Contextos

El olvidado frente contra el ISIS

Por Noah Rothman 

Ataque aéreo contra el Estado Islámico
"El próximo presidente heredará la campaña contra el ISIS; dado lo urgente de la misión, la gravedad de las cuestiones que aún no se han planteado a los candidatos que aspiran a suceder a Barack Obama como ejecutor de dicha campaña sigue siendo pasmosa""Para los mandos militares estadounidenses la perspectiva de una operación contra el ISIS con el objetivo de liberar y conservar esa ciudad supone una tarea de enormes proporciones""Prácticamente todos los candidatos presidenciales de ambos bandos han afirmado que quieren evitar, en lo posible, una implicación directa estadounidense sobre el terreno frente al ISIS"

El martes 8 de marzo el mundo occidental recibió una prometedora noticia desde el frente de la guerra contra el Estado Islámico. Aunque aún no había sido confirmado, las Fuerzas Armadas estadounidenses y fuentes de la comunidad de inteligencia creían que un alto mando del ISIS, Omar al Shishani, alias el Checheno, había muerto el viernes anterior en un ataque aéreo de la coalición en Siria. Es la más reciente victoria en la campaña militar de desgaste que libran los norteamericanos contra el grupo terrorista. El pasado febrero, en Irak, la Delta Force del Ejército estadounidense inició una campaña de contrainsurgencia con el objetivo de neutralizar objetivos del ISIS, establecer redes de informadores y líneas de abastecimiento, crear casas seguras y coordinar operaciones de combate con ingeniosos combatientes kurdos. Son operaciones importantes, pero resultan insignificantes para una organización que aún controla miles de kilómetros cuadrados de territorio y grandes centros urbanos. El próximo presidente heredará la campaña contra el ISIS; dado lo urgente de la misión, la gravedad de las cuestiones que aún no se han planteado a los candidatos que aspiran a suceder a Barack Obama como ejecutor de dicha campaña sigue siendo pasmosa.

Desde que la ancestral ciudad de Mosul cayera en manos de los combatientes del ISIS, en la primavera de 2014, los mandos militares iraquíes y occidentales se han centrado en cómo liberar su inmensa área metropolitana, así como sus alrededores. La coalición y las fuerzas iraquíes han conseguido algunos éxitos y hecho retroceder al grupo islamista. Las fuerzas de seguridad iraquíes y la milicia chií respaldada por Irán reconquistaron la ciudad de Tikrit en junio de 2015. Ramadi, capital de la provincia de Anbar, cayó ante fuerzas favorables a Bagdad en diciembre, tras seis meses de ocupación. Pero el largo preludio a la ofensiva para recuperar Mosul ha sido inesperadamente prolongado. Hace más de un año, el Pentágono reveló a la prensa que estaba preparando una ofensiva para reconquistar la ciudad que comenzaría ya en abril del año pasado. En febrero de 2015 fuentes del Departamento de Defensa afirmaron que las operaciones sobre Mosul no empezarían, como muy pronto, hasta el otoño. Actualmente la ofensiva sigue en espera indefinida.

Para los mandos militares estadounidenses, la perspectiva de una operación contra el ISIS con el objetivo de liberar y conservar esa ciudad supone una tarea de enormes proporciones. La batalla por Tikrit demostró que las fuerzas de seguridad iraquíes no estaban preparadas para llevar a cabo una misión de liberación por sí solas, sin apoyo de fuerzas auxiliares desplegadas sobre el terreno y de la Fuerza Aérea estadounidense. La lucha para liberar Ramadi de manos del ISIS dejó arrasado hasta los cimientos el 80% de esa ciudad, mucho más pequeña que Mosul, cuyo tamaño, por no mencionar la considerable población civil que aún vive en ella, muestra lo ingenuo de la simple idea de expulsar al grupo islamista de sus posiciones mediante bombardeos por saturación.

“Creo que entre el 75 y el 80% de la población de Mosul nos apoyaría”, declaró a CBS News el general iraquí Nayim al Yaburi. Como señalaron los reporteros de  la cadena, es la admisión implícita de que hay una parte sustancial de la población local que resistiría; muchos habitantes de Mosul recibieron al ISIS como a un liberador del corrupto Gobierno proiraní de Bagdad.

Es más: sigue abierta la cuestión de qué fuerzas participarían en la operación. Las milicias chiíes que ayudaron a liberar Tikrit no harían sino exacerbar las tensiones locales en Mosul, lo mismo que los peshmergas. “No es probable que las poblaciones locales acepten a los peshmergas kurdos solos en el interior de Mosul, porque temen que los kurdos las expulsen y ocupen sus territorios”, escribió la analista de War on the Rocks Denise Natali.

Además, Natali añadió que hay un componente político en la batalla por Mosul que debe aclararse antes de que comiencen los combates:

Decisivas partes interesadas locales y regionales siguen sin ponerse de acuerdo en quién debería tomar la iniciativa e involucrarse en la ofensiva sobre Mosul. Liberar la ciudad también tiene que ver con ‘quién recibe qué’ en una solución post Estado Islámico: límites, recursos, seguridad y gobierno local. Una estrategia estadounidense con éxito desde el punto de vista militar no puede resolver estas cuestiones; sin embargo, deberá tener en cuenta la naturaleza política que subyace a la campaña y la necesidad de acuerdos iraquíes que marcarán los plazos, participantes y el resultado potencial.

Puede que Mosul sea la cuestión más urgente que afrontan los estrategas militares occidentales contra el ISIS, pero no es ni mucho menos la única.

¿Alguno de los aspirantes a comandante en jefe de Estados Unidos impondrá a su Departamento de Defensa un plazo para la liberación de Mosul? ¿Darán prioridad a hacer retroceder al ISIS en territorio iraquí antes que a expulsarlo de sus conquistas en Siria?

Prácticamente todos los candidatos presidenciales de ambos bandos han afirmado que quieren evitar, en lo posible, una implicación directa estadounidense sobre el terreno frente al ISIS. Sin embargo, el próximo presidente heredará una serie de campañas aéreas dirigidas por Estados Unidos que incluyen un componente terrestre de las fuerzas especiales en Irak, Siria y Libia. ¿Reducirían esas campañas a costa de la seguridad regional y, en última instancia, global?

¿Y qué hay de la tan cacareada fuerza terrestre suní que supuestamente librará todos los combates en lugar de los norteamericanos? Ésa fue la contribución del presidente Barack Obama al esfuerzo bélico, pero su coalición panárabe de Gobiernos contrarios al ISIS se ha quedado en nada. Desplegar una fuerza terrestre predominantemente suní no es más que una quimera evidentemente diseñada para sosegar a los estadounidenses que quieren que el grupo terrorista sea derrotado pero que desean evitar con todas sus fuerzas que haya tropas estadounidenses implicadas en ello. Sólo después de los atentados de París, dirigidos por el Estado Islámico, los legisladores norteamericanos comenzaron a hablar abierta y seriamente de la necesidad de enviar tropas de combate estadounidense si el objetivo es “minar y destruir” realmente al ISIS. Pero esa seriedad pronto se desvaneció junto con el recuerdo de esos atentados, y probablemente haga falta más sangre occidental para revivirla.

Hace falta tener una inocencia particular para defender sinceramente que este ciclo electoral se ha caracterizado por una seriedad y decisión acordes con la dimensión de los retos que afronta el país. Sin embargo, es sorprendente que esas cuestiones no hayan sido abordadas de manera satisfactoria por ninguno de los candidatos presidenciales que siguen en liza.

© Versión original (en inglés): Commentary
© Versión en español: Revista El Medio