Contextos

'Exodus': entre la realidad y el mito

Por Eli Cohen 

Cartel de 'Exodus'.
"Ha sido una de las películas de estas Navidades, y ha adquirido especial relevancia no sólo por haber sido censurada en Marruecos y tachada en Egipto de sionista y falsaria, sino porque ofrece una versión diferente, innovadora y más realista de la que habita el imaginario popular""Aunque parezca que la línea de Scott quiera alejarse del relato bíblico y aportar una visión realista de lo que pudo suceder, en otro de los grandes milagros de la historia del Éxodo, la 'partición' del mar, su visión es la más fiel a la Biblia jamás rodada""Según la Biblia, Moisés, presumiblemente tartamudo, fue criado en la corte de faraón y posteriormente se erigió en líder y legislador de un conjunto de tribus unidas bajo un mismo credo y pasado que salen de Egipto y cristalizan, durante su vagar en el desierto, en una nación. Que fuera príncipe de Egipto, o general, es algo que la ficción literaria y cinematográfica ha sugerido pero que ni los textos bíblicos muestran""La película no ha entusiasmado al gran público, porque no tiene épica"

La Biblia es el libro más importante de la civilización occidental. Cuna de los principios y valores vertebradores de nuestras sociedades, sus relatos están, para creyentes, ateos y agnósticos, sujetos a una pasión y una curiosidad milenarias. La arqueología se ha abalanzado sobre Oriente Medio, especialmente desde finales del siglo XIX, para hallar pruebas de la veracidad de los mismos. Entre los más importantes está el del Éxodo: la salida de los esclavos israelitas de Egipto liderada por Moisés, que se ayudó del poder divino para doblegar la voluntad del faraón.

No sólo la ciencia ha analizado la Biblia, también, por supuesto, el cine. Este año que se ha ido, el 2014, ha sido prolífico en cine bíblico: Noé, The Son of God y finalmente Exodus: Gods and Kings han aportado nuevas perspectivas de los capítulos más trascendentales de la Biblia.

Exodus: Gods and Kings ha sido una de las películas de estas Navidades, y ha adquirido especial relevancia no sólo por haber sido censurada en Marruecos y tachada en Egipto de sionista y falsaria, sino porque ofrece una versión diferente, innovadora y más realista de la que habita el imaginario popular.

Como dice Spielberg en su Príncipe de Egipto, esta historia (el Éxodo) es la piedra angular de la fe de millones de personas en todo el mundo.

La película de Ridley Scott conjuga realidad y mito e intenta obtener lecturas actuales de lo que pudo ser la salida de los esclavos hebreos de Egipto. Por otro lado, en muchos aspectos se acerca más al relato bíblico que la mencionada El príncipe de Egipto o Los Diez Mandamientos de Cecil. B DeMille.

En busca del hecho

Ridley Scott bebe de las investigaciones que intentan demostrar que el Éxodo existió. Por ello, los que hemos visto el documental producido por James Cameron El Éxodo descifrado notamos una evidencia más que palpable de que ha sido utilizado por Scott como material de primera mano.

Apenas existen pruebas extrabíblicas de que el Éxodo tuviera lugar. La más célebre es el Papiro Ippuwer, que recoge un poema del Antiguo Egipto con pasajes casi idénticos a los que contiene la Biblia. El poema narra una serie de catástrofes y acontecimientos extraordinarios, como el Nilo teñido de sangre y la rebelión de unos esclavos que alcanzan la libertad. Este papiro se encontró en Menfis, que es en donde inteligentemente Ridley Scott sitúa la capital egipcia en la época de Moisés.

Otro gran acierto de Scott es situar a los esclavos en Pi-tom, donde según la Biblia vivían los israelitas. Sin embargo, no ha podido vencer la tentación de poner a Ramsés II como el faraón del Éxodo, al igual que hicieron Spielberg en El príncipe de Egipto y Cecil B. DeMille en Los Diez Mandamientos. La Biblia nunca menciona el nombre del faraón, lo que ha llevado a muchos especialistas, en la materia como Israel Finkelstein o Neil Silberman, a proponer que la Biblia se refería a varios (el texto bíblico menciona la ciudad de Rameses como otro enclave egipcio que los esclavos construyeron; he aquí el origen de muchas confusiones). El Éxodo descifrado, en una investigación un poco más realista y acorde, señala a Ahmosis I como el faraón del Éxodo; entre otras razones, porque expulsó a un pueblo, los hicsos, y tuvo un primogénito que murió jóven. Ramsés II es recordado como el faraón más grande que jamás reinó, y no se registra que en su reinado hubiera epidemias, hambrunas o rebeliones de esclavos. Es un error que la narrativa cinematográfica ha querido mantener.

El Éxodo descifrado sugiere que los hicsos, un pueblo con características protoisraelitas, fueron los esclavos que se fueron de Egipto según la Biblia. Es precisamente Ahmosis I quien expulsa a los hicsos. La tesis es, de hecho, bastante antigua. Es Flavio Josefo el primero que menciona que la salida de los hicsos relatada por Manetón es el Éxodo bíblico. El egiptólogo Kim Ryholt refiere el origen semita o canaeo de los hicsos. Scott no menciona a los hicsos en ningún momento de la película, lo cual sería salirse por completo del relato bíblico, y lo que el director de Blade Runner quiere es acercar lo más posible realidad y mito, pero sin desvirtuar el último hablando de otro pueblo distinto del israelita.

Si encontrar las huellas históricas de un éxodo es difícil, más aún lo es probar una intervención divina en el mismo. El Éxodo descifrado intenta demostrar que las diez plagas de Egipto fueron una serie de catástrofes provocadas por la erupción del volcán Santorini, en la costa griega. Es algo que se conoce científicamente como erupción límnica, y acaeció algo similar en el Lago Nyos (Camerún) en 1986. Ridley Scott no se adhiere por completo a esta tesis, pero sí ofrece una descripción muy interesante del desarrollo de las plagas, una serie de catástrofes naturales originadas por la muerte masiva de los peces del río Nilo. La última, la muerte de los primogénitos, la sigue remitiendo Scott a la decisión y autoría divinas, a diferencia del documental de Cameron, que se acoge a la teoría de la erupción límnica.

Aunque parezca que la línea de Scott quiera alejarse del relato bíblico y aportar una visión realista de lo que pudo suceder, en otro de los grandes milagros de la historia del Éxodo, la partición del mar, su visión es la más fiel a la Biblia jamás rodada. En las películas previas hemos visto que Moisés con un toque de su cayado provocaba una apertura instantánea del mar para que los israelitas cruzaran y escaparan del faraón. El libro del Éxodo habla de un lapso de tiempo, “un viento que sopló toda la noche, que dividió las aguas”, y en la película de Scott sucede algo similar, la partición no es instantánea y los israelitas comienzan a cruzar las aguas cuando aún la tierra no está seca.

El Moisés probable: rebelde, profeta y legislador

Moisés es el personaje central del Éxodo bíblico –junto a su hermano Aarón, su portavoz–. La figura de Moisés ha sido muy tratada e interpretada a lo largo de los últimos siglos. Según la Biblia, Moisés, presumiblemente tartamudo, fue criado en la corte de faraón y posteriormente se erigió en líder y legislador de un conjunto de tribus unidas bajo un mismo credo y pasado que salen de Egipto y cristalizan, durante su vagar en el desierto, en una nación. Que fuera príncipe de Egipto, o general, es algo que la ficción literaria y cinematográfica ha sugerido pero que ni los textos bíblicos muestran. Si bien podemos encontrar pruebas, aunque pocas y no absolutas, de un Éxodo israelita (o de varios), fuera de la Biblia no existen menciones a Moisés.

Es seguro que gozaba de posición entre la realeza egipcia, pero no tan alta como para que el faraón no le persiguiera por matar a un hombre que maltrataba a esclavos hebreos (razón por la que, según la Biblia, Moisés escapa de Egipto y se va a Madián). Sigmund Freud, en su libro Moisés y el monoteísmo, identifica al líder israelita con un noble o sacerdote de la corte de Akenatón, el faraón que quiso introducir reformas monoteístas. Según Freud, y mitólogos como Joseph Campbell, Moisés abandonaría Egipto tras el rechazo frontal a las reformas monoteístas de Akenatón y se llevaría con él a muchos esclavos; hipótesis que se apoya en las Cartas de Amarna, escritas por los nobles egipcios para Akenatón. Lo más curioso de estas cartas es la descripción de asaltantes habiru (protoisraelitas que, según grandes autoridades en historia del Antiguo Israel como Mario Liverani, Israel Finkelstein o Neil Silberman, son los primeros hebreos, provenientes de los altiplanos de Judea y Samaria) atacando territorio egipcio, lo que indica que una rebelión de un grupo de origen semita o cananeo contra Egipto tuvo lugar.

Scott en cambio dibuja a un Moisés liderando una rebelión contra Egipto, y dicha rebelión, como todas, debería tener un leitmotiv ideológico, que además de la liberación, presumimos, es el monoteísmo, una idea religiosa innovadora frente al politeísmo de los faraones. La Biblia así lo establece, cuando Moisés y Aarón piden al faraón que deje ir a su pueblo: siempre se olvida la segunda parte de la petición: para que podamos servir a nuestro Dios.

El Moisés de Exodus: Gods and Kings es de la nobleza, un general criado junto al heredero al trono que mediante la revelación divina, por medio de sueños y visiones, asume la misión de liberar a los esclavos de Egipto. Si Moisés fue un libertador, estar comandando por el mismísimo Dios de Abraham, Isaac y Jacob era una razón de peso para ganar el apoyo de los israelitas y mover a la rebelión contra el yugo del faraón.

Pero el de Scott no es un líder decidido, más bien es un estratega inteligente que no termina de creerse que un Dios, representado por un niño caprichoso y malicioso, le ordene liberar a su pueblo. Ver a Moisés discutir con este niño y recriminarle que haya tardado 400 años en acordarse de las penurias de los israelitas es tan alejado del relato bíblico que provoca risa incontenida, aunque encaja con la visión que Scott quiere ofrecer: un alto dirigente egipcio, hebreo de nacimiento, que por inspiración divina, a través de alucinaciones y sueños, lleva a cabo la misión de liberar a los esclavos israelitas enfrentándose con la nación más poderosa de la Tierra en aquel entonces.

Es tallando las Tablas de la Ley cuando Moisés le dice a Dios que está convencido de su tarea. Y es un momento al que la película debería haber dedicado más solemnidad, puesto que es el hecho fundante de las sociedades occidentales actuales: la consagración de una nación bajo una ley igual y común. Si Moisés fue un líder que liberó a su pueblo, el paso siguiente era establecer una ley para regirlo y, posteriormente, darle una tierra.

No es lo que buscamos

Desde un punto de vista académico e historicista, lo contado en Exodus: Gods and Kings es muy enriquecedor; pero no es, ciertamente, lo que buscamos cuando vamos a la sala de proyecciones. Buscamos un Moisés que se crea su papel, a un Dios omnipotente, unas plagas que sólo tengan explicación milagrosa y, sobre todo, que nos reafirmen el relato que nos han grabado en la mente durante el último siglo. Es así. Por eso la película no ha entusiasmado al gran público, porque no tiene épica.

En definitiva, Exodus: Gods and Kings intenta acercar realidad y mito, y muestra una visión más realista de uno de los relatos fundacionales de Occidente. Un Occidente que nació en Oriente Medio.