Contextos

Exterminio de minorías iraquíes por el Estado Islámico

Por Michael J. Totten 

Yazidies
"El islam es una religión proselitista, pero convertir a esta gente a punta de pistola y ejecutar a quienes se niegan es algo con lo que no van a transigir los kurdos musulmanes, y no sólo porque los yazidíes sean kurdos, como ellos"

En Sinjar (Irak) los miembros kurdos de la minoría religiosa de los yazidíes están siendo masacrados por el Estado Islámico de Irak y el Levante (EIIL) si se niegan a convertirse al islam. Los yazidíes son miembros de una religión ancestral de adoradores del fuego, con raíces en el zoroastrismo y muy anterior al Corán.

Hasta ahora, más de 300 de ellos han sido asesinados por el mero hecho de pertenecer a su religión.

Las matanzas de este tipo, cuando son a gran escala, se llaman genocidio.

El islam es una religión proselitista, pero convertir a esta gente a punta de pistola y ejecutar a quienes se niegan es algo con lo que no van a transigir los kurdos musulmanes, y no sólo porque los yazidíes sean kurdos, como ellos.

La religión yazidí forma parte de la identidad kurda. La bandera del Kurdistán iraquí no muestra la luna creciente tan habitual en las enseñas de países musulmanes, sino que opta por la imagen del fuego de la religión yazidí. Hace bastantes años entrevisté al rector de la Universidad Duhok del Kurdistán iraquí y me pareció que hablaba en nombre de la mayoría al afirmar su afecto por estas gentes y por su ancestral religión. “Soy musulmán”, me dijo, “pero quiero a los yazidíes. Su religión es la original de los kurdos. Sólo a través de ellos puedo hablar a Dios en mi propio idioma”.

Sinjar es una localidad kurda, pero está en la provincia de Nínive, fuera de la región autónoma kurda. Las fuerzas armadas de la Peshmerga kurda que operan allí se quedaron sin municiones y no tuvieron más remedio que retirarse tras el ataque del EIIL. Decenas de miles de civiles huyeron de la zona y se encuentran aislados en la cima de una remota montaña sin comida, agua ni refugio.

Hace ocho años visité la Meca de los yazidíes, en Lalish (Irak), que se encuentra en la región autónoma kurda, algo al sur de Duhok. Allí es donde los yazidíes creen que nació el Universo. Llamas eternas arden para siempre en pequeños altares. Baba Sheik, su líder, me enseñó todo aquello y me llevó a su templo.

“Toda la gente del mundo debería ser hermana”, me dijo. “Es usted bienvenido aquí para el resto de su vida”.

Baba Sheik quería incluir a los musulmanes en su proclama de hermandad universal, pero no se fiaba del todo de ellos. Los yazidíes han sido perseguidos sin tregua en el pasado, y él sabía perfectamente que podrían volver a serlo, sobre todo teniendo en cuenta el precario estado en el que se encontraba Irak. Y tenía razón: la persecución despiadada, esta vez por el EIIL, está en marcha.

Le pregunté a mi traductor y guía musulmán, Birzo Abdulkadir, si se había ofendido por los comentarios de Baba Sheik, y me dijo: “Por supuesto que no. Los kurdos no se alteran por la religión. No somos como los árabes. Creemos en argumentos fundados en la razón, no en las emociones. Si alguien no está de acuerdo conmigo en algo, no me voy a poner furioso con ellos. Simplemente, tendremos opiniones diferentes”.

Sin embargo, los kurdos sí se ponen furiosos, por así decirlo, con gente como el EIIL, y se están preparando para un contraataque. Está a punto de abrirse otro frente en la gran guerra de Oriente Medio. 

World Affairs Journal