Contextos

Es una guerra, no un genocidio

Por Eli Cohen 

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"A fecha 27 de julio, el Ministerio de Sanidad de Gaza, controlado por Hamás, cifra las víctimas palestinas de Margen Protector en 1.070, sin distinguir civiles de combatientes. El Palestinian Center for Human Rights habla de 1.014 víctimas palestinas, de las que 832 serían civiles y 182, combatientes. La ONU dice que han muerto 999 palestinos: 760 civiles, 151 combatientes y 88 aún sin identificar. El Meir Amit Intelligence and Terrorism Center estima que son 775 los muertos palestinos: 267 civiles, 229 combatientes y 279 aún sin identificar. El Ejército israelí, que no ha dado cifras sobre civiles muertos, afirma haber abatido a 330 terroristas""Por cierto, esta semana han muerto 1.700 personas en la guerra civil siria"

Las víctimas civiles, en cualquier conflicto y de cualquier bando, son un horror, y aunque podamos buscar razones, más o menos acertadas, para explicar por qué se han producido, y sobre si ha habido intención o no de causarlas, no buscaremos justificaciones. No queremos entrar en un debate farragoso sobre si han sido o no evitables. Han muerto en una guerra, y es horrible. Una tragedia.

Todos los civiles muertos duelen, sea cual sea su identidad. Especialmente los niños. De lo que siempre nos hemos quejado algunos es de que sólo duelan ciertos civiles muertos. Según el Instituto de Estudios Palestinos, poco sospechoso de servir a los intereses de Israel, 160 niños murieron construyendo los túneles de Hamas, pero nadie ha llorado por ellos. Eso duele e indigna.

Lo que nos ocupa ahora es el uso torticero de muertos civiles con fines propagandísticos. Hoy, por ello, rendiremos pleitesía a la verdad, la primera víctima de la guerra al decir de Esquilo.

La propaganda es un arma que se usa con profusión, como se desprende del reportaje de la BBC en el que se advertía de que muchas de las fotos usadas en el hashtag #GazaUnderAttack eran de Irak o Siria. Las redes, como un frente más de esta guerra, se han llenado de imágenes que no se corresponden con la realidad. Hay casos especialmente repugnantes, como el de son las imágenes de la familia judía Fogel, asesinada en 2010 por terroristas palestinos pero que muchos usuarios han aireado clamando que eran gazatíes asesinados por Israel. Las del joven palestino con camiseta verde supuestamente asesinado por un francotirador israelí todavía despiertan dudas.

Israel padece esta suerte de guerra simbólica desde hace mucho, mucho tiempo.

En agosto de 1982, a comienzos de la invasión israelí del Líbano, la OLP filtró al Washington Post una foto de un bebé con quemaduras y sin brazos, supuestamente víctima de un bombardeo israelí. La foto impactó al presidente Reagan, que pidió a Israel que detuviera sus ataques. Cuando se descubrió que en realidad el bebé tenía brazos y que las quemaduras fueron fruto de un ataque de la OLP en Beirut Oriental, el mismo Washington Post mencionó la manipulación… en la página decimocuarta.

La muerte de Mohamed al Durah, el niño palestino que se convirtió en icono de la Segunda Intifada, aún está en los tribunales, y muy lejos de esclarecerse, pese a que el canal de televisión France 2 siempre dijo que la responsabilidad de la misma era de las fuerzas israelíes. En 2002 se dijo por activa y por pasiva que en Yenín ocurrió lo mismo que en Auschwitz; después del recuento de cuerpos, la ONG Human Rights Watch cifró en 52 los palestinos –26 de ellos arma en mano– y 13 los soldados israelíes muertos. Pero en el imaginario popular todavía resuena la palabra genocidio cuando se menciona esa batalla.

Más recientemente, en la Segunda Guerra de Líbano (verano de 2006), la agencia de noticias Reuters despidió al fotógrafo Adnan Haj por manipular fotografías de los ataques israelíes para mostrar más devastación.

Con motivo de la operación Margen Protector, las cifras de muertos en el lado palestino se están utilizando de nuevo para acusar a Israel de perpetrar un genocidio.

A fecha 27 de julio, el Ministerio de Sanidad de Gaza, controlado por Hamás, cifra las víctimas palestinas de Margen Protector en 1.070, sin distinguir civiles de combatientes. El Palestinian Center for Human Rights habla de 1.014 víctimas palestinas, de las que 832 serían civiles y 182, combatientes. La ONU dice que han muerto 999 palestinos: 760 civiles, 151 combatientes y 88 aún sin identificar. El Meir Amit Intelligence and Terrorism Center estima que son 775 los muertos palestinos: 267 civiles, 229 combatientes y 279 aún sin identificar. El Ejército israelí, que no ha dado cifras sobre civiles muertos, afirma haber abatido a 330 terroristas. Por otro lado, Hamás habría matado a más de 30 personas por colaborar con Israel. Periodistas occidentales ya han denunciado cómo Hamas los amenaza para que no informen sobre los abusos a los que somete a la población civil.

Por cierto, esta semana han muerto 1.700 personas en la guerra civil siria.

Acusar a Israel de perpetrar un genocidio es una calumnia. Las cifras –usemos las que usemos– no reflejan un genocidio. Es un conflicto armado, donde uno de los bandos combatientes opera entre la población civil. Israel tiene una de las fuerzas aéreas más preparadas del mundo: el genocidio en Gaza sería cuestión de horas si se lo propusiera. Pero no se le propone. Y manda a sus soldados a luchar y morir sobre el terreno, cosa que no hizo la OTAN en Belgrado.

Por el momento, en Israel han muerto tres civiles israelíes y un civil tailandés. De no disponer del sistema antimisiles Iron Dome, los 2.538 cohetes lanzados sobre la población civil israelí se habrían cobrado muchísimas vidas. En cuanto a las IDF, han perdido ya a 53 hombres.

En Gaza se está librando una guerra. Trágica, horrible. Pero no es un genocidio ni un exterminio. Aunque la propaganda de los que odian a Israel se empeñe en lo contrario.