Revista de Prensa

Europa: deja de financiar el terrorismo

 

Bajo este título, Judith Bergman da cuenta de la manera en que diversos Gobiernos europeos apoyan a las organizaciones responsables de promover la violencia palestina contra civiles judíos y denuncia el doble rasero europeo en lo relacionado con la lucha contra el terrorismo. Un doble rasero, advierte, suicida.

En el Reino Unido, la financiación de terroristas por parte de los contribuyentes ha causado más revuelo. El ‘Daily Mail’ recogió la historia de cómo dos terroristas palestinos que casi matan a la guía turística Kay Wilson y secuestraron con éxito a su amiga Kristine Luken para matarla están recibiendo una ayuda anual de 9.000 libras de la Autoridad Palestina, que los contribuyentes británicos financian con más de 24 millones de libras cada año.

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Europa está sufriendo ataques terroristas a gran escala en su propio territorio y esos ataques no van a disminuir en el futuro. Hasta que aprenda que no hay un “terrorismo bueno” y un “terrorismo malo”, no podrá ni siquiera comenzar a soñar con derrotarlo. Las probabilidades de que Europa aprenda alguna vez esta lección, sin embargo, no son prometedoras.

Isi Leibler incide en la ominosa circunstancia de que el Consejo de Derechos Humanos albergue execrables tiranías de países musulmanes que lo han convertido en una plataforma para el ataque permanente contra Israel, la única democracia de Oriente Medio.

De hecho, el Consejo de Derechos Humanos ha aprobado más resoluciones de condena a Israel en la pasada década que al resto de [países]. Y ello a pesar de que los países que lideran las acusaciones contra Israel están involucrados en horribles violaciones de derechos humanos. Y ello a pesar de que en Siria, país vecino de Israel, centenares de miles de personas han sido asesinadas y millones intentan abandonar el país mientras el Ejército de Bashar al Asad y el Estado Islámico masacran comunidades enteras.

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En estos momentos, la ONU incuba el mal y proporciona legitimidad a las tiranías. Si esto no cambia, EEUU y otros países democráticos tienen la obligación de condenar esas conductas patológicas y, si fuera necesario, establecer una asociación global de democracias que promuevan los derechos humanos y combatan el terrorismo.

Micah Zenko recopila en esta pieza el enredo interesado que interpretaron Barack Obama y Hillary Clinton para evitar reconocer el objetivo último de la intervención: acabar con el régimen del siniestro Gadafi. A su juicio, el verdadero fin de esa acción militar estaba previsto desde el principio.

En verdad, la intervención libia estuvo dirigida desde su inicio para cambiar el régimen. La amenaza que el Ejército del régimen libio y las fuerzas paramilitares suponían para las áreas pobladas había sido limitada en los primeros diez días por los ataques aéreos de la OTAN y las tropas de los movimientos rebeldes.
Después, la OTAN comenzó a proporcionar apoyo directo para el avance de las fuerzas rebeldes que atacaban a las tropas gubernamentales, que estaban realmente en retirada y habían abandonado sus vehículos. Oportunamente, el 20 de octubre de 2011, un drone ‘Predator’ de EEUU y un avión de combate francés atacaron un convoy de leales al régimen que trataban de sacar a Gadafi de su localidad natal de Sirte. El dictador fue herido en el ataque, capturado vivo y asesinado extrajudicialmente por las fuerzas rebeldes.