Contextos

El Valle del Jordán no se negocia

Por Gershon Hacohen 

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"La retención permanente del Valle no sólo requiere el despliegue militar, sino un plan integral de desarrollo –es decir, la construcción de viviendas, carreteras e infraestructuras– que lo fije como el sector oriental de Israel"

Tres preguntas fundamentales ayudan a aclarar las posturas expresadas en los últimos días acerca de la posible anexión del Valle del Jordán:

1. A efectos de seguridad, ¿qué amplitud debe tener [el territorio anexionado]? ¿Debe ir desde los cursos del Jordán hasta la Ruta 90 o extenderse unos 15 km al oeste, como concibió Yitzhak Rabin en su último discurso ante la Knéset?

2. ¿La necesidad de Israel de controlar el Valle es conjetural o circunstancial, y por lo tanto susceptible de negociación, o un componente básico y permanente para su seguridad? 

3. ¿Cómo ha de incardinarse el territorio de marras en un esquema general para la construcción de localidades, carreteras e infraestructuras en la sección oriental de Israel?

La mayoría de quienes están abordando estas cuestiones coinciden en que el control del Valle por parte del Ejército es esencial. La duda atañe a la amplitud del territorio anexionado.

Estratégicamente, para que ese espacio se organice con fines defensivos (como proponía el Plan Alón de finales de los 60 del siglo pasado), Israel debe dominar todo el área desde el río Jordán hasta las crestas de Samaria. A tal efecto, ha de controlar la línea de colinas que domina la arteria hacia el oeste, pues de lo contrario no se podría asegurar el movimiento en la zona, así como la Ruta Alón, para lo que se precisaría además el control de las crestas hacia el oeste.

Los que abogan por poner fin a la presencia israelí en el Valle del Jordán, empezando por los ex primeros ministros Ehud Barak y Ehud Olmert, no niegan esta necesidad militar. Barak, que en la cumbre de Camp David de julio de 2000 estaba dispuesto a ceder todo el Valle a los palestinos, era muy consciente de las consecuencias para la seguridad que conllevaba esa cesión: como jefe del Estado Mayor, definió el terreno que se extiende desde la frontera jordana hasta las crestas occidentales de Samaria (es decir, los montes Ebal y Guerizim) como vital para la defensa de Israel.

Se han producido muchos cambios en la región desde las tremendas concesiones de Barak y Olmert, como el advenimiento de una amenaza estratégica desde la Franja de Gaza, la adquisición por parte de Hezbolá de entre 100.000 y 200.000 misiles y cohetes, el atrincheramiento militar de Irán en Siria y el despliegue de milicias proiraníes cerca de la frontera sirio-israelí. Por otro lado, las fuerzas internacionales han demostrado en repetidas ocasiones que tienen dificultades para asegurar la paz en espacios hostiles.

La posición del centro-derecha israelí ante las tres preguntas fundamentales arriba consignadas es clara e inequívoca: la definición a escala real y amplia de ese territorio es esencial para la seguridad nacional y no está sujeta a negociaciones. Así pues, la retención permanente del Valle no sólo requiere el despliegue militar, sino un plan integral de desarrollo –es decir, la construcción de viviendas, carreteras e infraestructuras– que lo fije como el sector oriental de Israel.

© Versión original (en inglés): BESA Center
© Versión en español: Revista El Medio