a los nacionalistas europeos cuando sus acciones merezcan condena, pero saludemos su apoyo a Israel ahora que dicho apoyo es cada vez más importante.

© Versión original (en inglés): Gatestone Institute
© Versión en español: Revista El Medio

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Lieberman-Netanyahu: sólo puede quedar uno http://elmed.io/lieberman-netanyahu-solo-puede-quedar-uno/ http://elmed.io/lieberman-netanyahu-solo-puede-quedar-uno/#comments Mon, 03 Jun 2019 10:01:09 +0000 http://elmed.io/?p=26591 ¿Estamos al principio del fin de 'Bibi King', o su peor enemigo acaba de cosechar una victoria... pírrica?

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  • El mejor de los mundos para Netanyahu
  • En el Jerusalem Post, Seth Frantzman escribe que puede que Netanyahu salga fortalecido del sonoro revés que cosechó la semana pasada, cuando se le agotó el plazo para la conformación de un nuevo Gobierno.

    En el poder desde hace diez años, el primer ministro israelí pareció trastabillar el miércoles, cuando llevó a la Knéset [Parlamento] a la autodisolución y a la convocatoria de unas nuevas elecciones (…) porque Netanyahu fracasó a la hora de conformar una coalición de gobierno. ¿Cómo pudo llegar a una situación así el genio que ha dominado la política israelí en la última década y que cuenta con treinta años de experiencia en lo relacionado con la conformación de alianzas parlamentarias? ¿Y si resultara que este es el mejor de los mundos para él? Sigue siendo primer ministro, y las encuestas dicen que muy posiblemente obtenga un buen resultado en septiembre, mientras que sus rivales tendrían que pugnar por los restos.

    (…)

    [Netanyahu] dice que la ciudadanía le eligió para encabezar y conformar un Gobierno, y que Lieberman lo ha impedido (…) Si consigue mantener el discurso de culpar a Lieberman y demandar un mandato poderoso en las próximas elecciones, quizá la salgan las cuentas parlamentarias y tenga dos meses para componer el Gobierno que desee. Todo esto sucede en un momento importante para Israel. EEUU quiere proponer un plan de paz, pero puede que las nuevas elecciones lo pospongan. Asimismo, Netanyahu también tratará de librarse de las comparecencias judiciales preliminares sobre las acusaciones de corrupción que pesan sobre él. Que de hecho ya se pospusieron hasta octubre.

    En la National Review, Jonathan Tobin advierte de que no es la primera vez que se entierra la carrera política del líder del Likud de manera harto precipitada, pero no descarta que estemos en el principio del fin de la era Netanyahu.

    Existe la percepción de que Netanyahu, que ha imperado sobre el mundo político israelí sin apenas competencia durante los últimos diez años, ha quedado debilitado y de que puede que esté próximo el fin de su tiempo como líder israelí. Y de que es esa debilidad, más que devoción a principio alguno, lo que ha inducido a Lieberman [a negarse a sumarse a su coalición de gobierno].

    (…)

    La auténtica razón de la terquedad de Lieberman es su creencia en que Netanyahu acabará sucumbiendo ante las causas por corrupción que pesan sobre él. (…) [Lieberman se ve] como un potencial ‘kingmaker’: podría elegir al sucesor de Netanyahu, ya fuera [el líder centrista Benny] Gantz o, más probablemente, uno de los correligionarios del primer ministro en el Likud.

    No es la primera vez que los rivales dan por muerto a Netanyahu. Pero el desafío que se le presenta [a Lieberman] en los meses venideros es formidable. La falta de confianza del electorado en los rivales centristas e izquierdistas [de Netanyahu] hacen probable que el bloque derechista-religioso vuelva a cosechar la mayoría [parlamentaria] en septiembre. (…)

    Puede perfectamente que los votantes israelíes sigan considerando a Netanyahu el hombre indispensable (…) pero el bochorno que hubo de sufrir la semana pasada ha socavado su imagen de invencibilidad. A menos que logre encontrar la manera de librarse de sus problemas legales, este revés puede ser el principio del fin para el hombre que ha marcado la política israelí –y las relaciones israelo-americanas– durante el último decenio.

    En Tablet, Liel Leibovitz dice que la que se apuntó el líder de Israel Beitenu la semana pasada puede ser una victoria pírrica… que de hecho acabe reforzando al supuestamente derrotado Bibi Netanyahu.

    (…) si su maniobra no ha sido más juego de poder puro y duro, puede que Lieberman tenga muy pronto un tremendo despertar. (…) es muy probable que los resultados [de las elecciones de septiembre] sean los mismos [que en abril] o que, aún más probable, den al bloque de la derecha una victoria incluso más contundente. Así, es altamente probable que los 138.598 israelíes que votaron por (…) la fracasada Nueva Derecha [que no consiguió escaños por muy poco] voten a la Derecha Unida o al Likud, como lo harán muchos –por no decir la mayoría– de los 118.031 que votaron por (…) Zehut [otro partido de derechas que no consiguió representación]. Estos votos previamente desperdiciados (…) podrían valer cuatro, cinco o seis escaños. Y los haredíes, furiosos por lo que perciben como un ominoso ataque a su manera de vivir [por parte del laico Lieberman], es muy probable que vayan a votar en aún mayores cantidades (…), lo que daría [a sus partidos, aliados de Netanyahu] unos cuantos escaños más.

    (…)

    Si el Likud, los partidos haredíes y la Derecha Unida ganan fuerza, y el [centrista] Partido Azul y Blanco y los laboristas la pierden, la maniobra de Lieberman resultará desastrosa (…)

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