Contextos

El postureo iraní a propósito de la brutalidad policial en EEUU

Por Michael J. Totten 

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"Son los mismos disparates grotescos que utilizó la Unión Soviética cuando fingió apoyar los movimientos norteamericanos por los derechos civiles en la década de los 60"

El Gobierno iraní invitó a veinte escritores y activistas norteamericanos a una conferencia contra la brutalidad policial y el racismo la semana pasada. El ponente principal, Ahmad Salek, juró que Israel sería destruida en 25 años y comparó a los agentes de policía americanos con el ISIS.

El Gobierno iraní persigue a los homosexuales y los cuelga de grúas. Envía a la milicia Basij a las calles para que ataquen a manifestantes pacíficos con porras, cadenas, cuchillos y hachas. Es habitual, y de hecho su política, torturar a activistas progresistas e intelectuales en la cárcel de Evin.

¿Piensa esta gente que las vidas de los negros importan? ¿En serio?

¿Y que los agentes de policía americanos son como el ISIS? ¿En serio?

Y el ponente principal jura, en una sedicente conferencia contra el racismo, destruir el único Estado judío del mundo en el transcurso de una generación. ¿De verdad?

Esto ni siquiera puede calificarse de hipocresía.

Son los mismos disparates grotescos que utilizó la Unión Soviética cuando fingió apoyar los movimientos norteamericanos por los derechos civiles en la década de los 60.

No era fácil para un régimen totalitario promocionarse como defensor de los derechos humanos. Moscú gobernaba un imperio-continente de esclavos que asesinó a decenas de millones de personas. Pero eso no le impidió intentarlo. El Kremlin no se avergonzaba ni mucho menos de su historial: matar de hambre, deliberadamente, a millones de ucranianos, por ejemplo, o limpiar étnicamente a los tártaros de Crimea, o deportarlos a Uzbekistán. Y no olvidemos los millones que perecieron en los campos de trabajos forzados en Kolimá y Siberia.

Un régimen brutal al que le traía sin cuidado la segregación en los restaurantes y colegios de Alabama. Cómo iba a importarle. Todo fue una mera estratagema para aparecer en el lado correcto de la historia a ojos de quienes no tenían la menor idea de lo que pasaba en el mundo.

Cualquier movimiento por los derechos civiles en la Unión Soviética hubiera sido aplastado sin piedad. Evidentemente. Hubiera desaparecido ipso facto. Y la mayoría de la gente no se hubiera enterado jamás.

Y ahora, en 2015, Irán está haciendo exactamente lo mismo.

En parte, el régimen espera embaucar al número suficiente de activistas e intelectuales americanos para cambiar la opinión pública de aquí, a fin de tener aún más carta blanca en la arena internacional.

Pero la mayoría de sus objetivos son locales. El Gobierno ha sacado a pasear a estos activistas americanos por los colegios y la televisión para que los iraníes sepan lo supuestamente terribles que son las cosas allá.

Los activistas tenían la mejor intención, estoy seguro. No tenían ni idea de que iban a ser utilizados como herramientas de la estrategia propagandística de un régimen represivo y violento, como Corea del Norte se aprovechó de Dennis Rodman hace unos años.

Alguien debería sentarse con los activistas a explicárselo.

© Versión original (en inglés): World Affairs Journal
© Versión en español: Revista El Medio