Contextos

El moderado Ruhaní manda un secuestrador a la ONU

Por Richard Grenell 

Hasán Ruhaní.
"El dirigente supuestamente moderado está siendo asesorado por un hombre que contribuyó a aterrorizar a diplomáticos y ciudadanos estadounidenses durante más de un año. Un dirigente que tratara de encontrar puntos en común con sus enemigos, ¿escogería a Abutalebi para que fuera el rostro de Irán ante la diplomacia mundial? Un dirigente que afirmara estar intentando cambiar la imagen de su Estado defensor del terrorismo, ¿enviaría a un terrorista al mismo país al que aterrorizó? Parece algo indefendible, incluso para los cómplices mediáticos de Ruhaní"

El presidente iraní, Hasán Ruhaní, ha sido alabado por muchos en los medios de comunicación estadounidenses y europeos como un moderado que está alejando a la República Islámica de su pasado. El propio Ruhaní hizo campaña con la promesa de mejorar la relación de Irán con otros países y acabar con sus años de aislamiento internacional. Sus partidarios en los medios han ido tan lejos como para promover una imagen suya de apoyo a los ideales occidentales. La proiraní página web Al Monitor, en la que trabajan muchos periodistas norteamericanos, ha proclamado el apoyo de Ruhaní a la privatización, a las medidas anticorrupción y a la lucha contra la contaminación. El presidente Obama incluso recompensó al iraní con una llamada telefónica amistosa de 15 minutos de duración, la primera conversación entre un presidente estadounidense y uno iraní desde 1979.

Pero, para ser un hombre que se supone que se aleja del pasado, Ruhaní ha enviado recientemente un enérgico mensaje que señala que aún acepta una época muy oscura. El líder de la República Islámica ha designado como embajador ante Naciones Unidas a Hamid Abutalebi, un hombre a quien muchos consideran un participante clave en la toma de 52 rehenes norteamericanos durante 444 días en 1979.

La elección de Abutalebi por Ruhaní para que encabece su diplomacia en la sede de la ONU en Nueva York supone un desafío directo para quienes afirman que es un moderado. Abutalebi fue seleccionado por el presidente iraní para ser su jefe adjunto de Gabinete para asuntos políticos, puesto que ocupa actualmente. El dirigente supuestamente moderado está siendo asesorado por un hombre que contribuyó a aterrorizar a diplomáticos y ciudadanos estadounidenses durante más de un año. Un dirigente que tratara de encontrar puntos en común con sus enemigos, ¿escogería a Abutalebi para que fuera el rostro de Irán ante la diplomacia mundial? Un dirigente que afirmara estar intentando cambiar la imagen de su Estado defensor del terrorismo, ¿enviaría a un terrorista al mismo país al que aterrorizó? Parece algo indefendible, incluso para los cómplices mediáticos de Ruhaní.

Los medios estadounidenses que apoyan a Ruhaní, como Al Monitor, con sede en Washington DC, han sostenido desde hace tiempo que el presidente iraní es, decididamente, un moderado, pero que tiene la difícil tarea de enfrentarse a miembros del Gobierno partidarios de la línea dura. Pero el que los medios presenten a Ruhaní como la voz de la razón en la República Islámica no es la única excusa que presentan para Irán. Sea cual sea la cuestión, los aliados mediáticos de los iraníes generalmente desestiman la implicación de Ruhaní si ésta le hace quedar mal. El mantra “lo está intentando” está siempre presente. Pero ayer Laura Rozen, de Al Monitor, definió el problema de Abutalebi y los rehenes como “una supuesta relación lejana”. En una extensa y enrevesada defensa de Abutalebi y de Ruhaní, Rozen cita sólo a defensores del primero y lo presenta como a un simple traductor para el Gobierno iraní durante la crisis de los rehenes. El artículo de Rozen sigue vericuetos y se aferra a toda clase de excusas para justificar que Abutalebi citara a unas fuentes anónimas que afirmarían que el expresidente Ahmadineyad le odia, para sostener que no tiene relación con la crisis de los rehenes y que, en realidad, es un reformista que incluso ha servido de traductor para el personal del Papa a fin de ayudar a liberar a mujeres y niños cuando la situación con los rehenes se bloqueó. El artículo apuesta por Abutalebi y, extrañamente, defiende que es el hombre perfecto para un puesto diplomático de alto rango.

Los medios estadounidenses que defienden a Abutalebi no ven siquiera los evidentes problemas que hay con Ruhaní y, con ello, debilitan el resto de sus argumentos de que es un reformador. Demuestran ser ciegos defensores de una peligrosa estrategia. El visado de Abutalebi para entrar en Estados Unidos debería ser rechazado inmediatamente. Resulta desconcertante que la Administración Obama esté permitiendo que se desarrolle este debate, lo que indica que no está segura de qué decisión tomar. Los norteamericanos, y en particular los neoyorquinos, no deberían verse en la tesitura de tener que acoger a un hombre que, claramente, tomó parte en la pesadilla iraní de los rehenes.