Contextos

¿Es inminente un gran ataque terrestre sobre Gaza?

Por Rafael L. Bardají 

IAF
"Durante los últimos dos años, Hamás ha construido un laberinto de túneles subterráneos por toda la Franja, que proporcionan refugio a los dirigentes, comandantes y terroristas de la organización, así como para la mayoría de su infraestructura terrorista, incluidas las unidades de fabricación de cohetes""Israel está llegando al punto de agotar el valor añadido de los ataques aéreos sobre Gaza""Los egipcios, los líderes de la Autoridad Palestina y los israelíes tratarán de evitar interrumpir las hostilidades sin que se produzca algún cambio sobre el terreno que debilite a Hamás"

Hasta el pasado viernes 11, los terroristas palestinos liderados por Hamás han lanzado sobre Israel, desde el inicio de la operación Margen Protector, unos 350 cohetes, incluidos algunos de largo alcance, disparados contra la región costera central, el área metropolitana de Tel Aviv, Jerusalén y el principal aeropuerto del país, el Ben Gurión de Tel Aviv. En dos casos fueron lanzados cohetes hacia el norte, sobre Cesarea (120 kms al norte de Gaza) y Haifa (160 kms).

La mayoría de los cohetes cayó sobre zonas deshabitadas, causando mínimos daños materiales. Hasta ahora, la única víctima mortal israelí ha sido una mujer de 70 años que sufrió un ataque al corazón mientras corría hacia el refugio en mitad de la noche (el 10 de julio). El sistema anticohetes israelí Cúpula de Hierro ha logrado interceptar más de 70 cohetes que iban a impactar en zonas habitadas; esto sitúa su tasa de éxito en el 90%.

Las fuerzas israelíes han frustrado dos grandes operaciones de Hamás sobre territorio israelí. El pasado día 9 las fuerzas de reconocimiento israelíes detectaron un intento por parte de terroristas de la organización islamista para infiltrarse en Israel a través de la frontera marítima  (en una operación estilo SEAL) y atacar a los habitantes del kibbutz Zikim. Los cinco terroristas fueron interceptados por soldados israelíes en la playa y abatidos allí mismo. Posteriormente, ese mismo día, otros terroristas trataron de entrar en Israel a través de un túnel, pero las fuerzas israelíes detectaron y frustraron el ataque.

Israel ha limitado su ofensiva a operaciones de las Fuerzas Aéreas en las que se atacan objetivos predeterminados y se cazan puestos de lanzamiento de cohetes y terroristas implicados en ellos. En los primeros tres días de la operación, las Fuerzas Aéreas Israelíes atacaron 860 objetivos en la Franja. En esos ataques murieron más de 90 personas. Pese a unas medidas de advertencia sin precedentes por parte israelí, la mitad de las víctimas mortales son civiles. Dado lo incrustada que está la infraestructura subterránea terrorista en la población civil gazatí, las Fuerzas Aéreas no han podido dañar de forma considerable dicha infraestructura.

Durante los últimos dos años, Hamás ha construido un laberinto de túneles subterráneos por toda la Franja. Éstos proporcionan un refugio para los dirigentes, comandantes y terroristas de la organización, así como para la mayoría de su infraestructura terrorista, incluidas las unidades de fabricación de cohetes. Prácticamente todos los misiles de medio y largo alcance están almacenados bajo tierra, y se sacan momentos antes de ser lanzados. Este laberinto subterráneo está profundamente incardinado en infraestructura civil, como patios, sótanos, escuelas, etc.

Análisis

Pese a su capacidad operativa residual, pero no insignificante, la campaña militar israelí ha dejado al descubierto la vulnerabilidad de Hamás. Para ser claros: la operación militar no ha dado al traste, política o militarmente, con la organización. Sin embargo, la lista de exigencias planteada por Hamás revela su aislamiento. Como dije en el artículo anterior, el movimiento islamista no sólo exige que Israel cese sus ataques y libere a los terroristas liberados tras el intercambio por Guilad Shalit, los cuales fueron encarcelados tras el secuestro y asesinato de tres adolescentes israelíes en las inmediaciones de Hebrón; también exige que se abra el paso fronterizo de Rafah, entre Gaza y Egipto, y que se restablezca el pago de las nóminas del Gobierno de Hamás por parte de la Autoridad Palestina.

Por otra parte, la operación israelí aún no ha suscitado una enérgica respuesta por parte del mundo árabe. El aislamiento de Hamás queda bien de manifiesto por el sorprendente silencio del antaño abanderado del Movimiento Islámico de Liberación, el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan. No fue hasta el tercer día de la campaña militar cuando éste emitió un comunicado, relativamente suave, en el que advertía a Israel de que la normalización entre ambos países no sería posible mientras persistieran las hostilidades.

Además, la defensa activa de Israel (por tierra y por aire, mediante el sistema Cúpula de Hierroha anulado los ataques de Hamás, que por ahora no ha tenido ningún “logro operativo” destacado.

Por último, la capacidad de Hamás para reponer sus armas y municiones se verá notablemente restringida, a diferencia de en ocasiones anteriores (operaciones Plomo Fundido –2009– y Pilar Defensivo –2012–). Las drásticas medidas de las fuerzas de seguridad egipcias en los túneles que conectan la Franja con el Sinaí ha cortado (si bien no totalmente) el suministro de municiones de Hamás. Si Israel no recurre a una operación terrestre, el movimiento podría mantener una capacidad independiente de fabricación. Sin embargo, afrontará un suministro limitado de materiales. Este cálculo ya parece ser evidente en las pautas de lanzamiento de cohetes seguidas por Hamás: el empleo de misiles de medio y largo alcance no ha estado tan extendido. El grupo parece preocupado por conservar un arsenal residual de este tipo de proyectiles.

Como decía antes, Israel está llevando a cabo su campaña antiterroristas por medio de operaciones y ataques aéreos. Con una media próxima a los 300 ataques aéreos al día, la intensidad es mucho mayor que en operaciones previas. Ésta pretende compensar la incapacidad operativa de los militares israelíes para iniciar un ataque por sorpresa (como en operaciones anteriores). Es de destacar que la falta de un ataque sorpresa inicial refleja la contención israelí y su reticencia inicial a iniciar una ofensiva militar. Para cuando Israel lanzó Margen Protector, los líderes, comandantes y operativos de Hamás estaban ocultos bajo tierra.

Los mandos israelíes han incrementado la intensidad de los ataques aéreos mientras actúan bajo severas limitaciones internacionales a su legitimidad, a diferencia de Hamás y demás grupos terroristas. Basándose en anteriores enfrentamientos en Gaza y el Líbano, los dirigentes israelíes suponen, con razón, que la operación tiene un marco temporal limitado; en determinado momento la comunidad internacional, encabezada por Estados Unidos y Europa, intervendrá para tratar de buscar el fin de las hostilidades, pese al amplio apoyo a Israel en las primeras fases de la operación. Además, si bien el mundo árabe no ha mostrado hasta ahora gran interés por los acontecimientos en Gaza, el creciente número de víctimas podría forzar a sus líderes a buscar de forma proactiva (aunque a regañadientes) un fin de las hostilidades.

El factor temporal también está influyendo en la toma de decisiones israelí para la siguiente fase de la operación, concretamente para la ofensiva por tierra. Israel está llegando al punto de agotar el valor añadido de los ataques aéreos sobre Gaza, especialmente mientras la amplia mayoría de operativos e infraestructuras de Hamás siga bajo tierra. Aunque las fuerzas israelíes han anulado los intentos de ataque de la organización, hasta ahora las operaciones aéreas no han logrado infligir un golpe decisivo que incapacite operativamente a Hamás. La anulación de la red de túneles subterráneos del movimiento es esencial para Jerusalén, pues incluye rutas encubiertas hacia territorio israelí, lo que permitiría la comisión de ataques terroristas contra pueblos y ciudades. Así las cosas, el Gobierno de Netanyahu deberá afrontar en breve la decisión de lanzar una operación terrestre sobre Gaza.

Para erradicar la infraestructura terrorista en Gaza, Israel debería desplegar una operación militar amplia y extensiva que duraría, al menos, varias semanas. Semejante operación, similar a Escudo Defensivo, desarrollada en 2002 en la Margen Occidental, incluiría la búsqueda y erradicación de los terroristas y sus infraestructuras. Llevar a cabo una misión así, en la zona del mundo con mayor densidad de población, con unos habitantes extremadamente hostiles, no sería tarea fácil. La opinión que prevalece entre los israelíes es que supondría un precio considerable en víctimas militares israelíes y aumentaría la probabilidad de accidentes estratégicos, que podrían causar un considerable número de víctimas civiles. Algo así volvería a la opinión pública mundial en contra de Israel. Además, si se observa la concentración de tropas en la frontera con Gaza, que según los informes de los medios es menor que en la operación de 2012, resulta bastante evidente que Israel no está planeando por el momento una empresa de tal envergadura.

Como alternativa, Jerusalén podría llevar a cabo incursiones terrestres ad hoc con el propósito de sacudir el avispero y poner al descubierto el enorme laberinto subterráneo que ha creado la organización terrorista que detenta el poder en la Franja. Pero tampoco las incursiones ad hoc  carecen de riesgos en lo que respecta a víctimas en ambos bandos y repercusión internacional. La opción más minimalista sería lanzar ataques terrestres quirúrgicos, ejecutados por unidades de operaciones especiales.

Si se tienen en cuenta los límites operativos y legales internacionales para los ataques aéreos contra un laberinto de túneles subterráneos, la única forma directa de infligir un daño considerable a las infraestructuras de Hamás sería mediante una combinación de operaciones aéreas y terrestres. Sea como fuere, la decisión no puede demorarse.

Las Fuerzas Armadas israelíes han hecho públicos sus preparativos para una ofensiva terrestre y lanzado folletos sobre el norte de la Franja en los que se insta a la población local a abandonar sus casas. Como no se ha hecho pública una decisión definitiva israelí, estas medidas –concentración de tropas y advertencia a civiles– están sirviendo, al menos, para aumentar la presión sobre los dirigentes de Hamás.

La inminente toma de decisión por parte israelí respecto al lanzamiento de una ofensiva terrestre también ha hecho que se inicien esfuerzos diplomáticos internacionales para evitarla y lograr un cese de las hostilidades.

El intermediario tradicional entre Israel y Hamás, Egipto, se muestra bastante remiso a librar al grupo islamista de una ofensiva israelí. El Cairo considerará positivo que se debilite a Hamás, organización a la que considera enemiga y una amenaza para la seguridad nacional egipcia. Ante todo, Hamás es una rama de los Hermanos Musulmanes egipcios, los archienemigos del régimen actual. Los análisis egipcios han señalado la colaboración entre el movimiento y otras organizaciones terroristas de Gaza con las redes yihadistas salafistas del Sinaí. Esto ha hecho que los egipcios destruyeran casi todos los túneles entre Gaza y la península. Incluso el debate público en medios y redes sociales egipcios refleja una ambivalente dualidad entre la hostilidad hacia Hamás, por una parte, y la empatía con el sufrimiento de los civiles de la Franja, por otra.

Según informaciones de los medios internacionales, representantes de la inteligencia egipcia han estado en contacto con sus interlocutores en Hamás. Sin embargo, sus intentos de acabar con las hostilidades antes del inicio de Margen Protector no tuvieron éxito, al parecer debido a la descoordinación entre el ala política y el ala militar de Hamás. Conforme aumente el número de víctimas en Gaza y crezcan las protestas de la opinión pública egipcia, los negociadores podrían intensificar sus esfuerzos. Sin embargo, es importante recordar que Egipto no es sólo un mediador en esta situación, sino una de las partes negociadoras. Hamás también ha exigido el cese del bloqueo efectivo de Gaza por parte egipcia y la apertura del paso fronterizo de Rafah entre la Franja y el Sinaí. Hasta ahora, El Cairo sólo ha accedido a permitir el paso de civiles gazatíes heridos a fin de que reciban atención médica.

Reconociendo el vacío originado por la nueva postura egipcia respecto a Israel y Hamás, Estados Unidos ha aumentado su implicación en la crisis, a instancias del presidente palestino, Mahmud Abás. Obama llamó a última hora del día 10 al primer ministro Netanyahu. Según ciertos informes, el norteamericano trató de convencer al israelí de que no incrementara la intensidad del conflicto y evitara una invasión terrestre de la Franja. El portavoz del Departamento de Estado afirmó: “Nadie quiere ver una invasión terrestre israelí de Gaza”. Con el coordinador para Oriente Medio del Consejo de Seguridad Nacional, Phil Gordon, en Israel, Estados Unidos está tratando claramente de disuadir al Estado judío de llevar a cabo una ofensiva por tierra. Puede que los ruegos norteamericanos no logren evitar una incursión israelí, pero serán un factor fundamental en el inminente proceso de toma de decisiones. En este punto, no se puede descartar que Israel trate de establecer junto a Estados Unidos los parámetros de unos ataques quirúrgicos terrestres limitados sobre objetivos gazatíes específicos.

En cualquier caso, en este momento las iniciativas diplomáticas internacionales están en una fase temprana y aún han de esbozarse los contornos de un acuerdo posterior a la operación. Dada la posición dual de Egipto, Estados Unidos también se ha aproximado a Qatar, hogar del líder de Hamás Jaled Mashal. Sin embargo, el control e influencia de Mashal en Gaza no está claro, porque todos los dirigentes gazatíes están ocultos bajo tierra. Un error estratégico que causara allí un número significativo de  víctimas civiles podría intensificar la presión regional e internacional para que se llegue inmediatamente a un cese de las hostilidades, lo que quitaría a Israel la capacidad de infligir un golpe político y estratégico a Hamás.

En ausencia de un acontecimiento que fuerce un cese inmediato de la violencia, el proceso diplomático para llegar a tal cese llevará, al menos, varios días. Informes preliminares sugieren que los egipcios, los miembros de la Autoridad Palestina y los israelíes tratarán de evitar interrumpir las hostilidades sin que se produzca algún cambio sobre el terreno que debilite el control de Hamás sobre el territorio. Para ello, el acuerdo final podría incluir medidas para restablecer los órganos de la AP en la Franja. Por ejemplo, Egipto podría insistir en que, a cambio de suavizar el bloqueo sobre Gaza y de abrir el paso de Rafah, la administración y protección de los pasos fronterizos se transfiera del Gobierno de Hamás a las fuerzas de seguridad oficiales de la AP, que actualmente cooperan con las Fuerzas Armadas israelíes. Además, los países donantes (árabes incluidos) podrían insistir en que la reconstrucción y gestión de las infraestructuras civiles en Gaza se lleve a cabo por los representantes de la AP en vez de por el Gobierno de Hamás. Tales medidas podrían minar aún más la posición política del movimiento islamista y su control de la Franja.

Mientras tanto, Israel parece dispuesto a añadir un elemento terrestre a su operativo, con acciones como incursiones ad hoc y de nivel medio con fuerzas acorazadas y el apoyo de ataques aéreos tácticos, así ataques quirúrgicos específicos. Si esas operaciones se llevasen a cabo de forma efectiva y dañasen la infraestructura subterránea de Hamás, ésta sufriría un golpe estratégico y se abriría la puerta a una iniciativa diplomática internacional para llegar a una nueva serie de acuerdos que podrían incluir también medidas para minar el control de Hamás sobre Gaza.