Contextos

El futuro del Estado Islámico se juega en Libia

Por Pablo Molina 

Bandera libia.
"Las derrotas del EI en Oriente Medio aumentan la importancia del control de sus predios norteafricanos, donde disputa a Al Qaeda la primacía terrorista"

La organización terrorista islamista liderada por el califa Abubaker al Bagdadi ha sufrido constantes reveses en sus principales feudos de Siria e Irak. En ambos países, el Estado Islámico no deja de perder territorio y las fuerzas aliadas amenazan con desalojarlo de sus últimos reductos.

Pero los problemas para el califato terrorista se extienden también a sus dominios africanos, situados en el norte y el oeste del continente, donde la situación no es mucho mejor para sus intereses. El caso paradigmático es Libia, un Estado fallido tras la caída del dictador Gadafi que se había convertido en el bastión del EI en el norte de África. Allí, el EI ha ido cediendo terreno en el último año, en una dinámica de derrotas que culminó el pasado mes de diciembre con la pérdida de Sirte, capital regional de la organización a cuyo control el EI destinó ingentes recursos, incluso llevó combatientes de los principales escenarios de conflicto en Siria e Irak para tratar de asegurarla.

Las derrotas del EI en Oriente Medio aumentan la importancia del control de sus predios norteafricanos, donde disputa a Al Qaeda la primacía terrorista.

¿Qué podemos esperar del EI en África a medio plazo? Esa es la pregunta que aborda este estudio de la Fundación para la Defensa de las Democracias, firmado por Daveed Gartenstein-Ross, Jacob Zenn y Nathaniel Barr.

El documento analiza la situación en las seis zonas en que ha dividido el territorio en el que se mueve el grupo terrorista. En cada una de ellas se evalúa la capacidad del EI y sus perspectivas de expansión a medio plazo. El lugar con una mayor relevancia crítica es, sin lugar a dudas, Libia.

En Libia, los terroristas del EI tratan de recuperarse de la pérdida de Sirte, ciudad situada en la costa central del país y destinada a convertirse en refugio en caso de que la organización pierda irremediablemente la batalla por los territorios de Sira e Irak. Precisamente la pérdida de Sirte va a propiciar, según los autores, una auténtica diáspora de células terroristas islamistas, que forzosamente tendrán que diseminarse por la región. Este movimiento de criminales producirá a lo largo de los próximos años un aumento de las tensiones en la lucha contra el terrorismo que se lleva a cabo en los países del entorno, como Túnez y Argelia.

El estudio traza diversos escenarios, organizados por su grado de probabilidad. Todo parece indicar que el EI se convertirá en una red de guerrillas que combatirá a los dos Gobiernos que se disputan el control de Libia y llevará a cabo atentados de diversa intensidad en las principales ciudades y núcleos industriales del país. El documento otorga a esta posibilidad un nivel alto de certidumbre.

Otros escenarios probables, aunque en menor medida, son la absorción de los terroristas del EI por parte de Al Qaeda y la persistencia del statu quo, signado por la pugna entre ambas organizaciones. Menos probable resulta, para los autores, una reconciliación nacional libia, que tendría efectos muy importantes en la lucha contra el yihadismo y pondría contra las cuerdas al EI. Al mismo nivel sitúan la posibilidad de que la salida de terroristas de Libia convierta el norte de Mali en un campo relevante de batalla.

Finalmente, el escenario menos probable es que la lucha por el poder en Libia se recrudezca y se convierta en un conflicto civil a gran escala. En ese ambiente de caos, el EI encontraría el caldo de cultivo imprescindible para iniciar la reconstrucción de sus redes a lo largo y ancho del país, pero no parece que las perspectivas a medio plazo vayan en esa dirección.

En todo caso, este declive de la organización terrorista islamista no implica que haya perdido toda su capacidad o la voluntad de provocar atentados sangrientos. En realidad, como pone de manifiesto este estudio, las derrotas que está sufriendo el califato en sus territorios más preciados le resultan un estímulo para extender sus operaciones a otras partes del mundo y seguir siendo una de las principales amenazas para Occidente.