Contextos

¿Está ganando Asad?

Por Lee Smith 

Bashar al Asad.
"'Desde el principio, Asad ha ofrecido una clara versión del conflicto, según la cual su régimen se enfrenta al ataque de una alianza de terroristas yihadistas', apunta Jonathan Spyer""Las campañas informativas del dirigente sirio están dirigidas en buena medida a la sensibilidad estadounidense, y aprovechan no sólo la desconfianza de la Administración Obama, sino los miedos y preocupaciones del público americano""El objetivo último del Bloque de la Resistencia no son los rebeldes sirios, sino la posición de EEUU en Oriente Medio, así como nuestros aliados, empezando por Estados árabes como Jordania y por nuestro socio clave en la zona, Israel"

Jonathan Spyer explica cómo es posible que el presidente Bashar al Asad pueda llevar la delantera en el conflicto sirio, que dura ya dos años. “Las fuerzas del régimen han recuperado zonas donde recientemente se habían producido avances rebeldes”, escribe Spyer en el Jerusalem Post. “El bando gubernamental, obviamente bajo tutela iraní, ha demostrado poseer una impresionante e inesperada capacidad de adaptación a las cambiantes circunstancias bélicas”.

Spyer señala que, en la batalla por Damasco, las fuerzas de Asad cuentan con la ayuda de Hezbolá y de fuerzas paramilitares entrenadas por los iraníes. “Pero la recuperación del régimen no sólo se ha producido en los campos de batalla”, añade. “Desde el principio, Asad ha ofrecido una clara versión del conflicto, según la cual su régimen se enfrenta al ataque de una alianza de terroristas yihadistas”.

La ironía, comenta Spyer, es que en el pasado Asad se alió con militantes suníes; por ejemplo, cuando facilitó la entrada de combatientes extranjeros en Irak para que lucharan contra las fuerzas estadounidenses allí desplegadas. Sea como fuere, la versión de Asad está encontrando una audiencia comprensiva en Occidente, donde el ataque a la maratón de Boston “han vuelto el interés hacia la amenaza del terrorismo yihadista suní”.

El discurso del régimen se ha unido al referido ataque, del que se destaca que sus autores eran chechenos. El mes pasado, dos obispos ortodoxos fueron secuestrados en el norte de Siria, supuestamente por chechenos. Parece que se trata de elementos islamistas del norte del Cáucaso, pero Aaron Zelin, miembro del Washington Institute for Near East Policy, ha declarado a Al Monitor que no debería sobreestimarse el número y el papel de los combatientes de esa región: “Hay países con una importancia cuantitativa muy superior”.

Es posible que, en efecto, un grupo checheno fuera responsable del secuestro de los obispos, pero si tenemos en cuenta cómo el régimen y sus aliados se han servido de esta clase de actos durante las últimas décadas para enviar mensajes políticos, es igualmente posible que se trate de una operación de las fuerzas de Asad. En cualquier caso, esta historia sirve como recordatorio de que el régimen baazista tiene en cuenta a los medios de comunicación estadounidenses, donde los atentados de Boston han dominado el panorama durante las tres últimas semanas.

Asad sabe que gran parte de su lucha consiste en mantener a la Casa Blanca al margen y evitar que ésta incline la balanza de poder en su contra en el campo de batalla, aportando dinero, armas y la consiguiente estructura de mando. Por tanto, las campañas informativas del dirigente sirio están dirigidas en buena medida a la sensibilidad estadounidense, y aprovechan no sólo la desconfianza de la Administración Obama, sino los miedos y preocupaciones del público americano. Así, pretende que la moraleja sea ésta: ¿por qué los estadounidenses iban a querer apoyar en Siria a la misma gente que pone bombas en una de sus ciudades? Los americanos no se dan cuenta de que, como estoy luchando contra esos mismos individuos, básicamente soy un aliado suyo.

La campaña informativa de Asad forma parte de una guerra mayor, en la que, como escribe Spyer, Rusia, Irán, su peón Hezbolá y el Gobierno iraquí de Maliki desempeñan un papel esencial.  El objetivo último del Bloque de la Resistencia no son los rebeldes sirios, sino los intereses occidentales, especialmente la posición de EEUU en Oriente Medio, así como nuestros aliados, empezando por Estados árabes como Jordania y nuestro socio clave en la zona, Israel.

“Sólo un nivel comparable de cohesión y compromiso por parte de los rebeldes y de sus partidarios podría (…) acabar, finalmente, con el régimen”, concluye Spyer. Ahora bien, “no hay indicios de que vaya a darse”. Así las cosas, “Asad no está ganando, pese al renovado optimismo de sus partidarios, pero, ahora mismo, tampoco está perdiendo”.

The Weekly Standard