Contextos

Esa crisis humanitaria de Gaza

Por Jonathan S. Tobin 

Túnel de contrabando entre Gaza y Egipto
"Israel jamás interrumpió la entrada de alimentos o medicinas en el enclave gobernado por Hamás, ni siquiera cuando sus comunidades del sur eran azotadas a diario por misiles terroristas""La cuestión principal, que se ha disimulado con intentos -a menudo poco sinceros- de exagerar la preocupación por la población de Gaza, es que el territorio es gobernado por un grupo terrorista que se hizo con el poder mediante la violencia y mantiene el control del mismo modo""Por mucho que los acontecimientos en El Cairo y otros lugares hayan debilitado a Hamás, habrá que asumir que, mientras los palestinos sigan honrando a quienes ataquen a los judíos, el Movimiento Islámico de Liberación palestino seguirá tratando de derramar más sangre"

Aunque hace ya mucho que se desmontó esa historia, que no era sino descarada propaganda, buena parte de la comunidad internacional sigue hablando de la crisis humanitaria de Gaza. Israel jamás interrumpió la entrada de alimentos o medicinas en el enclave gobernado por Hamás, ni siquiera cuando sus comunidades del sur eran azotadas a diario por misiles terroristas. Pero sí que trató de poner imponer el bloqueo del pseudoestado terrorista para prevenir la importación de materiales de construcción que pudieran emplearse para fines militares. Debido a la presión internacional, Israel suavizó el bloqueo para permitir la entrada de cemento en la Franja, material que, supuestamente, era necesario para reconstruir las estructuras afectadas durante la lucha con Hamás. Como ha sucedido con muchas otras posturas israelíes sobre cuestiones de seguridad, la mayoría de los medios trataron sus quejas respecto a permitir la entrada de suministros en Gaza como meras mezquindades más que como algo fundado en un verdadero peligro.

Pero a quienes asumieron que el cemento sería usado para ayudar a la gente de Gaza les abrieron los ojos el pasado domingo, cuando los israelíes revelaron el hallazgo de un túnel que Hamás estaba excavando bajo la frontera con el Estado judío. La estructura tenía 18 metros de profundidad y 1.700 de longitud (incluidos 300 bajo territorio israelí). El túnel, construido con 500 toneladas de cemento que se permitió introducir en Gaza para fines civiles, tenía una finalidad muy clara: proporcionar a los terroristas fácil acceso a territorio de Israel para matar y/o secuestrar a sus habitantes. Entonces, ¿todos los que se opusieron al bloqueo israelí de Gaza se darán cuenta ahora de que estaban equivocados? No cuenten con ello.

La construcción de túneles es un gran negocio en Gaza, y la mayor parte de la cobertura que se da al tema gira en torno a cómo se usan para introducir bienes de consumo y otros artículos desde Egipto, una práctica que el Gobierno militar de El Cairo ha hecho más difícil. Pero la cuestión principal, que se ha disimulado con intentos -a menudo poco sinceros- de exagerar la preocupación por la población de Gaza, es que el territorio es gobernado por un grupo terrorista que se hizo con el poder mediante la violencia y mantiene el control del mismo modo.

Como señala The New York Times, el nuevo túnel del terror no está lejos del lugar donde se encontraba uno similar, empleado por Hamás en 2006 para infiltrar asesinos en Israel, los cuales mataron a dos soldados israelíes y secuestraron a un tercero, Gilad Shalit. Shalit estuvo prisionero en Gaza durante cinco años antes de ser liberado a cambio de la excarcelación de más de 1.000 terroristas por parte de Israel.

Si Hamás espera repetir ese crimen es porque se encuentra sometida a diversas fuentes de presión. La ruptura con sus antiguos patrocinadores iraníes a causa de la guerra en Siria tuvo como resultado una disminución de la ayuda proporcionada por Teherán al Gobierno terrorista, la cual no se ha visto completamente compensada por sus aliados turcos. El golpe que derrocó al Gobierno de los Hermanos Musulmanes en Egipto también es un problema para Hamás, pese a que el régimen de Morsi no le brindó tanto apoyo como esperaba. Y, lo que es igual de importante, la necesidad de respetar un alto el fuego con Israel antes que afrontar una contraofensiva de sus Fuerzas de Defensa ha menoscabado su posición a ojos de los palestinos, que consideran el terrorismo una fuente de prestigio.

Todo esto ha puesto a Hamás entre la espada y la pared, pero esperan beneficiarse del inevitable fracaso de la actual ronda de negociaciones de paz entre israelíes y la Autoridad Palestina. El nuevo túnel del terror debe considerarse en el contexto del reciente aumento de violencia antijudía en la Margen Occidental. Por mucho que los acontecimientos en El Cairo y otros lugares hayan debilitado a Hamás, habrá que asumir que, mientras los palestinos sigan honrando a quienes ataquen a los judíos, el Movimiento Islámico de Liberación palestino seguirá tratando de derramar más sangre.

Después de este incidente, Israel ha obrado sensatamente y ha vuelto a prohibir la entrada de cemento en la Franja, pero el descubrimiento del túnel debería suponer un momento en el que la comunidad internacional y los medios de comunicación reconsideraran su imagen de Gaza. Más que un lugar donde los malvados israelíes oprimen a palestinos atrapados, la Franja es un enclave terrorista cuya única exportación es la violencia. Que, a todos los efectos, sea un Estado palestino independiente, salvo en el nombre, es un recordatorio de lo que Israel puede esperar si alguna vez retira todas sus fuerzas de la Margen Occidental, como hizo en Gaza en 2005. El resto del mundo debería llegar a unas conclusiones similares.

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