Revista de Prensa

El problema es la República Islámica

 

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Robert Spencer, director de Jihad Watch, recuerda en este artículo que la República Islámica de Irán tiene como objetivo declarado el sometimiento del planeta a su tiranía islamista, así que el problema ni empezó con Soleimani ni se ha acabado con su muerte; el problema es que no hay manera de hacer la paz con el régimen de los ayatolás.

Los izquierdistas que andan acusando a Trump de arriesgarse a entrar en guerra con Irán por reaccionar al asedio de nuestra embajada en Bagdad, orquestado por Irán, matando al general iraní Qasem Soleimani ignoran que Irán lleva décadas tratando de provocar una guerra con EEUU. […] el deseo de destruir los Estados Unidos y perpetrar una matanza masiva de sus ciudadanos está en los meros fundamentos de la República Islámica. 

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El compromiso con la conquista del mundo –y especialmente con la derrota de EEUU– en nombre del Islam impide cualquier paz duradera con Estados Unidos. El general de brigada Qolamhosein Qeibparvar, de los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), ha declarado: “Sólo hay dos cosas que podrían poner fin a la enemistad entre nosotros y EEUU. O bien el presidente de EEUU y los líderes de la UE se convierten al islam e imitan al Líder Supremo, o bien Irán abandona el Islam y la revolución islámica. Ellos no se van a convertir en musulmanes, y nosotros no vamos a abandonar el Islam ni la revolución. Así que no sé por qué algunos piensan que algún día vamos a hacer las paces con EEUU y entablar relaciones con ellos”.

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Quienes dicen que Obama había traído la paz con Irán y que Trump la ha destrozado cuentan con que el pueblo americano no conoce las verdaderas intenciones y actividades de la República Islámica. Afortunadamente, a día de hoy en la Casa Blanca hay gente que engaña mucho menos. 

También en Frontpage Magazine, Michael Ledeen se hace eco de este tuit de Donald Trump, en el que el presidente de EEUU expresa su admiración por el “bravo y desde hace tanto tiempo sufriente pueblo de Irán”, e incide en que es esta clase de apoyos internacionales lo que necesitan los demócratas que plantan cara al régimen de los ayatolás.

El régimen de Teherán montó grandes concentraciones para despedir a Soleimani, pero las manifestaciones que se están celebrando van explícitamente contra Jamenei y su cohorte, [hay] llamamientos a la dimisión del Líder Supremo y en los campus universitarios de Teherán los estudiantes se niegan a caminar sobre las banderas americanas e israelíes pintadas en el piso. 

(…)

Pero quizá la noticia más interesante procede de la Casa Blanca, desde donde el presidente Trump se ha dirigido directamente al pueblo iraní en inglés y en farsi. [Ha condenado] la violencia del régimen contra la gente, y afirmado que siempre ha apoyado al pueblo y que seguirá haciéndolo.

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No creo que sea posible sobrestimar el impacto de las palabras del presidente tanto sobre el régimen como sobre los 70 millones de iraníes que lo rechazan. Es la primera vez que sucede algo así en cuarenta años, y corre por cuenta de un presidente que se ha afanado por llegar a un acuerdo con la República Islámica. (…) Ahora Trump se está dirigiendo directamente al pueblo iraní, y las manifestaciones [contra los ayatolás] son cada vez mayores (…)

(…) Ningún presidente norteamericano (…) había dado con la clave de Oriente Medio: acabar con la República Islámica. Este debió ser nuestro objetivo en 2003, en vez de la conquista de Irak y el derrocamiento de Sadam. Pero nos equivocamos de objetivo.

(…) Como sus predecesores, Trump no quiere invadir Irán; pero, a diferencia de ellos, ha visto que el régimen [islamista] está a punto del colapso, y que EEUU puede inspirar y liderar una revolución contra el campeón mundial del terrorismo.

En el New York Daily News, Michael Rubin, del American Enterprise Institute, advierte de que la región seguirá siendo presa de la inestabilidad hasta que no afronte por sí misma los graves problemas socioeconómicos que tiene planteados, y que hasta entonces ninguna intervención exterior tendrá éxito.

Aún no hemos aprendido la más perentoria de las lecciones de la implicación de EEUU en Oriente Medio, que dura ya décadas: la acción militar puede eliminar amenazas, pero no resuelve las causas subyacentes de la inestabilidad.

El Oriente Medio de hoy soporta presiones tremendas de orden económico, demográfico y social. Una generación joven e impaciente ve los Gobiernos de la región como indolentes, ineficaces e ilegítimos.

Ninguna estrategia procedente del exterior estabilizará la región hasta que los propios mesorientales afronten esas cuestiones fundamentales. Por eso el ‘aproach’ golpeamulás del presidente Trump no aportará más estabilidad que la que aportó el presidente Obama son su guerra de ‘huella ligera’ contra el Estado Islámico.

(…)

No se sabe qué será lo próximo, pero lo que está claro es que las viejas políticas e ideologías no pueden seguir sosteniendo el ‘statu quo’. Ningún país es inmune. Se avecinan más cambios, y lo que ha de verse es a qué ritmo y en qué dirección se producirán.