Contextos

Estados Unidos y el rompecabezas egipcio

Por Clifford D. May 

El general Sisi, presidente de Egipto.
"La crisis en Egipto está creando compañeros de cama muy extraños""En realidad, Morsi sólo cometió un fallo: no fue lo suficientemente falso. No pudo molestarse en fingir, ni siquiera durante un breve periodo de tiempo, que no le importaban un bledo los derechos y las libertades, el sistema de contrapesos, el imperio de la ley y el bienestar económico de sus compatriotas""Sin duda, Sisi está lanzando a sus enemigos el mensaje de que es un hombre duro, no un blandengue occidentalizado de los de 'demos una oportunidad a la paz'""A estas alturas tendría que ser evidente que nunca hubo una Primavera Árabe, el florecimiento de una nueva época de libertad. Tampoco hay un Despertar Árabe, un amplio reconocimiento de que la paz, la prosperidad y la dignidad pueden lograrse estableciendo gobiernos liberal-demócratas"

El presidente Obama quiere mantener las ayudas a los nuevos dirigentes militares de Egipto. También lo quiere el exembajador John Bolton. El congresista demócrata (y musulmán) Keith Ellison quiere interrumpirlas, lo mismo que el senador John McCain, considerado a menudo un intervencionista, y el senador Ron Paul, calificado de aislacionista. En otras palabras, la crisis en Egipto está creando compañeros de cama muy extraños. Yo no me siento a gusto con nadie.

Tomemos, por ejemplo, al Grupo de Trabajo sobre Egipto, más de una docena de inteligentes estudiosos y experimentados expertos en política exterior procedentes de ambos partidos. Una declaración publicada por ellos la semana pasada comienza así: “Pese a los errores cometidos por el expresidente Mohamed Morsi y por los Hermanos Musulmanes durante el pasado año, y a pesar de la incitación a la violencia manifestada por algunos partidarios de los Hermanos…”. ¿Pese a los errores? ¿Debemos entender que, al apropiarse de poderes faraónicos, socavar el poder judicial, encarcelar a periodistas (incluso a humoristas), perseguir a los cristianos y hundir la economía, Morsi estaba cometiendo sólo unos pocos errores de novato?

En realidad, Morsi únicamente cometió un fallo: no fue lo suficientemente falso. No pudo molestarse en fingir, ni siquiera durante un breve periodo de tiempo, que no le importaban un bledo los derechos y las libertades, el sistema de contrapesos, el imperio de la ley y el bienestar económico de sus compatriotas. Su meta era establecer un Estado islamista, una autocracia de los Hermanos Musulmanes, con él como líder supremo. Quería lograrlo lo más rápidamente posible. ¿Es que no está claro para cualquiera que tenga ojos?

¿Y qué quiere decir el Grupo de Trabajo con lo de que “algunos partidarios de los Hermanos” han sido causantes de incitación y de violencia? ¿Eran sólo partidarios, y no los propios Hermanos Musulmanes, los que empuñaban ametralladoras, incendiaban iglesias y humillaban a monjas? ¿Otros Hermanos y sus partidarios se indignaron ante semejante comportamiento y firmaron anuncios en los periódicos egipcios del tipo “¡En nuestro nombre, no!”?

Por otra parte, no estoy del lado de quienes aplauden y recompensarían al general Abdel Fatah al Sisi por una represión que acabó con más de mil muertos; la mayoría de ellos en batallas callejeras, cierto, pero fueron decenas los que murieron mientras estaban bajo custodia.

Sin duda, Sisi está lanzando a sus enemigos el mensaje de que es un hombre duro, no un blandengue occidentalizado de los de “Demos una oportunidad a la paz”. A la vista de todo ello, no veo cómo el presidente Obama no podría no haber cancelado las maniobras previstas con el Ejército egipcio. (Por cierto, ¿esas maniobras son para preparar a las Fuerzas Armadas en caso de invasión de qué vecino?).

Los editorialistas del Wall Street Journal, que también son un grupo muy sagaz, argumentan en contra de ir más allá y cortar la ayuda a Egipto; dicen que, si bien hacerlo “brindaría cierta satisfacción moral a corto plazo, no haría que el general Sisi estuviera más dispuesto a permitir una transición democrática”. Me parece que aquí se pasa por alto un aspecto fundamental: la ley estadounidense obliga a que se interrumpa la ayuda tras un golpe militar. Y, pese a los obvios quebraderos de cabeza de la Casa Blanca, lo que ha ocurrido en Egipto es un golpe militar. No hay dudas razonables al respecto.

¿No habría sido una lección objetiva útil que Obama hubiera dicho que, como cualquier otro ciudadano americano, está obligado a cumplir la ley? Si cree que es una ley mala –yo tendería a estar de acuerdo–, entonces podría trabajar con el Congreso para derogarla o enmendarla. Así es como se supone que funciona la forma de democrática de gobernar.

Y mientras está reunido con los legisladores, ¿por qué no acordar también una serie de condiciones que el Gobierno militar de Egipto debería cumplir antes de enviar el próximo cheque o F-16? La ayuda nunca debería convertirse en un derecho. Los contribuyentes norteamericanos merecen saber con exactitud qué están financiando, algo que con demasiada frecuencia no sucede.

La opinión generalizada sostiene que el dinero estadounidense impide que los militares egipcios hagan trizas el tratado de paz con Israel. Es más plausible que los generales egipcios se den cuenta de que otro conflicto con el Estado judío concluiría con su derrota y humillación y, quizá, con el regreso israelí a territorio egipcio –al Sinaí, en particular–. Si esta tesis es correcta, sugiere que la forma más efectiva de preservar la paz es reforzar a Israel, mejorando su ventaja bélica cualitativa frente a potenciales adversarios, en vez de enviar dinero, tanques, cazas y helicópteros al general Sisi y sus amigos.

Último punto: está teniendo lugar un gran levantamiento histórico, no sólo en Egipto sino en todo el mundo islámico. A estas alturas tendría que ser evidente que nunca hubo una Primavera Árabe, el florecimiento de una nueva época de libertad. Tampoco hay un Despertar Árabe, un amplio reconocimiento de que la paz, la prosperidad y la dignidad pueden lograrse estableciendo gobiernos liberal-demócratas. ¿Qué es lo que estamos viendo, en vez de eso? Ira, frustración y ambición en el seno de unas sociedades que se han vuelto terriblemente disfuncionales, y en las que han arraigado ideologías ponzoñosas basadas en sueños de conquista y gloria, mezcladas con nostalgia por un pasado imaginario.

Tanto las expectativas como las políticas norteamericanas necesitan ser reajustadas. Si los generales egipcios pueden ser persuadidos para que consideren que su misión inmediata es pacificar el país, comenzar el proceso de recuperación económica, proteger a las minorías y garantizar los derechos básicos, incluso mientras luchan contra los islamistas radicales, supremacistas y antidemocráticos –lo que supone mantener un delicado equilibrio, eso está claro–, ayudarles será algo que vaya en nuestro propio interés.

Hace cuatro años, en El Cairo, el presidente Obama pronunció el que él creía iba a ser un discurso fundamental. Con miembros de los Hermanos Musulmanes invitados a ocupar la primera fila, dijo:

La historia de la Humanidad ha sido a menudo una sucesión de naciones y tribus que someten las unas a las otras para servir a sus propios intereses. Pero en esta nueva era, esas actitudes son autodestructivas (…) Nuestros problemas deben afrontarse mediante la colaboración; el progreso debe compartirse.

Son nobles sentimientos, a los que estoy seguro que correspondieron algunos egipcios. Ellos merecen nuestra amistad y nuestro apoyo. Pero seamos realistas: pase lo que pase, esos egipcios no van a ocupar puestos de mando en un futuro inmediato.

Foundation for Defense of Democracies