Revista de Prensa

Erdogan, presidente sectario

 

Recep Tayyip Erdogan, presidente de Turquía.

El periodista Serkan Demirtas se refiere en este artículo a las maniobras del presidente turco para volver a liderar su formación política, el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), decisión avalada por su polémica victoria en el referéndum del mes pasado, que le permitirá convertirse en el único gran poder de Turquía en 2019.

[Para buena parte de la oposición], Erdogan ya no representa a los 80 millones de ciudadanos turcos como su presidente porque ha elegido convertirse en miembro de un partido político.

(…) Erdogan quiere transformar la sociedad turca [dándole una impronta] más conservadora, con una política exterior más independiente. El AKP siempre será la herramienta más eficaz para implantar su proyecto, y dejarlo en manos más blandas solo causaría debilidad.

[Erdogan] ha ganado todos sus títulos y elecciones gracias a la maquinaria del AKP, y está deseando ganar más en 2019. En consecuencia, dejará de ser el presidente de todos para alcanzar su (…) definitiva ambición [aunque para ello haya de] crear más líneas de ruptura en la política y la sociedad turcas.

En todo caso, Turquía tendrá que afrontar graves dificultades en el transcurso de este periodo de interinidad hasta 2019.

Irán y Rusia han asegurado varias veces que dejarían caer al dictador sirio bajo determinadas condiciones, pero la realidad les ha puesto siempre en evidencia. El periodista saudí Abdulramán al Rachid cree llegado el momento de permitir que la verdadera oposición siria desempeñe un papel determinante en la resolución del conflicto.

(…) los aliados de Asad anunciaron que estaban de acuerdo con una solución política basada en la formación de un Gobierno conjunto [del baazismo] con la oposición. Tras meses de conversaciones, dejaron claras sus promesas y dijeron que lo que entendían por oposición era la oposición aceptada por el régimen, no la ‘auténtica’.

Entonces la guerra empeoró, y aumentaron las presiones cada vez que el régimen de Asad se sintió derrotado o cometía un crimen. Los aliados del régimen sirio dijeron que estaban debatiendo nuevas ideas para una solución pacífica e insinuaron que cambiarían al presidente.

Posteriormente presentaron un nuevo proyecto político y dijeron: “Estamos de acuerdo en que el pueblo sirio debe elegir al presidente que quiera a través de unas elecciones”. Eso es tan razonable como bonito, pero entonces nos atascamos en los detalles: ¿a qué pueblo se refieren? ¿Al que vive en las áreas controladas por el régimen o a los 16 millones de sirios que no están bajo su autoridad y son vistos como terroristas? (…) la guerra registró una nueva escalada mientras se hacían más promesas.

(…)

La solución pasa por levantar la prohibición de armar a la oposición siria con armamento avanzado. Las posiciones cambiarán si Siria se transformase en una enorme ciénaga para los iraníes y sus milicias. En ese caso, Teherán tendría que entablar negociaciones en serio.

Con motivo de un nuevo Día de la Independencia de Israel, el veterano analista Isi Lieber reflexiona sobre la trascendencia de esta efeméride y las amenazas que se ciernen sobre el Estado judío en un entorno internacional signado por la pujanza del antisemitismo.

El antisemitismo se encuentra en un momento culminante, con los judíos de la mayoría de los países europeos tratados como parias, enfrentados a constantes amenazas terroristas y, en muchos casos, pidiendo a las fuerzas de seguridad que los protejan en sus sinagogas y colegios.

En EEUU, la locura prevalece entre los judíos progresistas de extrema izquierda, que encabezan campañas ‘religiosas’ contra Donald Trump. Incluso grupos como la Liga Anti-Difamación y sectores del movimiento reformista trataron de acusar a Trump y a su Administración de apoyar o albergar antisemitas.

(…)

El Día de la Independencia tiene que ser más que un día de vacaciones y barbacoas. Debemos centrarnos en los aspectos espirituales y tratar de transmitir a las nuevas generaciones que el renacimiento de su nación –que tantos parecen dar por asegurado– es verdaderamente prodigioso.