Contextos

El reto del próximo líder afgano

Por Max Boot 

Afganistan
"El éxito o el fracaso de estas elecciones no dependerá en última instancia de si la votación fue razonablemente limpia (aunque esperemos que lo haya sido), sino de si el Gobierno que surja de ellas será capaz de lograr resultados para el pueblo; concretamente, de mejorar las espantosas prestaciones de servicios y de acabar con la corrupción rampante"

Las elecciones afganas del pasado sábado fueron un triunfo, pero no deberíamos exagerar su posible impacto. Desde luego, resultó alentador ver que tantos afganos, en torno a 7 millones, desafiaban las amenazas de los talibanes para ejercer su derecho al voto. Supuso un respaldo popular a la democracia y una lección para todos los que creen que a la gente de Afganistán o de otros países pobres le resulta indiferente la forma en que se elige su Gobierno. Al contrario: los afganos desean enormemente tener voz en la elección de sus dirigentes, como han demostrado poderosamente estas elecciones.

Además, que los talibanes no hayan logrado perturbar las votaciones ha sido gracias a las fuerzas de seguridad afganas, integradas por 350.000 efectivos. Desempeñaron el principal papel a la hora de proteger las cabinas de votación y, al parecer, han actuado de forma muy capaz.

Pero no nos emocionemos demasiado. Recordemos que en Irak el presidente Bush celebró cada elección que tuvo lugar, afirmando que el mismo hecho de votar ayudaría a restaurar el orden y a permitir que las tropas estadounidenses se marcharan de forma responsable. No resultó ser así. De hecho, las elecciones iraquíes reforzaron, más que resolvieron, las divisiones sectarias.

No está nada claro cómo saldrán las cosas en Afganistán. Ahora que los votos se han emitido, está el gran desafío de hacer un recuento limpio de los mismos. El fraude sigue siendo posible en esta fase. Y después está la cuestión fundamental de quién saldrá vencedor de las votaciones.

Los tres candidatos que se encuentran en cabeza son, al parecer, Ashraf Ghani, Abdalá AbdaláZalmai Rasul. Los tres, que han formado parte del Gabinete de Hamid Karzai en diversas ocasiones, están cualificados para ocupar el principal cargo y son razonablemente favorables a Estados Unidos. Los tres han indicado que firmarían el Acuerdo Bilateral de Seguridad negociado por Karzai. Pero queda la gran incógnita de si alguno de ellos será capaz de mejorar uno de los Gobiernos más corruptos y disfuncionales de la tierra, y de si podrá derrotar a una de las insurgencias más potentes del mundo.

El éxito o el fracaso de estas elecciones no dependerá en última instancia de si la votación fue razonablemente limpia (aunque esperemos que lo haya sido), sino de si el Gobierno que surja de ellas será capaz de lograr resultados para el pueblo; concretamente, de mejorar las espantosas prestaciones de servicios y de acabar con la corrupción rampante. El hecho de que los tres principales candidatos hayan tenido que llegara a acuerdos con señores de la guerra para poder seguir adelante indica que será difícil para cualquiera de ellos romper con la corrupta estructura de poder que ha saqueado el país durante la pasada década y que ha llevado a muchos pastunes corrientes a tomar las armas de los talibanes como alternativa menos corrupta. Pero puede, sólo puede, que entre ellos se oculte un Konrad Adenauer o un Álvaro Uribe.

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