Contextos

'Fauda', 2ª temporada: vuelve el caos

Por Eli Cohen 

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"Lior Raz, que encarna a Dorón, dice que los israelíes viven en una sociedad post traumática, y sin duda el espectador lo percibe en esta segunda temporada. Igualmente, a través de un comando que decide arriesgarse a llevar a cabo atentados en Israel, 'Fauda' nos muestra las motivaciones, los miedos y, es cierto, el lado humano de los terroristas"

La primera temporada de Fauda fue fascinante y la serie israelí se convirtió en un fenómeno mundial. Netflix la adquirió y la hizo accesible en 190 noventa países, incluyendo árabes y musulmanes. Además, la famosa plataforma de streaming ha contratado a sus creadores, Lior Raz y Avi Issacharoff, para que hagan una serie de espionaje: Hit and Run.

La segunda temporada de Fauda, que ya se puede ver completa en Netflix, sigue teniendo todo aquello por la cual no pudimos dejar de ver la primera hasta el final: tensión constante, trama adictiva, personajes empáticos y bien construidos, ningún contenido innecesario o incoherente y, sobre todo, honestidad.

Fauda gusta tanto a israelíes como a palestinos porque recrea sin tapujos a soldados y a terroristas. Los expone, a todos ellos, y muestra sus intimidades. En un primer momento Hamás la tachó de propaganda sionista y luego, sorprendentemente, la enlazó en su página web. Eso sí, los de siempre no tardaron en pedir el boicot a la serie por “racista”.

Los primeros doce capítulos de Fauda nos sumergieron en ese caos bajo control que es el enquistado conflicto centenario entre israelíes y palestinos. Sin tiempo apenas para coger aire, una historia rebosante de adrenalina nos mostraba, con descarnada sinceridad, la espiral de odio, violencia, intereses y equilibrios que perturba la relación entre ambos pueblos. La falta de maquillajes ideológicos era lo que más agradecimos de la primera temporada.

Si bien entonces no tuvimos ninguna lección o mensaje político –nunca se nos decía o se nos hacía creer quién tenía razón y quién no–, en este segunda temporada surgen algunas grietas en los muros libres de debates políticos e ideológicos que protegían la narrativa de Fauda.

Fauda vuelve a incidir en lo personal como elemento que no puede desgajarse del conflicto. Como escribe David Remnick (New Yorker) en su maravillosa crónica sobre la serie, “la intimidad y la proximidad de rivales y enemigos es uno de los aspectos más llamativos del conflicto”. La misión de los mistaravim –la unidad del Shin Bet que se infiltra en los territorios palestinos para atrapar o matar terroristas–, en palabras de un instructor de este tipo de unidades, es “hacer un trabajo sucio de la manera más limpia posible”. Si es legítimo, legal o moral, eso lo tiene que juzgar el espectador.

Sin embargo, esta vez los personajes abren debates sobre la situación en la que viven tanto israelíes como palestinos.

La llegada a Nablus de un nuevo terrorista entrenado por el Estado Islámico en Siria, a quien mueve la venganza por la muerte de su padre, asesinado por Dorón, el protagonista israelí de la serie, plantea cuestiones que siempre flotan en el viciado aire de Oriente Medio: las luchas intestinas palestinas, el odio irredento de la mayoría de los palestinos hacia los israelíes, las víctimas colaterales en las operaciones israelíes, la violencia sin fin, la ocupación militar y su eterna duración, etc., son ingredientes básicos en esta segunda temporada de Fauda.

Así, los miedos y angustias de ambos bandos son tratados abiertamente, dejando el espacio para el debate. Lior Raz, que encarna a Dorón, dice que los israelíes viven en una sociedad post traumática, y sin duda el espectador lo percibe en esta segunda temporada. Igualmente, a través de un comando que decide arriesgarse a llevar a cabo atentados en Israel, Fauda nos muestra las motivaciones, los miedos y, es cierto, el lado humano de los terroristas.

En el epílogo de esta segunda temporada las costuras de la imparcialidad se rompen. Al Makdisi, el nuevo terrorista al que intentan dar caza los mistaravim, espeta a Dorón: “Ojo por ojo, diente por diente”; a lo que Dorón opone: “Yo no soy como tú, yo no mato niños, ni tampoco civiles inocentes”; entonces, Al Makdisi replica: “Ah sí, me olvidaba, cada vez que lo hacéis es sin querer”.

Con esta segunda temporada vuelve el caos (significado de la palabra fauda), aunque sigue estando bajo control. Y, como ya dijimos sobre la primera temporada, es totalmente recomendable.