Contextos

El nuevo mapa político israelí

Por Julián Schvindlerman 

Benjamín Netanyahu, primer ministro de Israel.
"A pesar de las aprehensiones que muchos puedan tener sobre el real o presunto extremismo de Lieberman y sus aptitudes para el cargo, la reorganización del Gabinete no cambiará nada acerca de la posición estratégica de Israel. Como dice Jonathan Tobin, la paz no tampoco hubiera estado a la vuelta de la esquina si Netanyahu hubiera hecho un trato con el laborista Herzog. Para empezar, Hamás seguiría gobernando en Gaza. En cuanto a la relación estratégica de Israel con Estados Unidos, depende más de quién gobierna en Washington que de la cartera de Lieberman. Y en el plano regional, ni el ISIS, ni Asad, ni Putin, ni Ruhaní, ni Al Qaeda ni los talibanes alterarán sus planes por que Lieberman haya entrado en el Gabinete israelí"

La última jugada política de Benjamín Netanyahu de sumar al excanciller Avigdor Lieberman a su coalición de Gobierno reforzará al premier en el plano doméstico y podría debilitarlo internacionalmente. Pero esencialmente no cambiará mucho las cosas.

La incorporación de Lieberman apaciguará a la derecha más dura y dará mayor estabilidad a la coalición, que pasa de 61 a 67 bancas en el Parlamento, lo que puede que permita a Netanyahu arribar a 2018 como la personalidad que durante más tiempo ha sido primer ministro de Israel.

Como anotó David Aaron Miller, Moshé Yaalón se hizo prescindible en el momento en que se puso de lado de los militares que habían asumido posiciones contrarias a las del premier. El puesto de ministro de Defensa suele ser más político que técnico, y es siempre sensible a los vientos de la política. Al no sancionar a un alto mando que controvertidamente equiparó la atmósfera política en Israel con la de la Alemania de los años treinta, básicamente Yaalón selló su propio despido. De cualquier manera, su salida es una enorme pérdida para el Gobierno, pues ha demostrado ser un ministro eficiente y un político moderado que ha forjado lazos estrechos varios actores políticos.

En el plano internacional, la llegada del poco estimado Lieberman al Gobierno sólo causará malestar y posiblemente vaya a redundar en más tensiones entre Jerusalem y otras capitales del orbe. La prensa global se dará un festín informando, debatiendo sobre y criticando lo que ve como las más controvertidas posiciones de Lieberman, a saber: eliminar el árabe como idioma cooficial del país, apoyar la pena de muerte para terroristas, limitar los poderes de la Corte Suprema, promover la construcción de asentamientos y transferir poblados árabes de Israel a un futuro Estado palestino a cambio de zonas de alta densidad demográfica judía en Cisjordania. Lieberman apoya la solución de dos Estados, pero también ha descrito la Autoridad Palestina como un ente intrascendente y llamado a matar a los líderes de Hamas si no devuelven los cuerpos de soldados israelíes muertos en la guerra de Gaza de 2014. Este hábil político es propenso a declarar lo primero que le viene a la mente, y con seguridad eso pondrá en aprietos al Gobierno, que deberá confirmarlo o desmentirlo.

A la vez, Lieberman es un halcón que facilitará a Netanyahu la tarea de avanzar en posiciones poco simpáticas ante la opinión pública mundial, pero necesarias para la seguridad y el futuro de Israel. Podrá desempeñar el proverbial papel de poli malo, cubriendo al premier de los dardos que la reacción internacional pudiera arrojar contra el Gobierno. No debe subestimarse, sin embargo, los conflictos en la propia coalición gubernamental que pudieran darse por otras posturas de Lieberman, como su fuerte apoyo al servicio militar obligatorio para los jóvenes ultraortodoxos.  

Lieberman hace declaraciones fuertes, pero su larga experiencia de Gobierno, 15 años con, los primeros ministros Ariel Sharón, Ehud Olmert y Benjamín Netanyahu, muestra que es pragmático y sabe navegar las aguas de la política. Hay que recordar que en los años en que fue canciller de Netanyahu no desató ninguna guerra nuclear. Por lo demás, Lieberman no será apreciado por Europa o por el actual inquilino de la Casa Blanca, que ya tiene una pésima relación con el propio Netanyahu, lo que no es exclusiva responsabilidad del premier israelí.

A pesar de las aprehensiones que muchos puedan tener sobre el real o presunto extremismo de Lieberman y sus aptitudes para el cargo, la reorganización del Gabinete no cambiará nada acerca de la posición estratégica de Israel. Como dice Jonathan Tobin, la paz no tampoco hubiera estado a la vuelta de la esquina si Netanyahu hubiera hecho un trato con el laborista Herzog. Para empezar, Hamás seguiría gobernando en Gaza. En cuanto a la relación estratégica de Israel con Estados Unidos, depende más de quién gobierna en Washington que de la cartera de Lieberman. Y en el plano regional, ni el  ISIS, ni Asad, ni Putin, ni Ruhaní, ni Al Qaeda ni los talibanes alterarán sus planes por que Lieberman haya entrado en el Gabinete israelí.

Con todo, los alarmistas clamarán contra el nuevo Gobierno israelí y con seguridad lo responsabilizarán de desarrollos que, debemos admitir, o bien no dependen sólo de él, o bien están más allá de su alcance.

julianschvindlerman.com.ar