Contextos

Entebbe: 40 años de la misión imposible

Por Jesús M. Pérez 

aeropuerto-entebbe
"El 4 de julio de 1976, las fuerzas especiales israelíes realizaron la operación de rescate de rehenes más audaz jamás llevada a cabo. Las IDF se convirtieron en un referente mundial y el episodio volvió a demostrar que en los momentos de dificultad el Estado de Israel se las tiene que apañar prácticamente solo""Los rehenes fueron introducidos en un C-130 con los soldados del Sayeret Matkal formando un pasillo para que en la oscuridad de la noche ninguno se perdiera. Aproximadamente cien minutos después de aterrizar el primer avión israelí en Entebbe despegó el primero de vuelta a casa"

El 4 de julio de 1976, las fuerzas especiales israelíes realizaron la operación de rescate de rehenes más audaz jamás llevada a cabo. Las IDF se convirtieron en un referente mundial y el episodio volvió a demostrar que en los momentos de dificultad el Estado de Israel se las tiene que apañar prácticamente solo.

Tras la campaña de ataques terroristas organizados o inspirados por el Estado Islámico en lugares como París, Bruselas, Estambul, Bagdad o Daca, podríamos pensar que vivimos una era de terrorismo global novedosa y sin igual. En realidad, ha habido varias oleadas de terrorismo internacional. La primera de ellas, de inspiración anarquista, tuvo lugar en el siglo XIX. Recordemos obras como Los endemoniados de Dostoyevski y El agente secreto de Conrad. En los años 60 del siglo XX hubo una más, signada por la deriva radical de jóvenes de izquierda y la eclosión del terrorismo nacionalista palestino. Ambos fenómenos terminarían por converger.

Los ataques contra la aviación comercial se convirtieron en una de las formas más habituales del terrorismo palestino. El 27 de julio de 1968, un aparato de la aerolínea isrealí El Al que cubría la ruta Tel Aviv-Roma fue secuestrado. Los rehenes fueron liberados después de que las autoridades israelíes soltaran a una serie de presos. A partir de ese momento, El Al introdujo medidas rigurosas de seguridad en sus vuelos. Quizá por ello los dos siguientes ataques contra aviones israelíes, en Atenas y Zurich, consistieron en tiroteos desde el exterior.

El Gobierno israelí tomó nuevas medidas tras el secuestro, el 29 de agosto de 1969, de un avión de la compañía estadounidense TWA que cubría la ruta Roma-Tel Aviv por parte de terroristas palestinos. El aparato terminó en Siria, donde fue destruido por los terroristas. Seis ciudadanos israelíes fueron finalmente liberados tres meses más tarde, tras ser intercambiados por prisioneros en cárceles israelíes.

Las autoridades israelíes tomaron entonces la determinación de no volver a negociar con terroristas y liberar prisioneros a cambio de la vida de ciudadanos israelíes.

La primera vez en que se puso a prueba la voluntad del Gobierno israelí fue el 8 de mayo de 1972, cuando un avión de la línea belga Sabena que cubría la ruta Bruselas-Tel Aviv fue secuestrado. El comando terrorista exigió la liberación de 317 combatientes palestinos prisioneros en cárceles israelíes. Al día siguiente, ya en suelo israelí, los terroristas exigieron que el avión fuera puesto en condiciones de volar. Mecánicos israelíes se acercaron al aparato. En un momento dado sacaron armas de sus cajas de herramientas y lo asaltaron. Eran miembros de la unidad especial Sayeret Matkal, dependiente directamente del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF) y la crème de la crème de las unidades especiales israelíes. El asalto duró 90 segundos y sólo pereció un rehén. Las fotos publicadas con posterioridad muestran a un joven Ehud Barak con mono de mecánico y pistola en mano.

Este primer éxito israelí en la liberación de rehenes se vio ensombrecido por dos tragedias. La primera tuvo lugar el 15 de mayo de 1974, cuando un comando terrorista palestino se infiltró en el norte de Israel y, tras dejar varias víctimas por el camino, se atrincheró en una escuela de Maalot, donde tomaron a más de cien alumnos como rehenes. Al día siguiente soldados israelíes asaltaron la escuela y abatieron a los tres terroristas, que tuvieron tiempo de lanzar granadas de mano y ametrallar a los rehenes. El balance final de víctimas israelíes fue de 31. La siguiente masacre se produjo tras la llegada por mar de un comando de ocho terroristas palestinos a la costa de Tel Aviv el 4 de marzo de 1975. Los terroristas se atrincheraron en el hotel Savoy. A la mañana siguiente el Sayeret Maktal asaltó el complejo. En el tiroteo murieron siete de los terroristas y dos miembros del equipo de asalto. También perdieron la vida ocho rehenes y un soldado que intentó frenar a los terroristas cuando entraron en el hotel.

Tras estos dos ataques y las numerosas víctimas, el Ejército israelí se planteó prepararse de forma exhaustiva y profesional para el rescate de rehenes. Pero ningún plan de contingencia ni de formación preveía el desafío que tendría que afrontar a 4.000 kilómetros de Israel.

Los acontecimientos se pusieron en marcha el 27 de junio de 1976, cuando el vuelo 139 de Air France que cubría la ruta Atenas-París fue secuestrado por un comando terrorista formado por dos palestinos y dos alemanes. Los palestinos pertenecían a una de las muchas facciones del Frente Popuplar para la Liberación de Palestina y los alemanes a las Células Revolucionarias, grupo surgido en los ambientes universitarios radicales de su país. En el avión, un Airbus A300, había 246 pasajeros y 12 tripulantes. Los terroristas desviaron el aparato a Bengasi, donde las autoridades libias permitieron que repostara antes de partir rumbo a Uganda.

En Israel, sólo media hora después del secuestro el Sayeret Matkal fue puesto en alerta.

El avión llegó en la madrugada del día 28 de junio al aeropuerto de Entebbe, cerca de la capital de Uganda. El propósito de los terroristas era estar fuera del alcance de cualquier acción de las fuerzas de seguridad israelíes. Los pasajeros y los tripulantes fueron conducidos a la vieja terminal del aeródromo, un edificio sucio y abandonado. Tres terroristas se unieron allí a los secuestradores y, para sorpresa de los rehenes, los soldados ugandeses se encargaron de la vigilancia mientras los terroristas descansaban.

El paradójico papel de cómplice de los terroristas asumido por las autoridades ugandesas respondía a la voluntad del delirante dictador del país, Idi Amín. Uganda había mantenido excelentes relaciones con Israel en los tiempos en que aquél era comandante en jefe de las Fuerzas Armadas. Pero una vez llegado al poder, golpe de Estado mediante, Idi Amín cambió la política exterior por otra sumamente hostil a Israel en nombre de la solidaridad con la causa palestina. En su momento, el entrenamiento de los militares ugandeses había corrido a cargo de militares israelíes, y varias instalaciones del país habían sido construidas por empresas israelíes. Casualmente, la vieja terminal, donde los rehenes eran retenidos, había sido obra de una de ellas: Soleh Boneh. Toda la información disponible sobre el Ejército ugandés, así como los planos de la terminal, fue puesta a disposición de los planificadores militares israelíes.

El martes 29 los terroristas hicieron públicas sus demandas: la liberación de 53 terroristas que cumplían penas de prisión en cinco países diferentes. En ese momento, el Gobierno israelí empezó a debatir qué acción emprender. Pero ya los militares israelíes, sin esperar instrucciones del alto mando, habían empezado a estudiar la situación para presentar diferentes alternativas a las autoridades políticas.

Mientras tanto, en Entebbe, los terroristas procedieron a separar a los rehenes israelíes, y a aquellos que identificaron como judíos del resto. Para los rehenes, alguno de ellos superviviente del Holocausto, no pasó inadvertido lo altamente simbólico de que dos terroristas alemanes estuvieran vigilando a prisioneros judíos.

Mientras tanto, París había emprendido negociaciones. El día 30 los rehenes no judíos fueron liberados como gesto de buena voluntad de Idi Amín. El comandante del Airbus A-300 se negó a abandonar a los pasajeros y, junto con su tripulación, quedó atrás. Sería recompensado por el Gobierno francés. Uno de los rehenes liberados era un antiguo oficial francés que se había dedicado a memorizar todos los detalles potencialmente relevantes para una fuerza de rescate. La información que proporcionó fue de especial valía para los militares israelíes. Pasada la media noche, ya en la madrugada del día 2 de julio, el ministro de Defensa israelí, Simón Peres, supo que las IDF tenían un plan de rescate.

Los planificadores israelíes barajaron varias posibilidades. La primera consistía en acercar una fuerza de asalto al aeropuerto a través del Lago Victoria. Pero la orilla era pantanosa y las aguas estaban llenas de enormes cocodrilos. Otra opción era proceder a un asalto paracaidista del aeropuerto. Pero fue descartada por el enorme esfuerzo logístico y porque una vez en tierra las fuerzas israelíes tendrían con toda seguridad que soportar un ataque del Ejército ugandés. Se optó por una acción con menos elementos y basada en la rapidez, la sorpresa y la audacia.

Cuatro aviones de transporte C-130 Hércules recorrerían los 4.000 kilómetros que separan Israel de Uganda. Uno llevaría una limusina Mercedes y dos todoterrenos Land Rover, que compondrían una falsa comitiva oficial ugandesa. Otro llevaría todoterrenos armados Jeep para actuar de fuerza de bloqueo. Un tercero llevaría tropas encargadas de destruir en tierra los MiG ugandeses. Y un cuarto se encargaría de recoger a los rehenes. La fuerza de asalto la encabezarían miembros del Sayeret Matkal, pero también participarían miembros de unidades especiales de las brigadas Golani y paracaidista. Dos Boeing 707 acompañarían a los cuatro C-130 Hércules. Uno haría de puesto de mando volante y el otro haría las veces de hospital. Junto a la tropa de asalto iba personal de tierra de la fuerza aérea para el repostaje de los aviones en tierra. Se decidió incluir miembros de tres unidades especiales del Ejército para que la gloria o el fracaso fueran compartidos.

Los cuatro turbohélices C-130 Hércules despegaron a primera hora de la tarde del sábado 5 de julio. Los aviones iban sobrecargados y atestados. Para evitar ser detectados por los radares egipcios y saudíes, volaron a ras de suelo, entre sacudidas que marearon a sus ocupantes. Sólo una vez en medio del Mar Rojo ganaron en altura. Horas después despegaron los dos Boeing 707. Al tratarse de reactores con más velocidad punta, lo hicieron después de los C-130, a los que alcanzarían en ruta. Mientras, en Israel, tuvo lugar una reunión especial del Gobierno, con la presencia de sus 19 miembros, para debatir la operación de rescate. La autorización llegó vía radio a los aviones que transportaban el grupo de asalto mientras sobrevolaban Etiopía.

El primer C-130 aterrizó en completa oscuridad en Entebbe en torno a las once de la noche. De él desembarcaron paracaidistas encargados de balizar e iluminar la pista de aterrizaje para que los restantes aviones aterrizaran con seguridad. La limusina Mercedes Benz, repleta de soldados y escoltada por dos Land Rover, se dirigió a la vieja terminal que albergaba a los rehenes. Pronto se encontraron con soldados ugandeses, que les dieron el alto a pesar de su aspecto de comitiva oficial de alto nivel. Un soldado israelí disparó contra los centinelas una pistola silenciada de bajo calibre, sin lograr neutralizarlos. A partir de ahí se produjo un tiroteo y el elemento sorpresa se perdió.

Cuando el grupo de asalto llegó a la terminal, los terroristas y los soldados ugandeses estaban alerta. En los primeros intercambios de fuego el comandante del Sayeret Matkal, teniente coronel Yonatán Netanyahu (hermano del actual primer ministro), fue mortalmente herido. Sería el único militar fallecido en la operación, que posteriormente sería recordada como Yonatán en su honor. Tras el shock inicial, los soldados israelíes recuperaron la iniciativa: asaltaron el edificio mientras con megáfonos pedían a los rehenes en hebreo y en inglés que se tumbaran en el suelo. Dentro siguió el tiroteo y tres rehenes murieron en el intercambio de disparos. Una rehén que había sido internada en un hospital fue asesinada posteriormente por miembros del régimen ugandés.

En paralelo al asalto a la vieja terminal, los demás soldados israelíes tomaron el control del aeropuerto y entablaron combate con soldados ugandeses. Un grupo de los primeros se encargó de destruir en tierra la mayor cantidad posible de aviones de combate ugandeses para impedir que se lanzaran en persecución de los aparatos israelíes. Es un detalle sin esclarecer de la operación, pero en un momento dado supuestamente se procedió a bombear combustible a los C-130 Hércules. Posiblemente el reabastecimiento tuvo lugar en la vecina Kenia, país aliado de Israel que no habría querido que su papel en la operación se conociera.

Los rehenes fueron introducidos en un C-130 con los soldados del Sayeret Matkal formando un pasillo para que en la oscuridad de la noche ninguno se perdiera. Aproximadamente cien minutos después de aterrizar el primer avión israelí en Entebbe despegó el primero de vuelta a casa.

Los titulares de prensa hablaron de “misión imposible”. Hasta la fecha no ha habido una hazaña militar comparable.