Contextos

Europa y Hezbolá

Por Pablo Molina 

Logo de Hezbolá.
"Después de tres décadas de actividad delictiva en suelo europeo, el pasado 22 de julio la Unión Europea tomó la decisión de incluir al brazo armado de la organización chií Hezbolá en su listado de grupos terroristas""Holanda es, hasta el momento, el único país de la UE que ha situado fuera de la ley a Hezbolá en su conjunto, sin distinguir entre sus diferentes ramas""Sigue habiendo posibilidades de que la UE ilegalice completamente a Hezbolá. Lo hizo con Hamás en 2003, eliminando la supuesta distinción entre el trabajo político y la actividad terrorista"

El pasado 22 de julio la Unión Europea tomó la decisión de incluir al brazo armado de la organización chií Hezbolá en su listado de grupos terroristas. Después de tres décadas de actividad delictiva en suelo europeo, la UE adoptó así la primera medida conjunta contra la franquicia libanesa del régimen iraní.

El proceso que ha llevado finalmente a la ilegalización de una parte de Hezbolá comenzó exactamente un año antes, en julio de 2012, con la acusación formal planteada por Jerusalén y Washington de ser el grupo responsable del atentado contra un autobús de turistas israelíes en la localidad búlgara de Burqas, con el resultado de seis muertos y 32 heridos.

Un mes después del atentado, Erato Kozarou-Marcoullis, ministro de Exteriores de Chipre, que en esos momentos ostentaba la Presidencia rotatoria de la Unión, manifestó a su homólogo israelí en una reunión convocada al efecto: “La libanesa Hezbolá es una organización que comprende un partido político y una red de servicios sociales”, por lo que tan sólo en el caso de que hubiera pruebas tangibles de que esté involucrada en actos terroristas se consideraría la posibilidad de incluirla en el listado de este tipo de organizaciones.

La casualidad quiso que la primera prueba de la actividad terrorista de Hezbolá surgiera precisamente en el país de Kozakou-Marcoullis. Muy poco después de esas declaraciones los tribunales chipriotas mandaban a la cárcel a Hasán Taleb Yacub, ciudadano con doble nacionalidad sueca y libanesa, por planear la comisión de actos terroristas contra israelíes en la isla. El terrorista declararía más tarde, ya en prisión, que su labor de recopilar información sobre objetivos israelíes es lo que su organización hace en “todas las partes del mundo”.

Al atentado de Bulgaria y los intentos de cometer acciones terroristas en Chipre se sumó más tarde la participación de Hezbolá en la guerra de Siria al lado del dictador Bashar al Asad. La suma de estos tres factores llevó finalmente a la UE a tomar la decisión de ilegalizar Hezbolá, pero sólo a su brazo armado.

Al margen de esta discreta condena conjunta de los socios europeos, otros países han adoptado sus propias medidas contra la organización chií libanesa… de forma tan dispar como acreditan los casos de Holanda y Francia, tal vez los dos extremos de la política europea contra el terrorismo sectario de origen chií.

Holanda es, hasta el momento, el único país de la UE que ha situado fuera de la ley a Hezbolá en su conjunto, sin distinguir entre sus diferentes ramas. Lo hizo en 2004, cuando sus servicios de inteligencia demostraron que el brazo armado del Partido de Dios, la Organización de Seguridad Externa, era responsable de la comisión de numerosos actos terroristas y, lo que resulta crucial, que las alas política y terrorista estaban controladas por un mismo “consejo de coordinación”, lo que demostraba que no había distinción posible. Francia, por su parte, ha sido el país más reacio a tomar medidas contra el grupo chií por sus estrechos lazos con el Líbano, que podrían verse afectados en caso de que actuara contra una organización que, en última instancia, forma parte del Gobierno del país del Cedro.

El resto de los miembros de la UE se mueve en un terreno intermedio. Todos ellos están dispuestos a actuar contra Hezbolá, pero sólo en caso de que se verifique su participación en actividades delictivas en suelo europeo; y, aun así, con reticencias palpables a la hora de considerar a Hezbolá como un todo. La decisión del pasado 22 de julio fue adoptada bajo ese prisma, pues la UE se sigue negando a aceptar que Hezbolá es una organización monolítica y que la existencia de un ala dedicada a actividades políticas y sociales y otra convertida en una milicia terrorista no es más que un reparto de funciones para la consecución de un objetivo común.

Los propios líderes de Hezbolá se han encargado de negar esta presunta separación. Así, Mohamed Fanish, miembro del comité político y exministro libanés de Energía, ha llegado a afirmar: “Puedo decir que no hay separación entre las ramas política y militar de Hezbolá”, y Naím Qasem, segunda autoridad del grupo, en declaraciones al diario norteamericano Los Ángeles Times aclaró: “El mismo liderazgo que dirige las tareas parlamentarias y de gobierno dirige también las actividades de la yihad contra Israel”. El mismo personaje insistía en octubre de 2012: “No tenemos una rama militar y otra política. No está de un lado Hezbolá y de otro el partido de la resistencia. Cada elemento, desde los comandantes a los miembros de base, pasando por nuestras instalaciones y medios militares, están al servicio de la resistencia armada y no tenemos otra prioridad”.

Hay docenas de declaraciones similares por parte de dirigentes cualificados de Hezbolá, acreditando que la separación es una falacia para justificar la inacción de Europa, continente donde Hezbolá mantiene aún hoy redes operativas, aprovechándose de esta falsa dicotomía. Es lo que ocurre con sus operaciones para captar fondos con destino a la milicia terrorista, desarrolladas sobre todo en Alemania, que la organización camufla como ayuda para actividades sociales, haciendo prácticamente imposible a las autoridades dar cumplimiento al mandato europeo del 22 de julio, en virtud del cual los fondos y bienes de Hezbolá han de ser congelados… pero sólo los que estén probadamente vinculados con su brazo armado.

A pesar de todo, sigue habiendo posibilidades de que la UE ilegalice completamente a Hezbolá. Lo hizo con Hamás en 2003, eliminando la supuesta distinción entre el trabajo político y la actividad terrorista. Previamente había puesto fuera de la ley la rama militar; pero la campaña de atentados terroristas suicidas contra israelíes para boicotear el proceso de paz llevó a la UE a extender la sanción también a la rama política.

La presencia de Hezbolá en el avispero sirio y su capacidad para desestabilizar toda la zona en nombre de Irán podría precipitar que se haga algo parecido a lo que se hizo con Hamás. No porque los elementos de prueba –a día de hoy, ya más que suficientes– hayan variado, sino por mero cálculo político, en previsión de que ocurra un mal mayor. El desenlace de la crisis siria será la clave para que la Unión Europea modifique el estatus de Hezbolá y la considere como lo que realmente es y sus dirigentes no se cansan de proclamar: un todo individible.

PS: Quien quiera saber más sobre la “falsa distinción” entre la Hezbolá política y la militar, que lea este sustancioso documento (en inglés) que ha preparado Benjamin Weinthal para la Friends of Israel Initiative.