Contextos

El pago a Irán no fue un rescate; pero sí fue un rescate

Por Michael J. Totten 

Barack Obama y Hasán Ruhaní.
"En 1979, el régimen del sah Reza Pahlavi compró armas por valor de 400 millones de dólares. EEUU jamás envió el cargamento porque el ayatolá Jomeini derrocó al sah y tomó a 52 americanos como rehenes. Pudimos haber devuelto el dinero, pero el nuevo régimen iraní nos declaró la guerra y secuestró a nuestros diplomáticos, así que no lo hicimos""Estados Unidos no debería dar dinero, bajo ningún concepto, a ningún país con el que no esté en paz. ¿Habría devuelto Washington un préstamo a la Alemania nazi en 1943? Por supuesto que no. ¿Acaso habría dado EEUU nada de nada a los talibanes tras el 11-S? De ninguna manera. Tampoco se descongelaron jamás los 100 millones de dólares que tenía Osama ben Laden en activos"

Hace un par de semanas, el Wall Street Journal informó de que un avión estadounidense que llevaba 400 millones de dólares en efectivo aterrizó en Irán justo en el momento en que el Gobierno iraní dejaba en libertad a cuatro rehenes estadounidenses.

Los críticos afirman que los 400 millones eran el pago del rescate. La Casa Blanca y el Departamento de Estado lo niegan rotundamente.

Y llevan razón. Los 400 millones no eran el pago de un rescate, pero eran el pago de un rescate.

Digamos que Estados Unidos debe dinero a Irán. En 1979, el régimen del sah Reza Pahlavi compró armas por valor de 400 millones de dólares. EEUU jamás envió el cargamento porque el ayatolá Jomeini derrocó al sah y tomó a 52 americanos como rehenes.

Pudimos haber devuelto el dinero, pero el nuevo régimen iraní nos declaró la guerra y secuestró a nuestros diplomáticos, así que no lo hicimos. La Administración Obama dice que sólo estamos devolviendo ese dinero, pero los iraníes insisten en lo contrario.

“Se recibió todo ese dinero a cambio de la liberación de los espías americanos”, dijo el general iraní Mohamed Reza Nagdi, comandante de la milicia Basij, en la televisión estatal iraní.

Sólo los deliberadamente ignorantes dirían que el Gobierno de EEUU nunca miente sobre nada. Aun así, Washington es más honesto y fiable que Teherán. Y el portavoz del Departamento de Estado, John Kirby, insiste en que es absurdo.

Las negociaciones sobre la liquidación de una reclamación pendiente (…) fueron totalmente independientes de las conversaciones sobre el retorno de nuestros ciudadanos americanos a casa. No sólo las dos negociaciones fueron independientes, sino que las llevaron a cabo diferentes equipos por ambas partes, e incluían, en el caso de las reclamaciones de La Haya, técnicos que habían participado en ellas durante muchos años.

Eso es probablemente verdad, en la medida en que puede serlo. Si EEUU debe dinero a Irán, devolvérselo no es lo mismo que pagar un rescate, porque el pago de un rescate es someterse a una extorsión, no saldar una deuda. De acuerdo.

Pero esa no es toda la historia.

“Las víctimas americanas del terrorismo iraní ganaron sus pleitos contra la República Islámica en los tribunales de EEUU –escribe Lee Smith en The Weekly Standard– y la Administración Clinton, como explicaba un artículo publicado en Newsweek en enero, prometió que las indemnizaciones se abonarían con los 400 millones de dólares. Pero la Casa Blanca de Clinton jamás se los reintegró al Departamento del Tesoro, tampoco la Administración Bush. Los 400 millones de dólares que los ayudantes de Obama dicen que pertenecen a Irán deberían haber sido distribuidos hace mucho entre las víctimas estadounidenses de Irán. En cambio, han sido los contribuyentes de EEUU los que han compensado a las víctimas del terrorismo iraní. Y después, en enero, volvimos a pagar 400 millones a los iraníes. Los 1.300 millones de dólares de intereses que se supone que Estados Unidos debe a Irán no son más que una ficción urdida por la Administración Obama para dorar la píldora, pues Estados Unidos no tenía la obligación de pagar a Irán un dinero que ya no era de Irán”.

Pero dejemos eso a un lado en aras del debate. Esa tampoco es toda la historia. Asumiendo que Estados Unidos debiera a Irán esos 400 millones, ¿qué es eso de que se liberen rehenes estadounidenses justo en el momento en que llega el dinero?

¿Acaso el líder de Irán decidió liberar a esa gente porque tenía la conciencia intranquila?

¿Por qué el régimen iraní retuvo a esas cuatro personas, para empezar? No tenían ninguna relación las unas con las otras. Fueron arrestadas –secuestradas– en diferentes momentos y diferentes lugares. Les acusaron de una serie delitos. Sin embargo, todas fueron liberadas en el mismo momento del mismo día, y se fueron a casa en el mismo avión.

¿Por qué?

Algo pasó. Si no fue el pago en metálico de 400 millones, ¿entonces qué?

Sólo los teóricos de la conspiración creen que las coincidencias no existen, pero una especie de quid pro quo es una explicación mucho más plausible que una larga cadena de extraordinarias coincidencias. 

Una carta del Gobierno iraní que dice, en efecto, “Vosotros tenéis algo nuestro y nosotros tenemos algo vuestro”, no es exactamente lo que suele ser una nota de chantaje, pero se le acerca demasiado.

El hecho de que Estados Unidos deba, digamos, dinero a Irán sirve a Washington para salvar la cara y poder decir de manera medio creíble que no pagó un rescate, pero tengamos en cuenta por qué la política estadounidense prohíbe en primera instancia el pago de rescates. Si secuestrar estadounidenses resulta rentable, se secuestrará a más estadounidenses. Si secuestrar ciudadanos estadounidenses es un despilfarro de energía, tiempo y dinero, habrá muchos menos secuestros de estadounidenses.

Pagar un rescate que técnicamente no es un rescate estimula a los que toman rehenes casi tanto como el pago de un rescate convencional. Y esa es la razón por la que no debemos hacerlo.

Uno de los rehenes liberados, Said Abedini, dijo que él y los otros tres estaban listos para partir a las 22:00, pero que tuvieron que pasar la noche en el aeropuerto y se quejaron a sus captores por ello. “Me dijeron que el motivo por el que seguíamos en el aeropuerto es que estaban esperando a otro avión”. Los iraníes no mencionaron que el avión que esperaban traía dinero, pero el de los rehenes ya había repostado y estaba listo para partir. Estuvo toda la noche en el aeropuerto. Los rehenes esperaban a otro avión, no que los fueran a cambiar de aparato.

La portavoz del Departamento de Estado, Elizabeth Kennedy Trudeau, niega las afirmaciones de Abedini, pese a que él estaba allí y ella no. Esto dijo en una rueda de prensa:

No voy a entrar a discutir detalles específicos, pero las afirmaciones de que no se permitió a nuestros americanos liberados partir de Irán hasta que aterrizara un avión cargado de dinero son absolutamente falsas. Como ya dijeron antes públicamente otros funcionarios americanos, ese día hubo un retraso en la liberación de nuestros ciudadanos que no tenía nada que ver con la resolución de La Haya, sino con que hubo que resolver algunas cuestiones de última hora exclusivamente relacionadas con los prisioneros; la más importante, localizar a y asegurarse de que todas las personas relacionadas con el intercambio de prisioneros estaban en el avión y listas para partir: los señores Rezaian, Abedini y Hekmati. Baste señalar que reunir todas las piezas y asegurar que se liberaba a nuestros ciudadanos, con nuestro recíproco gesto de buena voluntad de socorrer a determinados ciudadanos iraníes que se encuentran aquí en Estados Unidos, exigió delicadas maniobras diplomáticas hasta el final. Así que creo que eso responde a su pregunta.

A Matt Lee, de Associated Press, no le satisfizo la respuesta y siguió insistiendo:

–Lee: Sólo quería saber… Sólo estoy intentando aclarar esto. ¿Me va a responder alguna vez a la pregunta sobre los aviones?
–Trudeau: Le he dado la respuesta que puedo darle.

–Lee: Así que no hay intención por su parte de revelar más información sobre qué…
–Trudeau: Os hemos contado lo que podemos contaros, Matt.

–Lee: Así que básicamente es una pérdida de tiempo seguir preguntando sobre ello. ¿Es eso lo que están diciéndonos?
–Trudeau: Prácticamente. Sí. Agradezco la pregunta. Como he dicho, no voy a entrar a discutir los detalles. Ya hemos explicado a qué se debió el retraso en la partida de los americanos, y lo voy a dejar ahí.

Todos tenemos que tener clara una cosa. Como escribe Lee Smith,

la toma de rehenes es un instrumento clave de la estrategia política iraní. Teherán lo considera útil para que sus adversarios entiendan que están dispuestos a violar las normas políticas y diplomáticas internacionales para salirse con la suya. Irán hace las cosas así, simplemente. Hezbolá, la guardia pretoriana de Irán en el Líbano, tomó como rehenes a multitud de ciudadanos de EEUU y de otros países en Beirut en la década de los ochenta. Para liberarlos, la Administración Reagan tuvo que dar armas a Irán, el patrono de Hezbolá.

Aun así, digamos, en aras del debate, que esto ni siquiera se parecía al pago de un rescate. En aras del debate, supongamos que Irán liberó a sus rehenes porque tenía cargo de conciencia, y que la llegada de los 400 millones fue una pura coincidencia. Y supongamos también –sin dejar de ser conscientes de que aquí nos estamos adentrando en un universo alternativo– que los 400 millones no debieran haber ido a las víctimas americanas del terrorismo iraní.

Seguiría estando mal que Washington pagara a Irán los 400 millones.

¿Por qué?

Porque Estados Unidos no debería dar dinero, bajo ningún concepto, a ningún país con el que no esté en paz. ¿Habría devuelto Washington un préstamo a la Alemania nazi en 1943? Por supuesto que no. ¿Acaso habría dado EEUU nada de nada a los talibanes tras el 11-S? De ninguna manera. Tampoco se descongelaron jamás los 100 millones de dólares que tenía Osama ben Laden en activos.

Muchos menos estadounidenses habrían objetado a que se devolvieran los 400 millones a Irán si el pago se hubiera producido en el momento del fin permanente de las hostilidades y del comienzo de una etapa de paz y cooperación, pero no es eso lo que está pasando, ni mucho menos.

Miren: negarse a pagar un rescate no tiene que ver con el dinero. Los Gobiernos se lo pueden permitir. Los contribuyentes ni siquiera lo notan. Se trata de negarse a poner en peligro la vida y la libertad de los ciudadanos estadounidenses en el extranjero; de negarse a hacer que el secuestro sea rentable.

“El problema”, dice el periodista de la NPR Michele Keleman, “es que desde entonces las autoridades iraníes han detenido a más occidentales. Ahora tienen retenidos a tres irano-americanos y también a dos ciudadanos con doble nacionalidad estadounidense-canadiense”.

¿Por qué iba a seguir el régimen iraní tomando rehenes americanos? Porque le resulta rentable.

© Versión original (en inglés): World Affairs Journal
© Versión en español: Revista El Medio