Contextos

El ISIS pone la mira en Oriente

Por Vijeta Uniyal 

Estado Islámico
"Los legisladores y funcionarios indios están atrapados en el mismo supuesto políticamente correcto –pero incorrecto en todo lo demás– que sus homólogos occidentales. Ellos también parecen tener miedo a llamar al terrorismo islámico por su legítimo nombre. En su lugar, parecen estar intentando distraer a la opinión despilfarrando el dinero de los contribuyentes en programas ineficaces de bienestar social"

El Estado Islámico (ISIS) tiene al parecer planes para conquistar y subyugar las antiguas civilizaciones de Oriente, en el marco de su yihad mundial. El manifiesto que acaba de difundir el sedicente califato incluye, entre sus posiciones ideológicas y objetivos estratégicos, amenazas directas contra los hindúes y contra el primer ministro indio, Narendra Modi.

El manifiesto, en inglés y de 130 páginas, titulado “Banderas negras del Estado Islámico (2016)”, fue publicado a principios de mes en varios foros de simpatizantes del grupo. Anteriormente, en junio, el ISIS había puesto en circulación otro documento donde declaraba sus ambiciones de expandir la yihad a la India.

El manifiesto de este mes reclama la India como parte del califato y arremete contra los hindúes que “matan a los musulmanes que comen ternera”. Algunos grupos de hindúes han estado haciendo campaña a favor de la prohibición de matar vacas, en concordancia con los sentimientos religiosos asociados a este animal, que la mayoría de los hindúes considera sagrado.

El movimiento social y político de reavivamiento del hinduismo se ha visto reforzado por la histórica elección, hace 18 meses, del primer ministro Narendra Modi y su partido nacionalista, el BJP. El manifiesto del ISIS se refiere a Modi como “un nacionalista hindú de derechas que rinde culto a las armas y está preparando a su pueblo para una futura guerra contra los musulmanes”.

El Gobierno de Modi quiere reducir la dependencia india de los proveedores de armamento extranjeros alentando a las empresas foráneas a que inicien actividades de fabricación en el país. Incentivadas por la desregulación en el sector de la defensa, varias compañías extranjeras han puesto en marcha cadenas de producción y empresas conjuntas con socios locales.

Sin dejarse amilanar por las pérdidas sobre el terreno en Siria e Irak, la propaganda del ISIS en las redes sociales ha proclamado repetidas veces el objetivo de un califato islámico o un imperio teocrático que rija sobre todo el subcontinente indio, partes de Asia Oriental, Oriente Medio y África del Norte y Central.

El nuevo manifiesto reconoce que la matanza de Bombay de 2008, contra objetivos turísticos, comerciales y culturales de la ciudad –incluida una sinagoga–, fue un modelo para los recientes atentados de París. “En el centro de París”, dice, “algunos muyahidines armados con AK-47 copiaron el estilo de los ataques de Bombay disparando a través de las ventanas de un café (donde se servía alcohol y comida), la gente cayó al suelo y lanzaron una granada al recinto”.

Tras los atentados de París, la India se puso en estado de alerta.

Con el fin de ampliar el horizonte intelectual de los lectores, el manifiesto recomienda textos anteriores de ISIS como “Banderas negras desde el este”, “Banderas negras desde Roma” y “Banderas negras desde Palestina”.

Según las agencias de inteligencia indias que vigilan las actividades del ISIS, al menos veinte indios se han unido a sus filas como combatientes en Irak y Siria, y se está vigilando a otras 150 personas de las que se sospecha están implicadas en actividades relacionadas con el ISIS. Desde 2005, la India ha perdido a más de 7.400 civiles y 3.200 agentes de seguridad a causa del terrorismo.

El apoyo al ISIS no es cosa de un puñado de agentes identificables. Se exhiben con frecuencia banderas e insignias del grupo en manifestaciones y encuentros religiosos en la provincia de Cachemira, de mayoría musulmana. En julio, el Eid al Fitr, festividad islámica, estuvo marcado por el vandalismo generalizado y el lanzamiento de piedras por parte de alborotadores que ondeaban banderas pakistaníes, palestinas y del ISIS.

Las operaciones del ISIS en las redes sociales también llevan al menos una firma india. El año pasado, en la sureña ciudad de Bangalore, la Policía arrestó a un ingeniero de 24 años que gestionaba una de las principales cuentas de Twitter asociadas al ISIS. La referida cuenta, con base en la India, tenía 17.700 seguidores y difundía propaganda del ISIS, incluidos vídeos de decapitaciones.

Las ambiciones declaradas del ISIS de convertir la India en parte del imperio musulmán no se basan en la histórica conquista islámica de la India, especialmente entre los siglos XII y XVI, sino que tienen su origen en la teología canónica, fundamental para la profecía islámica del fin de los tiempos recogida en los hadices. Los textos que recogen los dichos y hechos del profeta del islam, Mahoma, colectivamente llamados Ghazwa e Hind, predicen una batalla final contra la India y el triunfo de las tropas musulmanas invasoras sobre los hindúes.

En lugar de abordar el problema frontalmente, las organizaciones musulmanas indias continúan negando la presencia del Estado Islámico y sus afiliados en el país. El pasado día 9, un organismo que agrupa a las organizaciones musulmanas, el All India Muslim Majilis e Mushawarat, emitió un comunicado de prensa donde se decía que las informaciones sobre la penetración del ISIS en la India “eran confusas y carecían de fundamentos”.

Pese a los vídeos que emiten con frecuencia los canales de noticias indios, en los que se suele ver a musulmanes con banderas del ISIS en encuentros religiosos y manifestaciones en Cachemira, los líderes musulmanes siguen diciendo que el ISIS “no existe en Cachemira”. En su lugar, se presentan como víctimas de una sofisticada conspiración tramada por las fuerzas de seguridad indias para “facilitar las detenciones a gran escala”.

El Gobierno del primer ministro Modi ha reaccionado a la grave amenaza de seguridad que plantea el ISIS con una nueva estrategia de contraterrorismo. Estas medidas se pueden describir como un intento de ingeniería social por el que el Gobierno promete un mayor gasto en programas educativos y de empleo, con la esperanza de mantener a los jóvenes musulmanes alejados de la influencia de los islamistas radicales. El inconveniente de este enfoque es que aborda un problema que no tiene relevancia. La mayoría de los musulmanes de los que consta su adhesión a las filas de ISIS provienen, según parece, de familias acaudaladas y poseen títulos profesionales. La mayoría tuvo los medios para viajar al extranjero a unirse al ISIS, en un país donde la mayoría de la gente gana menos de tres dólares al día. Los pobres están demasiado ocupados intentando sobrevivir.

Si la pobreza lleva a la gente a cometer actos de terrorismo, ¿por qué los hindúes no están haciendo cola para unirse a su versión de los grupos yihadistas?

Los legisladores y funcionarios indios están atrapados en el mismo supuesto políticamente correcto –pero incorrecto en todo lo demás– que sus homólogos occidentales. Ellos también parecen tener miedo a llamar al terrorismo islámico por su legítimo nombre. En su lugar, parecen estar intentando distraer a la opinión despilfarrando el dinero de los contribuyentes en programas ineficaces de bienestar social. Tal vez estos funcionarios esperan que la gente piense que al menos se está haciendo algo y no vea que, en vez de contrarrestar al ISIS, solo están huyendo del problema.

© Versión original (en inglés): Gatestone Institute
© Versión en español: Revista El Medio