Contextos

Europa y su República Islámica imaginaria

Por Clifford D. May 

Hasán Ruhaní, presidente de Irán.
"Nuestros amigos del otro lado del Charco insisten en ver a los teócratas iraníes a través de un cristal de color rosa; blanquean o ignoran sus actividades malintencionadas e ilícitas"

A mediados de mes, la Unión Europea emitió un comunicado sobre el Plan de Acción Conjunto y Completo (PACC), el acuerdo sobre las armas nucleares iraníes alcanzado con los gobernantes de la República Islámica del que el presidente Trump se retiró hace tres meses.

“El PACC está funcionando y cumpliendo su objetivo [de] asegurar que el programa iraní sigue siendo exclusivamente pacífico, como confirmó la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA) en once informes consecutivos”, se afirmaba en el texto. “Es un elemento clave de la arquitectura global de la no proliferación nuclear, crucial para la seguridad de Europa, de la región y del mundo entero. Esperamos que Irán continúe cumpliendo plenamente sus compromisos nucleares de acuerdo con el PACC”.

Hay un problema: la declaración “induce totalmente a error”, según Olli Heinonen, que trabajó en la AIEA durante veintisiete años, desempeñando cargos como el de director general y el de jefe del Departamento de Salvaguardas. Actualmente es asesor sobre Ciencia y No Proliferación en la Foundation for Defense of Democracies (que presido) y profesor emérito en el Belfer Center for Science and International Affairs de la Universidad de Harvard.

Heinonen explica que, simplemente, la AIEA no ha dicho lo que la UE dice que ha dicho: “La AIEA sólo dijo en sus informes que ha seguido verificando el no desvío del material nuclear declarado, pero no ha confirmado que el programa iraní se mantenga en el ámbito exclusivamente pacífico”. Esa conclusión “sólo la podría dar la AIEA, según sus procedimientos y prácticas, cuando haya completado las evaluaciones sobre material o actividades nucleares no declarados (…) Según el último informe de la AIEA, del pasado 24 de mayo, esa evaluación sigue en curso”.

Heinonen señala también que Irán no ha desmantelado su programa nuclear, sino que “prosigue con el desarrollo de nuevas centrifugadoras, acumula uranio (concentrado) y construye infraestructura con sigilo”. Y añade que el archivo nuclear recientemente sustraído de Teherán por el Mosad israelí arroja “fuertes dudas sobre las intenciones de Irán”.

La UE parece decidida a soslayar esta información.

De forma más general, nuestros amigos del otro lado del Charco insisten en ver a los teócratas iraníes a través de un cristal de color rosa; blanquean o ignoran sus actividades malintencionadas e ilícitas.

A estas alturas, no hace falta recordar a nadie que esas actividades comprenden la financiación e instrucción de terroristas yihadistas en múltiples países; la facilitación de los asesinatos masivos de Bashar Asad en Siria; armar ilícitamente a los rebeldes huzis en el Yemen; respaldar a las organizaciones vinculadas a Al Qaeda en Afganistán; desarrollar misiles con capacidad de portar ojivas nucleares, amenazar el acceso a las vías marítimas internacionales y violar flagrantemente los derechos humanos más elementales en su territorio, donde lo último está siendo el encarcelamiento de cristianos bajo la extraña acusación de “orientación hacia la tierra del cristianismo”.

Ni siquiera los crímenes cometidos por Irán en suelo europeo han logrado causar impacto. A finales de junio, las fuerzas de seguridad belgas, francesas y alemanas desbarataron un plan para atentar contra una cumbre de disidentes iraníes en París, encuentro al que también asistían destacadas personalidades europeas y estadounidenses.

El presunto cerebro de ese intento de atentado es Asadolá Asadi, diplomático iraní residente en Viena. Detenido en Alemania, donde no goza de inmunidad diplomática, se supo que había reclutado a ciudadanos belgas de origen iraní y les había suministrado explosivos en una reunión en Luxemburgo.

Unas semanas después, los holandeses expulsaron a dos diplomáticos iraníes relacionados con el asesinato del disidente Ahmad Mola Nisi.

Simples gotas en un siniestro mar: agentes de la República Islámica han cometido crímenes y actos terroristas en Europa desde hace décadas, según se explica en un informe publicado en julio por el Centro Nacional Antiterrorista de EEUU y titulado Select Iran-Sponsored Operational Activity in Europe, 1979-2018 (“Actividad de operaciones especiales patrocinadas por Irán en Europa, 1979-2018”):

El régimen iraní ha llevado sufrimiento y muerte al mundo y a su propio pueblo. Sólo en Europa, los asesinatos, atentados con bomba y demás ataques terroristas se han cobrado innumerables vidas.

Sin embargo, la jefa de Exteriores de la UE, Federica Mogherini, fue todo sonrisas y afabilidad cuando se reunió con el ministro de Exteriores iraní, Javad Zarif, el mes pasado en Viena. En una entrevista con The Wall Street Journal, un funcionario francés no identificado aportó una razón por la que los europeos no piden cuentas a los gobernantes iraníes. Preguntado por el intento de atentado en París, declaró: “Cabe imaginar que una facción ultranacionalista lleve a cabo una operación para generar tensiones”. Lo cual me recordó la vieja canción que dice: “La imaginación está loca./ Toda tu perspectiva se vuelve borrosa./ Empiezas a deshojar la margarita./ ¿Qué hacer, qué hacer?”.

Quizá fue una margarita la que le dijo a la UE que intentara aliviar la presión de las sanciones que la Administración Trump ha empezado a reimponer a los mulás que gobiernan Irán. Oficialmente, la UE “prohíbe a los sujetos de la UE que cumplan esas sanciones, salvo que en casos excepcionales se les autorice a ello”. Tales desvelos están siendo infructuosos, porque son pocas las empresas europeas dispuestas a verse excluidas del mercado americano.

Para ser justos, un colega europeo ha sugerido una caritativa explicación para la conducta de los funcionarios de la UE: simplemente están jugando a poli bueno y poli malo con Trump. Están manteniendo un diálogo diplomático con el régimen clerical y, tal vez, haciendo que ejerza cierta contención y retrase algunos aspectos de su programa de armas nucleares.

¿Les convence? Tampoco a mí. Lo más plausible, creo, es que los líderes alemanes, franceses y británicos hayan formulado políticas movidos por el desagrado visceral que les provoca el presidente Trump, por su renuencia a admitir que toleraron el PACC del presidente Obama a pesar de ser lo suficientemente inteligentes para reconocer sus fatales defectos y por su fe —que no ha menguado con el tiempo y la experiencia— en la eficacia del apaciguamiento.

© Versión original (en inglés): Foundation for Defense of Democracies (FDD)
© Versión en español: Revista El Medio