Revista de Prensa

El Nobel de la Paz... y de la memoria

 

Elie Wiesel.

En este texto, el Premio Nobel de la Paz 1986 llama a permanecer alerta frente a la República Islámica de Irán, por su abominable registro en materia de derechos humanos y su furia genocida contra el Estado de Israel.

Si hay una lección del pasado que espero el mundo haya aprendido, es que no hay que fiarse de los regímenes basados en la brutalidad. Y las palabras y los hechos del liderazgo iraní no dejan lugar a dudas a propósito de sus intenciones.

Aunque parece que el primer ministro iraquí, Nuri al Maliki, es ajeno a la operación, un diario kuwaití confirma el contrabando de armamento con destino a la guerrilla chií libanesa Hezbolá procedente de Teherán y Damasco.

Iran y siria están supuestamente enviando armamento de contrabando a Hezbolá a través de los aeropuertos iraquíes para evitar los ataques de las fuerzas armadas israelíes a los destacamentos que cruzan la frontera de Siria hacia Líbano.

De acuerdo con este informe, este método para enviar armas fue acordado por las dos partes hace dos meses.

Mikel Ayestarán explica en el diario español ABC los problemas para que la cumbre del próximo 22 de enero, en la que se intentará negociar un acuerdo de paz, culminen con éxito. El recrudecimiento de los combates y la perpetración de matanzas como estrategia para fortalecer las posiciones de los dos bandos amenazan con llevarse por delante cualquier esperanza.

Mientras la comunidad internacional cuenta los días para la llegada del 22 de enero, fecha marcada para la cumbre de paz sobre Siria que se debería celebrar en Ginebra, sobre el terreno ambos bandos parecen aumentar la intensidad de sus acciones para llegar fuertes a una cita imposible “sin un alto el fuego previo, no se puede negociar si antes no se detiene la violencia”, confiesa el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, que en breve planteará el tema ante el Consejo de Seguridad.

(…)

Pese a los repetidos llamamientos por parte de la oposición para la imposición de una zona de exclusión aérea en el norte de Siria, la comunidad internacional nunca ha sido capaz de ponerse de acuerdo y Bashar Al Assad domina los cielos del país desde los que, además de Alepo, también ha lanzado ataques en las últimas horas contra posiciones rebeldes en la frontera con Jordania.

Témoris Grecko analiza para el diario argentino La Nación las causas del predominio de los grupos yihadistas en el bando rebelde, así como las consecuencias que este fenómeno puede acarrear en el futuro en toda la zona.

El predominio de los jihadistas en Siria es un fantasma que se viene agitando desde el estallido mismo de la revuelta. En su guerra de propagada, el régimen de Bashar al-Assad viene denunciando que toda la oposición insurrecta está compuesta por terroristas islámicos, y los países islámicos siempre temieron que si les entregaban armas a los rebeldes, éstas terminarían en manos de los extremistas de Al-Qaeda.

Finalmente, terminó convirtiéndose en una profecía autocumplida. Tanto el régimen, por su acción, como Occidente, por su inacción, contribuyeron a que milicias ligadas a la organización que fundó Osama ben Laden alcanzaran preeminencia, así como a que se produjera una radicalización religiosa de otros grupos que antes eran revolucionarios.

David Alandete, corresponsal del diario español El País en Jerusalén, hace un repaso de la biografía reciente de Bashar al Asad, un gobernante que se ha mantenido en el poder en medio de las condiciones más duras.

Para el presidente sirio la paciencia ha sido una espera amarga que ahora da frutos dulces. Desde luego, Bachar el Asad ha sabido esperar. Desde que el levantamiento en su contra incendiara su país en 2011, se le ha dado por acabado muchas veces. Líderes mundiales, como Barack Obama, ha repetido que sus días están contados, que no hay más resultado a esta crisis que su derrumbe y el de su régimen. Él, sin embargo, ha convertido el aguante en una estrategia que ha dado grandes réditos. Más afianzado que nunca en esta guerra, preside, eso sí, un país destrozado, con más de 100.000 sirios muertos y seis millones de desplazados internos y externos, dejado atrás hace mucho tiempo el momento en que una reconciliación nacional era posible.