Contextos

¿Está precipitando Kerry una nueva intifada?

Por Jonathan S. Tobin 

Secretary Of State John Kerry Speaks On The Middle East Peace Process
"El reciente aumento de violencia antiisraelí en la Margen Occidental podría indicar que hay otra intifada a la vista para el año que viene, una vez que el disparate de Kerry toque a su fin""Al aumentar las esperanzas de los palestinos sin que haya medios para satisfacerlas, a falta de pruebas de que su sociedad haya experimentado el cambio radical necesario para que la paz sea posible, el norteamericano ha incrementado la probabilidad de que haya violencia"

Decir que son pocos los israelíes que creen que las actuales negociaciones de paz con los palestinos tienen alguna posibilidad de éxito es quedarse corto. Como respuesta a la aprobación por  la Knéset de una ley que dificulte al Gobierno una futura división de Jerusalén, la líder de la oposición Shelly Yacimovich se burló del debate, considerándolo un ejercicio vano. Dijo que perder el tiempo con ello era ridículo, “como si pensáramos que la paz está al caer (…) cuando sabemos que las conversaciones van a paso de tortuga”. Pero no todo el mundo considera que estas conversaciones, impuestas a las partes por el secretario de Estado John Kerry, sean intrascendentes. Yuval Diskin, un antiguo director de la agencia de seguridad israelí Shin Bet, sostiene que el resultado neto del fracaso a cámara lenta que es el intento de Kerry de impulsar la paz cuando nadie más que él creía que era el momento adecuado, podría ser otro estallido de violencia.

Diskin, cuyas ideas lo sitúan a la izquierda del espectro político israelí, dijo que el reciente aumento de violencia antiisraelí en la Margen Occidental podría indicar que hay otra intifada a la vista para el año que viene, una vez que el disparate de Kerry toque a su fin. El antiguo director del Shin Bet declaró en una conferencia ante la División Presupuestaria del Ministerio de Finanzas:

En nuestra situación se dan todas las condiciones para que las masas palestinas se alcen. En la Margen Occidental crecen la intensa tensión y la frustración entre los palestinos, que creen que les están robando su tierra, que el Estado por el que luchan se aleja, y que la economía ya no es algo con lo que puedan consolarse.

Las ideas de Diskin sobre lo que debería hacer su país respecto a este punto muerto se salen de lo corriente, pues se muestra a favor de hacer unas concesiones a las que pocos israelíes están actualmente dispuestos. Pero sus temores acerca de cómo se está desarrollando el proceso y del error de juicio de Kerry al excluir de las conversaciones a los países vecinos podrían reflejar un consenso más amplio:

 Debemos hacer que Egipto y Jordania se sumen a las fases iniciales del proceso de negociación. Su entrada en esta historia legitimará a Abás para que adopte decisiones trascendentales.

Es dudoso que algo pueda hacer que Abás se juegue su futuro accediendo a algo que reconozca la legitimidad de un Estado judío, sin que importe dónde se trazaran las fronteras de éste en cualquier acuerdo. El mismo sentimiento palestino que impulsa la exigencia de más violencia está proporcionando, como escribí anteayer, la única chispa de esperanza que les queda a los asediados rivales de Abás en Hamás. Además, brinda al Movimiento de Resistencia Islámico palestino y a elementos intransigentes de Fatah, el partido de Abás, un poder de veto virtual sobre la paz, que el líder de la Autoridad Palestina está desafiando por su cuenta y riesgo.

Pero la principal conclusión que podemos extraer de las advertencias de Diskin es que lo que ha hecho Kerry es poner en marcha una cadena de acontecimientos que puede tener consecuencias impredecibles. La presencia de egipcios y jordanos no contribuirá a que a Abás le crezcan las  agallas. Pero al aumentar las esperanzas de los palestinos sin que haya medios para satisfacerlas, a falta de pruebas de que su sociedad haya experimentado el cambio radical necesario para que la paz sea posible, el norteamericano ha incrementado la probabilidad de que haya violencia. La Administración ha actuado a veces como si la iniciativa del secretario de Estado fuera una tentativa sin coste alguno que el presidente puede abandonar sin que haya consecuencias. Pero, como bien señala Diskin, puede que el precio de la insensatez de Kerry se pague con sangre.

Commentary