Revista de Prensa

En su fobia a Israel, la ONU nunca falla

 

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Elliott Abrams se muestra muy crítico en esta pieza para la National Review con el nombramiento, por el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, del canadiense Michael Link como relator especial de la “situación de los derechos humanos en los territorios palestinos ocupados desde 1967”, habida cuenta del antiisraelismo del personaje.

Lynk es miembro del consejo consultivo del Intercambio Educativo Canadiense-Palestino, que promueve la Semana Anual del Apartheid Israelí. Tres días después del 11-S, culpó de los ataques a las “desigualdades globales” y al “desprecio de las naciones occidentales por la legalidad internacional”. Lynk firmó una declaración en 2009 condenando a Israel por permitir “crímenes de guerra” en Gaza. En la conferencia anual del Grupo del 78, también en 2009, dijo, como refleja el resumen del informe, que él “solía pensar que la fecha crítica en el conflicto palestino-israelí era 1967, cuando comenzó la ocupación”. Sin embargo, ahora cree que “la solución al problema tiene que ser volver a 1948, la fecha de la partición y el inicio de la limpieza étnica”. En otras palabras, Israel no debería existir (…)

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Lynk nunca pondrá un pie en Israel o los territorios palestinos, porque la reacción israelí a este absurdo es denegar el visado a semejantes ‘relatores especiales’. Puede escribir su informe en Ontario y no habrá sorpresas: será otra más en la larga lista de agresiones de la ONU al Estado judío.

The Jerusalem Post editorializa sobre la posibilidad de un entendimiento entre las dos principales facciones palestinas, Hamás y Al Fatah. Según el rotativo israelí, los dos bandos fingen buscar un acuerdo sólo para salvar la cara.

Aunque las conversaciones para la unidad palestina puedan sonar bien, hay pocos motivos para el optimismo. En última instancia, mientras los palestinos no sean capaces de resolver sus propias diferencias será imposible imaginar a israelíes y palestinos solucionando su conflicto.

Culpar a EEUU o a Israel de la división en el liderazgo político palestino puede acallar su propia conciencia, pero hasta que los palestinos no comiencen a asumir la responsabilidad de su propio destino nacional, la unidad interna y la paz con Israel seguirán estando fuera de su alcance.

Said Ghasemineyad explica en la Fundación para la Defensa de las Democracias la pésima gestión económica del presidente iraní, lo que podría dificultar su reelección en las elecciones de dentro de poco más de un año.

Los líderes occidentales se debaten entre castigar a Teherán por sus desarrollos armamentísticos prohibidos o seguir apoyando con inversiones su maltrecha economía.

El pésimo legado económico de Ruhaní atenúa sus posibilidades de reelección. Para revertir esta situación necesita una inyección de efectivo e inversiones internacionales directas. Dado el conjunto de sanciones internacionales que pesan sobre el régimen, esto exige una ayuda especial de EEUU y Europa, cuyos líderes han apostado por el acuerdo nuclear y el éxito de Ruhaní.

Conscientes de ello, los radicales (…) están retando a Occidente al aumentar su apoyo al terrorismo y los esfuerzos por desarrollar misiles balísticos. Los líderes occidentales se enfrentan así a un dilema: castigar a Irán por su pésima conducta o dejarlo correr y animar a las compañías a invertir en su tambaleante economía.

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En 15 meses, Ruhaní tratará de alcanzar la reelección, pero su bagaje económico lo sitúa en un terreno inestable, especialmente si sus rivales se unen alrededor de una figura populista que pueda explotar el descontento de las clases media y baja.

La conquista de la Venecia del Desierto por parte de las tropas de Bashar al Asad es un éxito militar y propagandístico para el régimen baazista, pero no la garantía de que sus habitantes vayan a ver mejorada su condición.

Chris Doyle, director del Consejo para el Entendimiento Árabe-Británico, lo explica en este artículo para Al Arabiya.

Palmira representa todo lo que va mal en el conflicto de Siria. Los bandos en liza quieren poseer y explotar el pasado y controlar el futuro. Para el régimen y el Estado Islámico, es una batalla descarnada por el poder, y el resto del mundo elige su bando y arma a sus aliados. Toda captura o ‘liberación’ de un ciudad o localidad es vista como una victoria, y los combatientes posan sobre las ruinas de su éxito.

Putin y Asad utilizarán la toma de Palmira para exhibirla como ejemplo de su solución política para Siria: el Ejército sirio puede actuar como tropa terrestre de su aliado ruso u otra potencia aérea contra el maléfico Estado Islámico. ¿Quién señalará que muchos de los que han orquestado el ascenso al poder del Estado Islámico fueron liberados de las cárceles sirias? Fue el propio conflicto lo que generó el caldo de cultivo y el hábitat para que medrara el Estado Islámico. La causa del conflicto no puede ser resucitada como su solución.