Contextos

El oscuro sarcasmo de Roger Waters

Por Eli Cohen 

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"Ante el oscuro sarcasmo que destila Waters, la calificación de antisemita se queda ciertamente corta""¿Dónde estabas, Roger, en el genocidio de Ruanda? ¿Dónde estabas cuando los civiles israelíes volaban por los aires en autobuses y cafeterías? ¿Dónde estabas cuando el régimen de Asad lanzó armas químicas sobre sus propios súbditos? ¿Dónde estabas cuando Hamás ajustició a colaboradores de Israel en plena calle? ¿Dónde estás cuando Irán cuelga a los homosexuales?"

Sobra decir que la música de Pink Floyd ha marcado etapas muy importantes en la vida de muchos nosotros. En mi caso, sus vinilos se me dieron como legado. Está de más justificarse, de pregonar que seguiré escuchando hasta el fin de mis días a la banda británica, porque no se trata de música; porque, entre otras cosas, no aplico los mismos baremos que emplea Roger Waters. Es un tema de moral. Tenebrosa. Sin embargo, atenderemos a uno de los emblemas de Waters como vocal de Pink Floyd: la letra de “The Wall”, que dice:

No dark sarcasm in the classroom!

Según la RAE, el sarcasmo es una “burla sangrienta, ironía mordaz y cruel con que se ofende o maltrata a alguien o algo”.

Burla sangrienta. Algo que encaja, perfectamente, con la reciente comparación que ha hecho Waters en una entrevista a Counterpunch entre Israel y la Alemania nazi.

Las reacciones desde varios frentes han sido significativas. En primer lugar, el director de la Liga Antidifamación, Abraham Foxman, que en su día defendió a Waters, ha concluido que, tristemente, el cantante y activista es antisemita, porque utiliza clichés clásicos como la influencia todopoderosa de un lobby judío mundial. En segundo lugar, Shlomi Eldar, columnista de Al Monitor, que se muestra bastante dolido en su artículo sobre la infame entrevista, analiza el discurso reduccionista y lleno de prejuicios del británico y le advierte de que afirmar que los israelíes son todos como el mainstream ultraderechista religioso es tan injusto y lleno de odio como afirmar que todos los palestinos son de Hamás o de la Yihad Islámica. Asimismo, recuerda que Waters se olvida de todas las organizaciones que trabajan por la paz y la convivencia en Israel, la mayoría muy críticas con la ocupación, cuando afirma que los israelíes no ven a los palestinos como humanos. Aún esperamos, por cierto, que surjan organizaciones similares en los territorios palestinos, aunque sea en una proporción de 100 a 1 en comparación con las presentes en Israel.  Eldar además apunta que, sin que esto haga mejores o peores a los israelíes o a los palestinos, es la televisión de Hamás –y muchas veces la de la Autoridad Nacional Palestina– la que califica a los judíos –hablan de judíos, sí, no de israelíes– de monstruos y de no humanos.

Ante el oscuro sarcasmo que destila Waters en la entrevista, la calificación de antisemita se queda ciertamente corta. Su utilización de retórica clásicamente antijudía, como el concepto de responsabilidad colectiva o el miedo a la conspiración judía mundial, es un reflejo de su textura moral. Ya este verano, en uno de sus conciertos, pintó una estrella de David en su famoso cerdo volador. Además, no hace justicia a la causa que dice defender tapándose los ojos ante acontecimientos que suceden no muy lejos de las fronteras israelíes.

Waters es, en suma, como todos aquellos intelectuales occidentales que corrían un tupido velo ante lo que pasaba más allá del Telón de Acero durante la Guerra Fría. Uno más de “la risa y los veinte millones”, como nos recordó Martin Amis en un libro imprescindible. En declaraciones al The Guardian, Waters afirmó:

El Holocausto fue brutal y despreciable más allá de nuestra imaginación. Jamás debemos olvidarlo. Tenemos que permanecer vigilantes. Jamás debemos permanecer callados y en silencio ante el sufrimiento de otros, sea cual sea su raza, color, etnia o religión. Todos los humanos merecen ser iguales ante la ley.

¿Dónde estabas, Roger, en el genocidio de Ruanda? ¿Dónde estabas cuando los civiles israelíes volaban por los aires en autobuses y cafeterías? ¿Dónde estabas cuando el régimen de Asad lanzó armas químicas sobre sus propios súbditos? ¿Dónde estabas cuando Hamás ajustició a colaboradores de Israel en plena calle? ¿Dónde estás cuando Irán cuelga a los homosexuales?

Aunque sobren en este caso, atenderemos a datos y cifras objetivas. El Stockholm International Peace Reserach Institute presenta una estimación en su anuario de 2009 y habla de unos 16.000 muertos en el conflicto entre israelíes y palestinos entre 1964 y 2008. Por su parte, el sociólogo alemán Gunnar Heinsohn, director del Instituto Raphael-Lemkin de la Universidad de Bremen, estimó en 51.000 las muertes derivadas del conflicto árabe-israelí entre 1950 y 2007, incluyendo para el efecto las guerras árabe-israelíes, en las que intervinieron países como Egipto, Siria, Líbano o Jordania.

El régimen nazi provocó la muerte de cincuenta millones de personas, entre ellas seis millones de judíos que pertenecían a la población civil de los países de Europa y eran ajenos al conflicto armado. Los campos de concentración, las cámaras de gas, los experimentos científicos o las leyes raciales sólo tienen mención, desde el río Jordán hasta el Mediterráneo, en el museo que Israel erigió para no olvidar lo sucedido. Acusar a los nietos de los supervivientes del Holocausto de nazis es, acudiendo una vez más al oscuro sarcasmo que Waters no quiere para los niños en las clases, una afirmación llena de odio y de maldad.

La acusación de apartheid hacia los árabes es tan débil que cae por el peso de los argumentos presentados. La Declaración de Independencia de Israel reza:

El Estado de Israel (…) promoverá el desarrollo del país para el beneficio de todos sus habitantes; estará basado en los principios de libertad, justicia y paz, a la luz de las enseñanzas de los profetas de Israel; asegurará la completa igualdad de derechos políticos y sociales a todos sus habitantes sin diferencia de credo, raza o sexo; garantizará libertad de culto, conciencia, idioma, educación y cultura, salvaguardará los Lugares Santos de todas las religiones y será fiel a los principios de la Carta de las Naciones Unidas.

La protección de las minorías –el 20% de la población– está a su vez asegurada en la Ley Básica de Libertad y Dignidad Humana y se hace efectiva con la realización de todos los derechos ciudadanos: existen tres partidos políticos árabes en el Parlamento; Salim Jubrán, árabe-israelí, es juez de la Corte Suprema; Lina Majul, árabe, ganó el año pasado el concurso La Voz… y así podemos seguir citando ejemplos durante todo el tiempo que dura la ópera rock The Wall.

Como ya apunté con motivo de la victoria del escritor Antonio Muñoz Molina sobre el movimiento BDS, el planteamiento de Waters y su panda, por el cual todos los israelíes, todos, son parte del mismo ente, el Estado-Gobierno criminal de Israel, da escalofríos. Porque dicho planteamiento sí que recuerda a la Alemania nazi.

Roger Waters, al fin y al cabo, pese a que también está un poco senil –los excesos de una rockstar deben de pasar factura, supongo–, responde a un antisemitismo puro. A este respecto, ha sido bastante clarificadora su respuesta en su página de Facebook a las acusaciones del rabino Abraham Cooper:

Tengo muchos amigos judíos.