Revista de Prensa

El incendio del Reichstag de Erdogan

 

El Reichstag en llamas

El analista Matthew Karnitschnig elabora un reportaje con numerosas opiniones de expertos en el que se compara el golpe de Estado fallido del pasado viernes con el incendio del Parlamento alemán por los nazis en 1933, que Hitler utilizó para acabar con las libertades individuales y asentar las bases de su dictadura.

“No hay duda de que estamos asistiendo a la consolidación de una nueva forma de régimen autoritario con ribetes populistas”, dice Ayse Kadioglu, profesor de la Universidad Sabanci de Estambul, en un ensayo para Open Democracy.

“Con la represión de los medios de comunicación y las libertades académicas, las detenciones arbitrarias y una creciente violencia en las provincias del sureste, los ciudadanos en Turquía se han estado enfrentando a grandes restricciones en sus libertades fundamentales durante los años recientes. El intento de golpe de Estado del 15 de julio es como el último clavo en ese ataúd”.

Como con el incendio del Reichstag, que los nazis atribuyeron a un anarquista holandés, puede resultar imposible decir con certeza quién estuvo detrás de la intentona golpista del pasado fin de semana. Si los dirigentes turcos utilizan el caso para reformar la Constitución y dar a Erdogan libertad absoluta, como parece probable, eso es algo que ya carecerá de importancia.

Soner Cagaptay, del Washington Institute for Near East Policy, baraja la posibilidad de que la intentona golpista del viernes sitúe a Turquía en un escenario semejante al que le sirvió al ayatolá Jomeini para canalizar el descontento hacia el Sah e imponer su régimen islamista en Irán, hoy convertida en República Islámica.

Los partidarios de Erdogan que salieron a la calle para hacer frente al golpe –y que han continuado en ellas [tras el fracaso del mismo]– no son flores de invernadero del AKP [Partido Justicia y Desarrollo, la formación del propio Erdogan], sino islamistas, incluso yihadistas. (…) Las revoluciones no requieren mayorías, sino unas minorías furiosas y excitadas dispuestas a actuar violentamente para tomar el poder. (…) Si el señor Erdogan llevara más allá el fervor religioso, podría convertir el contragolpe religioso en una contrarrevolución islamista y acabar con la condición de Turquía como democracia laica.

El empeño de Erdogan de cambiar la Constitución de Turquía para aumentar sus poderes no es la solución para acabar con la polarización de la sociedad turca: esta es la tesis de Aykan Erdemir, exparlamentario turco y miembro de la Foundation for Defense of Democracies, que aboga por fortalecer los principios que permiten la vida en libertad y la aceptación de las diferencias.

Hace una década, Turquía fue aclamada como una historia de éxito debido a su economía pujante, su política exterior proactiva y sus progresos en la incorporación a la UE. Hoy, el país está siendo noticia por diferentes razones: frecuentes ataques terroristas, creciente polarización, profundo aislamiento diplomático y una economía debilitada. Ankara necesita urgentemente cambiar el rumbo. Esto requiere, en primer lugar, un nuevo contrato social.

Desgraciadamente, los intentos fracasados de tener una nueva ley fundamental parecen haber erosionado el entusiasmo por realizar nuevos esfuerzos. Gran parte de la opinión pública turca reconoce la necesidad de reformar la Constitución vigente, pero no hay estrategias viables para superar los obstáculos políticos y sociales que, hasta ahora, han impedido el compromiso.

(…)

En el actual contexto político polarizado (…), el punto muerto constitucional va a ser probablemente prolongado a medida que retos más urgentes, como la escalada de violencia y la crisis de la política exterior, adquieren prioridad sobre los derechos civiles y las libertades. En Turquía, una vez más, los derechos del individuo tendrán que esperar.