Revista de Prensa

¿El fin de la República Islámica de Irán? – El problema turco de Israel – Por qué sigue ganando Netanyahu

 

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"El deseo de dejar atrás el régimen islámico nunca ha sido tan poderoso dentro y fuera de Irán –con los Estados árabes alineándose (...) con Israel frente a la amenaza regional iraní""En estos momentos Turquía es una amenaza para la paz y la estabilidad de Oriente Medio superior a la que representa Irán""Gaza es un vivo ejemplo de lo que podría ser un Estado palestino en la Margen Occidental (...) Hasta que no se presente un escenario alternativo creíble, los israelíes no cambiarán de idea ni de voto"

Shay Jatiri, de la Universidad Johns Hopkins, sostiene que el régimen revolucionario que detenta el poder en Irán desde 1979 está viviendo horas críticas en la que se juega su propia existencia, asediado como está por el creciente rechazo de la sociedad iraní y por la unidad de acción de sus rivales en la arena regional.

Esas protestas [las que han tenido lugar en los últimos meses en el Líbano] coincidieron con las de Irak, en las que también se exigía el fin de la interferencia iraní, y con las del propio Irán, donde los manifestantes demandaban que su país dejara de entrometerse en el Líbano y en Irak. En la vecina Siria, medio millón de personas murieron entre 2011 y 2016, mientras que los desplazados se contaron por millones. Hay señales de vida en Siria, pero no de vitalidad. Todo lo que toca Irán muere, y su régimen extiende su maligna influencia por doquier. La guerra civil que devasta el Yemen empezó cuando los huzis respaldados por Irán derrocaron al Gobierno del país, en 2011. La Franja de Gaza se ha convertido en un cuasi Estado totalitario desde que la organización terrorista Hamás se hizo con el territorio, donde sigue malgobernando con la asistencia militar y financiera de Irán.

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Por todo Oriente Medio, donde uno ve tumultos sanguinarios, invariablemente encuentra la impronta iraní. Irán no tiene el menor interés en ser un actor positivo para la región [y el resto del planeta], y ha llegado la hora de que los legisladores norteamericanos asuman esta realidad. (…) [Además], Irán está reforzando a las grandes potencias rivales de EEUU. Lo más preocupante es el inminente acuerdo para que China utilice una isla del Golfo Pérsico como base militar. También Rusia se está beneficiando de sus cordiales relaciones con Irán (…)

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La República Islámica de Irán es un Estado revolucionario e ideológico. El imperialismo chií, el antiamericanismo y el antisionismo forman parte de su ideología, de la que el Estado deriva su legitimidad. (…) la misión de los CGRI [Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica] es exportar la revolución islámica de 1979. Esperar que la República Islámica se comporte como un Estado normal equivale a confiar en que deje de ser ella misma. (…)

La buena noticia es que el deseo de dejar atrás el régimen islámico nunca ha sido tan poderoso dentro y fuera de Irán –con los Estados árabes alineándose (…) con Israel frente a la amenaza regional iraní.

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Los iraníes están comprendiendo que el problema no son las sanciones [internacionales], Israel, EEUU o sus propios políticos de mano dura, sino el régimen islámico en su totalidad.

(…) Asediado por el malestar doméstico y las penurias económicas, sobrepasado por sus onerosas intromisiones en el exterior y enfrentado a una unidad inaudita de sus enemigos foráneos, la República Islámica semeja más vulnerable que nunca. Puede que por fin esté cerca el final de la teocracia revolucionaria y de la miseria que ha infligido a su propio pueblo y a la región desde 1979.

Norman Bailey, funcionario de alto nivel con las Administraciones de Ronald Reagan y George W. Bush, insta a Jerusalén ha adoptar una posición más firme y contundente ante el régimen islamista de Ankara, al que considera la mayor amenaza que pesa sobre Oriente Medio.

(…) puede decirse que en estos momentos Turquía es una amenaza para la paz y la estabilidad de Oriente Medio superior a la que representa Irán.

El imperialismo turco está afectando a toda la región, desde Libia a Irak y Qatar, donde hay tropas turcas desplegadas para proteger al régimen. [Turquía ha realizado] acciones amenazantes contra Egipto, Grecia y Chipre, y tanto Siria como Irak han padecido incursiones aéreas y terrestres turcas.

Todo esto es bien conocido. Lo que no se comenta es el problema que la ofensiva diplomática, propagandística y militar turca representa para Israel.

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Sin la menor duda, Turquía es una amenaza geopolítica para Israel y para varios de sus aliados. Es además groseramente antisemita (…) Pero tiene una gran importancia en términos comerciales. A la mayoría de los israelíes les gustaría apoyar a los armenios en su conflicto con Azerbaiyán. Si la economía israelí estuviera boyante, como lo estaba hace sólo siete meses [es decir, hasta la crisis del coronavirus], las decisiones políticas seguirían siendo complicadas, pero no hay duda de que se haría frente a Turquía por su comportamiento en la región, sobre todo porque también afecta a los nuevos amigos de Israel en el Golfo. (…)

(…) Israel debe hacer frente a la amenaza turca, haya o no relaciones comerciales [entre ambos países]. El mercado turco será reemplazado, al menos en cierta medida, por los nuevos mercados del Golfo. La amenaza es demasiado grande, así de simple. También las relaciones comerciales con Irán solían ser buenas antes de la instauración del régimen islámico en Teherán. Esas relaciones se perdieron, pero fueron reemplazadas, y ahora Israel apoya entusiásticamente las sanciones económicas y financieras contra el Gobierno de Teherán.

Mark Goldberg, ciudadano israelí de origen británico que hizo aliá en plena Segunda Intifada, durante la cual sirvió en el Ejército israelí, se remite precisamente a esa sanguinaria campaña terrorista para explicar el continuado éxito electoral del primer ministro del Estado judío.

La [Segunda] Intifada llevó a los israelíes a renunciar a la idea de vivir en paz al lado de un Estado palestino. (…) Gaza es un vivo ejemplo de lo que podría ser un Estado palestino en la Margen Occidental si las FDI [Fuerzas de Defensa de Israel] se retiraran. (…) Hasta que no se presente un escenario alternativo creíble, los israelíes no cambiarán de idea ni de voto. 

Lo cual deja a los palestinos ante la disyuntiva de presentar a los israelíes su propio plan para la estadidad o asumir la ocupación como una realidad con la que habrán de vivir de manera indefinida. Mientras, los israelíes seguirán votando a Netanyahu y a su derechista Likud, que probablemente cierren más acuerdos de paz con sus vecinos árabes.