Contextos

El experimento iraní de Obama

Por Clifford D. May 

Barack Obama.
"Una pregunta hipotética: supongamos que el Estado Islámico quiere comprar aviones estadounidenses y promete no utilizarlos para dar soporte a terroristas. ¿Les parecería bien? Me figuro que no. Ahora supongamos que la República Islámica de Irán quiere comprar aviones estadounidenses y promete no utilizarlos para dar soporte a terroristas. Pero aquí ya no hay hipótesis que valgan. Se trata de un deseo de Irán que el presidente Obama está ansioso por satisfacer. ¿Les parece bien?"

Una pregunta hipotética: supongamos que el Estado Islámico quiere comprar aviones estadounidenses y promete no utilizarlos para dar soporte a terroristas. ¿Les parecería bien? Me figuro que no.

Ahora supongamos que la República Islámica de Irán quiere comprar aviones estadounidenses y promete no utilizarlos para dar soporte a terroristas. Pero aquí ya no hay hipótesis que valgan. Se trata de un deseo de Irán que el presidente Obama está ansioso por satisfacer. ¿Les parece bien?

Obama podría alegar que el Estado Islámico y la República Islámica son muy diferentes. Yo diría que sí y que no. El Estado Islámico es una organización terrorista. La República Islámica, como reconoce el Gobierno de EEUU, es el Estado más activo del mundo en la financiación del terrorismo. El Estado Islámico asesina a cristianos y yazidíes. La República Islámica persigue a los bahais, pero tolera a los cristianos, siempre y cuando acepten su condición de ciudadanos de segunda. Tanto el Estado Islámico como la República Islámica ejecutan a miembros de lo que no llaman comunidad LGBT.

Alí Jamenei, el líder supremo de la República Islámica, tiene la intención, aunque no la capacidad, de llevar la “muerte” a Estados Unidos e Israel. Lo mismo le ocurre a Abu Baker al Bagdadi, el sedicente califa del Estado Islámico. Seguidores del Estado Islámico han asesinado a decenas de estadounidenses en América (y degollado a varios en Siria). Las milicias chiíes financiadas por Irán han asesinado a cientos de estadounidenses en Irak y el Líbano (y hubo un intento iraní de volar por los aires un restaurante en Washington en 2011). Sin duda, hay diferencias de estilo entre el Estado Islámico y la República Islámica. Los yihadistas del EI se hacen selfis mientras, orgullosos, sostienen por el pelo cabezas humanas ensangrentadas. A los yihadistas de la RI eso les parecería probablemente una grosería. Consideremos al ministro de Exteriores iraní, Javad Zarif, presentado a menudo en los medios como un moderado. Habla un inglés impecable, y seguro que sabe qué tenedor utilizar cuando cena con el secretario de Estado, John Kerry, en caros restaurantes vieneses. Pero hace dos años depositó una corona en la tumba en Beirut de Imad Mugniyeh, el líder de Hezbolá responsable de numerosas atrocidades terroristas, incluido el atentado en Beirut en el que fueron asesinados 241 marines estadounidenses.

El actual debate respecto a vender aviones a Irán surge del Plan de Acción Conjunto y Completo (JCPOA, por sus siglas en inglés), el acuerdo que el presidente Obama alcanzó con los gobernantes iraníes hace un año, el 14 de julio de 2015. Obama ha dicho repetidas veces que el acuerdo impide que Teherán adquiera armas nucleares. En realidad, las restricciones al programa iraní de armas nucleares desaparecerán al cabo de ocho años, asumiendo que los gobernantes de Irán no hagan trampas (ya las han hecho, como resumiré enseguida).

A cambio de que Irán suspenda algunas partes de su programa de armas nucleares, se han levantado algunas de las sanciones económicas estadounidenses e internacionales más severas. Los gobernantes de Irán tienen ahora acceso a 100.000 millones de dólares de activos bloqueados.

Como se esperaba, la economía iraní se está recuperando. Sin embargo, el ayatolá Jamenei está insatisfecho. Hace poco acusó a los estadounidenses de que estar generando “iranofobia, y por eso nadie hace negocios con Irán”.

El secretario de Estado, John Kerry, ha respondido cantando a los europeos, y a todo el que quiera escucharle, las maravillosas oportunidades de inversión que existen en Irán. Poco después, Boeing anunció un acuerdo valorado en 25.000 millones de dólares para vender y alquilar aviones a la compañía estatal Iran Air.

Los gobernantes de Irán dicen que los aviones se utilizarán sólo para el transporte civil. Pero no es ningún secreto que han estado aerotransportando ilícitamente armas y combatientes a Siria, donde su milicia Hezbolá, así como unidades de élite de sus Cuerpos de la Guardia Revolucionaria, están participando en la guerra civil, un conflicto en el que han muerto ya 400.000 personas y que ha generado millones de desplazados.

Recientemente, un subcomité del Congreso celebró una sesión sobre “Las implicaciones de que EEUU venda aviones a Irán”, en la que testificaron dos de mis colegas de la FDD, Mark Dubowitz y Eric Lorber. Más o menos en ese momento, los servicios de inteligencia alemanes revelaron en su informe anual que los intentos “clandestinos” de Irán de suministrarse ilegalmente tecnología nuclear se han mantenido “en lo que es, incluso para los estándares internacionales, un nivel cuantitativamente alto”. Entre otras cosas, Irán ha estado tratando de “comprar componentes de misiles que podrían acoplarse a cabezas nucleares”.

La canciller Merkel dijo en el Parlamento alemán que los recientes lanzamientos iraníes de misiles entraban “en conflicto” con una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU. Reuters informó de que, en un memo confidencial, el secretario general de la ONU, Ban Ki Moon, también consideraba que los lanzamientos iraníes de misiles eran incoherentes con “el espíritu constructivo” del JCPOA. Horas después, el Congreso de EEUU aprobó, con el apoyo de los dos partidos, dos enmiendas para bloquear las ventas de aviones a Irán. Veremos si el Senado hace lo mismo.

Mientras, siguen llegando informaciones sobre el comportamiento de Irán. Mi colega de la FDD radicado en Berlín, Benjamin Weinthal, informó, basándose en “datos de inteligencia e informes de los 16 estados alemanes”, de que la “proliferación ilícita de las actividades de Irán abarca ocho estados alemanes y concierne a una variedad de actividades para avanzar en su guerra química y biológica, así como en sus programas nuclear y de misiles”.

Seamos benévolos y consideremos el JCPOA como un experimento. Si el presidente Obama mostrara respeto a los gobernantes de Irán, estos tendrían la oportunidad de responder intentando “llevarse bien con el mundo”, rebajando el tono de su retórica yihadista y sus ambiciones revolucionarias. Al tener una oportunidad de hacer que su país prospere, abandonarían su objetivo de desarrollar armas nucleares y dejarían de financiar el terrorismo. Como se sentirían menos amenazados, optarían por coexistir pacíficamente con sus vecinos y por suavizar la represión sobre sus ciudadanos.

Pero ese experimento ya se ha realizado. Ya conocen los resultados. ¿Los conoce el presidente Obama? ¿O considera que el acuerdo con Irán es tan esencial para su legado que es completamente incapaz de reconocer su fracaso? El otro día, el portavoz del Departamento de Estado, John Kirby, dijo que no tenía “absolutamente ningún indicio” de que Irán se haya aprovisionado de “cualquier material que vulnere el JCPOA”. ¿A ustedes les parece suficiente?

© Versión original (en inglés): Foundation for Defense of Democracies
© Versión en español: Revista El Medio