Revista de Prensa

Erdogan, adicto al autoritarismo

 

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Soner Cagaptay, biógrafo del autócrata turco, pide en esta pieza a los presidentes Trump y Macron que ayuden a mandatario islamista a desengancharse del autoritarismo a fin de ahorrarle a Turquía un futuro pavoroso.

Desde la perspectiva occidental, el Gobierno turco es como un pariente cercano que tiene un problema relacionado con el abuso de ciertas sustancias: el presidente Recep Tayyip Erdogan se ha convertido en un adicto al autoritarismo.

Los efectos para la familia –en este caso la OTAN, a la que Turquía pertenece desde 1952– son devastadores. Ha llegado la hora de que el presidente de EEUU, Donald Trump, y el de Francia, Emmanuel Macron, dos destacados jefes de Estado de la Alianza, tengan una conversación esclarecedora con Erdogan acerca de los impulsos autodestructivos de su país.

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Al ayudar a Erdogan a romper con su hábito autoritario, Trump y Macron pueden impedir que se materialice un escenario de pesadilla en el que Turquía sucumba a sus tendencias autodestructivas. 

El veterano analista iraní Amir Taheri reflexiona sobre las protestas que han sacudido Irán en los últimos tiempos y concluye que se ha tratado de un movimiento masivo de rechazo al régimen de los ayatolás por haber llevado la República Islámica a la miseria.

Un elemento destacado de las protestas fue que, por primera vez en la historia contemporánea de Irán, no había cariz religioso en ninguno de los eslóganes y discursos de los líderes opositores. Lo que hemos visto en Irán ha sido un movimiento político con objetivos políticos.

Muchos iraníes (…) convienen implícitamente en que los mulás tomaron un país bastante próspero hace cuatro décadas y lo han convertido en lazareto donde más de cinco millones de personas padecen hambre crónica y más de 25 millones viven en suburbios que no reúnen unas condiciones mínimas. Y (…) ahora saben que los males económicos del país son resultado de las insensatas políticas llevadas a cabo por el régimen dentro y fuera [de Irán]. Así pues, a lo que hemos asistido ha sido a una revuelta política nacional contra el ‘statu quo’.

Richard Kemp, excomandante de las fuerzas británicas desplegadas en Afganistán, llama a las autoridades de su país y a las de la Unión Europea a plantar cara de una vez a la organización terrorista islamista de obediencia iraní que gobierna de facto el Líbano y que está contribuyendo decisivamente a la permanencia en el poder del dictador de Siria, Bashar Asad.

Hezbolá, una criatura de Irán, emergió al escenario global en 1983 matando a 241 marines norteamericanos y 58 paracaidistas franceses en Beirut, en el ataque terrorista más devastador antes del 11-S. Desde entonces ha perpetrado ataques en América Latina, Europa y Oriente Medio, y planeado golpes desde Chipre a Singapur. El pasado verano, las autoridades de EEUU acusaron a dos terroristas de Hezbolá de planear ataques en Nueva York y Panamá. Hezbolá está luchando en Siria para mantener a Bashar al Asad en el poder, y tiene en el Líbano un arsenal de 100.000 proyectiles apuntando a Israel.

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¿Qué consecuencias tendría una proscripción de la UE sobre Hezbolá? Conocemos la respuesta por su propio secretario general, Hasán Nasrala: “Nuestras fuentes de financiación se secarán y las de apoyo moral, político y material quedarán destruidas”.