Revista de Prensa

¿Está funcionando la estrategia de Abás?

 

El presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abás.

Grant Rumley y Adam Rasgom, de la Foundation for Defense of Democracies, cuestionan la efectividad de los planes del rais de dar pasos unilaterales en la escena internacional para la creación del Estado palestino.

Durante años, cada paso en la campaña internacional de los palestinos ha tenido un plan B. Después de fracasar ante el Consejo de Seguridad de la ONU en 2011, los palestinos lo intentaron en la Asamblea General en 2012. Tras unirse a varios organismos internacionales en 2014, los palestinos volvieron a dirigirse al Consejo de Seguridad. Después de fracasar en la obtención de ese voto [para su reconocimiento como Estado], Abás firmó el Convenio de Roma y se unió a la Corte Penal Internacional. Ahora, como el ingreso en la CPI no rinde los beneficios que esperaba Abás, los palestinos llevan tiempo sin un plan de contingencia. La conferencia de Francia (…) puede desembocar en otra cumbre y finalmente llegar al Consejo de Seguridad, pero ese plan probablemente es sólo para enfrentarse a Israel y, por tanto, será poco más que otro jalón en la fallida campaña diplomática palestina por la estadidad.

El objetivo estratégico, claramente, es transformar la opinión pública internacional favorable en un marco internacional tangible para la creación del Estado (…) puede [parecer] la única opción válida para un liderazgo palestino a la deriva, pero hasta el momento ha resultado infructuosa, lo ha alejado de la opinión pública palestina y ha enfadado a los aliados tradicionales en la región.

Azim Ibrahim, del Strategic Studies Institute, advierte de la dramática situación que viven ambos países –así como Turquía– como consecuencia de la gran cantidad de refugiados que albergan.

El caldero de la violencia en Siria e Irak está todavía hirviendo y continuará derramando oleadas de refugiados en los próximos tiempos. En breve, si no se hace nada, los países que han soportado la mayor carga humanitaria pueden verse desestabilizados, agravando la crisis de refugiados más allá de nuestras peores pesadillas. ¿Cuánto tiempo más vamos a escudarnos en las lamentables cifras de nuestras economías, que podrían fácilmente absorber a esas personas, mientras nos quedamos de brazos cruzados y permitimos que las causas de esta crisis sigan empeorando?

Porque, en lo que respecta a las verdaderas soluciones, no tenemos nada. Ningún plan sustancial para frenar el conflicto en Siria e Irak. Ningún proyecto de ayuda a Turquía, Líbano y Jordania para aliviar las tensiones financieras a que se están enfrentando a causa del esfuerzo que están llevando a cabo. Ningún plan para soportar parte del peso que están soportando, aceptando más refugiados que los que llegan a nuestras costas en barco. Nada.

David Schenker, del Washington Institute, conecta en este artículo el conflicto sirio con el incremento de la actividad terrorista islamista en suelo jordano, al tiempo que denuncia el abandono del reino hachemita por parte de la Administración Obama.

Jordania es el mejor aliado árabe de Washington y es un socio clave en la campaña contra el Estado Islámico en Siria, pues proporciona a EEUU y a los otros Estados occidentales bases aéreas y apoyo operativo esencial. Más importante, el rey Abdalá de Jordania ha estado liderando los llamamientos a la moderación regional [y] a contrarrestar la cosmovisión de Estado Islámico/Al Qaeda. Reconociendo la importancia del reino, EEUU le proporciona más de 1.ooo millones de dólares anuales en asistencia económica y militar, así como en apoyo para la absorción de refugiados.

Llegados a este punto, sin embargo, el dinero sólo no es la respuesta al problema terrorista jordano. Transcurridos cinco años de revuelta, la continua indiferencia de la Administración Obama está teniendo un impacto pernicioso en la seguridad del reino. Cuanto más dure la guerra en Siria, más riesgo de desbordamiento ideológico islamista pesará sobre Jordania.