Contextos

El Papa y el ayatolá

Por Julián Schvindlerman 

Hasán Ruhaní y el papa Francisco (enero 2016).
"La Santa Sede, sin la menor duda, busca "la promoción de la reconciliación, de la tolerancia y de la paz"; la República Islámica de Irán, desde luego que no. Lo que más y mejor promueve es el terrorismo, el despotismo y la guerra, ya sea en Gaza, el Líbano, Yemen, Siria o Irak. El comunicado hace mención al terrorismo y al tráfico de armas, actividades en las que Teherán está profundamente implicada"

Al concluir el encuentro entre el papa Francisco y el presidente de Irán, Hasán Ruhaní, el Servicio de Información del Vaticano emitió un lacónico comunicado que hacía referencia a “los coloquios, transcurridos en una atmósfera de cordialidad”, a “los valores espirituales comunes”, al “buen estado de las relaciones entre la Santa Sede y la República Islámica de Irán”, a “la aplicación del acuerdo nuclear”, al “papel que Irán está llamado a desempeñar (…) en la promoción de soluciones políticas adecuadas a las diversas problemáticas que afligen a Oriente Medio, en contraste con la difusión del terrorismo y el tráfico de armas”, a “la importancia del diálogo interreligioso” y a “la promoción de la reconciliación, de la tolerancia y de la paz”.

Amén.

Ahora desmenucémoslo.

El comunicado destaca el buen estado de las relaciones entre el Vaticano e Irán. De por cierto que ambos Estados han tenido posturas comunes en el pasado reciente. Francisco se opuso enfáticamente a una intervención militar estadounidense en Siria pronunciándose en público al respecto y convocando a una plegaria por la paz que reunió a más de cien mil feligreses en la Plaza de San Pedro. En cambio, no puso el mismo empeño en protestar por la intervención militar iraní (o la rusa, para el caso) en aquella nación árabe. El resultado neto de esta postura papal ha sido hasta el momento la preservación política del régimen de Asad, objetivo estratégico del régimen de los ayatolás.

En cuanto al pacto nuclear de Irán con las potencias mundiales, oportunamente el secretario pontificio para las Relaciones de la Santa Sede con los Estados afirmó, ante la Conferencia General del Organismo Internacional de Energía Atómica: “La Santa Sede valora positivamente este acuerdo porque considera que la manera de resolver los conflictos y las dificultades siempre debe ser el diálogo y la negociación”; en tanto que Francisco lo caracterizó como “un paso definitivo hacia un mundo más seguro y fraternal”. A principios de 2014, el embajador de Irán ante la Santa Sede elogió a Francisco como una “figura virtuosa” con la que Teherán cuenta para “resistir a los opresores y los poderosos con el apoyo divino”.

Aceptemos entonces que es pertinente aludir al buen estado de la relación bilateral.

El resto de las referencias presentadas en el comunicado vaticano difícilmente pueden haber sido abordadas en “una atmósfera de cordialidad”, como se señala. La Santa Sede, sin la menor duda, busca “la promoción de la reconciliación, de la tolerancia y de la paz”; la República Islámica de Irán, desde luego que no. Lo que más y mejor promueve es el terrorismo, el despotismo y la guerra, ya sea en Gaza, el Líbano, Yemen, Siria o Irak. El comunicado hace mención al terrorismo y al tráfico de armas, actividades en las que Teherán está profundamente implicada. Recordemos anecdóticamente que a inicios del año pasado la justicia iraní sacó de la circulación el periódico reformista Mardom e Emrupor publicar una imagen de George Clooney con una remera con el Je suis Charlie.

En cuanto a “la importancia del diálogo interreligioso” que marca el Vaticano, una mirada superficial a la situación del cristianismo en Irán sugiere que tal diálogo no es precisamente una característica del régimen de los ayatolás. En Irán, la comunidad cristiana es reconocida formalmente, goza de relativa libertad de culto y cuenta con tres representantes propios en el Parlamento, sí. Pero es una minoría apenas tolerada, lo que significa que los feligreses cristianos son acosados; y las conversiones, ilegales. El pastor Said Abedini  -cínicamente liberado unos pocos días antes del arribo del presidente iraní a Roma- estuvo encarcelado muchos por sus creencias religiosas y por evangelizar. Irán es un 99% musulmán y abrumadoramente chií. Menos del 1% es judío, cristiano, bahai o de otras denominaciones. Aun así, el régimen se ocupa de mantener a raya a estas minorías minúsculas y pacíficas. Apenas un par de semanas atrás, un panel de expertos en derechos humanos de la ONU condenó la continua detención de los cristianos en el país persa.

Todavía quedaría una pléyade de temas no citados en el comunicado. La Iglesia es rotundamente contraria a la pena capital. ¿Sabe Francisco que solamente en 2015 hubo más de 700 ejecuciones oficiales? El Vaticano se ha pronunciado contra la negación del Holocausto. ¿Sabe Francisco que el último diciembre la municipalidad de Teherán llamó a un concurso sobre caricaturas satíricas del Holocausto, concurso que es parte de una bienal que se ha celebrado en la capital iraní durante los últimos once años y que premia al ganador con 50.000 dólares? Este Papa ha proclamado reiteradas veces su respeto por el judaísmo, condenado enérgicamente el antisemitismo y llegado a afirmar: “Atacar a los judíos es antisemitismo, y un ataque abierto al Estado de Israel también es antisemitismo”. Asimismo, ha afirmado que el Estado de Israel tiene “todo el derecho a existir con prosperidad y seguridad”. ¿Sabe Francisco que hay un rito anual de manifestaciones antisionistas en las calles de Irán, en las que se clama por la aniquilación de Israel? ¿Sabe que apenas el último noviembre, en entrevistas mantenidas con la televisión francesa y un diario italiano, el presidente Ruhaní no repudió el anhelo de su país de destruir el Estado judío, al que llamó “ilegítimo”, y dijo estar a favor de “una solución de un Estado”, premisa que desafía la noción vaticana de dos Estados -uno palestino, otro israelí- para los dos pueblos?

En última instancia, el Papa no está más que haciendo lo mismo que ha empezado a hacer prácticamente el mundo entero: legitimar a un régimen monstruoso que agrede a diario los valores que los líderes occidentales proclaman defender. Un gesto para el recuerdo: para no herir la sensibilidad del presidente iraní durante su visita a los Museos Capitolinos, funcionarios italianos colocaron varias estatuas desnudas clásicas de la era romana en altas cajas de madera blancas. No sea cosa que Europa vaya a escandalizar a un ayatolá que mandó oficialmente a la tumba a 700 personas tan sólo en un año.